Volví :3

Este capítulo está centrado, muy centrado en Pandora ^_^ Espero que lo disfruten: 3 Está ubicado paralelamente al capítulo 23 de "Mi Ángel Guardián" y es el último fragmento que se va a desprender de dicho fic.

Capítulo 8
Castigo

Era actual

Pandora caminaba enérgicamente a través del pasillo en dirección a los aposentos de su señor. Tocó la puerta con timidez.
-¿Señor Hades? Soy Pandora.
El silencio fue su única respuesta. La joven volvió a insistir y al no recibir respuesta empujó la puerta con timidez. La recibió una escalofriante oscuridad. Suspiró y se encaminó hasta la ventana. Corrió las cortinas, dejando que la poca luz que existía en el Inframundo entrara a la habitación. Vio claramente como el dios se daba vuelta en el lecho, escapando de la luz.

-Señor por favor. No os obstinéis así. Comprendo que no estáis en vuestro mejor estado anímico, pero tampoco es bueno que os neguéis a salir de aquí. Ya van varios días así.

-Dime que quieres y lárgate, Pandora.
-Solo quise saber cómo estabais. Me preocupa que os neguéis incluso la ambrosía.

Él suspiró, sintiendo una punzada cruel en el pecho.

-Mi corazón está roto en pedazos, Pandora. No es algo que se quite de un día a otro, suspiró.-Por favor, déjame tranquilo.
-Entiendo, pero...
-¿Pero qué?, expresó él con voz arrastrada.
-Nada. Me retiro, expresó, inclinándose y dándose la vuelta lentamente.

-Pandora...
-Dígame, señor.
-Estarás contenta, ¿verdad? Has quedado tú.

La muchacha quedó paralizada de espanto, mientras sentía que las lágrimas brotaban en sus ojos. Inclinó la cabeza levemente y se marchó, pisando fuerte. Cerró de un portazo y se apoyó en la puerta temblando. Se encaminó hacia su habitación y cerró de un portazo. Se sentó en el taburete mientras que sus manos alcanzaban las cuerdas de su arpa y empezaban a rasguearlas mecánicamente mientras su mente pensaba enloquecida.

Obviamente, había sido una ingenua al pensar que Hades no se había dado cuenta de sus secretos celos por Perséfone. Pero lo había callado. Cuando normalmente tenía que haberla castigado por eso, lo había dejado pasar. Y ahora se daba cuenta de la situación y se la dejaba restregada en la cara, casi con resignación. Pero no había buscado castigarla. No aún.
Talvez se debiera a que la naturaleza de sus celos no eran por amor pasional, sino por la mera devoción de un soldado para con su líder. Aunque su condición de mujer la había predispuesto más de la cuenta, talvez.

Dejó el instrumento y se levantó, decidida a obtener respuestas. Empujó la puerta de la habitación del dios con fuerza.

-¿Ahora qué quieres, Pandora?, se oyó una voz seca en la penumbra.
-¿Por qué?, preguntó con tono apremiante.- ¿Por qué no me castigó?
-¿Por qué castigarte?, preguntó él, con indiferencia
-Porque me atreví a pensar que yo cuidaría de usted mejor que una diosa. Mejor que su propia esposa.
-¿Quieres que te castigue por hacer tu trabajo, Pandora?, replicó con un tinte divertido.
-¿Pero acaso no es hybris creerse mejor que los dioses?, se desconcertó ella.

Hades soltó una risita seca.

-Si hubieras, como Mynthe, creído que eras más digna de mi amor que ella...Si hubieras creído que me merecías más...como Piritoo...o si te hubieras creído más bella, como Cassiopea, o más hábil, o más lista...hubiera sido un caso de hybris. Pero en realidad, solo estabas haciendo tu trabajo con la ingenuidad de los seres humanos. Básicamente, Kore no estaba cuidando de mí...solo me utilizó, en cierta forma, para lograr sus objetivos. Tenías razón de recelar. Si ella hubiera cuidado de mí y tú hubieras creído poder hacerlo mejor...hubiéramos tenido un problema.

