Después de 40 páginas escritas en papel (porque me encanta escribir mis historias primero en papel) e incontables horas de correcciones, he aquí el último capítulo de este fic, del cual me siento muy orgullosa, pues es el primer multi chapter que completo.

Muchísimas gracias a todos los que estuvieron conmigo en todo el camino y a los que se fueron uniendo. Muchísimas gracias de verdad. No saben el valor que tiene para mi cada palabra de cada review.

Goizmo, bulmercury2, Hipolita, Selene, Mitsuki-chan17, Sol Levine, Angeline Victoria Schmid, y por supuesto, al misterioso Guest, infinitas gracias. Esto es para ustedes.

Unos minutos más tarde, Fuji salió del café sintiéndose un poco más tranquila; sentía como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Anegada por una sensación de ligereza, caminó tranquilamente por las calles semidesiertas con rumbo a la estación del tren.

Definitivamente, hablar con Eri le había hecho mucho bien. Esa pequeña e inocente conversación que había tenido con ella, le había hecho ver la verdadera naturaleza de sus sentimientos hacia Rukawa; sentimientos que, en retrospectiva, y a juzgar por la cantidad de reacciones que había tenido Fujima, habían sido evidentes para todos menos para ella.

La sola idea de que Rukawa se hubiera dado cuenta, le producía una gran ansiedad.

Tal vez, al igual que había sucedido con los sentimientos de Haruko, Rukawa lo había advertido desde un principio, y había decidido no decir nada al respecto para no hacerla sentir incómoda. Pero, ¿cómo podía Rukawa haberse dado cuenta de algo de lo que ni siquiera ella había estado consciente? ¿Acaso había hecho o dicho algo que lo orillara a pensar que ella albergaba alguna clase de interés especial en él?

De cualquier forma, ya no tenía importancia. Rukawa se había marchado y ya no lo vería más.

Mientras caminaba sintiendo la cálida luz del sol de la tarde de pleno en la piel, Fuji recordó que en alguna ocasión, Haruko le había comentado que se le veía más feliz. Había sido más o menos durante el tiempo en que había comenzado a trabar una amistad con Rukawa. En aquél entonces, Fuji no había establecido relación alguna entre su felicidad y la inesperada aparición de Rukawa en su vida. Su buen estado de ánimo lo había atribuido a que le estaba yendo bien en la escuela y a que la relación con sus padres había mejorado considerablemente, pero ahora, de repente, todo lo veía más claro.

Nunca antes había experimentado algo similar a lo que sentía por Rukawa, Hanamichi había sido su primer amor y lo había amado muchísimo, pero lo suyo con Rukawa era algo para lo que ni siquiera encontraba palabras que pudieran describirlo adecuadamente. Sólo sabía que su ausencia hacía que todo lo percibiera gris y sin sentido.

Bajo esa nueva luz en que ahora lo veía, pensar en él hacía que el pulso de su corazón se acelerara, pero al mismo tiempo, el saber que no volvería a verlo, o que al menos pasaría mucho tiempo antes de que eso sucediera, la llenaba de una profunda tristeza y la hacía sentir una opresión en el pecho.

¿Qué debía hacer ahora? ¿Debía llamarlo y hacerle saber lo que sentía?

Para empezar, la noticia de su partida le había resultado tan inesperada y sorpresiva que lo último que le había pasado por la cabeza, había sido pedirle algún número de teléfono al cual pudiera llamarle o al menos, alguna dirección a la cual escribirle. De todas formas, incluso si él sentía lo mismo, no podrían estar juntos mientras siguieran viviendo a miles de kilómetros de distancia el uno del otro.

De alguna manera, Fuji prefería que para ella y en su corazón, Rukawa siguiera conservando aquél estatus de "inalcanzable" que lo había acechado durante toda la preparatoria. Por ahora, a ella no le quedaba más remedio que guardarse esos sentimientos. Tomaría el tren a casa e intentaría olvidar todo lo acontecido en las últimas semanas. Seguiría con su vida. Sí, eso haría.

Fuji iba tan distraída, tan perdida en sus propios confusos pensamientos, que no se dio cuenta que alguien caminaba delante de ella, y había terminado chocando contra esa persona irremediablemente. Fuji, reprimiéndose mentalmente por aquél descuido, y sintiéndose inmensamente apenada, había optado en un principio por no mirar al extraño, pero al final, no le había quedado más remedio que hacerlo.

-Lo lamento, yo…- intentó decir, pero las palabras murieron en sus labios tan pronto descubrió al dueño de aquél apuesto rostro.

Se trataba de Rukawa, de Kaede Rukawa.

-No deberías caminar sola a tu casa.- le dijo él despreocupadamente -Pronto oscurecerá.- añadió mirando al cielo.

