Disclaimer: Nada de estos dos mundos me pertenece. Son completamente de S. Meyer y J. K Rowling
Carlisle
No puedo creer lo que acabo de hacer. Soy un estúpido irresponsable. ¿Cómo pude exponer a aquella joven a un ataque inminente? Deberíamos salir de aquí, antes de que alguien termine herido. Pero mis hijos, no sé lo que piensan ellos respecto a irnos de nuevo, acabamos de llegar… bueno, la chica dijo que es de Londres, tal vez no tarde mucho en regresar a su casa. Aun así me siento culpable.
Entré en mi consultorio nuevo. Ya lo había decorado con fotos de mi familia, Alice se había encargado eso. Colgué mi nueva bata en el perchero, tomé mi maletín y esa bufanda, salí y fui a checar mi salida, eso del turno nocturno siempre me había gustado. Salí del hospital y fui hacia mi coche, dejé mi maletín y cerré de nuevo mi coche. Debía de devolver esa bufanda ahora.
Me llevé la bufanda hacia la nariz. Olía tan bien, tenía ese aroma dulce que decía Rosalie, era extraño, nunca había olido algo así en toda mi existencia. Entonces comencé a seguir el rastro, que me llevo a la parte trasera de uno de los locales del pueblo, ella no podía vivir aquí.
-¿Y ahora?- pregunté en voz baja
Bien, ahora tendría que esperar a verla de nuevo para entregarle su bufanda. Caminé de regreso y vi como ella iba caminando con rapidez, estaba a punto de entrar en el hospital. Corrí hasta ella.
-Creo que provoque que usted tuviera que dar doble vuelta- dije
Ella sonrió. No podía negarlo, la joven era en verdad muy bonita, parecía una muñeca de porcelana.
-No se preocupe- dijo ella extendiendo su mano- es solo que esa bufanda es muy especial para mi
-¿En serio?- le di su bufanda- bueno, ahora la tiene de regreso.
Ella volvió a sonreír. Parecía que tenía bastante frío, tenía su nariz roja del frío. ¿La expondría mucho si la invitara a tomar algo caliente? Una parte de mi decía que me alejara de ella, pero la otra parte me pedía a gritos que estuviera con ella.
-Parece que tiene mucho frío. ¿Le gustaría ir a tomar un café?- pregunté
-Claro, me encantaría- contestó
Era algo extraño, pero ella no parecía molesta que le hablara de esa manera, si la tuteaba o no parecía no interesarle mucho. Esa chica tenía muy buenos modales.
Caminamos hasta la cafetería más cercana. Sentía como ella me miraba de reojo. Era algo extraño, pero al verla tan delgada y frágil, tenía tantas ganas de protegerla, de que ella no se alejara de mí. Llegamos, abrí la puerta para que ella entrará; fuimos hasta una mesa que estaba hasta el rincón, donde parecía que haría calor.
-Y a todo esto ¿Cuál es su nombre?- me preguntó
-Carlisle- contesté sonriendo- ¿Y el suyo?
-Narcissa- contestó ella sonriendo
La mesera llegó y tomó nuestra orden. Yo no pedí nada, argumentando que ya había desayunado en mi trabajo. Ella pidió solo un café, nada más. Nos miramos por un gran rato.
-Así que…- dijo ella
-Dime ¿Qué te trae a Forks?- le pregunté
-Es…-suspiró- una visita familiar. Mis padres nos mandaron a vivir aquí por tres años
Tres años. Bueno, podría vivir con eso, por lo menos no se quedaría aquí permanentemente
-¿Y la escuela?- No era normal, parecía que ella tenía unos 18 o 19 años, debería de estar estudiando
-De donde yo vengo, terminas tus estudios a los 17- contestó ella sonriendo
La mesera llegó con el pedido. Narcissa comenzó a prepararlo, mientras yo la veía. Parecía moverse con tanta tranquilidad, sin notar que ella emanaba un olor que me aturdía por completo.
-¿Y a que te dedicas?- pregunté
-En mi familia, a las mujeres no se nos permite trabajar ni nada, nosotras somos educadas para ser buenas esposas y todo eso- dijo ella restándole importancia-
Qué raro. Narcissa no parecía ser un humano cualquiera y ella lo sabía, se notaba, ella parecía ser de la realeza y miraba a todos con un aire de superioridad, a todos menos a mí.
