El niño salió por la ventana, jaló al extraño castaño de su mano y lo hizo resbalar por el buto de nieve hasta el suelo, ambos se incorporaron, el niño se quitó los guantes y con un movimiento de manos, hizo que una brisa de nieve apareciera y luego de formar un remolino con su dedo, la nieve comenzó a agruparse, girando en aquél torbellino, de un momento a otro y frente a los ojos de ambos, un muñeco de nieve se creó.
-¡Fantástico! -
-Aguarda a ver esto... - Con sus manos moldeó una bola, la cual poco a poco aparecía entre sus manos, tomó impuslo y la arrojó al cielo, la siguieron con la mirada hasta lo alto donde luego de hacerce diminuta, explotó, cayendo del cielo en forma de nieve, esto provocó la sonrisa del chico rubio.
-¿puedes hacerlo cuando quieras? - él asintió. - Eso es genial... ¿cómo te llamas? -
-Sherlock. - Dijo mientras se cubria las manos con los guantes de nuevo.
- Yo soy John, John Watson. - Contestó el rubio, Sherlock le sonrió, en eso John soltó un bostezo. - Será mejor que vaya a dormir. - Sherlock lo miró con algo de tristeza, John se despidió con su mano, iba a trepar por la pequeña montaña de nieve cuando de pronto se giró y observó a Sherlock quien ya se retiraba.
- ¡Sherlock! - Lo llamó. - ¿dónde vives? Quizá mañana pueda ir a visitarte. - Sherlock no respondió y se limitó a bajar la mirada. - ¿Qué pasa? ¿no quieres que vaya? -
- No, no es eso... -
- Si quieres puedo hacer que mis padres hablen con los tuyos, podrías queda... -
- no sé dónde están. -
- ¿Quienes? ¿tus padres? - John se le acercó.
- Mi padre estaba en la plaza conmigo luego... - En su mente aparecían imagenes de esa tarde recreando la escena, como de pronto John estaba ahí y como de pronto gente lo rodeaba, y como el hielo salía de sus manos, el bosque, la pared de hielo, John...
- Podemos ir a buscarlos, ¿sabes cuál es tu casa? - Preguntó, Sherlock miró a su alrededor, mirando las construcciones, las casas. Ninguna se parecía a la suya, de hecho, jamás había visto éstas casas, nada.
-Yo no... no sé, no vivo aquí, no sé dónde estoy. - entonces, cayó en cuenta, el lugar era completamente desconocido para él. - Viajamos... - Comenzaba a recordar, el viaje, Mycroft a su lado, las preguntas, ninguna respuesta.
- pero... entonces, ¿dónde vivirás ahora? - Sherlock pensaba en ello, estaba solo, no tenía a nadie, ¿dónde dormiría? ¿quién cuidaría de él? ¿a dónde iría? Estaba perdido. Sonidos interrumpieron sus pensamientos, eran voces, eran los hombres preguntando por él, los pudo escuchar, John lo miró asustado. - Ven! - John jaló su mano, Sherlock lo siguió dejándose llevar por él.
- ¿A dónde? -
- Te quedarás conmigo. -
Sherlock caminaba detrás de él, cuando llegaron al bulto de nieve se frenó.
- pero... ¿y tus padres? -
John lo miró.
- ¡Sherlock! - jaló su mano, Sherlock miró detrás, podía ver como en la pared la sombra de las personas se movían.
"Busquen, tenemos que encontrarlo!" escuchaba, miró a John y a pesar de que sabía que no era una buena idea, accedió, no tenía muchas opciones.