Fuji se le quedó mirando, demasiado impresionada como para decir algo que requiriera unir más de dos palabras, por lo que él continuó.

-¿Caminarías conmigo?- le preguntó con suavidad, repentinamente posando sus ojos sobre ella. Tenía algo en la mirada que la hizo dudar de que siquiera pudiera dar un paso.

-Claro- fue lo único que atinó a decir.

Recorrieron en silencio las pocas cuadras que los separaban de la estación de tren. Fuji lo miró, y al hacerlo, la situación le pareció reminiscente a la de aquella lluviosa tarde en la que Rukawa la había acompañado a su casa por primera vez. Aquella vez, en que aún eran dos extraños.

Todo era tan distinto ahora. Muchas cosas habían cambiado desde entonces. Muchas cosas habían sucedido, y otras tantas había sido dichas. Ahora, con tan sólo una mirada, Rukawa conseguía ponerla nerviosa y hacer que se olvidara de todo a su alrededor. Estando con Rukawa, Fuji se sentía incapaz de controlar sus acciones.

Tomaron el tren envueltos en el mismo velo de silencio que los había acompañado desde que se habían encontrado. La mente de Fuji trabajaba deprisa, tratando de encontrar en vano, alguna explicación razonable por la cual Rukawa no se hubiera ido, pero no importaba a que conclusión llegara, todos los escenarios le parecían absurdos e improbables. La respuesta a aquella interrogante, sólo la conocía el mismo Rukawa.

Se bajaron en una estación que a Fuji le resultó vagamente familiar, y tras varios minutos de caminar aparentemente sin un rumbo fijo, Fuji se percató de que habían llegado a la playa.

Sin más, Rukawa se sentó en la arena tibia, con los brazos apoyados en las rodillas y la vista al frente, y esperó a que Fuji hiciera lo mismo. La chica se sentó a su lado, inesperadamente más cerca de lo que él hubiera pensado, y el simple y discreto roce contra su piel de la ropa que ella llevaba puesta, lo hizo estremecer.

No se escuchó más que el rumor de las olas por unos instantes, hasta que Fuji, invadida por la curiosidad, se atrevió a alterar aquel apacible silencio.

-Estaba segura de que hoy sería el día en que te irías de Kanagawa.- le dijo en un tono casual que destilaba dicha sensación.

-¿Y no lo creíamos todos?- respondió él, haciendo eco en las palabras que Fuji le había dicho alguna vez. Fuji sonrió.

-¿Puedo saber la razón por la cual no te fuiste?- le preguntó ella con un dejo de timidez en la voz.

Rukawa no respondió al instante, y su rostro se tornó repentinamente serio. Fuji se percató del cambio, por lo que decidió no insistir más.

-No te preocupes. No importa si no quieres decirme.- le aseguró.

-Fuji- la llamó él para atraer su atención, en un tono tan serio que hizo que Fuji desistiera de decir algo más. Lo observó con detenimiento. No había nada en su expresión que delatara sus verdaderas intenciones. Sus ojos azules seguían fijos en el mar, y su rostro lucía tan impasivo como siempre; sin embargo, parecía estar meditando algo. El sonido de su voz la sobresaltó.

-Recuerdas cuando te dije que no tenía nada por lo cual quedarme en Kanagawa.- le dijo, y ella asintió a modo de respuesta -Pues eso ha cambiado. He encontrado una razón, y tiene nombre y apellido. Es por ese motivo que he decidido quedarme un tiempo más, y ver qué pasa.- dicho esto, la miró. Fuji lo miraba con el desconcierto reflejado en los ojos; parecía haberse quedado sin palabras. Era la segunda vez en ese día en que la veía así, y Rukawa no pudo evitar sonreír.

Después de pronunciadas aquellas palabras, Rukawa aguardó pacientemente por una respuesta que parecía, no iba a llegar nunca. Fuji seguía guardando silencio, pensativa, y Rukawa temió lo peor. Después de unos segundos, que para Rukawa fueron eternos, Fuji pareció finalmente, encontrar las palabras que había estado buscando.

-Te sorprenderías.- le respondió simplemente, y Rukawa sonrió con alivio, pues comprendió de inmediato el significado de aquellas dos palabras.

-¿Jugamos básquetbol?

-Creí que nunca lo pedirías.

FIN

Síp, este es el fin. Nuevamente agradezco a todas las personas que se tomaron la molestia de leer este fic y de dejar un review. Gracias también a los que la incluyeron entre sus favoritas, y a mí entre sus favoritos. Espero que les haya gustado.

Muy pronto tendrán noticias mías, y también de Rukawa y Fuji, porque esto no se puede quedar así, ¿o sí?