Ya volví \._./

Capítulo 5

Teatro

Era mitológica

Tras dejar la morada de Deméter, Hades se dirigió a Lemnos, a la fragua de Hefestos. El dios herrero trabajaba todo el día ahí, acompañado de los cíclopes, hijos de Urano y Gea, despreciados por su padre, que los encerró dentro de su madre para que no vieran la luz, a causa de sus particularidades físicas. Liberados por Cronos cuando éste derrocó a Urano, fueron posteriormente encerrados por él en el Tártaro. Zeus los liberó al derrocar a Cronos, por lo que durante la Titanomaquia estuvieron en el bando del Cronión, y le fabricaron el rayo, el tridente para áquel que sacude la tierra, y el casco de invisibilidad para el que de muchos es soberano. Luego de eso, al nacer el desdichado Hefestos de la augusta Hera, trabajaron con él en su fragua, y lo ayudaron a crear obras singulares tales como la armadura que cubrió el cuerpo de Aquiles, tras serle arrebatada la suya, al morir el infeliz Patroclo.

A primera vista era imposible que aquellas manos toscas y deformes produjeran tales maravillas a base del metal, pero la realidad era otra. El dios trabajaba incansablemente para llevar a cabo los encargos que le hacían los demás dioses o lo que él necesitara para sí mismo. Ahora sus manos estaban ocupadas dándole forma a un hermoso par de pendientes, que luego habrían de adornar las suaves orejas de la áurea Cytherea. Levantó la vista de su labor, al percibir que alguien había entrado en su taller, y se inclinó cortésmente ante el gobernante del Inframundo. Dejó el cincel y el yunque a un lado y se secó la sudorosa frente.

-¿Qué quieres pedirme ahora, querido tío?, preguntó con su voz áspera, sintiendo curiosidad.

- Deseo pedirte un anillo. Delicado, no muy ostentoso, que calce en el dedo de la diosa que deseo y la ligue a mí por toda la eternidad, pidió con voz suave.

-Entiendo, expresó el dios herrero con una sonrisa.-¿Ésta también la quieres en oro? Algo me dice que tendré que hacer las joyas nupciales de Kore muy pronto, ¿no es así?

-Sí tú quieres hacerlas, será un placer encargártelas, querido sobrino. Pero por ahora, solo te pido esto.

-Es un placer verte tan animado, dijo, mientras los golpes del yunque resonaban en la fragua.

-Hace mucho que buscaba a la diosa con la que deseara compartir mi vida. Ahora que la he encontrado, entiendo lo que dicen sobre el amor, expuso, mientras se sentaba y cruzaba las piernas. Pero hay un obstáculo importante…

-Deméter, ¿no? Creo que Hermes le ha dicho a medio Olimpo acerca de eso. Encuentra muy divertido todo esto. Mi mujer está francamente molesta, se encogió de hombros.

-¿Afrodita?, se sorprendió.

-Ya sabes cómo es. Ahora se ha juntado con Erato, pero como Deméter tampoco es tonta, no las deja ver a Kore. Creo que son las únicas que tienen prohibido verla. Aparte de los hombres, claro. Y eso tiene a mi mujer de muy mal humor

Hades suspiró.

-Deméter está agotando mi paciencia. Temo que es demasiado lo que está haciendo.

-Pues más vale que no pierdas los estribos, querido tío. Solo dale por donde más le duele, aconsejó.-Quién lo diría, alguien más histérico que Hera para estas cosas, dijo, mientras apartaba los pendientes a un lado.

-Ya es demasiado. No sabes la frustración que me causa no poder verla, se lamentó, colocando la barbilla sobre la mano.

-Entiendo. En el Inframundo no hay muchas distracciones, ¿es eso?

-Ojalá las hubiera. Detesto no tener control sobre mis emociones.

