Nota de autora: Bueno, se me ocurrió luego de salir de ver Frozen, es mi primer fic y sobra decirlo pero estoy nerviosa, no sé si esto funcione(? por ello pido/suplico/ruego que comenten si les gusta y si les gustaría que continuara escribiéndolo, este capítulo esta corto por aquello de que no sé si les guste... en fin, aquí está y dejen reviews!
-¿Por qué usas guantes? -
-Debo usarlos. -
- ¿Por qué? -
El niño miro al otro niño que le preguntaba, estaba tan ocupado mirando a su alrededor que no lo había visto, era un niño un poco más alto que él, rubio. Abrió la boca para contestar pero en eso una voz lo interrumpió.
-Te diré porqué: le da asco tocarnos. - Respondió un niño al que apenas se le podía considerar niño, era alto y fornido, tosco, abusón.
- Eso no es verdad. - Se defendió.
- ¿Ah, no? Quítatelos entonces. - Lo retó. - Prueblalo. - Más niños se acercaron al oir esto, invadidos por la curiosidad.
- No... no puedo. -
- ¿por qué? ¿tienes escamas en las manos? - Se burló un chico que, al parecer venía con el brabucón. - ¿O es que Mami no te deja? - El niño al oir esto se alarmó, comenzó a buscar entre la multitud como anteriormente lo estaba haciendo, quería huir de ahí, pero no reconoció a nadie en la multitud.
- ¿Mycroft? - preguntó el niño en espera de respuesta.
- ¿Mycroft? ¿qué? ¿acaso le hablas a tu papi? - El niño ignoró el comentario, no era si quiera un buen comentario, no tenía caso ponerle atención.
De pronto, manos se acercaban a él, intentanto tomarlo, retrocedió tratando de huir de ellas, dio un paso, luego otro pero ellos se acercaban, en cada paso que retrocedía ellos avanzaban, pero llegó un momento donde los talones de sus pies chocaron contra algo, miró encontrándose con una fuente, apoyó su mano para no caer al interior de ésta, echó un vistazo a los niños, los cuales aún insistían en que se quitase sus guantes, miró sus manos, cubiertas por unos pequeños guantes azules de lana.
- No... no quiero lastimarlos. -
- ¿lastimarnos? - Preguntó una niña burlona. - Asustarnos, querrás decir, apuesto que tienes una extraña deformación. - Risas acompañaban más comentarios, ofensas, todos reían, se burlaban de él, le dolía, siempre había alguien que se burlara de él, de pronto sintió como la tela de sus guantes se deslizaba por su piel, resbalándose de su mano luego, sintió el viento golpear su mano, aterrado se llevó la mano al bolsillo de su suéter.
-¿temes que te descubramos, Fenómeno? -
Las palabras lo herían, eran como puñaladas que su pecho recibía, Mycroft le había dicho que no tenía que dolerle, que controlara sus emociones, no que las demás lo hicieran pero no lograba controlarse y lo odiaba, odiaba sentir un maldito nudo en la garganta cada vez que alguien se burlaba de él, y odiaba llorar, odiaba verse débil, odiaba que la gente tuviera el poder de lastimarlo.
Repentinamente alguien lo sujetó de su brazo, jalándolo, la persona intentaba sacar la mano de su bolsillo, repentinamente, dos niños eran los que jalaban de su brazo, le dolía, sentía odio, estaba llorando, luchaba para que no lograrán sacar su mano del bolsillo, un tirón más y la mano quedó al descubierto, pudo ver la cara de asombro de los presentes que, pronto se convertían en rostros de decepción, su mano era perfectamente normal, no habían escamas que lo cubrieran, o una mal formación, era como cualquier mano.
- No tiene nada. - alguien susurro con cierta molestia.
El que lo sujetaba sin lograr entender, lo jaló y tomó su otra mano, despojó a ésta del otro guante, sorpresa reflejó su rostro al ver que la mano era excactamente igual a la otra, ordinaria. Molesto, el que lo sujetaba lo arrojó al suelo mientras escupía la palabra "mentiroso" pero algo pasó, en el momento en el que la mano tocó el suelo y casi al instante, una mancha blanca la rodeo, era hielo, el cual se extendía por el suelo hasta llegar a los pies de los niños que lo rodeaban, gritos ahogados y expresiones de sorpresa se hicieron presentes, el niño al ver lo que hacía apartó su mano del suelo, el hielo se detuvo.
hubo un momento de silencio, donde el shock era tan mayor que no les permitía hablar, el niño llevó su mano a su pecho, quería que los demás olvidaran lo que acababa de suceder, rogaba en voz baja cuando escuchó:
- fenómeno. - lo acusó el niño robusto, miró a su alrededor, y supo que rogar no servía de nada, todos los rostros reflejaban terror.