-O sea..¿que no me va a castigar?
-Talvez sea suficiente castigo verme sufrir, Pandora.
La muchacha tembló.
-Me has cuidado todos estos siglos, niña. Tú y las que vinieron antes de tí. No tienes que sentirte culpable. Has hecho todo lo que pudiste desde tu naturaleza humana. Solo quiero saber una cosa, expresó, irguiéndose levemente para mirarla a los ojos.
-Dígame, señor.
-Si la hija de Deméter volviera a pisar el Inframundo, ya pasadas las ambiciones y planes que ella haya abrigado contra el Santuario y decida comportarse como la amante que es, ¿sentirías celos de ella?

La joven lo meditó un momento. Levantó la vista con decisión.

-Talvez sí. Diosa o no diosa, se trataría de otra mujer que estaría cerca de vos. Y me sentiría amenazada, pues no hay muchas mujeres aquí excepto yo. Pero trataría de comprenderlo y de superarlo. Jamás pretendería ocupar vuestro lecho o su lugar en el Inframundo en vez de ella...a no ser que vos mismo lo decidáis.

-No esperaba menos de tí, Pandora. Y te agradezco que me compartieras tus inquietudes, porque sé que, en efecto, te llegarías a poner celosa si una mujer estuviera más cerca de mí que tú. Ten presente lo que me has dicho, porque puede que quiera que me lo recuerdes en algún momento. Y si me mientes o lo niegas, te pesará.

-Sí, señor, inquirió, con algo de sorpresa.-No me olvidaré.

Hades se volvió a recostar sobre las almohadas con pesadez.

-Una última cosa: Quizás debas hacerle una visita a la hija de Perses. Sé que mi mujer planeaba quitarte de en medio de alguna forma. Discutimos sobre eso en algún momento, porque yo no estaba de acuerdo. Y sólo Hécate sabe con exactitud lo que estaba planeando. Y creo que mereces saberlo.
-Sí, señor haré lo que me pide. Gracias, expresó, mientras se inclinaba y salía corriendo.

Corrió sin parar hasta llegar a la Ptolomea. Esperó un momento para tranquilizarse antes de entrar, sabedora de que a Lune no le gustaba que se hiciera ruido.
Entró despacio buscándolo con la mirada. En áquel silencio se oía hasta el rasgueo de una pluma en el papel. Caminó despacio hasta llegar al estrado. Llamó, pero el que se asomó fue el juez de Griffon.

-¿Qué se te ofrece, Pandora?, preguntó, apoyándose en el borde del estrado para verla mejor.
-Necesito que me acompañes al borde del Tártaro, a visitar a la diosa de las encrucijadas, susurró por lo bajo.
Él fijó su mirada ambarina en ella con expresión inquisitiva.
-¿Me vas a decir para qué?
-Es...un consejo del señor Hades.
-¿Por qué te aconsejaría algo así el señor Hades?
-Es algo entre él y yo. ¿Me llevas o voy a buscar a Aiacos?
-Dame un segundo. ¡Lune!, gritó, en dirección a la puerta de atrás. El aludido apreció al cabo de unos segundos.
-¿Sí señor?
-¡Encárgate de esto!, expresó, señalando los papeles, mientras bajaba del estado.

Acompañó a la joven hasta la orilla del río Aqueronte y silbó. Al cabo de un rato apareció Caronte en su barca. Se montaron e hicieron el trayecto en silencio.

-¿Esto tiene algo que ver con Perséfone?, preguntó Minos, enrollando el dedo juguetonamente en los mechones plateados que le caían sobre el pecho.
-A su tiempo lo sabrás, comentó ella, cubriéndose los hombros desnudos con las manos, para combatir el frío que iba creciendo conforme se acercaban a la boca del Tártaro.
La barca atracó en la orilla, cerca de la entrada de la gruta donde vivía la nieta de Febe.
Ambos bajaron y se aproximaron a la gruta.

-¿Estás segura de que quieres hacer esto, Pandora?, quiso asegurarse Minos.
-Tengo que hacerlo. De lo contrario, nunca encontraré la respuesta a las preguntas que tengo.
-De acuerdo. Solo ten cuidado.
-Para eso estás tú conmigo, ¿verdad? Ahora cállate.