-Creo que ella también está algo aburrida de estar encerrada. Si acaso la deja salir para que esté un rato en los campos de flores.
-Sí, la he visto. Pero no he podido acercármele porque siempre está rodeada de un batallón de ninfas, que de seguro irán a darle la alarma a Deméter si hago algún movimiento, gruñó con hastío.
-Yo solo entiendo que la está asfixiando. Pobre muchacha, comentó.
-Si acaso pudiera...
-No te preocupes. Deméter cometió un error y fue dejarla al cuidado de las musas. Aunque Erato tenga prohibido verla, las otras ocho bastan para ocurrencias. Algo se les ocurrirá. Incluso se las arregló para convencer a Apolo de que la trajera hasta aquí, para agradecerme por la diadema. Como logró acercarse al Flechador sin que su madre se diera cuenta lo ignoro el caso es que lo hizo. Es más..., añadió, mientras se separaba de la mesa y se acercaba a una repisa cojeando. Buscó algo entre los yunques, cinceles y pedazos de metal. Cuando lo encontró, se lo tendió a Hades.-...me dijo que te diera esto.

El hijo de Cronos cogió el sobre con curiosidad, y lo abrió. Dentro había una violeta, primorosamente estrechada entre el papel. Él sonrió, mientras sacaba la nota, para ver qué había escrito su amada en él. Una sola palabra, escrita con letra primorosa era todo.

Gracias

Él sintió algo muy cálido en el pecho, cerca de su corazón. Se levantó, mientras guardaba el sobre entre los pliegues de sus ropas.

-¿Entonces, no me quieres encargar nada más por ahora, querido tío?
-No, no, está bien, por ahora. Cuando esté listo avísame, por favor.
-Cuenta con eso, sonrió.-Apenas esté frío te lo haré llegar.
-Gracias. Aprecio tu ayuda, Hefestos.

Éste se inclinó de forma graciosa debido a su cojera y volvió a lo suyo, mientras el señor del Inframundo se retiraba.

Una vez fuera, agradeció la ventisca que lo recibió, refrescándolo del asfixiante calor de la fragua del ilustre Cojo. Sin perder tiempo, se dirigió hacia el monte Helicón para hablar con el hijo de Leto. Éste se encontraba entre las musas, tocando la lira, mientras éstas danzaban. Su aguda visión fue capaz de distinguir al visitante desde lejos, por lo que apartó el instrumento. Las musas se retiraron rápidamente, en parte para darles privacidad, en parte por temor al dios Hades.

-Supongo que te puedes figurar el motivo de mi visita, sobrino.
-Me lo figuro, querido tío, repuso áquel que dispara a lo lejos.-Esperaba tu visita.
-¿Cómo logró aquella de delgados tobillos acercarse a tí, escapando del ojo materno?
-Al parecer, fue una estratagema que planearon las hijas de Mnemósine. Melpómene se hizo pasar por ella mientras ella venía a pedirme que la acompañara a Lemnos.
-¿Por qué a tí? ¿Por qué no a Hermes? Me intriga realmente.
-Supongo que no te has enterado que Deméter tiene vigilado a Hermes. Desconfía demasiado de él. Cualquiera lo haría, Hermes es un pillo cuando quiere, pero no a éste grado. También tiene vigilada a Iris.

-¡¿Otra vez me dejarán sola?! oyeron que chillaba una de las diosas escondidas detrás de los árboles. Salió corriendo, con el cabello pelirrojo ondeando al viento, en un ademán patético. Apolo suspiró.

-Por no mencionar que no deja que Erato la vea, por miedo a que le inspire amor, lo que la obliga a separarse de sus hermanas cada vez que Kore las llama. Estas separaciones no le hacen bien ni a ella, ni a sus ocho hermanas.
-Me dijo Hefestos que tampoco deja que Afrodita la vea, dijo en un susurro que denotaba molestia. Su ceño perfecto estaba deformado por una arruga.

-Así es, confirmó Febo.-No parece muy molesta por eso, pero conociendo lo vengativa que es Cipris, yo me preocuparía.
- Estoy sorprendido de que esté llevando esto tan lejos. ¿Tanto desea que ella se quede virgen, o es de mí de quién quiere apartarla?, preguntó, casi para sí mismo.

