Capítulo 7
Rapto

Era mitológica

Varios meses después.

Kore jugaba con las flores con expresión distraída.

-¡Óyeme cuando te hablo, desgraciada!, oyó la voz de Ártemis.

-¿En qué piensas?, suavizó Athena.

-En que quizás mi madre tenía razón. No he sabido nada de él desde áquel día.
-No pierdas la esperanza, intervino Erato.-El amor que él sentía por tí era genuino y muy fuerte. Un sentimiento así no desaparece en solo varios meses. Talvez se haya alejado para que tu madre bajara la guardia, y esté planeando algo para que os reunáis.
-¿De verdad lo crees?, preguntó dubitativa, balanceando la flor por el tallo.
-Claro que sí. Créeme, yo sé de estas cosas.
-Ha pasado tanto tiempo.
-No temas, te aseguro que así es porque mi madre me lo ha dicho. Hades aún piensa en tí.
-Mi madre asegura que ya me olvidó porque al parecer tiene a una ninfa con él.

Erato aplaudió contenta.

-¿Qué es lo gracioso?, se quejó Ártemis.
-¿No lo entiendes? Si algo puede darle a Deméter la certeza de que él te olvidó es saber que está con otra. Que compartan lecho no quiere decir que su corazón le pertenezca. Pero para tu madre, que no sabe de éstas cosas es lo mismo. Seguro es lo que quiere que piense. Y entonces, ¡zas!

La hija de Deméter sonrió.

-Parece una buena opción, comentó mientras se recostaba juguetonamente en el pasto.

-Hypnos me dijo que algo está tramando, así que de seguro tarde o temprano dará el paso. Será muy divertido.

-¿Divertido? ¡Ártemis!, la reprendió Athena.

-Sí, sí, será divertido ver a Deméter perder los papeles. Y mientras ella se estresa tú estarás feliz y contenta en los brazos de tu marido.

-¿Mi marido?, se aturdió la más joven, sonrojándose.

-¿Se puede saber qué te pasa, Ártemis?, se asombró la diosa de la sabiduría.-Estás más pícara que de costumbre.

-Deméter me llamó "incompetente" A todas, en realidad. Se merece lo malo que le pase, se justificó.-En realidad, está exagerando demasiado con éste asunto, me parece. Y dice mi madre que algo debe estar planeando, así que…

-Sea lo que sea, será algo grande. Ya quiero ver qué será, se interesó Erato.

-Ya verás como sí. Hades es un dios astuto. De seguro tiene un buen plan. Tú solo no desesperes y verás.

-Mientras, recogeré flores, bailaré y la pasaré bien. Ya es suficiente de pasar todo el día aburrida como un alma en pena. Viviré mi vida, mientras tanto.

-Ésa es la actitud, cariño. ¿Por qué haces esa cara?, le preguntó a Athena.

-Sabes que no me gustan estos temas, hermana. No los entiendo.

-Algún día los entenderás. Y entonces, será muy divertido todo esto, se burló Ártemis.

-En algo tenía razón Deméter. A mí Eros me rehúye.

-Quizás tenga algo que ver que lo hayas amenazado con enviarlo al Tártaro, pobre niño, apuntó Calíope.

-Se lo merecía, apuntó con altivez.-No dejaba de molestarme.

-Ya verás cómo algún día encontrarás a alguien que te haga cambiar de opinión, comentó Erato, con picardía.

-Sigue soñando, linda.

-Solo recuerda que hay muchas clases de amor. Acuérdate de mí, querida.

-Como digas, amorcito, comentó, sarcástica.

-Las amo, chicas, expresó la joven hija de Deméter.-Es muy divertido estar con ustedes.

-Me alegra que lo pienses así. Es un alivio estar contigo solo así, sin tener que vigilarte por si aparece "mi hermano el infeliz, como todos los hombres"

-Así es, se río-Lo extraño…admitió, con nostalgia.

-Deja de preocuparte. Todo pasará a su tiempo. Y aseguro que el reencuentro entre ustedes será muy romántico, suspiró Erato.

