~4 años después~
John salía de la escuela, no había momento en el día que lo entusiasmara más, corría a casa como marcaba la rutina, llegaba, arrojaba su mochila en la entrada, saludaba a sus padres y subía al ático sin embargo, esta vez no lo recibió su madre sino una nota que decía que su madre había salido, John recordó que ella le había comentado que ya había conseguido trabajo y su padre había salido de viaje esta mañana; John tomó dos menzanas de la mesa y fue al ático.
- Volví. - Anunció al entrar al ático, encendió la luz.
- John, ¿qué haces aquí? -Preguntó una voz grave, ahí estaba, sentado en una pequeña cama que, alguna vez había sido de John.
Sherlock había cambiado, había crecido, era alto, superó a John dos años atrás, su cabello igual creció, sus rizos desordenados caían por su frente al borde de sus ojos, seguía igual de delgado y su piel seguía sin adquirir un color. John lo miró.
- vivo aquí. - Respondió y le sonrió.
- Lo había olvidado. - dijo él soltando una risita, John igual y dio un mordisco a su manzana. - Te traje algo. - le arrojó la manzana a Sherlock quienn la tomó sin titubear.
-¿Cómo va? - preguntó John serio, Sherlock borró su sonrisa y lo miró, ambos se miraron por segundos hasta que Sherock no pudo sostenerle la mirada, quería mentirle y decirle que todo estaba bien pero no era así y no podía mentirle, tragó y se quitó el guante, tomó la menzana con su mano descubierta y pasó, al tomarla la manzana se pintó de blanco, sólo se escuchaba el sonido del hielo abrazar la manzana, la manzana se cubrió por completo de la capa cristalina; Sherlock se la arrojó a John quien cuando la tuvo en su mano la dejó caer, Sherlock se incorporó y cubrió su mano con el guante.
- Empeora. - Dijo, John tomó la manzana del suelo y le dió un mordisco, sintió el frío cubrir sus dientes, la manzana crujía cuando hundía sus dientes en ella, su interior estaba congelado.
Con forme Sherlock caminaba John puto ver como sus pies dejaban un rastro de hielo aún y cuando vestía zapatos lo que lo llevó a preguntar:
- ¿qué crees que pueda pasar? -
- no lo sé. - Sherlock liberó un suspiro.
- ¿Crees que pueda llegar a... - Sherlock no lo dejo terminar.
- ¡no lo sé! - su tono de voz se había elevado y John pudo sentir un notable cambio en la temperatura, se acercó a él.
- Sabes que... -
- ¡no me toques! - sherlock se alejó de él.
- Sabes que empeora cuando te alteras. -
Vaho salía por la boca de amos y en el suelo, debajo de los pies de Sherlock el hielo se expandía.
Sherlock suspiró y llevó sus manos a la cabeza, jaló aire, nunca había suficiente aire para llenar sus pulmones, no había suficiente oxígeno en el aire.
- Estoy harto de esto. - Escupió cada palabra, John caminó hacía él y cuidoso colocó su mano en el hombro de su amigo.
- Relajate. -
- No me toques. - Suplicó. - Te haré daño. - soltó en un susurro.
- tienes que controlarlo. -
Sherlock lo intentaba, de verdad, pero cada día la labor se hacía más díficil.
Día con día las discusiones se habían hecho más frecuentes, John podía sentir la desesperación de Sherlock y no sólo eso, sino también la impotencia, temía por él, temía que este poder que de niño lo maravillaba se convirtiera en una maldición.
Solía mirar a Sherlock y pensar en qué momento ya no podría estar junto a él, esto le provocaba un nudo en la garganta. Cuando tenían doce años Sherlock había tocado un erizo, este se había congelado, de pronto había dejado de moverse, de respirar, desde entonces, Sherlock no permitía que John se le acercara o lo tocara aún y cuando usara los guantes, John sabía que lo hacía por protegerlo pero no podía evitar sentirse apartado por él.
Sherlock también comenzaba a sentir tempor, temía dañar a John o a alguien más, temía de sí mismo, y se maldecía por no poder controlarlo, lo intentaba pero el frío seguía emanando de sus manos e intentaba esconderle a John que los guantes ya no eran suficientes, el hielo comenzaba a escaparse por las costuras de sus guantes, temía y él sabía que John lo sabía.