-Parece no querer que la toque ningún hombre. Mi hermana dice que las llamó a las diosas vírgenes hace poco, para tratar de convencerla de guardar castidad, pero ninguna colaboró mucho que digamos. Y se horrorizó con la idea de llegar a ser violada. Athena puede llegar a ser muy astuta cuando quiere, y pintó tan horrible el que aquella vez Hefestos tratara de violarla que la espantó. Ártemis le aseguró que si se dejaba cortejar, eso no le pasaría, y menos por tu persona. Así que no logró nada, en realidad.

Hades sonrió subrepticiamente.

-Ya veo. Por lo que parece, no se rendirá
-No, a menos que haya votos matrimoniales de por medio. Ya sabes, una vez hecho eso, ella pasa a ser propiedad de su esposo, se encogió de hombros.-No me sorprendería que llegue a eso de mala manera por causa de Deméter.

-Es lo que quiero. Pero no así, musitó por lo bajo.- ¿Sabes quiénes la acompañan cuando salen?
-Bastantes. Cuando no son las hijas de Mnemósine, son las de Temis, o las de Eurinome. Incluso las hijas de Aqueloo. O Palas. A veces, todas ellas. La va a asfixiar, reprobó.

Hades resopló con molestia. Un leve gruñido se dejó escuchar

-¡Cómo me frustra esto!, escupió.

-Se va a escapar, vaticinó Apolo.-Nadie soporta tanta estrechez. Si ya conoce el camino al Inframundo, es solo cuestión de tiempo.

-Trataré de tener paciencia, entonces. Aunque mucha no me queda ya.
-A ella tampoco, le informó.-Regresa al Inframundo y relájate tío, aconsejó, conciliador.-De nada sirve que te estreses.
-Es fácil decirlo, suspiró.-Pero más difícil de hacer. Creo que talvez deba tratar de dormir. No he dormido mucho.
-Es una buena opción. No querrás que la próxima vez que veas a Kore, tu cara sea afeada por un lindo par de ojeras pronunciadas. El sueño te ayudará a clarificar la mente y a relajarte, además.

-Gracias por la sugerencia, Apolo. Trataré de tomarla en cuenta.
Éste inclinó la cabeza con gentileza, mientras sus manos volvían a tomar la lira y a sacar dulces notas del instrumento.

Mientras tanto, Kore se había quedado asomada al balcón, jugueteando con la concha que le había dado Anfitrite. De repente, vio posarse sobre el balaustrión a una paloma. El ave se quedó mirándola, y emitió un arrullo suave, que sonó sugerente y, sin saber por qué, la hizo recordar a su amado Hades. El ave siguió arrullando sugerentemente por un rato, y de repente, empezó a picotearle la mano

-¡Ay!, se quejó.- ¿Qué quieres?

El ave sujetó su vestido con el pico y le jaló la manga insistentemente. El sonido de una bandeja al estrellarse estrepitosamente contra el suelo la hizo volverse mientras daba un respingo. En el umbral se encontró con la cara petrificada de Deméter que veía a la paloma como si fuera un ser diabólico.

-¡Mamá! Me asustaste… ¿Qué es lo que pasa?

Su madre la ignoró, sacó una piedra de no se sabía dónde y la lanzó contra el ave. Ésta soltó un gorjeo lastimero mientras alzaba el vuelo.

-¡Mamá!, protestó ella.- ¿Qué haces? La vas a lastimar…

-Esa paloma la envió Afrodita. ¿Acaso creerá que soy tonta? Cierra la puerta, vamos, ¡ciérrala!

-¿Afrodita? Pero…

-Quieren separarte de mí. Eso nunca lo permitiré, expresó con vehemencia.

-Ay, mamá…no insistas con eso, se quejó mientras se sentaba en la cama.- ¿Puedo salir a recoger flores?

-Está bien, le diré a las chicas que bajen contigo. Te espero al atardecer, mi niña, repuso, mientras se retiraba. La joven resopló hastiada, pensando en que iba a estar rodeada de mujeres otra vez, casi asfixiada.

-Es ridículo un séquito tan grande, se quejó.

Cuando llegó al campo se encontró con un verdadero batallón de doncellas esperándola, como de costumbre. Las nueve musas, las tres Cárites, las tres Horas, las tres Aqueloides, Palas y Febe. Estas dos últimas presentaban evidentes signos de disgusto, seguramente ya hartas de áquel sinsentido.

