Wehee, ya volví, ahora con un capítulo ambientado en la era actual. Esto sigue la línea de lo que sucedió en el Inframundo tras el regreso de Hades después de lo sucedido en el capítulo 10 de "Mi Ángel Guardián" Es el primero de varios de los fragmentos que yo quería desarrollar, pero que no tuve la oportunidad antes.

Capítulo 2

Reencuentro

Era actual

Pandora se inclinó graciosamente ante la diosa a la que Hades sostenía por la cintura.

-Sed bienvenida al Inframundo, mi señora, saludó con cortesía.

-Gracias, Pandora, repuso Perséfone con un tono juguetón en la voz.-Por fin pude regresar de nuevo a mi amado Inframundo.

-Ve a alistar las habitaciones para la noche, Pandora, ordenó Hades.-Todo tiene que estar perfecto. Y espero que tanto tú como Radamanthys hayan aprendido la lección.

La joven se inclinó servilmente.

-Sí, señor Hades. Le aseguro que esto no volverá a ocurrir, dijo, antes de inclinarse y marcharse apresuradamente hacia las dependencias interiores.

-Ven, mi amada reina. Es hora de que visites el que fue tu lugar preferido en el Inframundo desde siempre, la condujo con gracilidad hacia la parte de atrás del trono, a la entrada de la dimensión de los dioses, el Muro de los Lamentos.

-¿Esto es lo que hicieron los santos dorados en la última guerra santa?, se sorprendió, viendo el descomunal agujero que manchaba lo que antaño fue una muralla infranqueable.

-Así es. Sin embargo, no reviste de mucha gravedad. Ya lo he mandado a reconstruir y pronto se volverá a erguir tan infranqueable como siempre. Era normal que en una guerra hubiera daños. Athena es la que siempre sufre desperfectos en su Santuario...esta vez me tocó a mí sufrirlos, explicó él.-Por fortuna, nosotros los dioses no necesitamos de esto para llegar a los Campos Elíseos, la abrazó con más fuerza y encendió su cosmos, haciéndolos desaparecer de Giudecca.

Los pies de ambos hollaron con suavidad las flores de los Elíseos.

-Es más hermoso de lo que recordaba, se extasió ella, recorriendo el lugar con la mirada. Se desprendió de la mano de su esposo y comenzó a correr entre las flores. Hades la dejó hacer con una sonrisa en los labios.

-Así que por fin decidió reencarnar, comentó una voz suave detrás del dios del Inframundo.

-Hypnos, repuso éste con calma, desplazando la mirada para ver quién le hablaba.

Éste inclinó la cabeza con deferencia.

-Es un placer tenerlo aquí, señor Hades, repuso solamente.

-Así es, parece que mi esposa quiso reencarnar para vengarse de Athena por todos estos siglos de Guerras Santas. Por ahora logré convencerla de que no debe tomar represalia alguna en contra de su hermana. Solo espero que mis temores sean infundados.

-Ya verá como no, señor. Le diré a Tanathos que ustedes están aquí. Con su permiso, repuso, retirándose discretamente.

Hades se acercó a su esposa, la cual estaba sentada en el suelo, con el regazo cubierto de flores. Ella lo hizo sentarse y recostó la cabeza en su pecho.

-Extrañaba esto, extrañaba estos momentos. Los dos juntos...solos.

Él le acarició el rostro con ternura y le besó la frente.

-Ahora que he hecho las paces con Athena, nada volverá a separarnos jamás. Excepto, claro, el trato que hicimos con tu madre hace ya tantísimo tiempo.

-No es justo, se quejó ella.-He tratado de que me deje estar aquí permanentemente. ¡Yo soy la reina del Inframundo! Se supone que debo estar a tu lado y ayudarte a gobernarlo. Yo hubiera querido que este trato no fuera vitalicio, pero ella parece pensar otra cosa. Si ya sabe que me amas, ¿porqué insiste? Si ya sabe que yo iré a visitarla... Solo ha provocado que la odie a través de los siglos por no darme la libertad que merezco.