Se adentraron con cuidado en aquella garganta de roca. La atmósfera estaba plagada de una niebla espesa que se arremolinaba alrededor de los bordes de sus ropas, y subía y hacía formas caprichosas y místicas en torno a ellos. La atmósfera del lugar era calmadamente siniestra. Al llegar al fondo de la gruta el camino se abrió, misteriosamente, en dos.

-¿Por qué no me extraña esto?, se quejó Minos, mientras escudriñaba ambos túneles en busca de alguna señal que le permitiera saber a través de cual ir.
Pandora sacudió la cabeza.

-No hay tiempo. Tú ve por el de la izquierda. Yo iré por la derecha.
-¿Y si te pasa algo? El señor Hades me matará si algo te sucede.
-Deja de preocuparte, Minos. Para empezar, él fue el que me dijo que viniera aquí. Así que, si me sucede algo, es culpa suya. O bueno...su responsabilidad.
Él suspiró al verla tan decidida.
-Está bien. Solo...ten cuidado, Pandora.
-Ya vete, expresó, empujándolo hacia el túnel de la izquierda. Luego se adentró por el otro sin mirar atrás.

Él miró a ambos lados antes de internarse en el túnel, sintiéndose más nervioso que en mucho tiempo. Avanzó con cuidado, palpando las paredes para no caer, agudizando su vista y oído lo más posible, tratando de oír los pasos de su compañera del otro lado. Lo único que logró fue oír el rodar de las rocas entre sus pies. Siguió caminando por lo que parecieron horas, hasta que el crepitar de una antorcha le acarició los oídos y su luz le hirió los ojos. La tomó y avanzó más rápidamente ya sin palpar la pared como un ciego.

-¿Por qué habré dejado que Pandora me metiera en esto?, dijo en voz baja.- ¡Ah, ya recuerdo! Porque es mi superior, añadió con sarcasmo.

El camino dobló inesperadamente y desembocó en una gruta misteriosamente iluminada por una luz misteriosa y lunar. Había un caldero de ébano, del cual salían misteriosos gases provenientes del líquido burbujeante que lo ocupaba.

-Bienvenido seas, hijo de Europa, se oyó una voz misteriosa, provocando que diera un respingo y se pusiera en guardia. Se dio la vuelta con el corazón latiéndole en el pecho con fuerza.

La diosa tenía las manos apoyadas en el caldero, por lo que la luz depositaba sombras siniestras en su rostro jugando con sus rasgos de manera espeluznante, de modo que el cabello y los ojos, negros como el ala de un cuervo, resaltaban contra el blanco aperlado que le daba la luz a su rostro, viejo, pero sin señales de vejez.

-¿Qué quieres de mí?, inquirió con su voz, vieja, pero no por percibirse rota o cascada, sino por dar la impresión de pertenecer a una persona que ya ha visto demasiado.

-Yo, eh...no he venido solo. He venido con...
-¡Ah, sí!, sonrió.-Has venido con una doncella.

Hizo un ademán con la mano y el túnel se abrió bajo los pies de Pandora, haciéndola aterrizar bruscamente en el suelo. Se levantó tambaleante, sacudiéndose el polvo de las ropas.

-Dime, doncella nacida de la arcilla, ¿qué es lo que quieres preguntarme?

-El señor Hades me dijo que vos sabíais qué era lo que quería hacer Perséfone conmigo exactamente.

La diosa sonrió enigmáticamente y se separó del caldero. La iluminación dio paso a una más cálida, proveniente de la luz de las antorchas.

-El joven Hades...siempre tan perspicaz. En efecto, aquella de delgados tobillos tenía planeado algo siniestro para tí.

Ella parpadeó. Minos, por otra parte, se hizo cargo de lo raro que le resultaba oír a alguien llamar a su señor "joven"

-¿Y qué era? ¿Algún maleficio o embrujo? ¿Algún veneno, acaso?

-¿Por qué quieres saberlo?, preguntó la hija de Perses.
-Porque entre ella y yo no estaban bien las cosas. Es más, creo que sentía que le robaba la atención de mi señor. Y creo que tengo derecho a saberlo. El sentimiento era mutuo, yo sentía celos de ella, reconoció.-Pero jamás me hubiera atrevido a lo que ella creía de mí.

Minos rodó los ojos. Mujeres.