Cuando llevaba un buen tiempo recogiendo flores y tenía un voluminoso ramo depositado sobre la cesta, volvió a oír el arrullar de la misma paloma. El ave se había posado cerca del ramo y volvía a jalarle del vestido.

-¿Qué es lo que quieres?, le preguntó, con curiosidad.

El ave le jaló los mechones del cabello y empezó a dar vueltas en torno a su cabeza. La imagen de Hades se volvió a presentar en su mente de repente y sin motivo aparente. De súbito, sintió un acuciante deseo de estar con él. Miró indecisa a las mujeres que la vigilaban. Todas estaban distraídas hablando o recogiendo flores. El ave le jalaba del vestido insistente, como incitándola escapar a los brazos del inflexible Aidoneo. Se levantó, aún vacilante, dudando.

Sus movimientos fueron percibidos por la diosa de los brillantes ojos. La aguda vista de la hija de Metis también fue capaz de distinguir al ave cerca de la joven diosa. Sin decir ni una sola palabra llamó la atención de Ártemis, y le señaló lo que estaba pasando. La hija de Leto empezó a reírse silenciosamente.

-¡Lo sabía!, se burló.-Como no la dejaba acercarse, Cipris se las ha ingeniado para usar otros medios para vengarse de Deméter por rechazar su influencia por tanto tiempo. Ahora seguro hará que ella vaya con Hades.

-¿La dejamos ir?, preguntó Athena.- ¿Y si algo le pasa?

-Yo la seguiré, para evitar que se lastime, resolvió la diosa cazadora.-No le daremos más motivos a Deméter para hacer berrinches. Se volvió, dispuesta a seguir a Kore, y se dio cuenta que la joven ya no estaba.

-Oh, demonios, se quejó, mientras cogía el arco y el carcaj y salía corriendo para no perderle el rastro a la hija de Deméter.

Mientras, la joven se encaminaba hacia la entrada del mundo inferior casi por instinto. A medio camino, se sintió vigilada y se detuvo.

-¿Quién está ahí?, chilló con voz estridente.

Ártemis se dejó ver, colgándose el arco de la espalda y levantando las manos, en ademán pacificador.

-Soy yo. Tranquila, solo te seguía para cuidar que estuvieras bien. No era mi intención detenerte ni delatarte con tu madre. Solo no quería que te hicieras daño.

-Está bien, dijo la otra, dudando.-Vamos.

-¿Por qué no te quedas con él ahí abajo?, preguntó la hija de Leto.-Así tu madre aprenderá.

-Creo que no estoy preparada. Con verlo con regularidad me bastaría, pero mi madre no me deja.

-¿Por qué no inventas algo? Que no lo quieres o así. Así tu madre no estaría tan recelosa.

-No puedo. Es que es un sentimiento tan bello que me es imposible ocultarlo.

-¿Estás insinuando que Deméter ya sabe que los dos se sienten atraídos mutuamente?, se asombró.

-Insiste en que él no me ama. Por eso quiere mantenerme alejada, para que no sufra por mi amor "no correspondido"

-Pero ella sabe que Hades también está enamorado. Al mantenerte encerrada, probablemente solo logre crisparle los nervios, lo cual no es bueno. Lo está retando. ¿Te das cuenta que siempre está cerca de ti cuando no estás encerrada?

El corazón de Kore dio un salto de emoción al pensar que había estado más cerca de él todo áquel tiempo.

-¿De verdad?, preguntó con ansiedad.

-Sí…Athena lo vio un par de veces. Supongo que se desanima por el batallón de mujeres y prefiere mantener distancia. Ya sabes que prefiere la soledad.

-Prefiere la soledad…reflexionó ella.

-Siempre ha sido así.

-Y si… ¿Y si finjo que él me lleva a la fuerza o algo así? Un rapto podría parecer una cortina perfecta, para que mi madre se distraiga.

-En realidad, es buena idea. Si la haces creer que él te obligó a quedarte en el Inframundo…aunque podría salirles el tiro por la culata. Y tendrías que dejar de verlo por un tiempo, para darle credibilidad al asunto, se río.

