Era actual. Éste fragmento corresponde al capítulo 21 de Mi Ángel Guardián
Capítulo 6
Resignación
Era actual
-¡Radamanthys!, siseó Minos.- ¡Radamanthys!
-Aquí estoy, se oyó la voz del juez inglés. El noruego se apresuró y encontró a su compañero sentado con una copa de whisky en la mano y la botella en la otra. Le arrancó la botella y la tiró al suelo con furia contenida.
-¡Oye!, se quejó el inglés.- ¿Qué te hice?
-¿Podrías dejar de tomar un minuto? Te vas morir de cirrosis.
-¿Qué te hice, Minos?
-¿Por qué no estás entrenando a tus hombres? Se nos dio esa orden...
-Y el pajarraco te ordenó que vinieras a ver qué, no? Deja de lamerle las botas a Aiacos, Minos. O quizás le lames otra cosa...
La vena que cruzaba la frente de Griffon palpitó con fuerza ante la insinuación.
-Rada, ¿estás ebrio?, preguntó, acercándose con cautela.
-No, no estoy ebrio, contestó, levantándose.-Pero es divertido ver tu reacción cuando te dicen que te revuelcas con Aiacos, se burló.
-Radamanthys...
-Sí, sí, ya voy, quejumbroso. Ve a aullarle a otro, Minos.
-De acuerdo, me voy. Por cierto, si yo le hago el sesenta y nueve a Aiacos... ¿Qué tal tú y la señorita Pandora?
Tuvo el placer de verlo enrojecer de rabia, antes de marcharse riendo ruidosamente, tomándose aquello como una venganza personal.
-Eso le enseñará a no hacer bromas pesadas. Por lo menos por un tiempo, se consoló.
Regresó a las explanadas de la Antenora.
-¿Qué te pasa?, lo saludó Garuda.- ¿No me digas que está ebrio?
-No...bueno, eso dice él. Pero como nunca suelta la botella de whisky, imposible saberlo. ¿Cómo está el señor Hades?
-No muy bien. Aunque la señora Perséfone ha estado con él todo éste tiempo, parece que no ha conseguido dormir de todas formas. Parece como si temiera algo.
-Claro. Sabe que es inminente que se alce un atentado contra el Santuario. Me temo que esto se está poniendo feo. Según Pandora, se le mete al lecho solo para distraerlo.
-Mujeres. Siempre piensan mal de todo. El resentimiento es mutuo. Parece que la señora tampoco quiere a Pandora. La ve como una segunda Mynthe. La señorita Melínoe tampoco la tiene muy en gracia.
-Pues esta vez creo que Pandora podría tener razón. Ella es la que lo ha cuidado durante todo este tiempo. Y en realidad, es a ella a la única que deja cuidarlo de cerca, casi como su escudera. En realidad, ella nos comanda a nosotros, así que...Confío más en lo que ella diga, se preocupó el juez de Griffon.
El nepalí carraspeó, molesto.
-Te confieso que me preocupa éste asunto. Puedo ver que ella ama al señor Hades. Pero también creo que se está dejando llevar demasiado por esta manía que parece tenerle al Santuario, por algo que ya no tiene importancia. Cree firmemente que el señor Hades estaría mejor sin Athena o algo similar. Lo peor que podría pasar es que Zeus se moleste si le pasa algo a su hija.
-¿Se van a seguir dejando llevar por rumores como dos viejas de patio o se van a poner a entrenar?, los interrumpió el juez de Wyvern. Aiacos suspiró.
-La situación es realmente precaria, Radamanthys. No se arreglará esto con una guerra. Es más, ¿Quieres que esto se vuelva una Guerra Santa? Si es así, moriremos todos, pues estaría contraviniendo a los términos que...
-¡Cállate, Minos! No me interesa oír tus aullidos de perra.
El juez de Griffon enrojeció de rabia.
-Me aseguraste que no estaba ebrio, comentó Garuda, con desaprobacíón.-Se le nota a las tres leguas.
-Yo no soy su niñera, se quejó.-Si se emborracha es problema suyo. Debí darme cuenta con el chiste homosexual que hizo.
-¿Qué dijo? ¿Qué tiene ganas de darle el culo a Kanon? Eso sería algo que diría Radamanthys, contestó astutamente el canceriano.
-¡Cállate, Aiacos!, rugió el inglés, mientras el Griffon se carcajeaba.
-¿Te quedaste con ganas hace días, no? No puedo culparte, es un espécimen muy apetecible. Lástima que prefiera a Venus y no a Marte, siguió mofándose.
