Disclaimer: Nada de estos dos mundos me pertenece. Son completamente de S. Meyer y J. K Rowling


Narcissa

Todo el mundo estaba loco, loco de pies a cabeza. Yo no podía y no debía convertirme en ese enorme animal, porque me volvería salvaje y no sería yo misma. Tontas historias ridículas. Antes estaba orgullosa de ser una Black, y lo sigo estando pero no estaría mal haber nacido en una familia normal de magos. ¿Qué pensaría Lucius acerca de todo eso? ¿Estaría enterado? Me moriría de la vergüenza si ese cambio me llegase a suceder, tendría que contarle a mi futuro esposo mi penoso estado, además que se lo heredaría a mis hijos. Por eso estamos aquí, porque esos vampiros acaban de llegar al pueblo y mi familia necesita saber si nosotras seremos capaces de convertirnos.

-¿Y Bellatrix?- había preguntado mi hermana

-Ella no logró convertirse. En esa época solo vino de paso un vampiro- dijo el tío Alphard

Nos dijeron que no era muy probable que nosotras lográramos transformarnos en lobos, debido a que somos mujeres, pero que no querían dejar ningún cabo suelto. Ahorita solo había un lobo en la reserva, mi primo Billy.

Yo sabía que existían vampiros, pero nunca vi una foto verdadera que me confirmara su existencia. El tío William dijo que cuando los viéramos sabríamos quienes son, todos dicen ser familia pero los vampiros no pueden procrear de la manera "tradicional".

-¿Como se llaman?- preguntó Andrómeda

-Son varios, no sabría decirte el nombre de cada uno, pero sus apellido es Cullen.

En fin, ahora sabía porque nos mandaban aquí, para convertirnos en una enorme bola de pelo. Lo que me preocupaba es que si me harían quedarme aquí o si me regresaría a Londres si yo llegaba a transformarme.

Hundí mi cabeza en la almohada. M vida ahora era más complicada. Tal vez debería de escribirle una carta a Lucius y explicarle mi ausencia. Lo haría mañana, ahora debía dormir, después de una gran revelación.

A la mañana siguiente, me desperté y bajé al comedor. El tío Alphard estaba leyendo un periódico muggle mientras que Andrómeda estaba desayunando. Me senté enfrente de mi hermana y me serví comida.

-¿Qué van a hacer hoy?- preguntó el tío Alphard

-No lo sé- dije untando mantequilla en un pan- Tío ¿Cómo se supone que nos comunicaremos con nuestros padres?

-Oh, cierto, olvide decirles- dijo el tío Alphard- Hay un par de lechuzas en esta casa, ahora están fuera, son especiales para viajes largos

-Genial- dije en voz baja-

-¿Qué hay de interesante en este pueblo?- preguntó Andrómeda

-Pueden ir a la reserva, a La Push- dijo el tío Alphard

No quería ir a la playa, por lo menos no ahora. Saber que uno de mis primos era un enorme animal, no me convencía mucho. Entonces pensé en aquella tienda, la de tienda de arte.

-¿Te puedo pedir algo, tío?- pregunté

-Lo que quieras- contestó

-Quisiera comprar lienzos, pinturas, pinceles y esas cosas para pintar- dije algo apenada

-Por supuesto querida, nada más acabo de desayunar y te doy el dinero- contesto- ¿Y dónde pondrás todo tu nuevo material?

-En mi cuarto. Tú me dijiste que podía decorarlo a mi gusto, así que así pienso decorarlo- dije sonriendo

-Bien. Como gustes, pequeña- dijo tío Alphard

Andrómeda si había ido a la playa con Billy, yo me quedé a acomodar mi nuevo cuarto. No era tan difícil, con un simple movimiento de varita todo quedaría en un buen lugar sin estorbar. El tío Alphard me dio el dinero, la verdad no sabía cómo utilizarlo, mi tío intentó explicarme pero no logré entender muy bien.

