Capítulo de cambios. Pues vamos allá :v

Hablé con la profe y me dijo que eso de que probablemente los antiguos griegos fueran en su mayoría rubios y de ojos azules es mentira. ¿Por qué? Por los restos de pigmentos en las estatuas, que revelan que pintaban el cabello de colores más oscuros. ¿Qué tiene esto que ver con cómo eran? Que cada cultura retrata a los dioses y héroes a su imagen y semejanza. Los romanos también solían tirar hacia colores de piel, cabello u ojos oscuros. Eso es una característica mediterránea. El cabello rubio y los ojos claros son más una característica nórdica, que mediterránea.

Eso solo me da más motivos para rehusarme a retratar a los dioses todos (O en su mayoría) rubios xDDD También me dijo que el atributo vegetal del dios Hades es la granada. No los narcisos. Ya veo que ese fic va a pasar de "Violetas y Narcisos" a "Violetas y Granadas" xDDD Me recomendó una página para referencias, y he de decir que es un paginón, pues trae no solo el nombre del personaje mitológico, sino su genealogía, los mitos en los que participa, su nombre en griego y latín, así como los autores clásicos que los mencionan y representaciones artísticas de todo tipo desde el periodo arcaico hasta el periodo helenístico. Wikipedia who (¿?)

Capítulo 3

Vigilancia materna

Era mitológica

Deméter cruzaba el pasillo hecha una furia. Empujó la puerta con violencia, sobresaltando a Hera.

-Hermana, pero qué agradable sorpresa, ¿qué es lo que deseas?

-¿Dónde está Zeus?, siseó ésta.

-No lo sé. Lo más probable es que esté entretenido con alguien y esté violando nuestro matrimonio...de nuevo. ¿Por qué quieres saberlo?

-Ártemis me ha dicho algo que solo nos atañe a nosotros. Necesito hablar con él.

La astuta Hera se dio cuenta de lo que sucedía y se dispuso a comprobar si sus sospechas eran ciertas.

-Pero querida, dijo, con voz melosa,-si somos de la misma carne y sangre. ¿Por qué no puedes decirme lo que te atormenta?

-Te burlarás de mí, lo sé.

-¿Yo? ¿Burlarme de las penas de mi hermana? Me ofendes, Deméter.

Ésta la miró con desconfianza y suspiró.

-La virgen cazadora me ha revelado que mi hermano visita a mi hija a espaldas mías. Le habla con palabras melifluas, queriendo ser agradable a su persona y le trae regalos varios. La ha subyugado para hacerla pensar en el amor y pasiones similares.

-Parece que estuvieras hablando sobre Poseidón o Zeus. Esas tretas no son propias de Hades. Bueno, talvez lo sean pero, ¿qué importa? Si Hades corteja a tu hija es porque le interesa y ella podría convertirse en la reina del Inframundo. ¿Acaso no quieres que tu hija sea una reina?

-No comprendes. Los hombres son malvados y detestables y solo les interesa una cosa. No quiero eso para mi hija.

-Querida hermana, si solo le interesara eso, ya la habría tomado. No se molestaría en cortejarla.

-Kore es demasiado joven. Tú sabes lo que puede ser, sabes lo que hace Zeus, manchando tu autoridad como esposa, holgándose con otras.

-Tu increíble falta de tacto al recordarme las infidelidades de mi marido es desafortunada, Deméter, se molestó.-Anda, enciérrala si es lo que quieres, para que no la toque varón alguno. Te aseguro que eso no hará que Hades renuncie a ella, si es verdad que le atrae. Y te aseguro que mi esposo se pondrá de parte suya en esto.

-¿Es lo que la reina de los dioses me ordena hacer, o lo que mi hermana sugiere que haga?

-No sé, tú sabrás, repuso la del trono de oro con indiferencia.-Es tu hija, haz de ella lo que quieras.

La puerta se abrió con estrépito dando paso a una enfurecida Athena.

-¿Qué te trae por aquí, oh virgen que lleva la égida? ¿En qué puedo serte útil?