-¡Cállense, par de idiotas!, rugió Radamanthys.- ¡No me juntaría con Kanon ni aunque fuera el último hombre sobre la Tierra!
-Entonces sé más serio y compórtate, pequeño Radamanthys. Eres el único que no ha entrenado hoy. Más te vale hacerlo o ya sabes las consecuencias de ello, le dijo Aiacos, ya sin reírse.
-No tienes por qué decírmelo. Iré enseguida. Culpa a Minos por quebrar mi mejor botella de whisky.
-Lo hice para que no murieras de una cirrosis, estúpido malagradecido, escupió el ariano.
-Minos, de veras. Necesitas sexo, se burló el inglés mientras se piraba, dejando al noruego furioso.
Aiacos se desentendió de la disputa entre sus dos compañeros. Le palmeó la espalda a su compañero mientras se metía en su templo.
Minos gruñó, molesto. Le molestaba tener disputas por nimiedades. Se desquitó con Lune, poniéndolo a llenar un montón de papeles. El espectro de Balrog obedeció sin rechistar, probablemente dándose cuenta de que si rechistaba acabaría con el cuello partido en dos por la Cosmic Marionettion.
En eso estaba cuando vio llegar a Pandora.
-¿Qué es lo que estás haciendo, Lune?, le preguntó ella.
-Hago estos papeles para el señor Minos. Parece ser que tuvo una pelea con Radamanthys y Aiacos y está de mal humor. Consideré poco oportuno protestar, contestó.
-Ah, Radamenso, comentó ella.-No creo que Aiacos haya empezado la disputa y a como es Radamanthys, algo le dijo que molestó a Minos, suspiró.-Como si las cosas no estuvieran lo suficientemente mal...
-Escuché que el señor Hades no está durmiendo bien, aventuró con cautela.
-¡Claro que no está durmiendo! ¿Cómo va a dormir si está preocupado por lo que haga esa...esa...?, se le trabó la lengua del enojo.
-No creo que sea bueno hacer juicios tan apresurados.
-¿Juicios apresurados? ¿Pero es que no tienes ojos en la cara, Lune?
-Sí, los tengo, comentó él, algo ofendido, por el tono usado por ella.-Pero no estoy tan cerca como para mirar qué es lo que pasa.
-Pues te aseguro que yo sí, y no me gusta lo que veo. No es justo que estas cosas pasen cuando deberíamos estar en paz con otros dioses.
-Pandora, ¿estás celosa de la señora Perséfone?, aventuró.
La muchacha volteó de repente.
-¿Qué?, repitió, con voz estridente.- ¡Lune! ¿Que no sabes que eso es hybris?
-Yo lo decía porque pareces dejar ver que tú cuidarías mejor del señor Hades.
-¡Es mi trabajo cuidar del señor Hades! Tengo que hacerlo bien, suavizó el tono.-Es solo que pienso que la señora debe ordenar sus prioridades.
-¿Has escuchado quejas de Pharaoh o Valentine porque los obligó a secuestrar a Saga de Géminis?
-De Valentine no he oído nada. Pero Pharaoh...creo que fue el susto. Según me contó, estuvo a punto de ser enviado a otra dimensión.
-¿No te dijo nada después de que lo liberaron?, se interesó Lune.
-Se limitó a hacer un gesto hosco. Aunque ellos dos no han sido los únicos que han sufrido por ella. Minos también recibió su castigo cuando el asunto del Paladio. Eso ha hecho recelar a los tres jueces. Y como ahora ya no tiene autoridad aquí por culpa del señor Hades, está sacando la artillería pesada. Me confió la intención de enfrentarse en un combate uno contra uno con la diosa de la sabiduría. Eso terminaría con esto de una vez por todas, pero me temo que no es la solución correcta. Si Athena es sellada, podría significar una violación al pacto que se hizo. Y si Perséfone es sellada, el señor Hades sufrirá mucho. De todas formas acabará mal. Estoy preocupada.
-En efecto, el asunto está muy embrollado. Ojalá se hubiera quedado tranquila como le había dicho al señor Hades, comentó el noruego.
-Me da rabia por eso. La adoración de él por ella no disminuye aún con todas las cosas que está haciendo. Pero ella, si bien no me atrevería a decir que no lo quiere, parece que le importa muy poco lo que él piense o haga. Y aún así se pasa celándome. Tengo miedo, Lune. No quisiera terminar como Mynthe.
-No te preocupes, la consoló él.-De seguro que no llega a eso.
-¿Y si sí?, se preocupó ella.