Cuando estaba a punto de llegar a la tienda, pasé frente del hospital, entonces recordé aquel apuesto joven de ayer. No, yo estaba comprometida y no estaba bien pensar en otros hombres. Hacía bastante frío, me había puesto mi antigua bufanda de Slytherin para cubrirme del fío, pero hacía muchísimo viento que hasta me costaba mucho caminar; de pronto no sé cómo fue que mi bufanda saló volando.

-¡No!- grité

Esa bufanda era muy especial para mí, era la de mi casa de Hogwarts, no iba a dejar que se perdiera. Pensé en sacar mi varita y atraerla con un hechizo convocador, pero había muchos muggles presentes. Diablos. No estaba hecha para correr, me cansé muy rápido y me detuve un poco para tomar aire y cerrar mis ojos.

-¿Esta bufanda es suya?- me preguntó alguien

Abrí los ojos. Era el mismo joven de ayer, solo que ahora usaba una bata blanca. Yo asentí

-Gracias- dije

-Tal vez no debería salir con tanto viento, señorita- dijo

-Lo sé, pero necesito ir a comprar unas cosas- contesté señalando la tienda de arte

-¿Le molesta si la acompaño?-

Acepté. Ese hombre tenía una armoniosa voz, además de que tenía ese olor a canela que me encantaba. Era muy guapo, y eso no debía de negarlo. Caminamos juntos hasta la tienda. El me abrió la puerta y yo entré, volteé a verlo y se veía dudoso en si entrar o no. Pero entró. Yo empecé a ver los diferentes artículos que vendían.

-Veo que le interesa el arte- me preguntó

-Así es, mis padres nos educaron para tener cierto aprecio al arte- dije

-¿Nos? ¿Usted tiene hermanos?- me preguntó

-Sí, dos hermanas mayores- contesté tomando un caballete y viendo su precio- mi hermana Bellatrix es algo tosca pero le gusta mucho la música y sabe tocar varios instrumentos, pero después de casarse ya no lo hace. Mi segunda hermana, Andrómeda, ama bailar y sabe bailar diferente géneros

-Y usted pinta- dijo

-Yo pinto- dije sonriendo

Esa fue lo único que hablamos, el pacientemente me espero y ayudo a cargar lo que se me complicaba cargar. El momento de pagar llegó y yo moría de los nervios.

-Son 1200 dólares- me dijo la señorita que atendía

Demonios, no sabía nada del dinero de los muggles. Estúpidos muggles complicados. Saqué el rollo de papel que me dio mi tío y lo miré a él con ojos de súplica.

-¿Eres extranjera, verdad?- me preguntó él

-Soy de Londres- dije con timidez

-Yo igual. Déjame ayudarte

Entonces tomó el dinero, pero sus dedos rozaron mi mano, y era tan frío que un escalofrío me recorrió todo el brazo. Él pagó y me devolvió casi todo el papel ese que servía de dinero. Salimos de la tienda, el me ayudaba cargando mi caballete y un par de lienzos.

-Estúpido dinero muggle- dije en voz baja

-¿Qué es muggle?- me preguntó

Demonios

-Es un decir que… mi tía… lo decía a los americanos- dije por fin

El aceptó mis palabras. Caminamos un rato y llegamos de nuevo frente al hospital, entonces él se detuvo y yo lo miré.

-Si gusta la puedo llevar a su casa- me dijo

-No, yo puedo, no se preocupe.

Entonces él me dio todo eso que cargaba. Estaba muy pesado. Hasta que vi que él se metía al hospital, yo me escondí detrás de un local, donde estaba segura que no me vería ningún muggle. Y me desaparecí y aparecí en la puerta de la casa, donde estaba el tío Alphard arreglando un árbol

-Hola, Cissy. ¿Nadie te vio, verdad?- me preguntó tío Alphard

-Nadie- contesté- te dejaré todo ese dinero en tu cuarto, tío, gracias

Entré en la casa, mandé el dinero al cuarto de mi tío y después subí las cosas a mi cuarto y comencé a acomodarlas. Todo parecía encajar perfectamente. Cuando terminé de acomodar, me quería poner cómoda, traté de quitarme la bufanda…

-Demonios- dije en voz baja

Él se había quedado con mi bufanda. Tenía que regresar y recuperarla.