John veía a Sherlock desde la cama, el castaño leía sentado en el suelo, observaba cómo debajo de él yacía una sombra de hielo adherido al suelo, algo le llamó la atención puesto que el hielo permanecía igual, no se expandía, sólo permanecía, se detuvo a pensar en qué tranquilidad estaría sumerguido Sherlock.
- Sherlock. - lo llamó John, el castaño meneó la cabeza informándole que lo escuchaba.
- ¿Mande John? -
- Nada, olvídalo. -
John sabía que Sherlock gustaba de leer, y le gustaban las ciencias, a veces tomaba los libros de John -como esta ocasión- y se sentaba a leer, lo cual era una fortuna para John ya que cuando no comprendía un tema Sherlock le explicaba e incluso le hacía los deberes, y no es que John se aprovechara de él sino que Sherlock insitía, John sólo le pedía ayuda y siempre Sherlock terminaba resolviendo todo, y es que Sherlock era brillante y tenía una extraña pasión por saber, por conocer.
Lo pensó sólo por una vez y armándose de valor soltó:
- ¿quieres salir? - Preguntó nervisoso por cual sería la reacción de su amigo, él sólo lo miro y dejó el libro a lado, prestándole toda su atención. - Podemos... bueno, pensé que podías hacer que nevara como aquella vez y así nadie notaria el rastro de hielo... - Sherlock soltó un suspiro.
- No creo que sea una buena idea. - John calló al oir eso y lo miró, Sherlock miraba el suelo, miraba el hielo en él.
- Sí, bueno... sólo se me ocurrió, pensé que quizá te aburrías de estár aquí. - Sherlock miró la habitación.
- Esto me protege. - Murmuró.
John se sentó en la cama mirándolo.
- ¿nunca has deseado salir? - Preguntó. - Quiero decir, ¿no te ha pasado por la cabeza? - Sherlock miraba el vácio, recordando y una sonrisa se le escapó, John tomo una pelota de la cama.
- A veces... - Respondió. - A veces pienso en las veces que jugabamos en el bosque, cuando haciamos muñecos de nieve o cuando resbalábamos por una montaña de nieve un un trineo... o... - John lo interrumpió.
- Cuando patinabamos... - Sherlock calló. - Sherlock, lo que pasó fue un accidente, olvidaste los guantes... no.. -
-¿ y si te hubiera tocado a ti? Soy peligroso. - interrumpió.
- Eres tan peligroso como cualquier persona con un arma, ellos... - John suspiró. - Hay gente afuera que asesina, verdaderos monstruos, ellos deciden hacerlo. - Hizo una pausa. - la diferencia es que ellos lo controlan. -
- ¡He dicho que no, John! - Sherlock alzó la voz lo que finalmente callar a John, el cual se volvió a recostar en la cama, pensando en todos esos momentos que habían pasado, todas esas aventuras y juegos que habían quedado atrás, John lo único que pedía era tener un momento con Sherlock donde no hablaran de lo peligroso que era, o del daño que podía causar.
- Nunca debí haber tomado el maldito erizo. - Dijo para sí y arrojó la pelota lejos. Sherlock escuchó e ignoró finjiendo que retomaba su lectura.
Nota de Autora: . . . eh, hola, tardé un poco en actualizar porque la escuela me tenía muy ocupada (ya saben, exámenes, proyectos, obras de teatro donde sólo aparezco 4 segundos...) espero no me odien como yo odio a las que no actualizan rápido xD y si no me odian, pues me odiarán porque creo que tardaré más en actualizar dado que me atoré con la historia, necesito ordenar mis ideas y quien sabe cuando llegue a pasar eso:/
En cuanto al capítulo, espero lo hayan disfrutado, fue muy corto pero quise que terminara así porque... no sé, me gusta el drama c:
Reviews son bieeen recibidos, quejas, sugerencias, teorías, lo que sea, soy toda oídos.
Y bueno, eso es todo... Oh! gracias por los comentarios anteriores! yo sé que fui cruel con el pobre erizo pero era necesario *insertar sonrisa malvada* y... a La quinta merodeadora: LO SIENTO pero, como dije... era necesario, tenía que hacer que Sherlock fuera más... Sherlock.
Adiós, nos leemos... no sé cuando pero seguro antes de que salga la 4ta temporada de Sherlock ;)