-Ya, tranquilízate, le sobó la espalda.-No te preocupes.
-Para tí es fácil decirlo.
-¡Señor Lune, señor Lune!, oyeron a un esqueleto, que entraba en la habitación de forma ruidosa.
-¡Silencio!, restalló éste.- ¿Qué es lo que pasa?
-Hay un joven a las orillas del Aqueronte. Ha domado a Cerbero a punta de lira y ha exigido ver al señor Hades.
-¿Orfeo, exigir?, se asombró ella.
-No es el santo de Lira, señora.
-¿Entonces, si no es Orfeo...? ¿Estás seguro que era una lira y no una flauta?, preguntó el espectro de Balrog.
-Sí, señor. Tocaba el instrumento como solo los dioses saben hacerlo.
-Cómo solo los dioses..., musitó ella, palideciendo.
-¿Ahora qué te pasa, Pandora?
-Lune... ¿cuál de los inmortales dioses es famoso por tocar la lira?
-Pues..., ¡Eh, tú!, le gritó al esqueleto, tan de repente que éste dio un respingo.- ¡ve a traer al visitante! ¡Vamos, apresúrate!
Éste ejecutó la orden de inmediato.
-¿Qué querrá el hijo de Leto?, preguntó ella.
-Es aliado de Athena, no puede ser nada malo. Pero es significativo que esté aquí. Es posible que tenga que ver con lo que sucedió hace un rato con Poseidón, interrumpió el juez de Griffon, entrando de repente en la estancia.-Increíble que no sean capaces de percibir el aura divina que lo envuelve. Su piel brilla suavemente como llena de luz propia y esa manera de tocar la lira no la logra ni el mítico Orfeo. Y además, tiene en la cabeza una corona de áureas hojas de laurel. Sí, serán idiotas...
-¿Al menos tú si lo trataste como corresponde, señor refunfuñón?
El ariano se quedó mirándola con mirada torva. Lune se encogió detrás de ella.
-¡¿Por quién me tomas, Pandora?!
-¡Minos, por Hades, relájate!, se burló ella.-Sea lo que sea que te haya dicho Radamanthys seguro que no es tan grave.
-Sí, porque a ti no te dice tonterías la lagartija borracha, murmuró entre dientes.
-Estamos de acuerdo en que Radamanthys puede ser un maldito cuando está ebrio, pero no le des importancia.
Minos gruñó.
-Vete a descansar, niño protestón. Talvez el descanso te quite el mal humor.
La mirada de él se oscureció más y se fue dando pasos fuertes. El portazo hizo que dio hizo que se desprendiera polvo del techo.
-Ay, por todos los dioses…
-No te preocupes, de seguro que me hace caso y entonces se le baja el malhumor.
Justo cuando decía eso se abrió la puerta y entró el soldado, seguido del hijo de Leto. Pandora se levantó de un salto. No pudo evitar sentirse algo pequeña al posar la mirada en el dios. Hizo una graciosa reverencia.
-Sed bienvenido al Inframundo, señor. Por favor, seguidme. El señor Hades lo recibirá inmediatamente.
El dios se adelantó, sin decir ni una sola palabra. Se encaminaron en silencio hacia Giudecca. Un silencio demasiado incómodo. Al entrar al salón del trono, se encontró a su señor de pie al lado del trono. Su corazón dio un salto temeroso, al creer percibir una perturbación en el ánimo del emperador del Inframundo.
-Señor Hades, el glorioso soberano de Delfos está aquí para hablar con usted, se anunció mientras se inclinaba con gracia.
El dios levantó la cabeza con lentitud y fijó sus ojos en Apolo. El dios de la luz le devolvió la mirada con calma.
-¿Qué te trae por aquí, querido sobrino?, inquirió con curiosidad.
-Tengo una petición de aquella de los brillantes ojos para ti, querido tío.
Hades se sentó en el trono y le hizo una seña a Pandora. La muchacha entendió y se retiró tras una graciosa reverencia a ambos dioses.
-Bien. Ahora sí podemos hablar con propiedad, sobrino. ¿Cuál es la petición que Athena tiene para mí?
-Seguro sabrás de los últimos eventos que han acontecido en el Santuario, ¡oh, poderoso Aidoneo! La paciencia de la virgen Tritogenia ha llegado a su fin y ha decidido ponerle fin a esto de una vez por todas. Pero dentro de todo esto, no ha perdido su buen juicio y ha considerado pertinente antes de hacer nada, pediros consejo a ti, al estremecedor de la tierra y al amontonador de nubes. La petición que ha hecho específicamente es que se reúnan en el Santuario, y me ha enviado como mensajero.