-Se lo diré. ¿Me esperas afuera?

-¿Y si te haces daño? Mejor voy contigo.

Llegaron poco más allá del río Aqueronte y se detuvieron al escuchar una voz que les resultaba extrañamente familiar.

-¿Qué hace mi madre aquí?, se sorprendió Kore.

-Seguro tratar de que él renuncie a ti, susurró Febe.-Lo hará montar en cólera. Curioso de ella, que le teme tanto al Inframundo, baje para estas cosas.

-Deméter, vete, por favor, se oyó la voz del hijo de Cronos.-No tiene caso que intentes convencerme de ignorar mis sentimientos por tu hija.

-¿Por qué no me dices lo que de verdad quieres de ella? Aquí entre nosotros.

-¿Quieres saberlo?, se oyó una voz que no sonaba nada contenta.-La amo. La quiero por esposa. Que tú no puedas entenderlo no lo cambia para nada. Y sé que ella me corresponde y tú lo sabes…de lo contrario no la tendrías encerrada.

-No la mereces, tú no puedes darle más que esto. No puedes darle más que este mundo de sombras y muerte. Por mucho que la ames. Y lo sabes.

-¡No!, susurró la hija de Leto, cogiéndola por el brazo.- ¡No cometas una locura!

-¿Pero has oído las crueldades que le dice?, protestó Kore.- ¡No puede decirle esas cosas!

Se oyó un silencio prolongado.

-¿Qué pasa?, se preocupó Kore.-¿Por qué no contesta?

-Creo que le dio donde más le duele, expresó Ártemis, asomando la cabeza para tratar de ver qué era lo que pasaba.

Deméter estaba de pie delante de su hermano con el rubio cabello alborotado y con cara de desaprobación. Apretaba los puños con fuerza y miraba hacia el frente sin amedrentarse.

Hades miraba a su hermana con una expresión completamente fría que helaba la sangre en las venas. Ártemis sintió un nudo en el estómago y se volvió a esconder detrás de la pared.

-¿Por qué ya no miras? ¿Qué pasa?

-Te dije que lo haría montar en cólera. Tiene una expresión que da miedo. ¿Por qué no regresamos?

-Si quieres regresa tú. Yo no…yo no puedo.

-Te vas a meter en problemas. Mejor regresa y vuelves luego.

-Ártemis, se oyó la voz de Hades, dejando a la diosa petrificada.- ¿Qué haces aquí?

Se asomó tímidamente. La expresión del dios le dijo que era mejor no mentir.

-Yo…yo solo…Kore quería…

-¡¿Cómo!?, la interrumpió Deméter.- ¡¿Mi hija está aquí?! ¡Pero ustedes son un montón de incompetentes! De las otras no me extraña, pero Athena y tú…

-¡Nadie es incompetente!, se defendió Febe.- ¡Es solo que queremos verlos felices! ¡Es absurdo que pretendas separarlos cuando se aman tanto! ¡Si fuera como pretendes, que él no la amara! ¡Pero no es así!

-¡Jovencita! ¡No me hagas llamar a tu madre!

-¡Hágalo si se atreve! ¡Deje de ser tan arpía!

-¡Ártemis!

-¡BASTA!, vociferó Hades, mientras se masajeaba la sien.

Las dos mujeres dejaron de discutir para volver su atención al dios. Su expresión había mutado en una ira fría.

-Largo de aquí, susurró por entre los dientes.-Las dos. ¡Fuera de mis dominios!

-Querrás decir…

-Por favor, Deméter…Váyanse.

-¿Puedo al menos visitar a mi madre?, preguntó tímidamente la diosa de la caza.

-Está bien, ve, le concedió él.-Pero que sea una visita rápida.

La diosa asintió y se fue corriendo.

-Ahora tú…Fuera.

-¿Crees que te vas a salir con la tuya, Hades?

El eco de la bofetada reverberó en las paredes haciendo que Kore se encogiera. La diosa lo encaró, furiosa.

-¿¡Te atreves a golpearme!?