-Cuando el joven Aidoneo raptó a Kore de la superficie de la tierra, yo fui la única que escuchó su grito de angustia y así se lo dije a Deméter, a la que ayudé en su búsqueda. Cuando ella se casó con Hades, yo me volví su consejera y confidente...y así ha sido desde la época del mito. Ella acudió a mí para eliminar cualquier interferencia entre sus ambiciones y Hades. Y tú, querida, eras una importante. No solo por tu posición en el ejército de espectros, sino, como tú misma notaste, por tu condición de mujer. Y tu nombre tiene mucho que ver, también. No llevas un nombre cualquiera, te llamas como aquella doncella mitológica que fue creada para la perdición de todo el género humano. Y además de eso, decidida, fuerte, y muy leal a tu señor. Eras un problema grande para ella.

-Pero...intervino Minos,-nosotros también hubiéramos sido un obstáculo importante.
-De hecho, una vez que se hubiera deshecho de esta joven, planeaba quitaros de en medio a vosotros tres también, joven Minos. Porque sabía que si ustedes recelaban de sus planes, pondrían al hijo de Cronos sobre aviso.
-Ya... ¿no era nada personal?
-Según ella no. Ella prefería que Hades la apoyara. Y quizás lo hubiera logrado, de no haber sido por vosotros, pues el emperador siempre ha procurado su bienestar por encima incluso del suyo propio.
-¿Y qué teníais que ver vos en esto?
-Primero me pidió que te embrujara, para provocar que te enamoraras del poderoso Hades. Eso hubiera sido hybris y él se habría visto obligado a castigarte, enviándote al Tártaro. Pero se dio cuenta que eso podría resultar contraproducente y abortó el plan. También planeó hacerte polvo como a Mynthe...pero se habrían preguntado donde estabas. Barajó muchas teorías y las descartó todas, antes de que se le ocurriera la definitiva.

-¿Y cuál era?, receló Minos.

La diosa rodeó el caldero y sentó en el pequeño trono de piedra que había al fondo de la habitación. Desde ahí miró a ambos con expresión de circunstancias.

-¿Están seguros de querer saberlo?, se quiso cerciorar.-La respuesta puede no gustarles.
-Le prometí al señor Hades que si ella regresaba al Inframundo algún día, trataría de dejar esto atrás. Pero necesito saber qué es lo que tendría que dejar atrás.

-De acuerdo. Escucha bien hija de Hefestos, pues solo lo diré una sola vez, ¿entiendes eso? Una sola vez.-Pandora asintió, en silencio.-La hija de Deméter me pidió que hiciera un bebedizo cuyo principal ingrediente serían las aguas del Lete, el río del olvido. Una vez que lo hubieras tomado, olvidarías todo acerca del Inframundo, Hades, Athena, las Guerras santas y los espectros. Eso, por supuesto, hubiera supuesto que tendrías que dejar éste lugar y quizás habrías llevado una vida normal. El mismo bebedizo se lo habría yo de administrar al hijo de la venerable Rea para que se olvidara de tí. Pero al ser un dios, los efectos serían menos certeros en él. Existía el riesgo de que sus recuerdos sobre tí regresaran en el tiempo y eso supondría que de seguro te buscaría para devolverte al Inframundo. Y si no volvieras a entrar aquí en vida, de todas formas regresarías tarde o temprano y tendrías tu recompensa. El joven Hades es generoso con aquellos que le son leales.

-¿Y no...no había ningún antídoto para esa pócima?, musitó por lo bajo.
-Tendría yo que hacer uno y no sería fácil, pues las aguas del Mnemos no pueden ser alteradas sin el permiso de la hija de Gea. Y no suele dejar que se toquen bajo ningún concepto.