- yo no... - empezó a decir, apartó su mano de su pecho, mostrándoselas, haciéndoles ver que era inofensivo pero al levantar su mano un rayo blanco salió impulsado del suelo hacía los niños, el hielo nació del suelo, bloques de hielo en forma de estalagmitas crecían acercándose cada vez más a los niños, asustado de sí mismo y de lo que provocaba escondió su mano apretándola en su pecho.
- Alejáte de nosotros. - Dijo una niña casi suplicando.
-¡Vete! -
-¡no nos lastimes! -
- Eres peligroso - Adultos se habían unido a la multitud, abrazando a sus hijos pero al igual que los de su edad, en sus caras sólo pudo ver terror.
La verdad es que ya no era inofensivo, no más.
Herido por las palabras, se levantó del suelo y se echó a correr, la multitud se abrió temiendo de él, mientras corría miraba cómo la gente lo comenzaba a ver con asco, repugnancia.
- ¡Es un monstruo! -
Escuchaba cómo la gente lo acusaba, él seguía corriendo, atravesando la aldea, escuchaba como pasos lo seguían, se atrevió a mirar, encontrándose con una muchedumbre, miró el bosque, estaba a unos cuantos metros, llegando ahí podría perderse con facilidad entre los árboles, pero los pasos se oían cada vez más cerca y sus pies parecían ir más lento, miró sus manos, preguntándose si podría, miró hacía atrás, las personas corrían detrás de él, se aproximaban, sólo quedaban dos metros de distancia entre ellos y él, sin pensarlo más, envió sus manos hacía atrás con fuerza, sintió el frío abrazar sus manos, de ellas salió expulsado una especie rayo que se detuvo en el aire, formando una pared de hielo entre él y la multitud, la pared se extendía y se hacía más gruesa, se escucharon gruñidos y maldiciones, logró dejarlos atrás, llegó al bosque, se detuvo a observar, la pared cubría una gran parte de la ciudad, la contempló y por un momento se sintió orgulloso, miró sus manos en eso, un estruendo lo distrajo, era el sonido del hielo crujir, observó cómo alguien golpeaba la pared de hielo con algún objeto que identificó como un hacha, al ver que una grita partía el hielo se echó a correr, se adentró en el bosque y siguió corriendo, no pararía, quería esconderse y nunca ser encontrado, su respiración se aceleraba, estaba harto de todo, harto de huir, de que la gente lo insultara.
Corriría y seguiría corriendo tanto como sus pies se lo permitieran, en un momento su capa se atascó en la rama de algún árbol, jalándolo y haciéndolo caer, caer, tocar el suelo, sus manos mancharon la tierra con hielo, el cual se propagaba con rápidez, extendiéndose por la tierra, cristalizando el rocío que posaba en las plantas, alejó sus manos de la tierra, respiró asustado, viento como las gotas de rocío se pretrificaban, jaló su capa y siguió corriendo, odiaba lo que pasaba cuando sus manos tocaban la tierra, odiaba lo que podía hacer y se odiaba a sí mismo porque su poder y él eran uno, era parte de él así como sus piernas, sus piernas y sus pensamientos, sus pensamientos; quería huir de todo y seguir corriendo, a donde nadie lo molestara, a donde sólo sería él y no habría nadie a quién dañar.
Llegó a un lago y decidió parar, recuperar la respiración, intentar escuchar qué tan próximos estaban los demás, había parado y sus pies pulsaban, se concentró más en escuchar, agudizó el oido y de pronto el sonido de una vara rompiéndose lo estremeció, se escuchaba terriblemente cerca, se giró aterrado, era un niño, rubio, el mismo que le había preguntado el por qué de sus guantes.
- Tranquilo, no te haré daño. - le dijo acercándose, este se alejaba de él, retirandose.
- ¡Alejate! - dijo mientras veía como luces se apróximaban de entre los árboles, eran los hombres, venían.