-¿Te ha dicho la que se place en lanzar flechas, que ha estado siguiendo a la doncella Kore a sus espaldas por indicación de Deméter?, escupió.

-No, no dijo nada. Curiosamente, lo omitió, expresó Hera arrecostándose en el trono.-Conociendo tu aversión por las acciones reprochables es comprensible tu enojo, querida Athena.

-¿Por qué no la dejas en paz, Deméter? Es una persona, no pertenencia suya. Que ella siga el destino que le ha sido trazado.

La diosa de la agricultura enrojeció de rabia.

-¿Qué sabes tú, que desconoces el cuerpo de los hombres, en los que no suscitas más que terror, pese a tu belleza, por causa de tu carácter arisco? La aúrea Afrodita se olvida de tí y solo te recuerda Ares.

-¿Te olvidas acaso del ilustre Cojo, que intentó hacerla suya nada más nacer?, intervino Hera.-Querida hermana, no está bien que insultes a Palas. Ella solo trata de hacer ver su punto de vista. Ciertamente, deberías agradecer que tu hija despierta el interés del que quizás es el dios más esquivo del Olimpo.

-No me harán cambiar de opinión, se empeñó ella.-La obligaré a prestar juramento como lo hizo Hestia.

-Reitero mi intención de no intervenir. Pero no dudes de mis palabras. Así como el glorioso Crónida logró llegar hasta la encerrada Dánae sin forzar puerta, ni ventana alguna, así Hades hallaría la forma de llegar hasta Kore. Te lo advierto, no servirá de nada.

-Gracias por tu consejo, querida hermana. Lo tomaré en cuenta, se despidió. Levantó la cabeza con altanería y salió caminando con pasos fuertes. La puerta se cerró tras ella.

-Me parece que lucha una batalla perdida de antemano, comentó la diosa de la sabiduría.

-Hace meses que no se te pide a tí ni a Ártemis que la vigiléis por un simple motivo. Una vez terminado el encuentro con Kore, áquel que de muchos es soberano subió a hablar con el ilustre Zeus. Él es quién la ha vigilado estos días. Algo me dice que la hija de Leto se lo ha ocultado a Deméter lo más que pudo.

-El Destino ya ha sido dictado y me parece que es inevitable. Podrá separarlos, pero no para siempre. Acabará teniendo que aceptar los sentimientos de su hija.

-Deméter tiene que aprender a respetar a su hija. Si ella le corresponde a Hades sus motivos habrá de tener. Y no tiene porqué repetirse lo que ella pasó con el estruendoso Poseidón, repuso tranquilamente la soberana de los dioses.-Pero algo me dice que la chica no aceptará tan fácil lo que pretende pedirle.

Mientras las dos diosas así conversaban, Deméter regresó por donde había venido hasta bajar al campo de flores. Encontró a su hija en la misma posición en la que la había dejado, sentada en el suelo, como una flor marchita.

-Vamos hija, levántate. Ven conmigo, expresó, tomándole la mano. Ella se desasió de un tirón.

-¡No!, susurró en tono desafiante.

-¿Cómo has dicho?, se sorprendió Deméter.

-Que no voy.

La diosa de la agricultura apretó los labios. ¿Desde cuándo su hija la desobedecía?

-Kore...si no vienes...te obligaré a hacerlo.

-No quiero. Me separarás de él. No me dejarás verlo.

-A los hombres solo les interesa una cosa. Lo que sea que te haya dicho mi hermano habrá sido en orden de obtener esa sola cosa. Después se olvidará de tí.

-No...estás mintiendo, titubeó la diosa de la primavera, mientras la duda se instalaba en su corazón.-Él me dijo que me quería. La tía Hera me aseguró que quería algo más que solo eso. Que él no era como los demás dioses.

-Hera te miente. ¿Sabes acaso que tu padre le prometió serle fiel, y una vez casados le fue infiel a las primeras de cambio? Poseidón tampoco respeta mucho la fidelidad que le debe a la ojizarca Anfitrite, holgando en el lecho de otras mujeres cada vez que tiene oportunidad. Los hombres son así, mi pequeña flor, expresó con fingida ternura.