Sherlock se sacó los guantes y apuntando al suelo con sus manos logró elevarlos creando una pila de nieve bajo sus pies, Sherlock pudo escuchar la risa de John el cual fasinado miraba como iban dejando el suelo atrás. Entraron por la ventana, Sherlock volvió a cubrir sus manos con los guantes rojos, la habitación era pequeña pero acogedora, no era parecida al dormitorio de sherlock, el de él era largo con un ventanal enorme, y un armario alto, John tenía un armario pero era mucho más pequeño, la cama de John también era más pequeña, Sherlock se acercó a ella y se detuvo a su lado, contemplando una fotografía que había en la mesa de noche, era John, sonriente, a su lado estaba una niña, más alta que él pero el parecido era increíble, detrás de ellos, estaba un señor alto, rubio, su rostro reflejaba autoridad y firmeza contrario a la mujer que, reflejaba amabilidad en la mirada, poseía la misma mirada azul que John, ella era baja y, al igual que John, su padre y la niña, era rubia. John se sentó en su cama mirando como Sherlock miraba el portaretrato.
- ¿cómo son? - Sherlock lo miró confundido. - Tus padres... - Explicó.
- Bueno, mi madre es... rubia, con ojos azules y... - John lo interrumpió.
- Yo también tengo los ojos de mi mamá. - Apuntó, Sherlock sonrió ya que ya lo había notado.
- Sí, bueno, mi madre... casi nunca la veo, la verdad, ni a mi padre. - prosiguió Sherlock.
- ¿por qué no? -
- Siempre están ocupados. - Dijo Sherlock pensando en ello, pocas veces veía a sus padres, y no era porque estaban ocupados sino que Sherlock debía permanecer en su dormitorio, no podía salir de ahí a menos de que fuera necesario (que casi nunca lo era), le llevaban la comida al dormitorio, tenía todo lo que podría necesitar ahí incluso sus clases Mycroft se las daba ahí, Mycroft solía visitarlo... antes, desde hace varios años Mycroft se había olvidado de él, ya no lo visitaba, ni siquiera le daba sus clases.
El primer día que eso pasó a Sherlock no le preocupó, "quizá lo olvidó" se dijo a si mismo y siguió jugando solo, pero la segunda tarde la ausencia de Mycroft se resentía, así que Sherlock decidió - y luego de armarse de valor - salir de su habitación, abrió la gran puerta, y cauteloso se diriguió a donde creía que era la habitación de su hermano mayor, al estar ahí, tocó la puerta.
-Mycroft?- Preguntó con una sonrisa.
Escuchó pasos y no dudo en alegrarse, miró sus pies, los cuales estaban torcidos, recordó lo que Mycroft le decía.
"Pies juntos, pecho inflado." se dijo y reacomodó sus pies, sacando el pecho.
Se abrió la puerta, con un crujido aterrador, Mycroft salió asomando la cabeza, quien buscaba con la mirada al que había tocado su puerta, cuando se encontró con Sherlock no fue precisamente una sonrisa el gesto que hizo.
-¡Sherlock! ¿qué haces aquí? - preguntó alarmado.
- No habías ido así que pensé que... - Mycroft lo miró con una mirada reprovatoria, que dejó a Sherlock sin habla.
- No es justificación, conoces bien las reglas, no puedes salir de tu dormitorio, no es correcto. - Reprochó su hermano mayor.
- Pero... -
- Sherlock, no hay excusas, debes obedecer. -
- pero ¿por qué no debo salir? - Preguntó Sherlock bajando la mirada, Mycroft soltó un suspiro y negó con la cabeza.
- Son reglas, no puedes cuestionarlas. Ahora, ve a tu dormitorio. - indicó Mycroft, Sherlock veía sus manos.
- pero... ¿y nuestras clases? - preguntó, mirando a Mycroft.
- Ya no puedo darte clases, estoy ocupado. - Sherlock torció la boca.
- está bien. - dijo un poco desilucionado, Mycroft era lo más cercano a un amigo que tenía.