Él le sobó la espalda tratando de consolarla.

-No pienses ahora en Deméter. No es tiempo para eso. Ya idearemos alguna forma para convencerla de que debemos estar juntos y de que eso no la perjudica. Ahora no.

-Sí, tienes razón, admitió ella.-Ahora no es el momento.

Se quedaron en silencio por unos instantes, solo mirándose, reconociéndose. Hades sintió que las mejillas le ardían y sonrió.

-¿Qué sucede?, preguntó ella con curiosidad enderezándose más.

-No es nada. Es solo que creo que me he enamorado de tí otra vez.

Una amplia sonrisa iluminó el rostro de Kore y depositó un beso en los labios de su marido.

-¿Recuerdas cuando apenas empezábamos nuestra relación? Tú solías vigilarme a escondidas.

-Sí, solía ir a verte para cuidarte. Me parecías lo más hermoso sobre la Tierra.

-Fue divertido escabullirme de la vigilancia de mi madre e ir abajo a los campos de flores. Recuerdo que una vez, Ártemis nos pescó y le dijo a mamá.

-Sí, lo recuerdo. Eso solo sirvió para que Poseidón y Hera se burlaran de ella por dramática, lo cual hizo que se resintiera aún más, y te encerrara bajo estrecha vigilancia,-suspiró.-Mi hermana siempre ha sido la reina del drama.

Unos cuantos metros más allá, los gemelos los observaban sin atreverse a acercarse.

-Ve a decirles tú, lo apremió Tanathos.

-¿Yo? Tú eres el que arruina las cosas siempre. Ve tú.

-¿Y porqué yo? Ve tú.

-No, ve tú. Yo estoy ocupado, rebatió Hypnos y se piró.

Tanathos soltó un gruñido y se acercó a la pareja con cautela . Se aclaró la garganta, para anunciar su presencia.

-¿Qué se te ofrece, Tanathos?, inquirió el señor del Inframundo.

-Las cosas que me pidió ya están listas, señor, comentó, haciéndole una reverencia a Perséfone. Esta se la devolvió con cortesía.

-De acuerdo, ven, apremió, poniéndose de pie y ayudando a su consorte a levantarse. Tanathos los condujo hasta el mausoleo que en otros tiempos había cobijado el cuerpo de Hades. Camuflada en la pared oeste había una pequeña puerta adornada en bajo relieve con escenas del mítico rapto de Perséfone.

-No sé si es una suerte que esta puerta estuviera camuflada. Lo que pudo haber pasado en la última Guerra Santa aún me pone los pelos de punta, susurró, empujando la puerta. La habitación dio paso a otra más pequeña que contenía un pequeño altar que contenía una gaveta debajo. Hypnos se arrodilló y la abrió, desvelando el contenido. Se veían artefactos puramente femeninos, pero que sin duda eran de corte real.

-¿Estas cosas son mías?, preguntó ella.

-Así es. En algún punto entre Guerras Santas debieron trasladar estos artefactos aquí, para protegerlos de una eventual destrucción por parte de los santos de Athena. Ahora, por fin, pueden ocupar el lugar que les pertenece.

Las ninfas que estaban habitualmente en los Elíseos, entraron portando jarras y píxides que contenían, agua y diversos ungüentos, perfumes y joyas. Algunas sacaron las ropas y se encargaron de desdoblarlas con cuidado.

Los tres dioses salieron con cuidado y esperaron a que la diosa saliera, ya limpia, arreglada y mostrando todo su porte de reina. Los gemelos posaron una rodilla en tierra con respeto. Ella inclinó la cabeza con deferencia y se volvió hacia su marido, el cual la contemplaba con una chispa de arrobado orgullo en sus ojos fríos. Se adelantó y colocó sobre su cabeza la diadema de oro que simbolizaba su condición en el Inframundo. A continuación le ofreció a su esposa un báculo de negro metal, rematado por un rubí y adornado por dos serpientes que se enlazaban entre sí, identificando aquel bastón como un caduceo, el símbolo de las deidades que se mueven por todos los planos de la realidad.