-¡Pero esto es indignante!, explotó Minos, hecho una furia.- ¿Acaso no pensó tampoco en lo que pasaría con el señor Hades si Pandora desaparecía?
-¡Minos!
-Espero que te des cuenta de mi predicamento, querido joven. Le obedezco a la joven Perséfone porque es la esposa de mi señor y en ése aspecto tiene poder sobre mí. Pero es al emperador del Inframundo a quién le debo mi lealtad. No podía hacer algo como eso, pues se trataba no solo de ésta jovencita, sino también de mi señor. Y eso me hubiera garantizado un castigo ejemplar en el Tártaro por toda la eternidad, explicó con tranquilidad.
-Entonces... ¿no hicisteis la poción?, preguntó Pandora.
-Oh, la hice, dijo, dándose la vuelta y cogiendo una botella de sus estantes. El líquido oscuro resplandecía de manera inquietante.-Pero no me atreví a traicionar a mi señor, el cual no tolera las traiciones de ninguna manera. Has cuidado de él, niña. Siglo tras siglo has reencarnado solo para él. Tu deber siempre ha sido cuidar de su cuerpo y dirigir a sus espectros.

-Pero...yo lo traicioné. En la última Guerra Santa.
-Eres humana, querida. Los humanos sois hermosamente imperfectos y por eso cometéis errores. Si Hades no te ha castigado por eso, significa que no le importa lo que hayas hecho. Sabes lo implacable que es a la hora de impartir castigos.

-Estoy preocupada por él. No está bien que se encierre en su habitación sin alimentarse siquiera.

-Un corazón roto es de cuidado y paciencia, pequeña. Y el corazón de un dios no conoce de esas vicisitudes a menudo, así que cuando las sufre lo golpean con fuerza. Hay dioses que están acostumbrados a ese hecho y no sufren tanto. Pero otros...

-¿Qué me sugieres que haga?
-Mantente fiel, dijo solamente.-Mira, expresó, levantando una copa de cristal con una mano.-Mira bien.

La joven se asomó y el agua se empezó a agitar y una imagen determinada. La habitación del Señor de los Muertos. Éste no estaba acostado en la cama como era usual, sino que miraba por la ventana con expresión distraída. Se volvió de repente al oír que la puerta repicaba.

-Soy Lune, señor. ¿Cómo se encuentra?, se oyó la voz del espectro de Balrog.
-¿Qué quieres, Lune? ¿Dónde está Pandora?
-Pandora se fue con el señor Minos a algún lado y no han regresado todavía, contestó.
Una sombra de preocupación cruzó el rostro del dios.

-¿No han regresado…aún?, musitó.
-No os preocupéis, señor. Ya no deben tardar. Y entonces ella vendrá a visitarlo, como todas las noche
-No debí enviarla a hablar con Hécate. Debí haberle pedido a ésta que viniera.
-Ella necesitaba ir. Vos mismo se lo dijisteis. Además, no está sola. Está con Minos.
-Ya lo sé, ya lo sé. Es solo que..., se pasó una mano por el cabello con nerviosismo.-Me preocupa.
-Pandora es una mujer fuerte. Podrá con esto.
-Lune... ¿ella te dijo qué quería con Hécate?
-No, señor, negó el albino.-Pero hace unos días, cuando Perséfone estaba aquí todavía, me dijo que tenía miedo de acabar como Mynthe. A pesar de su animadversión, era consciente de que no podía competir con la diosa. Creo que por eso se sentía tan frustrada.
-Perséfone quiso convencerme de eliminarla del mapa, lo que me pareció muy sospechoso. Discutimos por eso un par de veces. Sabiendo lo que sé ahora, no estoy seguro de que fuera idea suya. A su modo quería hacerme un bien. Pero no lo hubiera sido exactamente. Y nosotros nunca...siempre tratamos de evitarnos mal mutuamente. Excepto, claro, cuando no fuera posible.

-Pandora es muy cercana a usted. Es ella la encargada de cuidar del recipiente de su alma y esas cosas. Es la que nos comanda a los espectros, y la única quizás, que logra estar en contacto con usted durante la Guerra Santa. Quizás Perséfone solo estaba celosa. La situación se repitió por siglos. Talvez pensaba que Pandora estaba usurpando el lugar que le correspondía a ella.
-No se puede descartar nada, Lune. Es solo que me desconcierta que pudiera creer...
-Si a eso vamos, Anfitrite tendría que estar celosa de Sorrento, ¿o no? Y si Athena tuviera una pareja...

El dios elevó levemente la comisura de los labios.

-Talvez. Sin embargo, el joven Sorrento no representaría una amenaza tan grave. Mi hermano solo ha tenido un amante varón a lo largo de toda su vida. En cambio yo...