-Pero...él me prometió..., se dolió la joven diosa.

-No lo cumplirá, te lo aseguro. Innumerables mujeres han calentado su lecho y otras seguirán haciéndolo aunque se case contigo. Solo sufrirás y te volverás una arpía amargada como Hera. Ven mi pequeña, ven con tu madre.

Se la llevó sin que esta opusiera más resistencia, pero no se dio cuenta que su conversación había sido oída por alguien más.

El divino Argifontes sacudió la cabeza con molestia.

-Ha tenido que meterle mentiras para convencerla. Esto le costará caro, vaticinó, mientras se dirigía al Inframundo. Con su velocidad característica, pasó a Caronte y a Cerbero y antes de que los gemelos se dieran cuenta, tocaba la puerta del salón del trono.

-¡Hermes!, lo regañó el Sueño.- ¿Cuántas veces se te ha de repetir que no puedes estar aquí, desdichado?

-Estoy aquí por orden de mi tío, Hypnos. No ha sido por capricho.

-Pasa entonces, claudicó éste.

El mensajero entró en el amplio salón con velocidad. Sabiendo que lo que tenía que comunicar era urgente, no se amilanó ante la fría mirada del dios.

-¿Qué te trae aquí, querido sobrino?, inquirió, pasando por alto el hecho de que se encontraba ahí sabiendo que no debía estarlo.

-Es algo urgente, querido tío.

-Dímelo entonces. Sabes que no me gusta esperar cuando se trata de urgencias.

-No te agites en tu ánimo, oh inflexible Aidoneo, pero la criadera Deméter le ha mentido a Kore, la de delgados tobillos, para que deje tu compañía. Le ha dicho que sólo pretendes calentar tu lecho con ella y que si la desposas no respetarás tal vínculo.

Los ojos del emperador del Inframundo se endurecieron hasta parecer piedras afiladas, producto de la ira. Sus dedos se cerraron como garras en los brazos del trono, provocando que el ébano crujiese. Hermes retrocedió imperceptiblemente.

-Imagino que no es la única medida que ha tomado para ello, escupió entre dientes, sintiéndose humillado

-Le ha dicho a Ártemis que os vigilara, pero la hija de Leto ha guardado el secreto de esos encuentros hasta que le fue imposible. También le ha hablado a vuestra hermana de la intención de encerrarla o de hacerla jurar que mantendrá su castidad como lo hizo mi tía y como lo hizo mi hermana. Por eso creí conveniente avisarte, querido tío. No puedo asegurar el tiempo que tienes antes de que se efectúe el juramento.

El dios sentía que la ira le corroía las entrañas. ¿Cómo se atrevía Deméter a desairarlo de esa manera? ¿A él, su hermano mayor, el emperador del mundo inferior? Aunque sentía que se le nublaba la vista por efecto de la ira, no se dejó dominar por ella.

-Está bien, querido sobrino. He oído tus advertencias y actuaré en consecuencia. Me alejaré de mi sobrina hasta creerlo oportuno. Pero no renunciaré a ella. Tengo los instrumentos para llegar a ella y los pondré en práctica. Le enseñaré a Deméter a no tratarme como si fuera un dios de cuarta categoría, escupió, y cada palabra se le antojó a Hermes como un helado dardo de muerte.-Puedes retirarte.

El hijo de Maya se retiró prestamente, no queriendo incordiar más al malhumorado dios. Mientras tanto, el señor del Inframundo se recostó en su trono de mal humor. Un profundo gruñido se escapó de entre sus labios. Se levantó, haciendo la capa a un lado y se encaminó hacia los Campos Asfódelos. La hija de Gea que ahí habitaba percibió su presencia y acudió a su encuentro.

-¿Me necesitáis, señor?

-Sí, Mnemosine. Por medio de artimañas, mi hermana ha resuelto obligar a su hija a preservarse de los varones, pero ni ella ni yo deseamos eso. Sin embargo, nos ha prohibido vernos, por lo que no puedo yo desmentir lo que le ha dicho Deméter. Pero tus hijas sí pueden. Sobre todo la elocuente Calíope, la musa de la poesía épica. Por favor, pídeles que sean mis ojos.

