Último capítulo desde la era mitológica. El próximo, y último, se realizará en la era actual.
Capítulo 9
Macaria y Melínoe
Era mitológica
-Mamá, ¿qué estás haciendo?, preguntó la diosa de la muerte bendita mientras entraba despacio en la habitación. La reina del Inframundo levantó la vista.
-Hola, querida, comentó mientras se giraba en el diván con esfuerzo.-Uff, suspiró.
-No hagas esfuerzos, Déjame ayudarte, se acercó solícita.
-Hija, basta, sonrió posando la mano sobre su vientre.-Estoy embarazada, no inválida.
-Ya lo sé, pero eso no significa que no necesites ayuda.
-¿Sí?, haz que tu padre lo entienda, por favor.
-Solo quiere que estés bien.
-Sí...siempre quiso lo mejor para mí desde que me conoció. Pero a veces exagera, sonrió.
La más joven se sentó en el suelo, y extendió la mano para acariciar el vientre. Creyó sentir a la criatura moverse.
-¿De veras? Pero yo creí que te había raptado de repente, se desconcertó.
Perséfone se rio.
-Esa es la versión que tu abuela le dice a quién quiera escucharla. Pero la realidad fue otra.
-¿En serio?, se sorprendió la otra.- ¿Cómo fue?
-Cuando yo nací, se les avisó de ello a todos los inmortales. Pero alguien tenía que bajar aquí a decírselo a tu padre. Así que Hermes bajó y le dijo a Tanathos que por favor le avisara a Hades. Por lo que sé, pidió conocerme aquí después de cuatro meses.
-¿Y qué pasó entonces?, siguió interrogando con curiosidad, sonrojada por la mención al hijo de Nyx.
-Básicamente, mi madre hizo un berrinche e insistió en bajar conmigo al Inframundo. Pero Zeus se lo prohibió y le dijo al divino Argifontes que me acompañara. Me guió hasta la orilla opuesta del Aqueronte, donde vive Cerbero. A partir de ahí fui guiada por áquel que es hermano de la Muerte. Creo que lo metí en problemas, recuerdo la cantidad de asfódelos que recogí.
-¿Y qué pasó luego?, inquirió Macaria,-¿cómo reaccionó mi padre?
La diosa se recostó sobre el diván, cansada, con la mente perdida en los recuerdos. Sonrió con nostalgia al recordar la primera vez que había visto el rostro de Hades.
-Creo que se enamoró de mí de inmediato. O si no fue así, algo sintió. Aunque trató de ocultarlo, claro. Sabes cómo es respecto a eso. Recuerdo mi fascinación por el color de su piel, pues nunca había visto a un hombre con la tez tan blanca. Y aquellos ojos...Le ofrecí una de las flores que llevaba en brazos y entonces...
-¿Qué sucedió?, preguntó ansiosamente la más joven.
-Sentí una descarga eléctrica en mi cuerpo un calor muy agradable cuando mi mano tocó la suya. Mi rostro se tiñó de rojo y me puse nerviosa y solo atiné a levantar la mirada hacia su rostro. Estaba levísimamente sonrojado y se puso nervioso, apuesto. Llamó a Tanathos para que me escoltara de vuelta. En ese momento, no sé por qué, pero tuve la intuición de que él me haría su esposa. Y esa intuición creció cuando, tras regresar a la superficie, le pedí a mi madre que me dejara ir a recoger flores.
-¿En serio? ¿Qué sucedió?
-Decidí no decirle a mis hermanas que me vigilaran. Quería estar sola, para asimilar lo que acababa de vivir. Al poco tiempo me sentí observada, pero al voltear no vi a nadie cerca. Luego, volví a sentirme observada y volteé con disimulo hacia atrás. Los ojos de tu padre siempre han sido muy intensos y difíciles de ignorar, cariño.
-¿Subió a la superficie solo para verte?, se sorprendió Macaria, poniéndose las manos en las mejillas.- ¡Qué romántico!
-Hubo un tiempo en el que mi padre le pidió a Athena y a Ártemis que no me vigilaran y le encomendó esa tarea a Hades. Le tomó algo de tiempo dejar de hacerlo desde los árboles, pero cuando lo hizo fue muy divertido.
-¿Por qué?, preguntó, interesadísima en el relato de su madre.
-Digamos que por los nervios fue capaz de marchitar todo el campo completo. Tomó algo de tiempo que se tranquilizara, pero cuando lo hizo pasamos muy buenos días solo hablando y conociéndonos.
-No me imagino a papá haciendo eso...
-Sabes que tu padre no es tan frío como aparenta ser, Macaria.
-Ya, ya lo sé. Pero no deja de ser raro. ¿Y qué pensaba la abuela Deméter de eso?
La diosa se colocó una mano en el vientre y la pasó arriba y abajo lentamente.