-Claro, será muy romántico que llegue de repente y la rapte, ¿no?, ironizó Athena.

-Eres tan optimista, Palas, comentó Ártemis con sarcasmo.

-Está bien, lo admito. El amor no es lo mío, admitió Athena, mientras levantaba las manos en un ademán de rendición.

-Mejor vámonos. Mañana será otro día, comentó Kore mientras se levantaba.

-¿Con quién vendrás mañana?, preguntó Ártemis.

-Con las hijas de Aqueloo. No sé por qué…pero siento que mañana será un día especial.

-¡Todos los días son especiales, yeey!, ironizó Athena.

-¿Y a tí qué bicho te picó ahora?

-Nada. ¿No estamos contentas?, se burló ésta

-Eres un caso, hermana, se burló la diosa de la caza.

-Sigan así, chicas. Nosotras debemos irnos, comentó Erato.-Y recuerda: No pierdas la esperanza. Ya verás cómo tarde o temprano sucede algo.

-No te preocupes. No perderé la esperanza. Todo irá bien.

-¡Esa es la actitud! Ay, ya me lo imagino, suspiró Erato.

-Sí, sí, vámonos, señorita soñadora, la apremió su hermana, jalándola del brazo.

Las tres diosas se subieron al carro de Athena y se fueron al Olimpo. Los pensamientos de Kore, sin embargo, descendieron hasta el Inframundo, con su amado Hades.

"¿Qué estarás haciendo, ahora amor mío?", pensó.

Al día siguiente

Hades se desperezó y se irguió lentamente en la cama. El cuerpo a su lado lo hizo volver la mirada a otro lado, mientras su pecho se agitaba en un suspiro molesto. La ninfa era bella, sí. Y buena en la cama también. Pero era increíblemente egoísta y superficial. Y a veces tonta. Las cosas que tenía que hacer para despistar a su hermana...

Cuando estaba entre sus piernas era más fácil pensar que la que estaba debajo de él era su amada. Solo así lograba comportarse como un amante medianamente bueno.

Pero el día había llegado por fin. El día en que la única que compartiría su lecho sería la hija de Deméter.

Se levantó con pesadez, cubriéndose la cadera con la sábana.

-¿Dónde vas, amor?, oyó el ronroneo de Mynthe detrás de él.-Quédate todo el día en la cama. El mundo no se caerá porque no hagas tu trabajo por un día.

-Entiéndelo, Mynthe. No puedo tomarme esa libertad. No quiso decir que sí podía, pero no quería

La ninfa hizo un puchero muy elocuente.

-No importa. Te esperaré en la noche y te dejaré hacer lo que quieras conmigo. Sé que te gusta que te monte.

Él sacudió la cabeza.

-No, Mynthe, escucha. No va a funcionar. No eres suficiente para mí.

-¿Hay otra, verdad?, se percató.- ¿Quién es la perra?

-No es de tu incumbencia. ¡Largo de aquí!

-¡No puedes hacerme esto!

-Solo te estaba usando, confesó él con crueldad.-Nunca significaste nada para mí. Solo fuiste una tapadera para mis verdaderos propósitos. Y ahora que los he conseguido ya no me sirves. Así que lárgate de aquí si no quieres incurrir en mi ira.

La ninfa se dio cuenta de lo que había pasado y una expresión de humillada sorpresa le cruzó el rostro. Le dio una bofetada antes de salir corriendo entre sollozos.

Él se sobó la mejilla con un siniestro placer reflejado en la cara. Terminó de vestirse y salió a dar órdenes para que todo estuviera listo para más tarde.

-¿Todo está listo?, le preguntó a Tanathos.

-Sí, señor, todo está listo.

-Bien. Iré a vigilarla hasta que llegue el momento de actuar. Esto hay que hacerlo bien. Recuerda tenerlo todo preparado.

-Como ordene, mi señor, replicó inclinándose con reverencia.

Subió a la superficie y salió justo detrás del campo de flores en el que solía jugar la hija de Deméter.