-Recuerdo éste báculo, expresó ella. Fue uno de los muchos regalos que me hiciste anteriormente, bajó la cabeza avergonzada,-Y en cambio yo nunca te he obsequiado nada. Él le levantó la barbilla para hacerla mirarlo a los ojos.

-Pero si tú me has regalado ya muchas cosas. Borraste la soledad de mis días, y me diste a conocer el amor. Tú fuiste la única persona que me miró sin miedo y sin tapujos cuando todos temían el solo mirarme. También me diste dos hermosas hijas. Lo que yo te he regalado no se compara con lo que tú me has dado a mí.

Ella esbozó una gran sonrisa y atrajo su frente hacia ella para besarla.

-Y...¿recuerdas esto?, dijo él, mostrándole un pequeño pixis. Ella lo abrió y dentro de él encontró, como si no hubiera pasado nada de tiempo, el asfódelo que ella le había dado en aquel lejano día en la era mitológica.

-¿Todavía lo guardas?, sonrió ella.-¿Después de tanto tiempo?

-Después de tanto tiempo, afirmó él, con convicción

Los hijos de Nyx se habían retirado prudentemente para darles más privacidad.

-Creo que es prudente que te adelantes y le digas a Pandora que reúna a los espectros. Eso puede llevar algún tiempo. Mejor que cuando regresen al Inframundo ya todo esté listo para la presentación de nuestra reina.

-¿Tú crees? Están muy eficientes últimamente.

-Mejor prevenir que lamentar, repuso Tanathos en voz baja.

-Tú lo que quieres es ir a ver a tu mujer, ¿verdad?, captó Hypnos.

-Yo no he dicho eso.

-Bah...Anda dile, total es su madre la que ha regresado. Ella debería de regresar también.

-Yo no he mencionado a Macaria, insistió Tanathos con testarudez.

-Como digas hermano, se burló. Echó una ojeada para ver por donde estaba la pareja, a los cuales localizó agarrados del brazo caminando por entre las flores. Suspiró y se teletransportó hasta Giudecca.

Miró hacia los lados, y al no ver a nadie se encaminó hacia las dependencias interiores.

-¡Pandora! ¿Dónde estás?, llamó autoritariamente,

Inmediatamente, se oyó el taconeo apresurado de la mujer precediéndola. Se sorprendió de ver al Sueño frente a sí.

-¡Señor Hypnos!, exclamó, tan sorprendida que se olvidó de hacer una reverencia.

-Llama a los tres jueces y ordénales que junten sus ejércitos aquí inmediatamente. Es asunto de suma importancia.

-Pero, ¡no creerá usted que aquí pueden estar los ciento ocho espectros!

-¡Obedece, mujer!, apremió él.

Ella dudó, pero al final se encaminó hacia el primer círculo del Inframundo, donde estaban los palacios de los jueces.

Cuando llegó a la Caína, encontró a Radamanthys apurando un vaso de whisky.

-Junta a tu ejército y llévalos a Giudecca. ¡Ahora!

El inglés se quedó mirándola.

-¿A todos mis hombres?, repitió.-¿Qué?

-¡No discutas, Radamanthys! Es una orden de Hypnos.

-Está bien, ya voy, manifestó, apurando los restos de whisky.

La misma situación se repitió en la Ptolomea, pero esta vez protagonizada por Lune.

-¡Lune!, reclamó el juez de Griffon.-¡Ve a formarte con los demás!, se volvió hacia Pandora,-¿Sabes el porqué de esa exigencia?

-Lo ignoro. Pero seguro que tiene que ver con su esposa.

-Entiendo. ¿Acaso están en Giudecca?

-No. Deben estar en los Elíseos a juzgar porque ha sido Hypnos el que ha ordenado esto.

-¿Alguien se tomará la molestia de ir a las cercanías del Tártaro a despertar a la señorita Melínoe?

Ella sintió un escalofrío correrle el espinazo de solo recordar a la sombría diosa de los fantasmas.

-Le diré a Aiacos que vaya. Puede ir con Caronte.