La titánide asintió, y se prestó a obedecer la petición con premura. Pero antes habló con Leto, la de hermosas trenzas, para que sus hijos ayudaran también en dicha empresa. Después mandó a Calíope a hablar con Kore.

Mientras tanto, Kore lloraba, encerrada en su habitación. De repente oyó moverse la cerradura y levantó la cabeza.

-¿Quién es?, preguntó, secándose las lágrimas.

La voz de la hija mayor de Mnemósine le contestó con su voz característica.

-Pasa, pasa, oyó la voz de Deméter. A continuación, la musa hacía su aparición. Llevaba una caja pequeña en las manos.

-¿Cómo estás?, la saludó con voz afectuosa.

-Me siento como una tonta, se quejó Kore.

-Si crees en lo que te diga tu madre sobre los hombres, ciertamente puedes considerarte una tonta, expresó, recogiendo el vestido y sentándose a los pies de la cama.

-¿Qué quieres decir?, se extrañó la más joven.

-¿Te ha contado tu madre el problema que tuvo con Poseidón?

-Dice que todos los hombres son unos infieles, se quejó.

-La fidelidad es mucho más que solo compartir la cama con la misma persona, querida.-Tanto Zeus como Poseidón regresan a sus esposas invariablemente. ¿Por qué Hades debería ser diferente? Es más, ¿con quién cree tu madre que va a engañarte él ahí abajo? Dudo que sea con la venerable Leto, ni con mi madre, ¿con qué más quiere que lo haga? ¿Con una piedra?, bromeó con jocosidad.

-Mi madre dice que todos los hombres son iguales.

-¿Qué sabe ella? Mira, esto te lo digo porque lo sé. Hace mucho que áquel que es llamado el Zeus subterráneo quiere una esposa. Una esposa, ¿comprendes? No busca una mujer que lo haga visitar los placeres de Afrodita, solamente, busca una que lo ame y lo acompañe. Que borre la soledad que impera en el Inframundo y alegre un poco la monotonía que ahí existe. Pero ninguna diosa había llamado su atención hasta ahora. Tu madre quiere que no tengas contacto con los hombres porque teme que te pase lo que a ella. Pero te está alejando del que quizás es el único dios que no te tratará como un objeto.

-Entonces... ¿Lo que me dijo Hades es cierto?, titubeó, con esperanza.

-Con seguridad que lo es. Ten, toma, expresó, tendiéndole la caja.-Le dije a Deméter que era un regalo de mi madre, pero en realidad...

La joven tomó la caja con manos temblorosas y la abrió. Dentro había una diadema de oro finamente labrada y adornada con un intrincado diseño floral.

-Es hermosa, se maravilló, bordeando con los dedos el borde de las flores.

-Reconozco la mano de Hefestos en esto, comentó Calíope.-Seguro es en lo que ha estado trabajando éste último tiempo.

-Es bellísima. Pero...no puedo usarla.

-¿Por qué no?, se sorprendió la otra.

-Es de oro. El oro solo lo llevan los reyes.

-¡Pero claro, tonta! ¿Que no te das cuenta de lo que te está insinuando al enviarte una diadema dorada?

-Claro que sí, murmuró, sonrojándose adorablemente.-Pero tu madre siempre me envía joyas de plata o de bronce. Sería evidente que no la mandó ella.

-Es cierto, cayó en la cuenta.-Será mejor que la guardes. Pero no te preocupes. Ya se nos ocurrirá algo, para que vuelvan a verse. Por ahora ten paciencia.

-¿Cómo me ha mandado esto? Se supone que él no puede verme ni saber de mí.

-Cuando tu madre los pescó en el jardín, luego de venir a quejarse con Hera, volvió por tí y te dijo aquellas mentiras. Pero no se fijó en que sus desafortunadas palabras fueron escuchadas. El divino Argifontes ha puesto sobre aviso a Hades. Le ha ordenado a mi madre que lo ayude. Nosotras seremos sus ojos y sus oídos. Estoy segura de que entre las nueve podremos idear algo. En cuanto a la diadema, se la había encargado a Hefestos hace meses.