-No le hizo mucha gracia. Le dijo a Ártemis que me vigilara y que le avisara si Hades venía a verme. Tu tía obedeció, pero se calló esos encuentros lo más que pudo. Cuando mi madre se enteró se las arregló para encerrarme, en un intento de alejarme de él, pero no funcionó. Se las arregló para colarse en mi habitación. Ése día nos besamos por primera vez. Mi madre alternaba las idas a recoger flores con los periodos de largo encierro y no permitía que me viera con deidades que inspiraban el amor como Erato, Afrodita y Eros.
-¡No pudo ser tan arpía...!
-Sí, lo fue, suspiró.-Sí que lo fue. Pero la áurea Cytherea fue más astuta y envió a una paloma para inspirarme el dulce deseo de verlo. Mi madre ahuyentó el ave, pero esa misma tarde, cuando bajamos al campo, volvió a aparecer. Me escapé para ver a tu padre. Una lástima que no funcionara.
-¿De qué hablas?
-Mi madre estaba hablando con él y me descubrió. Amenazó con tenerme encerrada y hacerme jurar castidad, pero entonces Hades, con su característica astucia, fingió darse por vencido y dejarme en paz. Incluso se consiguió una ninfa para hacer ver que yo ya no le interesaba. La situación se prolongó por varios meses. La peor agonía que he pasado, suspiró.
El bebé pateó fuertemente, provocando que se sobresaltara.
-Parece que a mi hermana también le gusta lo que está oyendo, se rio la menor.
-Mi pequeña, dijo con ternura, poniendo una mano sobre su vientre.-No puedo esperar a que nazca.
-¿No falta mucho, verdad?
-No creo. Por eso estoy siempre cansada, suspiró.
-He oído que las mujeres humanas se ponen muy mal con el embarazo.
-Así es. Pero nosotras no sufrimos males mayores aparte del cansancio hasta el parto. Estoy cada vez más cansada. Eso es buena señal.
-¿Y qué sucedió después de que se separaron?, ¿Qué hizo mi padre?, reanudó el interrogatorio.
-Usó las cartas que tenía a su favor. Primero se deshizo de la ninfa (aunque regresó y yo le di su merecido) y después subió a la superficie y me raptó.
-Entonces siempre te raptó, ¿no?
-Así es. Pero no fue solo el rapto, como dice tu abuela. Fue mucho más.
-¿Te asustaste?
-Algo, reconoció.-Pero fue más la alegría de volver a verlo.
-¿Y qué pasó después?
-Hades me propuso matrimonio. Me dio ésta sortija como regalo de bodas, expresó, extendiendo la mano para que su hija viera el anillo.-Esa noche hicimos el amor por primera vez. Y luego de eso nos casamos.
-Y todos vivieron felices, rio la otra.
-No exactamente.
-¿Qué más pudo haber pasado?, preguntó con perplejidad, cambiando de posición.
-Mi madre no iba a darse por vencida tan fácilmente. Me buscó por todos los sitios posibles y cuando Helios le dijo que Hades era el que me había raptado, fue a decirle a mi padre que le exigiera devolverme. Cuando él le reveló que le había concedido mi mano en matrimonio se indignó y huyó del Olimpo. Estuvo mucho tiempo entre los hombres, rehusando incluso consumir ambrosía y descuidó sus deberes de diosa, rompiendo el equilibrio cósmico. Lo único que la calmaría, dijo, era mi regreso a su lado. Mi padre tuvo que ceder y envió a Hermes a traerme de vuelta, explicó, mientras su mente se perdía en los recuerdos.
Flashback
-¿Me has llamado, padre?, preguntó el divino Argifontes inclinándose ante el trono. Zeus levantó la mirada. Una profunda arruga le hundía el entrecejo y los ojos grises estaban nublados por alguna preocupación desconocida.
-Sí, hijo mío. Tengo un encargo algo enojoso que encomendarte.
-Dime de qué se trata.
-Necesito que vayas al profundo abismo debajo de la Tierra y traigas de regreso a tu hermana, la de delgados tobillos, con los inmortales. Deméter, en su odio e ira hacia los dioses permanece sentada en un templo en la ciudadela de Eleusis, y ha amenazado con dejar morir de hambre a la humanidad entera, lo que nos perjudica a nosotros. Así que ve, lo más rápido que puedas, y trae de regreso a tu hermana, a la que ahora llaman Perséfone, que significa "aquella que lleva la muerte" No, lo frenó, viendo la cara de disgusto del hijo de Maya.-Habrá tiempo para tus réplicas luego. Ahora ve.
El mensajero no desobedeció, pero mientras volaba raudo hacia el Inframundo, su mente revolvía un montón de furibundas réplicas. Sin embargo, también se preocupaba por los planes de la criadera hija de Cronos, sabiendo que había medios para impedir que la doncella volviera a la superficie.
-Si ya se acostó con ella habrá consumado el matrimonio, decía para sí mismo.-Y desde el momento que eso suceda, ella será su esposa, y le pertenecerá, por lo que no podrá regresar del todo al Olimpo. Y si comió algún alimento del mundo inferior, distinto a la ambrosía y al néctar, tampoco podrá volver del todo con el resto de los inmortales. ¿Por qué mi tía hará estos berrinches tan infantiles?, se molestó.