Se acercó silenciosamente a los árboles, tratando de averiguar en compañía de quién estaba la joven esta vez. Su vista felina distinguió a las tres hijas de Aqueloo junto a Athena y a Ártemis.

-Esto será fácil, sonrió. Sus ojos se desviaron hacia Kore. La joven sostenía un gigantesco ramo de flores, conformado por un sinnúmero de especies: rosas, jacintos, azafrán, gladiolos y hermosas violetas. Tras cuidar que Athena y Ártemis estuvieran lejos de ella, para que no fueran un obstáculo, regresó a sus dominios, no sin antes haber hecho brotar de entre la hierba un rutilante narciso, flor que sabía la joven no había visto nunca.

Kore vio el brillo dorado del narciso al sol. Se levantó curiosa, para ver más de cerca de qué se trataba. Cuando vio la flor, palmoteó contenta y se dispuso a arrancarla. Pero las raíces de ésta estaban bien hundidas en la tierra, por disposición de áquel que la había hecho brotar. La joven forcejeó durante un buen rato con la flor, para poder arrancarla. Por fin la flor cedió y abandonó la tierra quedando en sus manos. Sonrió contenta y se dio la vuelta.

Justo en ése momento la tierra se abrió con un gemido estruendoso dando paso al áureo carro del emperador del mundo inferior. Los negros caballos golpearon con los cascos el fértil suelo. Las manos de Hades la levantaron con rapidez y fuerza, sorprendiéndola. El primer impulso que su cuerpo realizó fue soltar un penetrante grito de angustia que alertó a sus guardianas, pero que mutó en silencio al ver los ojos verdes del inflexible Aidoneo frente a ella. Ojos que ella había extrañado todas las noches desde la última vez que los había visto. Entonces le echó los brazos al cuello y dejó que se la llevara sin oponer más resistencia.

Athena se quedó congelada a media acción cuando fue capaz de distinguir quién era el que se había llevado a la joven. Cogió impulso y lanzó la lanza…que erró el blanco. Ártemis lanzó dos saetas…que igualmente erraron el blanco. La tierra volvió a abrirse y se tragó el carro.

Un pesado silencio cubrió el claro por un largo rato.

-¿Se puede saber por qué han dejado que se la llevara?, interrogó Peixinoe, atónita.- ¿¡Ustedes errando un blanco?!

-Es mejor así. De seguro ése era el plan de Hades. Las continuas negativas de Deméter deben de haberlo empujado a raptar a Kore. Debió ser la única forma de…, se hizo cargo rápidamente la diosa de la sabiduría.

-¿La única forma de qué?, se desconcertó Thelxiope.

-De que estuvieran juntos, por supuesto.-Ellos se aman, ¿no lo sabían?, completó Ártemis.

-Pero…, dudó Aglaope.

-¡Oh, vamos! ¡No se habrán hecho cargo de lo que dijo Deméter! ¿Oh sí, trío de idiotas?

-¡Ártemis!

-¿Qué? ¡Todos sabemos que esa mujer es una mentirosa! ¡Hace y dice lo que quiere con tal de que le salgan las cosas como ella desea!, vociferó furiosa.

La diosa apareció como convocada. Dirigió una mirada espantada al campo desolado. La lanza y las flechas clavadas en el suelo fueron como un mal presagio. Se le colgó a Athena del pecho.

-¡¿Dónde está?! ¡DÓNDE ESTÁ MI HIJA!, vociferó zarandeándola.

La diosa de la guerra se mantuvo fría.

-No lo sé. Solo tuvimos tiempo de oírla gritar. No pudimos hacer nada.

-¡Al menos sabrán quién fue el infeliz que la raptó!

-No pudimos ver nada. Fue demasiado rápido, se excusó Ártemis.-Pero descuida…la encontraremos.

-¡Más les vale! Y ustedes, siseó, apuntando a las hijas del Aqueloo acusadoramente con un dedo,-¡ustedes ayudarán a buscar!

Inmediatamente las jóvenes empezaron a sufrir una metamorfosis que las transformó en extraños seres mitad mujer mitad ave. Emitieron un lastimero canto y echaron a volar.