-¿Entonces se las arreglarán para que podamos vernos?

-Claro, sonrió la musa, mientras le guiñaba un ojo.-Sin ir más lejos, mañana hay un consejo olímpico. Tu madre no podrá evitar que acuda al Olimpo. Ya nos las arreglaremos para que puedan verse.

-¡Eso sería maravilloso!

-¿Sabes? Dice Erato que nunca ha visto una atracción tan extraña entre los inmortales.

-¿Tú crees que es extraña?

-¡Claro que sí! Talvez por que sois bastante opuestos.

-Suele decirme que lleno de vida al Inframundo.- ¿Es eso posible?

-No sé si sea posible. Pero talvez se refiera a que es menos monótono cuando estás ahí. Ese lugar es demasiado aburrido.

-Entiendo. Entonces esperaré a mañana. Al fin y al cabo, estoy encerrada aquí. No puedo ir a ningún lado.

-De acuerdo, querida. No te desanimes. Ya verás que todo saldrá bien.

-Gracias por la visita, la despidió.

-Nos vemos, cariño.

Al día siguiente...

-Hypnos...quiero pedirte un favor.

-Dígame, señor Hades.

-Siempre después de cada consejo, mi hermana suele recostarse a descansar un poco. Quiero que la duermas tan profundamente que no pueda despertar por varias horas.

-¿Vais a aprovechar a ver si podéis ver a la joven Kore, no?

-Vale la pena intentarlo, contestó solamente. El gemelo se inclinó profundamente y se marchó a esperar el momento oportuno para actuar.

El dios se quedó unos momentos en el jardín, dejando que el viento frío revolviera su cabello y sus ropas con suavidad. Había tardado más que sus hermanos en encontrar el amor, pero ahora que lo había encontrado, no pensaba dejarlo escapar. Aunque tuviera que pasarle por encima a su propia hermana. Suspiró. Había descubierto que era capaz de sentir cosas que ni siquiera sabía que existían. Su corazón, habitualmente de piedra, latía dulcemente cuando pensaba en la hija de Deméter, y en lo que la muchacha representaba. Las tardes pasadas en el campo de flores conversando de temas variados, lo habían hecho irse enamorando poco a poco de la joven diosa. Aquellos sentimientos que había querido negar el primer día ahora habían pasado a formar parte permanente de sus emociones. Decidió tomar una resolución que alejaría a Deméter de una vez por todas, pero para ello necesitaba la ayuda del padre de la muchacha.

En el consejo, el ambiente se tornó pesado. Era evidente que Deméter no quería estar en la misma habitación que Hades y le lanzaba miradas amenazantes a su hermano de vez en cuando. Éste la ignoraba, pese a que sabía que tendría que enfrentarla de todas maneras.

Los demás dioses trataban de ignorarlos, pero la actitud de ambos estaba poniendo nervioso a más de uno. El ambiente se volvió más y más desagradable conforme el congreso progresaba. Hermes empezó a tamborilear con los pies. Ártemis le pegó una patada por debajo de la mesa.

-¡Auch!, se quejó, apenas moviendo los labios.

-¡Quédate quieto!

-¿Cómo quieres que me quede quieto con el ambiente tan cargado?, se excusó de vuelta.

-¡Haciéndolo nomás!

-¡Ya cállense!, los regañó Ares.

El tiempo transcurrió despacio entre estos y otros ocasionales exabruptos, pero cuando por fin se despejó la asamblea, el señor del Inframundo tomó a su hermano por el brazo. Éste volvió a verlo, con curiosidad.

-¿Puedo hablar contigo, Zeus? Es urgente.

-¿Es sobre mi hija, verdad?, adivinó.-Deméter me tiene mareado con exigencias absurdas sobre ella. ¿Qué es lo que deseas?, preguntó tranquilamente, mientras caminaban hacia el salón del trono, y los demás se retiraban a sus habitaciones.