Él asintió y se apresuró a poner orden a sus tropas.

En la Antenora, ya las tropas de Garuda estaban ordenándose de manera caótica.

-¿Quién te ha dicho?, comentó ella.

-Zeros, repuso él.-Oyó cuando le dijiste a Radamanthys. Trató de decirle a Minos, pero lo echó sin contemplaciones. Resbaloso como su nombre lo indica, hizo una mueca.

Ella resopló con molestia.

-Cuando termines de organizarte tienes que hacer algo más.

-¿Qué es?, titubeó él.

-Pídele a Caronte que te acompañe. Debes ir por la señorita Melínoe.

-Pandora...sabes que odia que la despierten.

-Lo sé, pero creo que debería estar aquí. Hace mucho tiempo que no ve a sus padres juntos.

-De acuerdo. Pero si acabo maldito es culpa tuya, que conste. Tuya y de tus sentimentalismos.

Ella negó con la cabeza y volvió a Giudecca. Entró caminando a paso rápido para seguir supervisando el arreglo de la habitación para la noche. La habitación se encontraba ya limpia y acondicionada. Un pequeño tocador de madera oscura se hallaba en una esquina de la habitación, había sobre él un pequeño pixis y la esquina opuesta había un gran baúl que contenía prendas varias. La cama se adosaba grácilmente a la pared y estaba adornada con hermosos almohadones y un grueso cobertor con ricos bordados en oro. Sonrió satisfecha y se encaminó hacia la habitación de su señor. Las antorchas emanaban una luz tenue que le daba un aire misterioso a la habitación. Había asimismo un baúl que contenía las pertenencias de éste y un diván cerca de la ventana. La cama ostentaba un dosel que se doblaba grácilmente sobre el soporte y caía de manera romántica sobre la cama formando una especie de habitáculo. El grueso cobertor con decoraciones de plata, estaba abierto dejando a la vista las sábanas de seda y las suaves y esponjosas almohadas.

-Bien, parece que todo está en orden dijo, abriendo la puerta que comunicaba con la habitación que contenía el baño privado del dios Hades. Del otro lado de la habitación había una puerta que comunicaba con la habitación que sería ocupada por la hija d Deméter. Las esclavas ya estaban ocupadas limpiando el lugar.

Satisfecha, las dejó seguir con su trabajo y ella salió a arreglarse.

Mientras tanto, el juez de Garuda había llegado a las cercanías del Tártaro. Miró aprensivamente la gruta en la cual tenía su hogar la hija menor de los emperadores infernales.

-¡Ni se te ocurra irte!, le advirtió a Caronte-Que después tienes que llevarnos.

-Yo no iba a irme, se defendió éste.

-Como si no te conociera, resopló mientras se adentraba en el sombrío lugar.

-Brrrr, el ambiente aquí es de lo más siniestro, se quejó, acercándose a la cama de piedra sobre la cual descansaba la diosa de los fantasmas.-Las dos hermanas son extremos completamente opuestos.

-¿Qué es lo que quieres, Aiacos de Garuda?, se oyó una voz grave y sombría.

Éste dio un respingo y miró a la diosa. Ésta todavía no había abierto los ojos, pero a la mejor había percibido su energía.

-Eh…Vuestra madre ha regresado al Inframundo después de siglos de ausencia. La señorita Pandora espera que pudierais honrarnos con vuestra presencia.

Melínoe se enderezó con perezosa majestuosidad abriendo sus ojos castaños, heredados de su madre. La diosa poseía asimismo matas de rizos negros que le caían por la espalda.

-¿Esa insignificante humana todavía cree que puede darme órdenes?

Aiacos tragó en seco.

-La señorita Pandora solo pensó que os gustaría encontraros con vuestra madre después de todo este tiempo. Ella no…

-¡Vete!, lo cortó ella, volviendo a recostarse.-Si la orden no viene de mi padre o los dioses gemelos no te atrevas a regresar.

Él gruñó ininteligiblemente y se marchó por donde había venido. Subió a la barca y se sentó.

-¿Qué, no que tendría que subir con ambos?, se burló Caronte.