Platicamos por varias horas, ella me contó de su familia en Londres, de toda; también de sus estudios y lo que ella en verdad quería hacer en su vida: ser pintora. Yo le conté de mi vida, de mis hijos, se sorprendió muchísimo cuando le dije que era viudo con cinco hijos, pero cuando le dije que todos eran adoptados se tranquilizó. Al parecer ella tenía mi mismo sentido del humor y le parecía muy interesante que yo fuera doctor, a veces decía entre dientes aquella palabra extraña: muggle, pero pensé que era algo en lo que no debía meterme.
Cuando terminamos nuestra larga charla, me permitió llevarla a su casa. Su tío no me vio, estaba muy entretenido sentado en su jardín leyendo el periódico, parecía que tomaba el sol, que extraño hombre. Ella se despidió de mí con un ademán con la mano y se fue. Inhalé. Dejó todo mi coche lleno de ese aroma dulzón.
Conduje con rapidez a mi casa, donde estaban Jasper, Emmett y Edward jugando a las vencidas. Cuando me escucharon llegar, fueron con rapidez hasta donde yo estaba.
-Metan su cabeza, huelan- dije
Los tres lo hicieron a la vez.
-Es el mismo aroma dulce- dijo Emmett
-¿Con quién estuviste, Carlisle?- me preguntó Jasper
-Se llama Narcissa- dijo Edward sonriendo- No pudo alejarse de esa chica
Rodé los ojos. Muy rara vez me molestaba el don de Edward. Cuando Edward escuchó mis pensamientos, comenzó a contarles la historia y lo que me ocurría cuando olía su sangre.
-Pero tú no quieres hacerle daño, Carlisle-dijo Edward- tu solo quieres estar con ella, para olerla… como una droga
Dio en el blanco. Pero lamentablemente lo había hecho estando frente a Emmett, que era extremadamente burlón, tendría que soportar sus burlas por largo tiempo.
Y así fue, hasta pidió ir de casería conmigo solo para molestarme un poco. Cuando llegamos, Alice ya había llegado de ir de compras con Rosalie y estaba preocupada, me miró y fue a abrazarme enseguida.
-Te perdiste de mi visión por un largo rato- me dijo ella
-De hecho no, te vio en una imagen muy borrosa, te distinguía pero no con mucha claridad- dijo Edward
Se me hizo muy extraño, porque el tiempo que ella me "perdió" yo estaba con Narcissa. Entonces eso no era normal. Fruncí el ceño. Miré el reloj, 9:30 de la noche, se me había pasado muy rápido el día y ya debía de regresar al hospital. Me despedí de mis hijos y salí de nuevo hacia el hospital.
No había muchos pacientes a esa hora, era muy raro que en Forks pasarán algo malo en las noches, así que pedí a una de las enfermeras que me marcara si pasaba algo ya que yo debía de salir con urgencia. No me molesté en llevarme el auto, corrí hacia la casa de Narcissa.
Cuando llegué, noté que todavía tenían las luces prendidas, en el piso de abajo estaba su tío acomodando unos periódicos. Entonces subí a un árbol cercano, para ver por una de las ventanas de arriba, ahí estaba la que debía de ser la hermana de Narcissa, estaba leyendo pero algo que me llamó la atención es que mientras leía, con sus dedos jugaba con un largo palito, en fin eso no me interesaba. Rodeé la casa, había una ventana cerrada, pero de pronto se abrió y dejó ver a Narcissa.
-Al fin- dijo ella en voz baja
Y vi como ella sacaba ese raro palito y apuntaba hacia afuera, dijo un par de palabras extrañas y salió una chispa azul que hizo que uno de los árboles se sacudiera y se transformara en una linda tetera. Mis ojos lo veían pero yo no podía creerlo. Y de nuevo dijo palabras extrañas y ese árbol volvió a su estado anterior. Me quedé mirándola por horas. Hizo levitar rocas, convocó aves, lanzaba cosas de su cuarto y las atraía hacia ella… y aun así no podía creerlo. Hasta que se cansó, vi que apagaba su luz, ya debería de estar dormida y había dejado la venta abierta.
No lo pensé dos veces y entré, ella se veía como una princesa mientras dormía, tenías todas esas cosas de pintura ahí, no había pintado nada pero tenía un cuaderno de dibujo en su mesita de noche. Pero a un lado de ese cuaderno estaba ese palito mágico, lo intenté tomar pero en cuanto rozó mis dedos comenzó a sacar chispas rojas, yo salí a esconderme fuera de su venta y vi que ella se despertaba y tomaba su palito y lo ponía a un lado de ella
-¿Qué eres, Narcissa?- pregunté en voz baja