-Hhm, interesante, intervino éste acariciándose la barbilla.- ¿Así pues, Athena nos quiere a los tres en su Santuario? Incluido áquel que reina sobre los dioses del Olimpo…
-Así es, confirmó Apolo.-Quiere pediros vuestro consejo y beneplácito antes de acometer lo que tiene en mente.
-Desde luego, no ha perdido su buen juicio. A diferencia de áquel que se cubre de sangre, el que aceptó la petición de su madre de manera precipitada y fue castigado por áquel que sacude la tierra por ello.
-Athena nunca perderá su buen juicio. Simplemente fingirá perderlo. Y Ares nunca lo ha tenido…o bueno, casi nunca, suavizó, para no ser demasiado duro con el dios de la guerra.
-Bien, iré al Santuario, ya que esa es la petición de mi querida sobrina. ¿Algo más que desees comunicarme, Apolo?
-Athena los ha invitado a acudir con sus ejércitos si lo desean. Mi padre ha solicitado que se reúnan en Cabo Sunión antes de ir al Santuario.
-Acataré las órdenes de mi hermano, ya que ése es su deseo. Por favor, transmíteselo a mis hermanos. Estaré ahí en cuanto hable con mis hombres.
-Como desees, expresó éste, inclinándose cortésmente. Acto seguido desapareció, dejando un rastro de su cosmos en el ambiente.
El señor de los Muertos se arregostó en el respaldo de su trono, mientras meditaba a cuales espectros llevaría consigo al encuentro.
No podía dejar de convocar a Pandora, ni a los dioses gemelos o a los tres jueces. Y talvez fuera bueno convocar a un par de espectros más.
-¡Pandora!, llamó. La muchacha se apresuró a aparecer y se arrodilló servilmente.
-¿Sí, señor Hades?
-Debo partir al Santuario, por un asunto que debo resolver con Athena. Quiero que tú estés allí. Por favor, llévate contigo a los tres jueces junto con Lune y Pharaoh.
-Sus deseos son órdenes, señor. ¿Cuándo he de pedirles eso?
-Ahora. Vayan al Santuario y esperen.
-Sí, señor, repuso ella, inclinándose.
Mientras tanto, el dios se trasladó hasta los Campos Elíseos, para hablar con los hijos de Nyx. Éstos lo recibieron con la disposición de siempre y se apresuraron a unirse al resto de los espectros en Giudecca.
Las esposas de ambos se inclinaron graciosamente ante él. Macaria además se adelantó y le dio un suave abrazo a su padre. Éste le besó la frente antes de dejarla regresar con Pasitea, que estaba sentada a la orilla del lago.
Se apresuró hacia Cabo Sunión para no hacer esperar a sus hermanos. La tierra se abrió a su paso, permitiéndole salir del Inframundo hacia el exterior. Al llegar se dio cuenta de que ya esperaba el menor de los tres hermanos, junto con el divino mensajero.
-Querido hermano, lo saludó con cordialidad.-Sobrino.
-¿Cómo estás, Hades?, lo saludó Zeus.
-Es un placer verte, querido tío.
-¿Tienes alguna idea de qué es lo que quiere hablar Athena con nosotros, querido hermano?
- No. Pero si tengo la impresión de que se tratará de mi mujer. Según Apolo, ha decidido acabar con esto de una vez por todas, manifestó, con resignación.
-Ya veo. ¿No has traído a tus espectros contigo esta vez?
-Los he enviado directamente al Santuario. Así podremos hablar tranquilamente de tener que hacerlo.
Las aguas se abrieron dándole paso al hermano que faltaba. El emperador de los mares traía una expresión algo sombría. Sabiendo que no estaba muy contento con la situación, Hades se abstuvo de decirle nada.
-Bien… ¿acabamos con esto? Así talvez podamos olvidarnos de éste asunto.
-Hermes, adelántate, por favor.
El hijo de maya asintió y se marchó prestamente.
-Te lo preguntaré por última vez, Hades. ¿Estás seguro de que quieres sellar a tu mujer si ésta intenta algo más?, preguntó Zeus.
-Sí, hermano. Es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer.
-Bien. Vayamos al Santuario, pues.
Los tres se desaparecieron de Sunión y aparecieron en el Coliseo del Santuario, frente a todos los que estaban ahí reunidos.
Poseidón y Hades se cruzaron de brazos con mala cara. Zeus mantuvo una expresión más serena.