-¡CÁLLATE Y REMA!, rugió el juez de mal humor.

-Como diga, Su Majestad, se burló, mientras empezaba a remar río arriba.

Aiacos gruñó de mal humor. Cuando llegaron a Giudecca tomaron lugar entre los demás espectros.

-¿Dónde está la señorita Melinoe?, le preguntó Pandora.

-Se negó a venir a menos que la orden viniera de su padre o de los gemelos. Que se te debería quitar esa maña de querer pedirle cosas.

Ella suspiró.

-Le diré a Tanathos que la traiga.

Mientras tanto, en los Elíseos, ambos dioses aguardaban el momento de regresar al Inframundo.

-¿Lista para presentarte ante tus súbditos?

-Si estoy contigo, sé que nada me pasará, amor mío.

-¡Madre!, gritó alguien.

Ambos se volvieron a tiempo de ver a la reina de la Isla de los Bienaventurados correr hacia ellos. El peplo blanco le ondeaba al viento, junto con sus cabellos achocolatados. Sus ojos verdes brillaban de emoción. Se refugió en los brazos de su madre, mientras su padre le acariciaba la cabeza.

-Mi querida Macaria, se regocijó ella.-Me alegro de volver a verte, le levantó el rostro para verle los ojos.-Verdaderamente, tienes los ojos de tu padre. El aludido sonrió.

-Melínoe heredó los brillantes ojos de tu madre, sonrió.

-¿Mi hermana sabe que has vuelto, madre?, preguntó ésta.

-Lo ignoro, pero enviaré a Tanathos por ella. Es posible que se niegue a obedecerle a Pandora, suspiró el dios.

-Mi hermana tiene un carácter del diablo, se quejó la esposa de Tanathos.

Juntos se teletransportaron hasta Giudecca. Oyeron el alboroto del ejército en la parte delantera.

-Parece que han sido eficientes esta vez y han optado por ordenarse ellos. Tanto mejor, así acabáremos esto rápido, dijo, mientras se adelantaba hasta el salón del Trono acompañado de su hija mayor. Perséfone se quedó unos pasos atrás.

Al ver aparecer al dios, los espectros guardaron silencio respetuosamente. La sombría diosa de los fantasmas se colocó al lado de sus padres sin decir ni media palabra.

Hades se adelantó para dirigirse hacia sus espectros. Cuando habló, su voz sonó suave, pero traía consigo una autoridad que doblegaba a los espectros y los hacía obedecer sin reservas.

-El día de hoy ha regresado al Inframundo una diosa a la cuál deberéis obedecer y jurarle lealtad como lo hacéis conmigo, pues ella y yo somos uno desde la era de la mitología. Ella es Perséfone, la hija de la criadera Deméter y el padre Zeus, hizo un ademán para indicarle a esta que se adelantara y ésta lo hizo con el porte regio de una reina.-Espero que no sea necesario decir que espero que su trato hacia ella sea como el que me profesáis a mí. Ella tendrá derecho a ordenaros lo que necesite y vosotros debereís obedecerla. Si no lo haceís, podeís esperar un castigo equivalente al que recibiríais si me desobedecieraís a mí. ¿Queda claro?

Los ciento ocho espectros se inclinaron respetuosamente ante la emperatriz del Inframundo y juraron respetarla y obedecerla como lo hacían con Hades.

Ambos dioses se inclinaron grácilmente ante sus súbditos y se encaminaron hasta las dependencias interiores.

-Espero que te guste tu habitación, querida, comentó éste.-Está comunicada con la mía, por si me necesitas.

-Gracias por las molestias, pero creo que no quiero dormir sola esta noche, comentó ésta con tono insinuante, reposando la cabeza en la espalda de él. Sonrió al sentir el imperceptible escalofrío que la recorrió.

-Entonces acompáñame. Se separó casi de manera brusca y cruzó el cuarto del baño hasta entrar en su propia habitación.

-Eh, ¿dónde cree que va, señor Hades?, dijo ella, reteniéndolo por el brazo.