- Tranquilo, yo sólo... - se iba a echar a correr cuando el niño lo tomó del brazo, asustado se libró del agarre bruscamente.
- ¡no me toques! - rugió y con un movimiento de su mano lanzó un destello plateado que dio a parar en el niño, arrojándolo al suelo, el disparo había atinado a su cabeza, asustado por su acto fue hacía él, estaba angustiado por lo que había hecho, lo miró, estaba inconsciente, aceccaba su mano al rostro de él pero entonces recordó y la apartó de él, el niño que yacía en el suelo era más o menos de su edad, lo examinaba cuando de pronto apreció como un mechón de su cabello rubio se tornaba blanco, se apartó de él, sabía que él había hecho aquello, tena miedo, escuchó pasos, cercanos, llamados, iba a echarse a correr cuando pensó que no podía dejarlo ahí, miró al niño y cuidadoso, le quitó los guantes rojos, poniéndoselos ahora él, lo tomó de los hombros y arrastrándolo lo llevó de vuelta, se fue por el otro lado del bosque para así evitar a los hombres que lo perseguían, con mucho cuidado y cauteloso fue de vuelta a la aldea, se encontraba cerca, pudo ver las luces cuando de pronto, escuchó pasos, el crujir de las hojas, se detuvo y quedó en silencio, esperando, los pasos se escuchaban cerca, sus brazos comenzaban a cansarse de sujetar al rubio, sudaba, intentó calmar su respiración, no quería ser descubierto, por suerte estaba oscureciendo, la oscuridad le favorecía, los pasos se detuvieron, tragó, sentía que su corazón pararía de latir en cualquier momento, ¿y si ya lo habían visto? ¿qué le harían? pensó en cómo defenderse, tenía al pobre niño inconsciente en sus manos, enseguida, escuchó de nuevo el crujir de las hojas, un paso, dos, tres... no sabía qué hacer, así que sólo se quedó ahí... cuatro, cinco... miró a su alrededor buscando de donde podrían provenir dichos pasos, sólo había árboles y la sombra de estos, escuchó un ladrido y pudo distinguir que ahora los pasos se alejaban hasta perderse entre los sonidos del viento, respiró alivio, miró al niño, seguía dormido, lo sujetó bien y continuo jalándolo.
Cuando llegó al borde del bosque lo dejó en la entrada de la villa, cruzando el puente, se ocultó en los árboles, observando al niño, vigilando que alguien lo encontrara y se lo llevara, lo cuidaría toda la noche si era necesario.
Había anochecido, el niño rubio dormía ya en su casa, bajo las cobijas. Su padre lo había encontrado horas antes de que cayera la noche por completo, lo había recogido del suelo, cargándolo en sus brazos y lo había llevado a casa.
"Toc Toc"
Se escuchó en la habitación, esto hizo que el niño despertara, al abrir los ojos notó que estaba en su habitación, lo que le hizo pensar en qué era lo último que recordaba, tenía vagos recuerdos, recordaba verse a sí mismo corriendo por el bosque y encontrándose con ese extraño niño, pero no recordaba cómo había llegado a su cama, observaba a la ventana pensando en que quizá todo había sido un sueño cuando una pequeña mano apareció y golpeteó su vidrio, provocando ese sonido que lo había despertado, el niño cauteloso, salió de su cama, pisando el suelo descalzo, caminó hacía la ventana y la abrió, al abrirla se encontró con el niño castaño que había conocido en la plaza.
- No, no te asustes. - Le dijo desde afuera. - no te haré daño. -
- No me asustas. - dijo el rubio.
- Sólo quiero devolverte tus guantes. - el niño mostró sus manos que aún vestían con los guantes rojos.
- Puedes quedártelos, tengo más. - Antes de que pudiera hablar, el rubio habló. - ¿Cómo hiciste para subir? - Preguntó ya que su habitación estaba en el segundo piso.
- Yo... ehr... - formulaba la respuesta cuando el chico se asomó por la ventana, mirando como el extraño niño estaba de pie encima de una pila de nieve.
- ¡Asombroso! - Expresó.
- La gente no suele decir eso... -
- ¿Ah, si? ¿qué dicen? -
- Fenómeno. -
Luego de varios segundos ambos rieron.
- ¿Puedes hacer más cosas? - Preguntó.
- bueno... puedo hacer muñecos de nieve. - respondió el niño con timidez.
- ¿Y si hacemos un muñeco? -