-¡Deméter!, se aturdió Ártemis.- ¿Qué has hecho? ¡La culpa no es de ellas!

-¡Cállense!, chilló, completamente enloquecida,-¡Ustedes no sufren el mismo destino solo porque son hijas del padre Zeus! ¡Muévanse!

Se retiró hecha una furia en dirección al Olimpo, dispuesta a poner en conocimiento de su hermano lo que había sucedido.

Las diosas se quedaron quietas en el mismo lugar.

-¿Debimos decirle que fue Hades?, susurró la hermana de Apolo.

-No. Si no se lo figura solita, no hay porqué embarrarla. Le tengo más miedo a Hades que a ella.

Mientras tanto, el carro infernal se había abierto paso a través de las profundidades de la tierra con su augusto jinete sujetando fuertemente a su presa. Ella le acariciaba el pecho de manera pensativa con la mirada perdida, todavía sin poder procesar lo que acababa de pasar. Él le levantó la barbilla con preocupación.

-¿Qué pasa?, sé que ha sido muy brusco, pero ha sido la única forma de quitarme a tu madre de encima y…, no pudo terminar porque ella refugió la cabeza en su pecho y empezó a llorar. Él parpadeó confuso.

-Amor…susurró, con cuidado.-Amor…

-¡Me asustaste, tonto!, se quejó ella, llorando, medio contenta, medio enojada, empujándolo con el dedo.

Él sonrió y le recorrió el contorno del rostro con el dedo.

-Lo siento. Es que todos estos meses sin ti me han dejado algo…ansioso. Creo que he perdido el juicio. Anda, ve a mi habitación. Me reuniré contigo cuando termine con unos asuntos, le dijo, cogiendo los caballos por las riendas y llevándoselos consigo.

Ella sonrió y corrió hasta la habitación, que de ahora en adelante, también sería la suya. Encontró a alguien más en la cama. Alguien que no era Hades.

-¡Ah!, sonrió Mynthe,-así que tú eras con la que me quería reemplazar. ¿Quién eres? ¿Una ninfa? ¿Una semidiosa? No puedes ser una mortal, porque no podrías estar aquí viva…

-¿Quién eres tú?, se aturdió Kore, empezando a sentir que la sangre latirle con fuerza en las venas.

-¿Yo? Soy con la que Hades se acuesta por las noches, sonrió la ninfa.-Eres bonita…pero yo soy mucho más bonita que tú, se jactó.

-Mi madre tenía razón…., comprendió.-Se estaba acostando con otra.

Pero también había visto amor y adoración en los ojos de Hades. Y alivio. Alivio por tenerla cerca. Entonces comprendió lo que habían dicho Calíope y Erato sobre que no era necesario acostarse con alguien para demostrarle amor o fidelidad.

-Él podrá haberte entregado su cuerpo, susurró, despacio,-…pero no su corazón.

-¿Disculpa?, se aturdió la otra.

-Él es mío, ¿me oyes? ¡MIO!..., una niebla roja empezó a cubrir su campo de visión mientras era consumida por los celos.

Agarró a la ninfa por los cabellos con la fuerza de una cariátide de piedra y la arrastró hasta sacarla a campo abierto.

La tiró al suelo con fuerza, y se quedó mirándola con desprecio.

-Los sentimientos de Hades me pertenecen. Tú eres solo un estorbo. Pretendes quitármelo….pero él nunca será tuyo.

-No podrás impedírmelo, escupió la ninfa.

-Sí, sí puedo. Y sin siquiera intentarlo. Dime, ¿qué se sentía que pensara en mi cuando te hacía el amor?, susurró, teniendo una repentina intuición.- ¿Qué imaginara tocar mis pechos, besar mis labios y estar en mí, cuando te lo hacía a ti?

La ninfa sollozó.

-¿Qué se siente saber que somos parecidas físicamente? Te eligió a ti porque así podía sentirse cerca de mí. Nunca te ha querido, cariño. Pero tú si lo quieres a él. Y no de la forma que él se merece. Las de tu tipo nunca lo hacen. Y no permitiré que lo lastimes, advirtió con los dientes apretados.