-Deseo pedirte su mano, dijo, talvez con excesiva frialdad, tratando de no sonar ansioso.

El señor del Olimpo se detuvo con brusquedad y miró a su hermano con atención.

-¿Tanto la quieres?, preguntó.-Dímelo.

-Así es. Nunca me he sentido así respecto a ninguna otra diosa ni ninfa. Es más fácil conversar con ella. Y no me teme ni me trata con miramiento alguno. Nadie se ha atrevido a hacerlo en mucho tiempo. Pero ella la primera vez que me miró lo hizo de frente, sin tapujos. Por eso te pedí permiso para vigilarla yo. Y sabes que no me gusta salir del Inframundo a menudo.

-Sí, de eso me he dado cuenta. ¿Por qué el súbito deseo de casarte con ella?

-Es por Deméter. Si no hago esto, me temo que no se llegará a ningún lado. Y no quisiera que la única mujer que me ha interesado en mucho tiempo se me escape por los caprichos de mi hermana. ¿Sabes que le mintió para lograr encerrarla? Le dijo que yo jamás iba a quererla ni a respetarla, que lo único que me interesaba era que me calentara el lecho, su voz tembló un poco por la molestia que le producía recordarlo.

Los ojos de Zeus se iluminaron en un relámpago de súbita ira.

-¿QUÉ?, vociferó y su voz se asemejó a un poderoso trueno.- ¡¿Qué LE HA DICHO QUÉ?!

-Hermes la escuchó y creyó oportuno avisarme. Quiere que la obligues a jurar por su castidad.

-Esto no puede ser. ¿Por qué cree que sería tan terrible que su hija se casara contigo y llegara a ser emperatriz del Inframundo? Sería el máximo honor que pudiera concedérsele. Así como el Viejo del Mar se regocijó de que una de sus hijas fuera tomada como esposa por el estruendoso Poseidón, también Deméter debería de sentirse complacida de que le prestaras atención a su hija. Pero si lo que sucede es quiere pasarme por encima incluso a mí y dejarla encerrada para toda la vida como si fuera una flor sumamente delicada…

-Creo que muchos se quejan de eso. Está proyectando sus temores en Kore, y eso no le hará nada bien a la muchacha a la larga.

-Sí, ya Hera me ha hablado de ello. Y estoy de acuerdo. Deméter puede llevar esto demasiado lejos, expresó, mientras se sentaba en el áureo trono con pesadez.-Está bien, te concedo tu petición, querido hermano. Pero sé discreto ante todo. Que Deméter no se dé cuenta de nada. Llévatela al Inframundo cuando desees. Solo pongo como condición en que no lo hagas contra su voluntad.

-Descuida, jamás haría algo que ella no quisiera. No me interesa buscar solo mi beneficio, precisó, ya más tranquilo.

-Está bien. Te deseo suerte. ¿Tratarás de verla ahora?

-Por supuesto, asintió entrecerrando los ojos.-Si no quién sabe hasta cuándo podré verla.

-De seguro está con Anfitrite. Estarán hablando de las similitudes de sus situaciones, se rio Zeus.

-Ella siempre viene con Poseidón a los consejos, ¿no es así? Aunque no puede asistir a ellos.

-Le gusta cambiar de ambiente de vez en cuando. Y disfruta mucho en compañía de otras diosas jóvenes. Así que supongo que será una buena compañía para mi hija, repuso con tono jocoso, el señor del Olimpo.-Por cierto, ¿cómo planeas burlar a Deméter?

-Le dije a Hypnos que la durmiera. Tengo solo unas horas, así que quizás debiera de irme ahora.

-Aprovecha, entonces. Trata de pasar desapercibido, le aconsejó.

-Yo soy experto en ocultarme, lo sabes, contestó.-Te agradezco por tu beneplácito en este asunto.

-Descuida. Me parece loable tu pretensión. Es todo. Aunque talvez tengas que verla de forma furtiva.