-¿Qué es lo que deseas, querida hija?, preguntó afectuosamente.
-Quisiera discutir acerca de mi hermana. Desearía consultarte una cosa, dijo Athena con firmeza.
Hades soltó un gruñido.
-Hermano…trató de tranquilizarlo.
-Tú te pones igual cuando te hablan de las intrigas de Hera. No me censures, Zeus.
Poseidón esbozó una ligerísima sonrisa.
-Sé que ya determinaron sellarla. Pero quiero tratar de convencerla una última vez.
-Hija…
-Athena, no insistas, le dijo Hades.
-Entonces, si no puedo convencerla, déjame sellarla. No puede ser que tengas que ser tú. Es demasiado cruel.
-Athena…
-Déjenlas hablar. Si Perséfone no hace caso, pues…
-¡Poseidón!
El emperador de los océanos se encogió de hombros.
-Solo digo. Ya estoy harto de este tira y afloja. Y ambas son muy necias. Que se arreglen ellas. Si la cosa se desmadra, podemos intervenir.
-En sí, la idea no es mala, pero sigo teniendo dudas.
-Zeus…tu hija es la diosa de la sabiduría y la guerra. Aflójala un poco. No es que ella sea como Ares precisamente, gruñó Hades.
-Está bien, Athena. Haz lo que quieras. Pero si algo sale mal, me lavo las manos, concedió Zeus.
El espectro de Wyvern no pudo evitar tratar de hablar con uno de sus compañeros acerca de lo que estaba sucediendo. No había acabado de decirlo, cuando el propio Hades le reventó una bofetada en toda la boca. Lune rodó los ojos y Minos esbozó una sonrisa sardónica.
Se oyó la carcajada ahogada del santo de Cáncer.
-Ya cállate, Rada, ¿es que no respetas ni al mismísimo Zeus?, murmuró Aiacos.
-Radamanthys, no me hagas enojar. No estoy de buen humor. Sí me haces quedar en ridículo, te enviaré al Tártaro de por vida, amenazó, entre dientes.
-Sí, señor. Perdón.
El dios se quedó cerca de ése sector para asegurarse que nadie más abriera la boca.
Poseidón y Athena se quedaron viendo a sus respectivos ejércitos, como retándolos a abrir la boca. Como nadie más dijo ni mu, la conversación siguió.
-¿Qué decías, padre querido?
-Decía que si tu tío no encuentra ningún problema en ello, podrías sellar a Perséfone sí lo deseas. Y sí puedes, claro.
-No estoy de acuerdo, reprobó Hades, temiendo que sus planes se vieran estropeados por la terquedad de Palas.-Si quiere convencerla por mí no hay problema alguno, pero yo debo ser el que la selle. Tengo mis motivos para hacerlo y no voy a permitir que alguien más lo haga.
-Pero tío...estoy tratando de ahorrarte el trago amargo.
-Qué terca eres, hermana. Hazles caso a tus mayores.
-¡Hermes!
-Yo sólo te digo. Esto ya está definido. Los tres están de acuerdo en que la trates de convencer, ¿y quieres más? Ten un poco de juicio, querida hermana.
-Pero yo quiero...
-¡Hija, basta! Tendrás permiso de tratar de convencerla una última vez. No más, zanjó Zeus.-Hades será el que la selle y se acabó.
-Está bien, padre, dijo ella, cabizbaja.
-Así está mejor, dijo Hermes, colocando las piernas sobre los hombros del santo de Escorpio. Milo se quejó. Shaina, que estaba al lado de éste, sonrió detrás de la máscara.
Mientras, Athena seguía discutiendo con Zeus. El ceño del Crónida se fruncía cada vez más.
-Sé que la señorita es terca, pero esto es demasiado, murmuró Shura por lo bajo.
-Como si no tuviéramos suficiente con los otros dos, va a hacer enojar a Zeus, murmuró Afrodita.
-¡YA BASTA!, vociferó Zeus. Un rayo cayó del cielo y se estrelló en el suelo. La carga de electricidad generó una onda expansiva que los mandó a todos a volar.
Hermes, que se había levantado un segundo antes, seguro previendo el impacto, se posó suavemente en el suelo.
-¡Niña malcriada! ¿Te atreves a desafiarme?
-¿De quién será la culpa?, dijo Poseidón con sorna.
-Hermano, ¿me desafías?
-Ya empezamos con la paranoia…, murmuró el Argifontes.
-Hermes, mejor cállate, le aconsejó Hades
-Oh, ¿una fiesta?, ¿está bien si me uno?, dijo una voz cantarina.