Empezó a aplastarla con los pies vertiendo todos sus celos y furia en ello. Pronto la ninfa dejó de gritar y un aromático olor se empezó a dejar percibir en el ambiente. El polvo de su cuerpo empezó a mezclarse con el viento. La diosa tomó un poco y lo vertió en la tierra. Una pequeña planta verde y aromática se irguió con timidez frente al sol. Un ramito de menta.

Irguió la cabeza con altivez y regresó al inframundo, a tiempo para ver a Hades entrar en la habitación.

-¿Dónde está Mynthe?, preguntó éste.

-¿Quién?, preguntó ella, haciéndose la inocente.

-Mynthe. Siempre está aquí en las noches sin importar lo que le diga.

-Ah, bueno…puede que me haya puesto un poquito celosa y la haya hecho polvo, explicó con voz de niña pequeña.

-¿Me celas?, preguntó él con genuina sorpresa

-¿Cómo no voy a celarte? Eso es imposible, ronroneó, aduladora.-No puedo no celarte cuando sé lo especial que eres.

La sonrisa que se dibujó en el rostro de él la complació sobremanera, así como el feroz beso que le dio, sujetando los hombros de ella con fuerza. Se separaron jadeantes y sonrientes.

-Espera aquí, le pidió, mientras caminaba hacia el baúl que guardaba sus ropas. Revolvió entre ellas hasta encontrar lo que buscaba. El anillo de oro que le había pedido a Hefestos hace varios meses. La joya presentaba un intrincado diseño florido en toda su extensión, así como una pequeña piedra de color rojo, un granate, en el centro. Volvió a mirar a la joven, nervioso de repente. Kore miraba con curiosidad en torno suyo. Le sonrió a Hades cuando lo vio acercarse a ella. Él se acuclilló en el suelo y la tomó de las manos.

-Tengo una pregunta muy importante que hacerte, querida.

-Soy toda oídos, contestó ella, con tono alegre.

-Yo...yo tengo algo que confesarte. Yo...eh...yo jamás hubiera imaginado que podía sentir tales cosas por una mujer. O sentir algo en lo absoluto. Mi alma era un reflejo de mi reino, fría, impasible y muerta. Pero desde que te conocí, pareciera como si hubiera despertado una parte que no conocía de mí mismo. Pero es una cara de mí que solo tú conoces, porque solo contigo he podido bajar la guardia y permitirme sentir. Solo tú puedes descongelar esto, expresó, cogiendo la mano de ella y colocándola sobre su pecho, donde debía estar su corazón.-Nadie más. Por eso quiero pedirte que seas mi esposa, terminó, con los nervios aflorándole por la mirada y el rostro coloreado por la sangre agolpada detrás de la marmórea piel.

Ella se quedó muda, enternecida por la declaración amorosa. Bajó la vista con pudor, con el corazón latiéndole alocadamente contra las costillas. Podía sentir la respiración ansiosa del dios a través de la mano que tenía en su pecho.

Hades sentía un nudo en la garganta que le impedía respirar con la normalidad necesaria. El corazón latía con tanta rapidez que le dolía, y cada segundo que pasaba iba provocando un aumento considerable en sus nervios. Los ojos verdes se avivaron con ansia y le levantó la barbilla con una mano temblorosa.

-Entonces dices que me quieres por esposa..., dijo ella, con voz quebrada.-No solo como concubina, sino como esposa. Porque yo te hago sentir. ¿Eso significa que me amas?, quiso asegurarse. La mirada de él se lo dijo todo. Sí, la amaba. Y con locura.

-Talvez sea tu esposa...si me dices porqué de repente me has raptado como si yo no hubiera querido estar contigo voluntariamente. Me da curiosidad, expresó.

-¿Eso es un sí?, expresó con ansia. Ella asintió frenéticamente y se lanzó a sus brazos llorando y temblando de felicidad. Él le cogió una mano y deslizó el anillo con cuidado, también temblando. Ella se quedó mirándolo embelesada.