-¿Porqué, señora? ¿Necesitais algo de mí?, comentó él, siguiéndole la corriente.

-Verá…es que me temo que no quiero sonar atrevida…pero esta noche hace demasiado frío para dormir sola.

-Hmmm, sonrió él, mientras cerraba la puerta y echaba la llave.-Creo que podríamos remediar eso.

La tomó entre sus brazos y la llevó hasta el lecho. Se detuvo contra el mismo borde Ella le besó el cuello mientras le acariciaba la espalda. Él la besó con una pasión que no sentía hace mucho tiempo. Las manos de ella reptaban por su cuerpo deshaciendo las ropas. La capa cayó al suelo deslizándose en ondas de satín. Él la miró con indiferencia.

-¿Qué es lo que pretendes?, murmuró con peligrosa suavidad, tratando de desabrocharle el peplo. Ella retrocedió, evitándolo.-¿Piensas negarle algo a tu señor?

-No señor. Pero me parece que es demasiado pronto, acotó mientras lo miraba con coquetería, mordiéndose el labio

-Yo decidiré si es demasiado pronto o no, demandó, juguetonamente, sintiendo el ansia corroer sus entrañas. Había esperado tanto por aquel momento…

-Pero, señor…¿No sería mejor si lo alargamos? Así vuestro deseo se verá mejor satisfecho, comentó ella jugando a la esclava con él.

-Puede que sí…pero yo he esperado demasiado para tenerte aquí. ¿Prefieres acaso que te fuerce?

Ella se río para sus adentros sabiendo bien que esa ansia que ella sentía por unirse amorosamente a él se replicaba también en Hades. Había pasado demasiado tiempo. Se acercó juguetona a él mirándolo directamente a los ojos, buscando desconcentrarlo. El truco funcionó por dos segundos, hasta que él la agarró de súbito por la cintura, haciendo a un lado el peplo con violencia. Las manos treparon por los blancos muslos buscando lo que había anhelado por tanto tiempo. Ella le agarró las muñecas y le sintió el pulso agitado en las venas. Apartó los brazos y le rodeó la cintura para tratar de deshacer el cinturón que sostenía la túnica en su sitio. De alguna manera, agradecía poder ver los brazos desnudos de su consorte de una blancura inusitada en un varón. Sintió los brazos temblar.

-Tranquilo, lo contuvo.-Hay tiempo de sobra.

Sus manos lograron desatar el cinturón, pero en lugar de dejarlo caer lo usó para atraerlo hacia ella. Sentía el deseo rugir en sus venas como si fuera fuego. La temperatura subía alarmantemente rápido. Juntaron los labios con ansias bebiéndose como si no hubiera un mañana. Los cuerpos de ambos iban tiñéndose de rosas progresivamente. Se separaron ya jadeantes, mirándose con deseo. Ella cogió la túnica y la deslizó hacia arriba progresivamente, dejando al descubierto aquella desnudez masculina y fuerte, que anhelaba ver desde hacía siglos.

-Deseaba tanto esto, murmuró casi sin voz, al contemplar por fin el cuerpo desnudo de su marido frente a ella. Extendió la mano y empezó acariciando el hombro con lentitud , casi con devoción, como el escultor que toca la escultura que está puliendo. Las manos recorrían con deliberada lentitud el torso, casi con miedo de que desapareciera, reconociendo las líneas que conocía tan bien, pero a la vez había olvidado como se sentían hace ya mucho tiempo.

Él gimió dejándose llevar por las arrasadoras sensaciones que aquellas pequeñas manos le comunicaban. Casi podía sentir el ansia en Perséfone, pese a que ella lo acariciaba y besaba con tranquilidad, sin prisas.

Ella lo jaló hacia la cama y se recostó en el centro de la misma sintiendo en su cuerpo que ya estaba más que lista para recibir lo que él tuviera que darle, de ceder a sus requerimientos. Hades se deslizó dentro de la cama con cuidado y se arrodilló colocándola entre sus piernas. Sus manos trazaron el contorno del cuerpo que tenía entre sus piernas con reverencia. Al llegar a los pechos le fue posible percibir los pezones erectos rozándose contra la tela.

