He aquí el capítulo tres. Me tomó un poco más subirlo porque quise tomar en cuenta la sugerencia de Goizmo y traté de hacerlo más largo. Espero que lo disfruten.
Muchas gracias a bulmercury2 y nuevamente a Goizmo por sus reviews y también a todos los que se tomaron la molestia de leer.
Rukawa no volvió a saber ni oír nada de Fuji después de aquél día, pero no le importó; después de todo, no era nada que no hubiera experimentado antes. Él ya estaba acostumbrado a que las personas salieran de su vida tan rápido como entraban.
Esa situación con Fuji no tenía ni siquiera por qué parecerle algo relevante, pues ella era alguien a quien sólo había visto en un par de ocasiones y con quien en preparatoria apenas si había cruzado palabra. De no ser porque solía asistir a todos los partidos de básquetbol junto con Haruko Akagi y la otra chica, ni siquiera sabría de su existencia. En pocas palabras, ella era solamente una chica más.
Durante el transcurso de los días, Rukawa se dedicó a continuar con la rutina que se había formado desde su regreso a Kanagawa, levantándose lo más temprano posible para hacer la única cosa que le llenaba el vacío que sentía. Cada mañana, después de levantarse, desayunaba, se vestía y se encaminada, como siempre, a la estación para tomar el tren que lo dejaría a unas cuadras de distancia de la cancha de básquetbol que le quedaba más cerca.
Invariablemente, Rukawa se ponía los audífonos para escuchar música mientras recorría el camino que a esas alturas ya se sabía de memoria.
Pero esa mañana sucedió algo inusual; algo que amenazó con alterar su tan sagrada rutina. Tan pronto se quitó los audífonos al llegar a su destino, se percató de que ya había alguien utilizando la cancha de básquetbol. Lo supo pues escuchó claramente el inconfundible sonido de un balón botando.
Le vino a la mente aquella vez en que se había encontrado a Haruko Akagi y Sakuragi en ese mismo lugar. Exhaló con pesadez, y de mala gana se acercó al enrejado que rodeaba la cancha para averiguar de quién se trataba; solamente esperaba que esta vez no fuera Sakuragi. Sus plegarias fueron escuchadas, pues no era Hanamichi quien se encontraba ahí, sino… ¿Fuji?
La observó a través de la malla metálica. No tenía idea de que ella supiera siquiera cómo manejar el balón. Cuando estaban en preparatoria, no parecía que le gustara el básquetbol. Si recordaba bien, a diferencia de la hermana del capitán Akagi, ella nunca había mostrado interés o entusiasmo por ese deporte; aunque quizá se equivocaba.
Al observar sus movimientos con más detalle, se dio cuenta de que éstos no eran propios de alguien que llevara mucho tiempo practicando básquetbol. Probablemente había comenzado a hacerlo después de la preparatoria.
Mientras Rukawa se debatía entre permanecer ahí o no, el balón salió rodando en su dirección y en un impulso fue a recogerlo. No le quedó más remedio que hacer saber su presencia. Resignado, se aproximó a Fuji botando el balón.
—No sabía que jugabas básquetbol —le dijo con voz monótona, más por compromiso que por otra cosa y se detuvo a la distancia suficiente para hacer un tiro de tres puntos.
—Te sorprenderías —le respondió ella, un poco extrañada de verlo ahí—. Comencé a practicarlo en el tiempo en que fui novia de Hanamichi —dijo con toda naturalidad.
Ese comentario tomó por sorpresa a Rukawa, pero supo disimularlo a la perfección, manteniendo su rostro inexpresivo. Botó el balón un par de veces más y se concentró en el tiro; dio un salto y lanzó el balón. Se desconcertó cuando éste pegó en el aro, pues eran contadas las ocasiones en su vida en las que había fallado un tiro de tres puntos y no lograba comprender a qué se debía.
—¿Jugamos básquetbol? —le preguntó ella. Rukawa consideró brevemente su propuesta antes de responder.
—Está bien —dijo.
Fuji y Rukawa se quedaron jugando básquetbol hasta que oscureció. La mayor parte del tiempo, Rukawa se dedicó a ayudar a Fuji a mejorar su técnica; no era la mejor jugadora, pero tampoco lo hacía mal y lo más importante era que se esforzaba por aprender. Ella estaba consciente de sus deficiencias y debilidades y quizá era por eso que le había aclarado en repetidas ocasiones que sólo lo hacía por hobby.
Ya entrada la noche, Fuji decidió que era momento de volver a casa, pero puesto que Rukawa no parecía tener la más mínima intención de volver a la suya, sin decir nada, decidió quedarse un rato más a hacerle compañía.
Exhaustos, se dirigieron en silencio a la zona de juegos infantiles y eligieron los columpios para sentarse a descansar. Todo estaba sumido en una agradable calma. El fresco viento de verano soplaba suavemente en ese momento, revolviendo el cabello de Rukawa y haciendo que los columpios en que ambos jóvenes se encontraban se mecieran ligeramente.
Fuji tenía la vista al frente y sujetaba firmemente las cadenas con las manos, mientras que Rukawa tenía los codos apoyados en su regazo y jugueteaba con el balón de básquetbol que tenía entre los dedos, haciéndolo girar.
El sonido metálico de las cadenas al rechinar era lo único que se escuchaba.
—Siempre creí que el tarado de Sakuragi estaba enamorado de Haruko Akagi —dijo Rukawa de repente; Fuji se sobresaltó al escuchar su voz. Le pareció un gesto sumamente dulce que estuviera tratando de iniciar una conversación pues seguramente le estaba representando un gran esfuerzo. Volteó a verlo. A pesar de que estaban sentados, Fuji aún tenía que alzar la cabeza para poder mirarlo. De repente recordó que aún no le había respondido.