-¡Perséfone!
La diosa apareció justo frente a su marido, lo tomó por el cuello y lo besó. Él apretó firmemente los labios y apartó la cara. No se sentía con ánimos para muestras de cariño públicas en ese momento
-Aquí no. Ahora no.
-¡Pero cariño…! dijo ella, acariciándole el rostro,-¿Por qué estás tan molesto?
-Y todavía pregunta..., susurró Aiolia, muy, muy bajito.
-Hermana… quiero hablar contigo.
-Yo no quiero hablar, Athena. He venido aquí a solucionar esto por la fuerza.
-Por eso anda su armadura la muy puta, susurró Shura.
-¡Shura!, se escandalizó Shaina.
-¿Qué? Lo es…
La armadura de Perséfone guardaba un parecido con la de su marido, con la diferencia de las obvias formas femeninas y que usaba un báculo y no una espada.
-Ahora, Athena, si puedes derrotarme en un combate cuerpo a cuerpo desde luego que te dejaré en paz. Es hora que dejes de lloriquear y esconderte detrás de tu padre. Hazme creer que eres la diosa de la guerra.
Ella suspiró y se volvió hacía el sacerdote.
-Shion, ¿tienes lo que te pedí?
-Sí, señorita.-Empujó a Death Mask-Toma, haz algo útil y dale esto a la señorita.
El santo de Cáncer tuvo la precaución de no protestar, recibió la armadura y se la dio a la señorita Athena. Ésta se lo agradeció con una sonrisa, mientras encendía su cosmos y se ponía su cloth.
La vista era impresionante. Las dos diosas vestidas con sus armaduras y levantando sus cosmos.
Empezaron a intercambiar golpes de báculo en una lucha que más parecía una danza por la gracilidad de los golpes y la perfecta sincronización que parecían tener hasta para luchar.
-Señor Hades, tranquilícese, expresó Lune, en dirección a su señor, que se había puesto realmente tenso y ardía en deseos de intervenir.
-¿…Quién…lo…diría? Eres buena guerrera, hermana, se burló la hija de Deméter.
-Hermana, trata de comprender…no deberíamos pelear. No deberías hacerle caso a nuestra madrastra.
Zeus levantó la cabeza de súbito.
-¿Hera? ¿Hera estaba metida en esto?, tronó.
-Que no te sorprenda esto, hermano, intervino Poseidón.-Sabes que a Hera le gusta causar disturbios para molestarte.
Hades entrecerró los ojos hasta convertirlos en dos rendijas y sus labios formaron una mueca de silenciosa ira, más aterradora que todos los gritos del mundo.
-Yo creo lo que quiera creer, no porque me lo diga Hera. ¡Este escudo estorba…! protestó, dándole un fuerte golpe y quitándoselo a la señorita de las manos. A continuación, la embistió con el báculo de lado. El golpe resonó en el cloth y la fuerza generada empujó a la diosa de la sabiduría varios metros y la hizo rodar por el suelo.
-¡Athena!, se angustió el santo de Sagitario, levantándose como un resorte, claramente dispuesto a intervenir.
Milo y Aiolia lo sujetaron por los hombros y lo obligaron a sentarse.
-Cálmate hombre, ella se sabe defender. Ya no es una bebé.
Pero el asunto pintaba mal, porque Kore no la estaba dejando levantarse y le asestaba golpes que ella trataba de esquivar a duras penas desde el suelo.
-Es una tramposa de primera, se dejó oír Bian de Hipocampo desde el otro lado.
-Será que sabe que si no hace trampa no le puede ganar, manifestó Isaac.
-Será mejor que esto se calme antes de que a mi tío le dé un soponcio, murmuró Hermes.
Hades había empezado a caminar de un lado a otro con la mano en la cabeza. El estrés parecía estar cobrándole la factura. Poseidón tampoco se veía muy ecuánime y movía el pie debajo de la túnica. Zeus estaba cruzado de brazos y tamborileaba con sus dedos sobre los antebrazos.
Hubo un momento en el que los mortales reunidos prestaban más atención a las reacciones de los tres dioses que a la batalla entre diosas.
Hubo un choque brutal de báculos y ambas diosas retrocedieron. Athena aprovechó y le metió un golpe que la otra diosa no pudo evitar.
Soltó un agudo chillido cuando Niké le pegó de lleno y la derribó haciéndola rodar varios metros.
Pandora empujó a Minos y le sujetó la muñeca a su señor justo cuando éste iba a echar a correr hacia su mujer. Él se volvió y le dedicó una mirada feroz.