-Habla de Leuce, ¿no? Y de Mynthe.
-Has hecho tu tarea, Lune, ¿verdad?
-Hablan por ahí, se excusó.

Pandora se separó de la bola de cristal con decisión.

-Ya he visto lo suficiente, declaró.-Quiero volver a casa.

La diosa apartó el mágico objeto y le abrió la mano, cerrándosela contra dos botellas.

-¿Por qué me las dais?, se sorprendió.
-Solo se necesita un último ingrediente para que la pócima funcione. Tres gotas de tu sangre. O tres gotas del icor que riega las venas de Hades. Por eso tuve que hacer dos frascos. Comunícaselo. Él sabrá qué hacer con esos frascos.

Ella se inclinó graciosamente.

-Gracias, mi señora. Os agradezco mucho vuestra sinceridad.
-Ve tranquila, niña. Tu compañero conoce la salida, comentó, volviendo a poner su atención en el caldero.

Caminaron en silencio hasta que llegaron a la boca de la gruta.

-Ni una palabra de esto a nadie, ¿oyes? A nadie. Ni a Lune.
-Pero si Lune ya sabe...
-Sabe dónde fuimos y el motivo. Eso es suficiente. No tiene que enterarse de nada más.

-De acuerdo. Guardaré tu secreto. ¿Qué vas a hacer con ésas pócimas?

-Se las daré al señor Hades.

-¿Qué crees que hará con ellas?

-No lo sé, pero cerca de mí no las quiero, expresó, subiéndose a la barcaza y sentándose con la cabeza bien alta.

La barcaza se detuvo en las orillas del Cocytos, justo frente a la Ptolomea. Ambos se bajaron.

-Gracias por acompañarme, Minos. Lamento que la hayas pasado mal.

-No, no es nada. Me alegra que hayas pensado en mí, comentó él, mientras la barcaza se alejaba empujada por el espectro de Aqueronte.

-Eras tú o Radamanthys. Y con ése cejón no voy sola a ningún lado.

-¿Y Aiacos?

-Estaba ocupado.

-O sea, lo que me dijiste…

-Manipulación femenina, expresó ella haciendo un puchero coqueto con la boca.

Él sonrió.

-Cuídate, Pandora. No te pinches, bromeó.

-Cállate, tonto, expresó ella, mientras se encaminaba hasta Giudecca.

Entró a paso lento en las dependencias interiores. Frente a la habitación de su señor tomó aire y tocó la puerta.

-Adelante, se escuchó.

-Soy Pandora, señor. Ya regresé.

-¿Y bien, Pandora? ¿Averiguaste algo de provecho?

-La sobrina de la venerable Leto me dijo algo muy interesante. Ciertamente, no esperaba algo así, expresó, caminando de un lado a otro.

-¿Y bien?

Ella caminó hasta la mesita al lado de la cama y depositó las dos botellas en la superficie de madera con un golpe seco.

-¿Qué es esto?, preguntó llevándose una cerca del rostro para verla de cerca. La poción se arremolinaba a lo largo de la botella.

-Es…la poción que planeaba darme Perséfone para que me olvidara de todo lo relacionado con el Inframundo. Y poder sacarme de aquí. Era un brebaje que contenía parte de las aguas del río Lete. El único ingrediente que falta es algunas gotas de mi sangre. Como también quiso dársela a usted, pues…por eso la otra botella.

Él entrecerró los ojos, mientras un gruñido bajo salía de su garganta.

-¿Y qué quiere Hécate que haga yo con ellas?, expresó con voz irritada.

-Solo me dijo que vos sabríais qué hacer con ellas. Fabricó el brebaje, pero no fue capaz de administrarlo por lealtad a vuestra persona. Estaba en el predicamento sobre si obedecerle a Perséfone, aún si eso significaba traicionaros a vos, o no hacerlo, lo que la pondría en una situación muy incómoda. Al final, parece que se decidió a no hacerlo.

Hades entornó los ojos mientras se colocaba un dedo sobre los labios.

-Entiendo. Mi mujer ha hecho un buen desastre aquí, ¿no lo crees?

-No lo sé. Supongo.