—¿Y no lo creímos todos? —le dijo y volvió a fijar la vista al frente—. Es curioso, pero fue gracias a Haruko que Hanamichi y yo comenzamos a acercarnos —Fuji suspiró y Rukawa clavó los ojos en el suelo terroso en un intento por escuchar el relato con mayor atención—. Al salir de la preparatoria, Hanamichi decidió que ya era tiempo de hacer algo con respecto a lo que sentía por Haruko, así que me pidió ayuda para conquistarla. Comenzamos a vernos al terminar las clases para hablar de ella. Yo le contaba todo; sobre sus sueños, aspiraciones, lo que le gustaba y disgustaba, pero… a pesar de todos los esfuerzos de Hanamichi, Haruko parecía incapaz de dejar atrás sus sentimientos por ti —al decir esto, Fuji observó con atención la reacción de Rukawa. El semblante del muchacho no registró cambio alguno, lo que confirmó su sospecha; él siempre había sabido lo que Haruko sentía por él—. Y un día, sin más, Hanamichi me invitó a salir. Debo admitir que a mí siempre me había gustado Hanamichi, así que no tuve que pensarlo mucho para decir que sí —dijo, sonriendo con nostalgia—. Hanamichi fue mi novio durante mi primer año de Universidad y parte del segundo.
—¿Cómo lo tomó ella? —preguntó él, tratando de sonar desinteresado; sin embargo, en su voz se podía detectar un dejo de genuina curiosidad.
—¿Quién? ¿Haruko? —dijo Fuji y alzó la vista al cielo—. Pues veras, al enfrentarse a la posibilidad de perder a Hanamichi, se dio cuenta que estaba enamorada de él.
—¿Cómo la sabes?
—Ella misma me lo dijo, y naturalmente yo se lo dije a Hanamichi, pero en aquél momento a él pareció no importarle.
Después de haber dicho aquello, nuevamente se encontraron rodeados de silencio. Fuji miró a Rukawa de reojo; se le veía pensativo.
—Te preguntarás por qué a pesar de todo, acepté salir con Hanamichi si lo más seguro era que me estuviera utilizando para olvidar a Haruko —prosiguió Fuji—, pero sabes, mientras estuvimos juntos, Hanamichi siempre se preocupó por demostrarme su cariño y hacerme feliz, incluso después de enterarse que Haruko estaba enamorada de él.
—Entonces, ¿por qué terminaron?
—En realidad fue algo un poco extraño. Fue como si un día al despertar, ambos nos diéramos cuenta de que no éramos la persona con la que el otro iba a pasar el resto de su vida, así que acordamos que lo mejor era terminar —Fuji tomó aire—. Ahora ellos están juntos —añadió y sintió como los ojos de Rukawa se posaron sobre ella inmediatamente después de escuchar aquello—. Supongo que en el fondo siempre supe que ellos eran el uno para el otro; es decir, la manera en la que Haruko se preocupaba por Hanamichi no era normal. Debo confesar que al principio me dolió enterarme que estaban juntos, pero me di cuenta de que cuando amas a alguien del modo en que yo amé a Hanamichi, lo único que deseas es la felicidad de esa persona. Sé que él puede llegar a ser escandaloso y un poco presumido, pero Hanamichi Sakuragi es un ser extraordinario que merece ser feliz.
A Rukawa le sorprendió la madurez con la que Fuji parecía haber tomado la situación.
—Y dime Rukawa, ¿alguna vez has sentido algo así por alguien?
Rukawa se puso a pensar. En los dos años que llevaba viviendo en Estados Unidos, había salido con algunas chicas, sin embargo, ninguna le había hecho sentir nada especial; al menos nada remotamente parecido a lo que había descrito Fuji.
La verdad, si era honesto consigo mismo, eso se debía en gran parte a que su actitud con respecto a las chicas no había cambiado mucho en aquél tiempo. Él había seguido poniendo al básquetbol ante todo y quizá eso le había negado la oportunidad. En conclusión, las posibilidades de cualquier relación seria se habían visto seriamente disminuidas debido al amor que él le tenía al básquetbol.
No supo muy bien por qué, pero ese último pensamiento logró turbarlo profundamente.
—Bueno, es hora de irme. Se hace tarde —le dijo ella, interrumpiendo sus pensamientos. Fuji se puso de pie. Rukawa no se movió; se limitó a seguir todos sus movimientos con la mirada. La observó a la luz de la luna. Él nunca había sido una de esas personas particularmente observadoras, por eso se sorprendió de haber notado que Fuji llevaba un peinado distinto ese día; a diferencia de la vez anterior en que llevaba el pelo sujeto en una cola de caballo, ahora lo llevaba recogido en una trenza lateral.
—Te acompañare a tu casa —le dijo y también se puso de pie; las palabras salieron en el mismo tono neutro de la última vez. Fuji lo miró dubitativa por unos segundos.
—Claro —dijo ella y sonrió. Parecía ser una costumbre suya sonreír con amabilidad.
Se encaminaron en silencio a la salida del parque y volvieron a andar por el mismo camino que días antes los había conducido a la casa de Fuji.
Esta vez no hubo preguntas ni silencios incómodos, sólo dos jóvenes caminando lado a lado en medio de la noche.
¿Qué les pareció este capítulo? En lo personal a mí me gustó mucho. Los comentarios y sugerencias son bienvenidos.
Por cierto, vayan a ver PACIFIC RIM/TITANES DEL PACÍFICO tan pronto se estrene en sus respectivos países. Se arrepentirán si no lo hacen, está increíble.