Pasaron días y Sherlock comenzaba a aburrirse demasiado en su habitación, no tenía a nadie con quien jugar, ni a nadie con quien hablar, no tenía a nadie. Era sólo él y ser sólo él era aburrido, lo único que hacía era observar por la ventana, a través del cristal podía observar a la gente salir y entrar a su casa, unas eran las amas de llaves, eso lo sabía por el uniforme que portaban, otros eran los jardineros, aquello lo sabía por las manchas en su ropa, a veces le gustaba jugar y tratar de deducir cómo eran las personas o la vida de ellas por medio de sus ropas o tendencias, le gustaba hacer deducciones, Mycroft lo hacía y a Sherlock siempre le había gustado oirlo decirlas, incluso le pidió que le enseñara pero basta decir que esa clase nunca llegó. Un día harto de su aburrimiento y desesperado por la soledad decidió salir de nuevo de su dormitorio, y lo hizo, salió y fue hacía la habitación de Mycroft.
- Mycroft? - dijo frente la puerta blanca y decidido dió cuatro toques a la puerta. - ¿Quieres jugar a las deducciones? - Preguntó. - ¡ya no te veo nunca! Abre la puerta, vamos a jugar! - suplicó e intentó abrir la puerta pero la perilla no cedió. - Quiero que me enseñes cómo! - le dijo recargándose en la puerta, estuvo esperando respuesta pero no hubo ninguna, comenzó a preguntarse si Mycroft estaba dentro, torció la boca y se agachó, intentando mirar por debajo de la puerta. - Quiero saber qué tienes qué decir sobre el jardinero. - dijo pensando que eso tal vez le de curiosidad a Mycroft y abriera pero no funcionó, se cruzó de brazos sentado en el suelo, cuando de pronto lo pensó, miró por el picaporte, encontrándose con su hermano sentado, dándole la espalda. - no tienen que ser deducciones. - dijo hablando por el picaporte.
- Vete, Sherlock. - rugió Mycroft, Sherlock se apartó y se fue sin decir ya más, luego de eso, ya no volvió a ir con Mycroft, ni Mycroft con él.
Hasta esta mañana donde Mycroft entró a despertar a Sherlock, Sherlock al verlo se asombro, ya que Mycroft había cambiado, habían sido tres años desde que lo había visto, Mycroft no le dijo nada, no lo saludó y mucho menos lo abrazó, sólo dijo:
- Levántate, nuestro padre quiere que bajes. - Sherlock asintió y eso fue suficiente para que Mycroft se fuera.
-¿Tienes hermanos? - Sherlock se sentó al lado de John.
- Sí, dos, mayores que yo. -
- Yo tengo una hermana, se llama Harriet, es... extraña, no me deja entrar a su habitación y nunca quiere jugar. -
- Sí, Mycroft igual... - Sherlock hizo una pausa mientras veía sus pies.
- Pero tu tienes otro... ¿él tampoco quiere jugar? -
- Hace mucho que no veo a Sherrinford, se fue de viaje cuando yo tenía cuatro años. -
- oh, y... ¿tienes amigos? donde vives. - Preguntó intigado John.
- No. - Contestó. - Ellos suelen temerme, por eso no debo salir. -
- pero... ¿por qué te temen? -
- ¿por qué tu no me temes? -
- ¿por qué debería de temerte? - Preguntó John sin comprender.
- Porque yo no soy como ellos... como tú, no soy normal. -
- Bueno sí, pero tampco eres un monstruo. - John le sonrió a Sherlock pero Sherlock no correspondió. - tu no eres un monstruo, eres mi amigo. - John le dio un emujón con el hombro, Sherlock lo miró.
- Soy... tu... amigo? - Preguntó.
- ¡Claro! - John rodeó con su brazo los hombros de Sherlock. - También soy tu amigo ¿verdad? - Sherlock asintió con la cabeza.
Nota de autora: bueno, bueno, quisiera empezar diciendo que me alegra que esto no sea tan malo como pensaba xD Segundo: ehr... este capítulo fue inspirado por la canción "Do you want to play deductions?" de... les seré honesta, no sé quién es la autora pero... deben escucharla porque... no sé, deben hacerlo, es hermosa y... deben escucharla.
Gracias por las opiniones que recibí, en serio, me dieron seguridad en seguir esto.
Y, como saben, los reviews son bien recibidos:)