-Los amores furtivos son los mejores, querido hermano. Tú más que nadie lo sabes. ¿O acaso no te veías con Hera a escondidas de nuestros padres?, sonrió mientras se iba.

Caminó con rapidez hacia la morada de su hermana. Por precaución, decidió asegurarse de que ésta estaba dormida. Una vez asegurado esto, se dirigió con premura hacia la habitación de la joven. Se topó con la ojizarca Anfitrite que venía de bajada. La ninfa, de largos y rizados cabellos blanco azulados, esbozó una gran sonrisa.

-Supuse que aprovecharías que Deméter se recostó a dormir, para venir a verla, querido cuñado, expresó, jovialmente palmeándole el hombro con jovialidad.

-Yo la dormí, querida, sonrió él.

-A ustedes les gusta estar persiguiendo a las doncellas. ¿Será de familia?, se río ella, mientras seguía su camino, dejándole la llave subrepticiamente en el hueco de la mano.

Él sonrió mientras abría la puerta. Lo primero que vio fue a la joven sentada en el suelo jugueteando con una gran concha nacarada.

-Hola, querida sobrina, musitó, casi sin voz.

Ella levantó la vista para ver quién era el que le hablaba. Sus ojos se iluminaron cuando vio de quién se trataba. Se estiró para cogerlo de la mano y ayudarlo a sentarse en el suelo. Una vez que él estuvo sentado, se recostó sobre su regazo, todavía jugueteando con la concha.

-¿No es peligroso que estés aquí? Si mi madre se entera, se armará una buena.

-No importa. Solo quería verte antes de regresar al Inframundo, expresó, quitándole el cabello de la frente con ternura.

-¿No puedes quedarte?, se dolió, haciendo pucheros.

-Podría. Pero tú misma has dicho que si Deméter se entera, será un problema.

-No importa. Yo quiero que te quedes.

-Descuida, mi pequeña violeta. Ya habrá tiempo para que estemos juntos. Ten paciencia. ¿Te dio Calíope la diadema?

-Sí, es hermosa. Muchas gracias, sonrió.

Se quedaron juntos largo rato, acariciándose el cabello mutuamente. De repente se oyó a alguien tocar la puerta. Hades se enderezó con el corazón latiéndole con fuerza, con todos los músculos tensos. Su rostro se endureció al ver a Hypnos y se relajó levemente.

-Lo siento, se disculpó el gemelo.-Solo quería avisarle que Deméter se despertará pronto. Es mejor que se apresure si no quiere que haya problemas.

Él suspiró y se levantó con desgana. Se volvió despacio hacia la joven y le acarició la mejilla con ternura. Ella se le colgó del pecho.

-No te vayas, le rogó.

-Tranquila, hermosa. No será mucho tiempo, repuso, dándole un leve beso en la frente. Luego, y sin previo aviso, sus labios bajaron y se posaron sobre los de Kore en un beso tierno, pero apasionado y profundo, antes de desaparecer.

Ésta sonrió y se asomó a la ventana, mientras el viento revolvía su cabello, esperando el momento en el que volvieran a encontrarse.

Deméter es una pequeña arpía. Pero que se le va a hacer. Así son algunas madres x_X

-"La del trono de oro" (gr. Χρυσόθρονος) Un epíteto de Hera.

- "La que se complace en tirar/lanzar flechas" (gr. Iokheaira) Un epíteto de Ártemis

- El nombre "Ares" además de designar a uno de los hijos de Zeus y Hera, era usado como un adjetivo y epíteto, durante la época clásica de Grecia. (s. V a.C) Así pues, se podía llamar a la virgen guerrera como Athena Areia. A eso se refiere Deméter.

- Obviamente, las aventuras amorosas de Zeus con mortales tuvieron que haber sido mucho después de que éste tuviera a sus hijos inmortales. Pero como en la mitología no se suele dar importancia a la cronología en éste tipo de cosas, salvo en casos muy específicos, pues…dalay. A Dánae su padre la tenía encerrada en una habitación sin puertas ni ventanas, a causa de una profecía que decía que un nieto suyo lo mataría. Zeus se transformó en lluvia dorada y la dejó embarazada. El fruto de esta unión fue el héroe Perseo.