-Shion ha venido a verme mientras no estabas. Se ha atrevido a hacerme una preposición que considero indignante, aunque le dije que lo pensaría, expresó, levantándose del sillón. La túnica ondeó alrededor de sus tobillos. Corrió el biombo y empezó a prepararse para la noche, quitándose las ropas que usaba de a diario.

La muchacha se desplazó hasta el lecho y empezó a prepararlo para su señor.

-¿De verdad? ¿Y qué le ha dicho?

-Dice que se encuentra superado por la situación de indisciplina y desorden en el Santuario y dice que necesita un descanso. Me ha pedido que ayude a Palas mientras él se toma un descanso. En otras palabras, ha pretendido que haga el trabajo sucio. ¿Qué se habrá creído?

-Talvez no sea tan mala idea, señor, opinó con cautela la muchacha.

-¡¿Cómo dices?! se sorprendió.-Pandora…¿te estás atreviendo a sugerir que debería rebajarme a limpiarle la basura a Shion?

-Pues sí lo dice de esa forma, si suena muy indignante, repuso ella con tranquilidad.-Pero piénselo bien, señor. Shion no es ningún joven (a pesar de su apariencia) y lleva muchos años al frente del Santuario. Sabe bien cómo hacerlo. Apuesto a que no se lo está pidiendo por dejadez. Sé que la manera que tiene de llevar las cosas no es como lo hacemos aquí, por lo que probablemente éste sea un último recurso. No creo que lo haga a gusto. Y quizás, si se concentra en socarle el cinturón a los santos, no pensará tanto en lo que pasó con Perséfone, y quizás cuando se de cuenta ya pueda pensar en eso sin que le duela.

-¿Tú crees?

-Así es…Además talvez sea divertido que lograra que algunos dejaran de pasearse por aquí como si nada y sin pedir permiso. El santo de Cáncer a veces se pasa de descarado.

-Tienes razón. Talvez no sea tan malo.

-Y será muy divertido verlos quejarse que no están acostumbrados a un ambiente tan estricto. Si el Sumo Sacerdote se ha cansado debe ser mucha la desorganización. Y quién sabe cuánto de esto es culpa de Athena. Quizás debáis jalarle las orejas a ella también, dijo ella, ahuecando las almohadas.-Ya está.

-Me agrada lo que dices, expresó sonriendo enigmáticamente, mientras se metía en la cama.-Pero igual me lo tendría que pensar. No quisiera empezar una Guerra Santa.

-Imagino que Shion le dio vía libre para hacer lo que considerara necesario.

-Así es, pero en realidad tendría que analizar la situación, antes de decidir con cuanta dureza actuar.

-¿Shion no dijo cuándo regresará?, inquirió ella, corriendo el dosel y dejándolo medio abierto. Él se arrecostó en la cama.

-Pronto. Por mí que me deje tranquilo. Aunque talvez sea una buena excusa para ver cómo funciona el Santuario de cerca.

-Entonces aprovéchelo. Se lo digo, se distraerá bastante, de seguro. No se preocupe por las cosas aquí, yo lo mantendré bajo control.

-Sé que lo harás, Pandora. Me alegra que ya te sientas mejor.

-Gracias a usted, señor Hades. No sé qué hubiera hecho si no…

-Descuida. Quería devolverte aunque fuera un poco de todo lo que has hecho por mí.

Ella sonrío, con cierta dulzura.

-Es solo mi trabajo, señor. No sé qué haría sin esto.

-Buenas noches, Pandora.

-Buenas noches, señor. No se preocupe. Ya verá que todo saldrá bien.

Cerró la puerta. Hades se levantó con cautela y se acercó a la mesa de noche. Sujetó una de las botellas y se quedó mirándola de manera inexpresiva. La cogió con toda la mano y la rompió. La pócima se deslizó lentamente por su mano y bajó por el brazo como barro oscuro y extraño. Cogió la otra y la arrojó al fuego sin contemplaciones. La llama explotó y se apagó de repente.

-Porque estas cosas es mejor desaparecerlas, murmuró mientras se volvía a acostar.