-¿Ahora sí quieres que te vea?, preguntó con la voz algo ronca.

Ella solo asintió, acariciándole la mejilla con ternura.

-Esto había que hacerlo bien. Es como nuestra segunda primera vez.

Él deslizó la mano por los broches que sostenían el peplo desprendiéndolos con delicadeza. El solo roce de la tela corriendo con suavidad la hizo arquearse mientras sus labios se abrían en un sensual gemido. Hades deslizó el peplo con un fluido movimiento para deshacerse de estorbos.

Contempló casi con adoración a aquella mujer, sus curvas, sus formas, mismas que había extrañado y anhelado ver desde hace mucho. Desde su cabello de chocolate, hasta el brillo todavía inocente de sus ojos, la redondez de sus senos, la suavidad de su piel…

-Extrañé tanto tenerte así, amor mío, dijo solamente.

-Yo lo extrañé aún más. Y no tenerte a mi lado me dolía como no imaginas.

-Pero ahora podemos estar juntos. Por fin.

-Finalmente, musitó, besándola largamente.

Afrodita derramó su influencia sobre ambos, haciéndolos más susceptibles aún al amor y al deseo. Se abrazaron en amoroso concierto acariciándose con las manos y los labios. El dios corrió el dosel de la cama, en un intento de hacer aún más íntimo el ambiente. Los sonidos de la actividad amatoria fue lo único que recogieron aquellas paredes durante un largo tiempo, antes de que ambos, cansados y satisfechos, se abandonaran a los brazos de Morfeo, aún abrazados.

.

Según yo, no me iba a costar escribir esto. A estas alturas, ya debería saber que no es bueno dar nada por sentado.

Los conduje a los Elíseos, porque es lo más parecido a una pradera del mundo exterior que hay en el Hades. Quiero resaltar lo más posible la relación de Perséfone con las flores.

Macaria y Melinoe son dos deidades que en distintas tradiciones son consideradas como hijas de Hades y Perséfone. En el capítulo dedicado a ellas hablaré más detalladamente de eso. Ayer estaba escribiendo esto y me dije a mí misma "Melinoe is cheerless as fuck xDDD Her sister, by the other hand is like a sunbeam" (Melinoe es sombría como ella sola. Su hermana, por otro lado, es como un rayo de Sol") Quería hacerlas como opuestas, pero creo que se me fue la mano con la diosa de los fantasmas XDD El pobre Aiacos casi se hace encima(?)

Los espectros también de jurarle lealtad a Perséfone. Después de todo, es la esposa de Hades.

¿Porqué "blancura inusitada en un varón"? En la Antigua Grecia, las mujeres se pasaban el día metidas en la casa (sobretodo las de clase alta) y por eso su piel se mantenía blanca como la leche. En caso de ser más morenas, se daba por sentado que eran mujeres bárbaras (es decir, extranjeras) o que llevaban algún tipo de trabajo, lo cual no era deseable. El hombre, en cambio, era de piel más oscura por salir a trabajar y esto se reflejaba en la escultura y la cerámica. Las estatuas masculinas eran pintadas en un color más oscuro y en las femeninas se mantenía el color del mármol. Una de las excepciones más notables fue la estatua de Zeus en Olimpia, por ser crisoelefantina. En la cerámica de figuras negras, las mujeres se mantenían en color blanco.

¿Qué tal quedó el lime? (Aunque me da la impresión de que está a unos pasos de ser lemon :v ) Me daba cosa, porque nunca he trabajado con parejas heterosexuales. Esa fue la causa de que me atrasara con el capítulo, estuve retocando eso. Pero después de una charla con una amiga y de escuchar un rato a The Rasmus, logré salvar el escollo bastante bien. La canción en cuestión es "October & April" ft. Annette Olzon. La pueden encontrar en mi Face, así como las imágenes de Macaria y Melinoe.

En el próximo volveremos a la era mitológica, a ver cómo siguió enamorándose ese par.

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!