-Sí, me atrevo, respondió él con calma.-Ahora vete de aquí si no quieres que te castigue por atreverte a desafiarme. ¡Largo de aquí y si tengo que repetírtelo, te va a pesar!

La diosa gruñó y se dio la vuelta.

-Está bien, lo dejaremos así esta vez. Pero esto no ha terminado.

-¡LARGO!

Se dio la vuelta y se cruzó con su hija que estaba pegada a la pared, escuchando la batalla verbal entre ambos dioses sin atreverse a respirar. La agarró de la muñeca sin decir una palabra y la arrastró consigo.

-¡Ay! ¡Suéltame, madre!, se quejó, forcejeando.

-¡Nada de eso! ¡Tú y yo vamos a hablar, jovencita! Y cuando hablemos, te va a pesar haber tratado de engañarme.

La más joven siguió tratando de zafarse del agarre. Cuando lo logró, la fuerza del impulso provocó que tropezara y perdiera el equilibrio. Un grito salió de su garganta, mientras extendía el brazo torpemente, tratando de frenar la caída. Cayó sobre el pecho de Hades, que se había adelantado rápidamente al verla forcejear con su madre.

-Gracias, le dijo acariciándole la mejilla. Él abrió los ojos con sorpresa.

-¡Kore!, se quejó Deméter.

-Por favor, mamá. Entiéndelo, suplicó ella.-No me obligues a elegir entre ambos porque no puedo.

-Pero…, protestó ella.

-Hermana, por favor, vete. No te lo pediré dos veces.

-Devuélveme a mi hija, Hades.

-No quiero quitártela, Deméter. Si tan solo lo entendieras…No quiero dañarla, ni usarla de ninguna forma. ¿No es acaso un mejor destino que el que les depara a aquellas en las que se interesan mis hermanos? ¿Mejor que el que sufriste tú?

-Yo no quiero eso para ella.

-¡Mamá! ¡No se trata de ti! ¿Por qué no lo entiendes?

-¿No quieres qué para ella? No seas tan terca, por Zeus, se frustró él.

-No quiero que sufra. Y el amor muchas veces es sufrimiento.

- Es normal que lo quieras así. Eres su madre. Pero no puedes…no puedes evitarle el sufrimiento, y lo sabes. Por favor, trata de comprender. Ya la estás haciendo sufrir

-Vamos, Kore, repitió ella, cogiendo a su hija por el brazo y separándola de Hades.

-¡Mamá!, protestó.

-Está bien, Deméter. Has dejado claro tu sentir. Tú ganas. Llévate a tu hija y déjame en paz, se resignó.-Has agotado mi paciencia. Solo lárgate.

La cara de dolorosa sorpresa de la hija de Zeus fue suficiente para acabar de aumentar la tensión del momento. Se dejó arrastrar por su madre, pero volvió la cabeza una última vez para ver a Hades, pensando que lo que había dicho éste no era cierto. La expresión de él, insondable como siempre, no la dejó percibir nada. Pero algo le decía que él estaba fingiendo para sacarse de encima a Deméter de una vez por todas.

Una vez que las dos diosas se hubieron ido, el dios se dio la vuelta. Cuando se subió a la barca para cruzar al Aqueronte, se encontró con Hypnos. El hijo de Nix se quedó viéndolo con cara de no creer lo que había pasado.

-Señor, ¿No lo habéis dicho en serio, verdad?

-No te corresponde saberlo, Hypnos, lo atajó con majestuosa frialdad levantando la cabeza en ademán regio.

-Pero…

-Cállate, lo cortó.-Ya te dije: No te corresponde saberlo.

El Sueño prefirió callarse para no provocar una hecatombe, pero en el fondo quedó con las dudas sobre el proceder del dios Hades. Se encogió de hombros mientras lo seguía. Ya el tiempo dictaría las acciones a tomar.

Hefestos (gr. Ἡφαιστος) es el dios del fuego y la metalurgia en la mitología griega. Es hijo de la diosa Hera que celosa de que Zeus hubiera dado a luz a Athena "por si solo" produjo a su vez a Hefestos sin intervención de varón alguno. El resultado fue un niño feo y deforme. Furiosa, lo arrojó del Olimpo. Fue recogido por Thetys y Eurinome, que lo criaron y le enseñaron el arte de la metalurgia. Cuando tuvo edad suficiente, se vengó de su madre encadenándola a un trono. La única condición que puso para liberar a Hera, fue casarse con Afrodita.