Hécate (gr. Ἑκατη) es la diosa de la magia, la brujería, la noche, la luna, los fantasmas y la nigromancia. Es la hija única de Asteria y Perses, nieta de Ceo y Febe lo que la hace prima de Apolo y Ártemis por parte materna. Ella ayudó a Deméter cuando buscaba a su hija perdida, guiándola en la noche por medio de antorchas. Cuando Perséfone se convirtió en la reina del Inframundo, Hécate se convirtió en su ministra y consejera en el Hades. Forma, asimismo, parte del grupo de deidades que están más cercanas a Hades. Es una de las diosas vírgenes del panteón griego. A veces puede ser representada como una anciana, pero generalmente se le representa como una mujer más joven, acompañada de perros (símbolo de la brujería), y llevando antorchas. A menudo se la representa como tres mujeres en una, una de espaldas, otra de frente y otra de perfil. Esto representa las tres fases de la luna, o los tres estados de una mujer (joven, madura, anciana) que están estrechamente relacionadas en el pensamiento mítico. (Imagen en mi Facebook) Es una diosa puramente selénica en cuanto a su relación con la brujería, la noche y la magia. Es también la diosa de las encrucijadas. Pertenece a la tercera generación de titanes, pero es más vieja que Hades, ya que se supone que los hijos de Cronos son los menores entre la descendencia de los hijos de Gea.

Los pueblos de la Antigüedad eran muy dados a querer conocer el futuro por diversos medios, ya fuera por medio de la astrología o por medio de la adivinación. Cada pueblo tenía sus métodos para lograrlo. Los griegos consultaban el oráculo o trataban de interpretar las señales o augurios que les daba la naturaleza. Los romanos revisaban las entrañas de los sacrificios (especialmente el hígado) o se agarraban de lo que decían los astros por medio de la astrología. Los celtas usaban cristales y materiales semejantes. Se supone que una práctica común en la adivinación, alternativa a la bola de cristal, es llenar una copa de cristal con agua y ver cómo ésta refleja el porvenir. Esto por las propiedades reveladoras del agua en el pensamiento mítico. Por lo mismo, a veces, brujas y mujeres similares observan el futuro (o a otras personas) por medio de un caldero, un cuenco o un objeto similar lleno de agua.

Pandora (gr. Πανδωρα) fue la primera mujer según la mitología griega. Fue creada por Hefestos por medio de la arcilla y los demás dioses la vistieron, embellecieron y le dieron sus dones. Zeus la mandó a Epimeteo, el estúpido hermano menor de Prometeo, como novia. Llevaba una caja (un pixis o un pithos) que era su regalo de bodas. El titán, olvidando las advertencias de su hermano, la aceptó en su casa y la hizo su esposa encandilado por sus dones. (El nombre está compuesto de "pan" que significa "todo" y de "dóros" que significa "dones" "Todos los dones" Llevada por la curiosidad abrió la mentada caja y dejó salir así todos los males que asolaron a la humanidad desde entonces, condenándola y contrarrestando el gran bien hecho por Prometeo al brindarles el fuego. Era ése el plan de Zeus al recomendarle que no la abriera.

No se sabe aún nada de la relación entre la Pandora de Next Dimension y la del manga clásico. Puede ser de esas cosas que el viejo considere irrelevantes y no aclare nada jamás. Podría ser reencarnación, o podría ser una antepasada lejana. Yo aquí me decanté por la primera opción. Repito que es libertad mía, el viejo no ha aclarado nada en su obra.

Hécate la llama "doncella nacida de la arcilla" y "hija de Hefestos" de manera figurada. No es que se trate de la misma doncella mitológica. Igual, se refiere metafóricamente a Minos como "hijo de Europa" No vayan a pensar que se me zafó un tornillo, ¿eh? xDDD

Leuce (gr. Λευκη) era una de las océanides a la que Hades raptó y la llevó a los Elíseos para yacer con ella. Antes de poder hacerlo, la ninfa se transformó en un álamo blanco (presuntamente por obra de Perséfone) Al igual que Apolo hizo con Daphne, el dios habría decidido tenerla así como estaba y consagró el álamo como sagrado para él.

Y como sé que me van a preguntar, el joven amante de Poseidón fue Pélope, el abuelo de Agamenón y Menelao :v

Espero que hallan disfrutado el capítulo de Pando-chan :3

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!