- "Aquel que de muchos es soberano" o "el que recibe a muchos" (gr. Πολυδεγμων) Epíteto del dios Hades.

- Aidoneo (gr. Αιδωνευς) Epíteto dado a Hades en el himno homérico a Deméter. Se desconoce lo que significa.

-"Criadera Deméter" Así llama Hesiodo a la diosa, al relatar cómo dio a luz a Perséfone.

- "Zeus subterráneo" Se llamaba así a Hades, por ser el gobernante del mundo de los muertos.

- Nereo, "el Viejo del Mar" (gr. Νηρευς, Γερων Ἁλιος) era uno de los antiguos dioses del mar de la mitología griega, un hijo de Pontos y Gea. Como muchas deidades marinas, era capaz de cambiar de forma a placer y tenía la capacidad de la adivinación. Fue padre (con Doris) de cincuenta ninfas acuáticas a las que se les llamó nereidas. Algunas de las más conocidas son Galatea, la ninfa que fue amada por Polifemo, Tethys, la madre de Aquiles, y Anfitrite, la esposa de Poseidón.

- "Hades" significa "el Invisible" Posiblemente, el nombre aluda al casco de invisibilidad que le regalaron los cíclopes en la Titanomaquia y al hecho de que es casi imposible de verlo pues siempre está en sus dominios bajo la superficie. Me pareció lógico que pudiera escabullirse sin que nadie lo viera ni detectara.

- "Amor clandestino" (lat. Furtivus Amoris) El furtivus amoris es uno de los motivos literarios que nos ha heredado la poesía elegíaca griega y latina. Significa que los amantes se ven a escondidas, ya sea de los padres de uno o ambos o del marido o prometido de ella. Zeus y Hera se veían a escondidas de Rea, según algunas versiones.

- Anfitrite (gr. Αμφιτριτη) era una nereida hija de Nereo y Doris. Algunos autores, sin embargo, la consideran una océanide, descendiente por tanto, de los titanes Océano y Thetys. Cuando el dios la vio bailando en Naxos con sus hermanas se enamoró de ella y la quiso para él pero ella huyó y se refugió en los confines del mundo junto con Atlas.
Poseidón envió entonces numerosos criados en su búsqueda. Uno de ellos, Delfino, fue el que la encontró finalmente y le rogó que se convirtiese en la esposa de su amo. Ella cedió finalmente y como recompensa a su siervo, el de cabellera cerúlea lo convirtió en constelación (constelación Delphinus) Anfitrite tuvo con Poseidón a Tritón y a Rodas. Según Apolodoro, también a Bentesicime, y según Hesíodo, a Cymopoleia. Pese a que el dios solía serle infiel continuamente al igual que Zeus lo hacía con Hera, Anfitrite nunca tomó represalias contra las amantes o la descendencia ilegítima de su marido, puesto que él siempre regresaba con ella de una forma u otra. La única vez que se conoce que lo hizo fue en el caso de Escila a quién convirtió en un horrible monstruo. En mi vida me he visto en mayor predicamento para escoger el color de cabello de alguien XDDD Aunque me gustan los colores de cabello natural, me fui por un tono más irreal, porque no me gustaba como se veía de pelo negro o café. Así que la hice con un cabello blanco azulado. Quedó bonita, ahí la pueden ver, en mi Facebook. Dice una amiga que le evoca a la espuma del mar :3 Homero la llama "ojizarca" ("la de ojos azules") en la Odisea, y a veces recibe el epíteto de "gimiente" y, en consonancia con su marido, el de "estruendosa"

- Ya van dos capítulos hablando de píxides y nada que explico que son XDDD Un pixis (en plural píxides) es una cajita pequeña de metal o mármol que las mujeres usaban para guardar joyas y variados. Lo de Pandora probablemente fue un pixis y no una caja, que es más grande, y por lógica no hubiera podido cargarla en las manos

Qué testamento. Con razón me he pasado toda la tarde en esto x_X

Perdonen el retraso, pero qué queda :v

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