-Suéltame, Pandora.
-Señor, tenga paciencia. No intervenga, se lo suplico.
Mientras, Athena le puso a su hermana el báculo en el cuello, para impedirle levantarse.
-Te lo diré una última vez, Perséfone. ¿No vas a desistir de tus intenciones por mucho que yo trate de convencerte? ¿Seguirás tratando de dañarme por medio de terceros? ¿Seguirás dañando tu orgullo siendo juguete de Hera? ¿Qué no sabes, a estas alturas, que ella esperaba que nos matáramos entre las dos?
-¡Cuantas veces tengo que decirte que no es eso!
Pero se notaba que no tenía coraje para seguir usando a su marido de excusa. Se sabía al borde del precipicio y estaba tratando desesperadamente de ganar terreno.
-¡Padre, vas a dejarla! ¿Vas a seguir dejando que esta malcriada selle a cuanto dios se le ponga enfrente y que no comparta su obsesión por los estúpidos humanos?
-¡Perséfone! Desde la era del mito, Athena ha sido mi mano derecha, mi representante en la Tierra y mi intermediaria entre los humanos y mi persona. Ha ayudado a varones ilustres y amados por los dioses a realizar grandes hazañas. ¿Cuántos de ellos no están bajo el mandato de tu ilustre hija, en la Isla de los Bienaventurados? Siempre ha velado por los humanos, le contestó Zeus.
-Pero, no es justo que para que estos mortales indignos sigan viviendo tengan que ser sellados dioses. ¡Nunca ha pasado esto! ¿O ya te olvidaste de cómo fue todo en la era del mito?, ¡oh, glorioso Cronión!, ¿Cuándo eran ellos, y no nosotros, los que desaparecían?
-Los seres humanos son seres extraordinarios con una fuerza de voluntad enorme, Perséfone. Todavía son capaces de respetar y proteger a los dioses. ¿O acaso no has visto el ejército de Athena, el mío, o, incluso, el de tu marido? ¡El ejército de espectros a los que has humillado tratándolos como esclavos, pese a que te entregaron su lealtad como esposa de aquel al que juraron proteger!, le recriminó Poseidón,-¿con tal de que seguir en tu pedestal, no te importaría dejar morir a toda la humanidad? Entonces los dioses ya no tendríamos razón de existir. Estás cometiendo el mismo error que Hades.
-Pero… ¡los humanos son como simples hormigas! ¡Qué más da si los eliminamos! ¡Volverán a surgir, y otra vez cometerán los mismos errores porque son imperfectos y no entienden!
-Perséfone…alma mía, por favor, recapacita. No hace falta hacer esto. Iniciaste una verdadera teomaquia…le dijiste a Ares que sellara a Poseidón, le seguiste el juego a Hera, le mentiste a Ártemis para ponerla a tu favor, lo que la hizo ponerse contra Apolo, pese a que ella no quería…Dividiste el Olimpo en dos bandos…Me defenestraste a mí como emperador del Inframundo. Tramaste cosas a mis espaldas y usaste a mis espectros para tus intrigas…mataste a una ninfa inocente, ¿no me habías jurado que te ibas a quedar tranquila? ¿Por qué me has mentido, luz de mis ojos?
-Hermana, por favor escúchanos. Nosotros no queremos hacerte ningún mal, al contrario, queremos que estés bien. Por favor…, suplicó la señorita Athena.
-¡Cállate!, gritó Perséfone, mientras le propinaba una fuerte bofetada. Casi inmediatamente, cogió el báculo y se dispuso a atravesarla de lado a lado.
-¡BASTA!, gritó Hades, mientras la sujetaba por la cintura provocando que soltara el báculo.-Por favor, basta. Detente. No me hagas hacerlo, dijo con la voz rota.
Ella se desembarazó de su abrazo y lo empujó como con desagrado.
-Tú no te atreverías a sellarme, Hades. Deja de lloriquear. Por haberte ablandado tanto es que te he perdido todo el respeto.
La expresión de él cambió y se volvió fría.
-¿Ah, no?, se volvió hacia los espectros.- ¡Minos! ¡Tráeme lo que te dije que me guardaras!
El juez de Griffon desapareció ipso facto. Reapareció con un ánfora en las manos.
Lo que sucedió a continuación fue como una pesadilla.
Al darse cuenta de que Hades hablaba en serio, la diosa se desesperó y empezó a suplicarles a Zeus y a Poseidón. Ambos se negaron a ayudarla.
-Hades, no. Por favor, no, sollozó ella, poniéndole las manos en la cara.