-Es hermoso, se admiró.-Gracias.

Él le dio un beso en la frente.

-Considéralo un regalo de bodas de mi parte, murmuró, refiriéndose al anillo.

Kore sonrió y se subió al regazo de él.

-¿Vas a contestar a mi pregunta?

Hades sonrió y la dejó en el suelo, mientras se levantaba y se acostaba en el lecho. Desde ahí se giró y volvió a mirarla con picardía.

-Es sencillo. Tu madre me hartó. Tenía que encontrar una manera de quitármela de encima. Y se me ocurrió que si le hacía pensar que me había olvidado de ti…podría distraerla lo suficiente como para reunirme contigo. Pero también sabía que no habría sido sencillo, porque siempre estás rodeada de mujeres cotillas. La única manera era…

-¿Raptarme?, ¿en serio?, comentó ella, subiéndose a la cama.

-Así no te van a buscar y será más sencillo.

-Muy gracioso. Aunque admitiré que me gustó que lo hicieras.

[CENSURADO]

Él se separó de ella y se dejó caer de espaldas con los ojos cerrados, solo dejando salir su aliento con fuerza, tratando de recuperar la tranquilidad, sintiéndose satisfecho como no había estado en mucho tiempo. Se estremeció al sentir que ella apoyaba la barbilla en su pecho y lo miraba. Le apartó un mechón travieso del rostro para ver mejor aquellas turmalinas juguetonas.

-Tu madre me va a matar, dijo solamente, todavía entre suspiros.

Kore se quedó mirándolo unos segundos y después empezó a reírse nerviosamente. Él no tardó en secundarla y se rieron hasta que el sueño decidió que ya habían estado despiertos por mucho tiempo y les brindó la tranquilidad que necesitaban para dormir.

"Te amo", fue lo último que pensó ella, antes de cerrar los ojos, apoyando todavía la barbilla en su pecho con el brazo de él rodeándole los hombros.

Habrán notado que el capítulo es más largo que de costumbre xDDD Culpen al lemon :v

La escena del rapto es esencialmente, la descrita en el himno homérico a Deméter. Lo único que cambió fue que ahí eran yeguas. Yo lo cambié por caballos, francamente me parecieron raras las yeguas :v

En el himno ella está en compañía de otras que nada que ver…le menciona a Deméter que estaba Urania, una de las nueve musas, y otras más. Athena y Ártemis fueron las únicas a las que mantuve. Tampoco estaban las sirenas. Aunque varios autores las mencionan como compañeras de Perséfone, no todos mencionan lo mismo. El que menciona más detalladamente el castigo que recibieron de Deméter (así como el motivo del castigo) es el Pseudo-Higino. Y yo me dije: "Vamos a reducir esto, porque ocupo que sea rápido y no puedo ocuparme del montón de locas chillando"

Sobre Mynthe ya hablé la vez pasada, así que no voy a entrar mucho en detalles.

Las cariátides son columnas en forma de mujer que soportan peso sobre su cabeza. El conjunto más famoso de cariátides son las seis que soportaban el entablamento en el costado sur del Erecteón. Cinco están en el Museo de la Acrópolis y la sexta está en el Museo Británico. En el templo están las réplicas. Imágenes de ello en mi Facebook. Cuando se dice "con la fuerza de una cariátide de piedra" se está refiriendo a éstas doncellas de mármol y a la fuerza que debieron tener de poder moverse

El anillo no es como uno de compromiso, sino como un regalo de bodas. Los griegos no hacían eso, y no quise salirme mucho de ahí, pero sí la influencia fue por esos lares.

Yyyyyy…. ¡lemoooooooon!

Lo admito, me quité una gran espina que tenía desde hace tiempo xDDD Rico, lemon (?) Okno, ya me dejo de perversidades xDDD

IMPORTANTE: Debido a que ya no se permite aquí contenido explícito, he censurado las escenas sexuales o de gore y por el estilo. Si quereís leer el capítulo íntegro, podeis ir a Archive of Your Own, donde los podeís leer tranquilos. Me encuentran como "AriesnoShaina"

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!