Homero nos cuenta que una vez se metió en una disputa entre Zeus y Hera argumentando a favor de su madre y el enfurecido Zeus lo cogió de una pierna y lo arrojó del Olimpo con tanta fuerza que la caída lo hizo quedar cojo. En otras versiones, quedó así al ser arrojado por su madre del Olimpo al nacer.

En algunas versiones, él ya estaba cuando Zeus requirió que le abrieran la cabeza para que Athena naciera. Al ver a la diosa, sintió deseo por ella y trató de violarla un día que ella buscaba un arma en su taller. Ella lo rechazó y el semen de él le cayó en la pierna. Al limpiárselo, cayó a la Tierra y la fecundó. De esta unión nacería Erictonio, a quién Athena tomó como hijo adoptivo por un tiempo y luego lo dejó al cuidado de tres mujeres. Éste sería el primer rey semi mítico de Atenas, que fue divinizado y en su honor se erigió uno de los templos de la Acropólis, el Erecteón.

En el pensamiento mítico se toma la deformidad del dios como consecuencia de lo que hizo su madre al creer que podría engendrar a un hijo por ella misma, ya que las mujeres no pueden lograr esto por sí solas. Hera pasó por alto también que Athena no nació sin intervención de una mujer. Le salió el tiro por la culata XDD Y tras de eso, lo arroja del Olimpo al pobre. De todas maneras, hay poquísimas versiones donde sí es hijo de Zeus, no solo de Hera.

Las Cárites (gr. Χαριτες) eran tres diosas hijas de Zeus y Eurinome. Presidían la gracia, la belleza y otros placeres de la vida. Eran Aglaia (gr. Αγλαια), Eufrosine (gr. Ευφροσυνη) y Talía (gr. Θαλια) No confundir a Talía con Thalía, la musa de la poesía bucólica. Solían formar parte del séquito de Hera o de Afrodita. A veces en lugar de Aglaia se encuentra Pasitea, la esposa de Hypnos.

Las Horas (gr. Ὡραι) eran tres diosas, hijas de Zeus y la titánide Temis. Presidían las estaciones y las divisiones pequeñas del tiempo. Eran llamadas Eunomia (gr. Ευνομια), Irene (gr. Ειρηνη) y Diké (gr. Δικη) No confundir a Diké con su hermana Astrea, una diosa de la justicia más antigua. Las Horas, al estar relacionadas a la agricultura, solían acompañar a Deméter. También se las veía en compañía de Zeus y de los Kriseoi, daimones del aire.

Las Aqueloides era el patronímico dado a las sirenas como hijas del río Aqueloo. Su madre no está definida. Unas veces son hijas de Clío, otras de Terpsícore y otras de Esterope o de Gea. Las mínimas las consideran hijas solamente de Aqueloo. Eran generalmente tres (Aunque su número varía) Ellas son Thelxiope (o Thelxinoe), Peixinoe y Aglaope.

La paloma era una de las aves consagradas a Afrodita por su fertilidad ("Son ratas con alas" dice mi profe de mitología XD ) Afro es vengativa y se irrita con facilidad si le niegan su influencia. Casos sobran. Así que se ha vengado de Deméter por prohibirle acercarse a Kore enviando a la paloma :v

¿Qué rayos es un "balaustrión"? Es la palabra griega para "balaustrada" Puse la palabra griega a propósito, porque significa "Flor de granada"

Hades está tramando algo. ¿Qué será, qué será? Hasta el capítulo 7 lo sabremos XDDD En el próximo capítulo regresaremos a la era actual :3

¿Qué les parece la nueva imagen del fic? Una amiga me la pasó y me dejó babeando como por cinco días *^* Es perfecta para este fic, más que está así, mordiendo la flor con esa cara. Me recordó mucho al enfrentamiento éste que tuvo con Deméter Q... *babas*

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!