-Lo siento, cariño. Pero ya se te han dado oportunidades y no quieres ceder. No me queda otra opción.
-Pero, entiéndeme. Tú sabes por qué lo hice.
-Lo sé. Si hubieras mantenido esto entre ustedes dos…pero involucraste a otros dioses. Se te ha salido de las manos
-No…, dijo ella, mientras juntaba su cabeza con la de su marido, sintiéndose derrotada.
-Lo siento, dijo, mientras la besaba.
Sus labios buscaron los suyos con ansias y bebieron de él como si fuera el néctar de la ambrosía Sus manos arañaron su nuca con igual ansiedad
-Perdóname, amor mío, dijo, mientras se separaba de ella y abría el ánfora.
-¡NO!, desesperada se volvió hacia Zeus.- ¡Padre, por favor!
-Ya tuviste tu oportunidad, hija mía. Mereces un castigo.
-¡Tío!
- ¿Ahora sí me vuelves a ver, Perséfone? Fuiste tú la que le dijo a Ares que me quitara de en medio. Ya que te burlaste tanto de mí, por pasar siglos encerrado en un ánfora, es hora de que sepas lo que se siente, expresó menor, con el ceño fruncido.
-Tu madre no te va a escuchar, Perséfone. Está muy molesta, dijo, viéndola levantar la vista al cielo, como llamando a Deméter.
Ella sollozó y cayó de rodillas a los pies de Hades.
Éste se agachó a su altura.
- Συγχωρήστε με, Περσεφόνη
Sollozó. En el último momento se dio cuenta del engaño del que había sido objeto por parte de Hera y se sintió miserable. Solo pudo tratar de pedirle perdón por todo lo que había causado.
- Συγχωρήστε με, ᾍδης
Hades susurró la palabra que la encerraría, por siglos quizás, sintiendo como su corazón se rompía y una parte se iba con ella.
El ánfora se la tragó y se cerró, sellándose mágicamente.
Cayó de rodillas sobre el suelo mientras era rodeado por los otros dioses y por su ejército. Ahora solo le quedaba tratar de resignarse ante lo que había hecho.
Ah, Radamanthys jodón XDDD
Aiacos es Cáncer y Minos es Aries, por si no sabían XDDD El cejón es Escorpio :v
Mynthe o Menthe (gr. Μένθη) es una ninfa ctónica que vivía a orillas del río Cocytos y era amante de Hades. Según Opiano, uno de los tantos griegos que escribían sobre la mitología, la ninfa yacía en el lecho del dios ANTES de que él raptara a Perséfone. Cuando raptó a la hija de Deméter, ésta se sintió celosa de la ninfa y pisoteándola con furia la redujo a polvo. Hades (o la misma Perséfone) la convirtió entonces en la planta de menta. Estrabón se limita a relatar como Perséfone la pisoteó hasta convertirla en menta. Ovidio, un autor romano, es más específico. La ninfa, con la arrogancia propia de las de su clase, se jactó de ser mucho más noble y bella que la diosa. Se jactó que Hades volvería con ella al irse Perséfone del Inframundo y Deméter la destruyó, furiosa.
Aunque comúnmente se dice que Orfeo es hijo del rey Eagro de Tracia, los menos dicen que su padre no fue otro que el mismísimo Apolo. Aunque alguno de los hijos de Apolo no se sabe si realmente lo fueron, sino que se dice eso de ellos por ser destacados adivinos o músicos…También existe la versión de que Orfeo fue hijo de Eagro, pero al ser su madre una de las musas (Calíope) aprendió a tocar la lira del dios de la luz. Pero por supuesto, ni siquiera él podía competir con la habilidad lírica de Apolo. Así que mandó a Cerbero a dormir :v Por eso la comparación XDD Ojo al adjetivo "mítico" Estoy separando al Orfeo de SS del Orfeo mitológico.
Otra vez lo del enfrentamiento de Athena y Perséfone :v El texto en griego es básicamente "Perdóname, Perséfone/Hades"
Y sí. Le cambié el nombre al fic. Again. Estaba viendo el Theoi Project y me puse a revisar el apartado de plantas consagradas a Hades. La menta (obviamente) y el ASFÓDELO. Creo que de lo obvio que era, ni siquiera lo pensé. Me siento muy tonta :v Les juro que ya no le cambio más el nombre TwwwT Queda como "Violetas y Asfódelos", lo juro
Lo bueno viene en el próximo: EL RAPTO 3:)
¡Gracias por los comentarios!
¡Un beso grande!