Llegó ante la pareja infernal y se adelantó con cuidado.
-¿A qué debo tu inesperada visita, querido sobrino?, preguntó Hades, sabiendo que solo traspasaba los límites permitidos cuando era una urgencia.- ¿Qué quiere mi hermano de mí?
-El poderoso Cronión te pide que por favor dejes volver a la superficie a la doncella que tienes al lado. Si no lo haces aquella de rubia cabellera impedirá que la delicada espiga se asome a la tierra y los mortales hombres morirán de hambre. Tú sabes lo que sucederá si se rompe el equilibrio.
Los ojos de áquel que recibe a muchos relampaguearon con ira mientras se volvía hacia su esposa.
-Anda, expresó con voz grave,-regresa a la superficie, para que Deméter, la de oscuro peplo, deponga su cólera y no dañe a los mortales hombres, rompiendo el equilibrio cósmico. Sabes que yo, como hermano del padre Zeus soy un esposo digno de tí.
Ella asintió y se levantó dócilmente, aunque en su interior revolvía gran resentimiento para con su madre. Por lo mismo, no dijo ni una sola palabra cuando Hades la llevó aparte para despedirse de ella más discretamente.
-No quiero irme. Ya soy tu esposa, ¿no?
-Lo sé. Pero si los hombres mueren, no será bueno.
-Pero...ya ha pasado antes, ¿verdad?
-Pero es diferente. Terminaron su ciclo y llegó el momento de que desaparecieran. Esta vez, tu madre está forzando esa desaparición. No ha terminado el ciclo aún. Por eso debes regresar, para que tu madre se calme y todo vuelva a la normalidad.
-Entiendo. Te amo, susurro, besándole la frente.
-Yo también te amo, Perséfone. Ten, dijo, mostrándole varias semillas de granada,-come.
Y ella comió las semillas de su mano sin sospechar nada.
Hades sonrió astutamente a sus espaldas. Se adelantó y enganchó los caballos al carro. La ayudó a subir, depositando un beso en su frente y la dejó irse. Seguidamente, se sentó en el trono a esperar el resultado de su artimaña.
Mientras, Hermes condujo el carro hasta Eleusis hacia la colina donde los esperaba la diosa de la agricultura. Deméter abrió los brazos y la estrechó contra su pecho. Se extrañó al sentir la rigidez de Perséfone y la separó de sí.
-¿Qué sucede, hija mía?, se extrañó. Su ánimo se turbó, esperando algún engaño.
-No pasa nada, madre. Es solo que me has separado de mi marido, al que amo, por medio de presiones y engaños. Y no debiste.
-Eso no importa, flor mía. Ahora estarás conmigo. A no ser...
-¿A no ser qué...?
-Que hubieses comido algo de del mundo inferior. Entonces no podrías permanecer siempre aquí y tendrías que bajar al Inframundo de nuevo. Pero ahora dime cómo ocurrió todo, que quiero saberlo.
Una expresión de alivio recorrió el rostro de Perséfone al comprender lo que había hecho su esposo al darle aquellas semillas. Su madre lo interpretó de otra forma y tras abrazarla fraternalmente por los hombros la condujo hacia el Olimpo, a la presencia del augusto Zeus, que reina sobre los dioses.
Éste estaba sentado en el áureo trono, acompañado de aquella de níveos brazos que le sobaba el brazo con suavidad, intentando tranquilizar su ánimo turbio. Así estaban cuando llegó la de dorada cabellera acompañada de su hija y escoltada por el mensajero divino. La astuta Hera se dio cuenta enseguida de que algo pasaba con la diosa más joven y le hizo una seña a Hermes para que fuera a llamar a la áurea Afrodita. Éste se deslizó subrepticiamente y fue a buscar a la hija del Cielo estrellado.
-Me alegra que hayas vuelto hija mía, expresó paternalmente Zeus, acariciándole las mejillas.-Aunque haya sido un regreso forzado, insinuó, mirando a Deméter de reojo.
-¿Forzado?
-No seguirás con esa estupidez de que Hades no la ama, ¿verdad hermana? Tampoco deberías creerte que ella no le corresponde. Tu hija es la reina del Inframundo, Deméter. Eso debería ser suficiente para que veas tu equivocación, la apostrofó la madre de Ares.
-¡Hera!, la previno Zeus.
-No, es que ya es suficiente. Tuvo que ocurrir algo despreciable como un rapto...y todavía osas reclamarla del lado de su marido. No, esto no lo puedo tolerar.
-Ella no es su mujer.
-¿De verdad crees que Hades hubiera sido tan estúpido de no casarse con ella apenas la raptó? Y una vez casados, nada le impediría consumar el matrimonio. Algo que, ambas sabemos, deseaba. Porque como tú la echaste del lado de Perséfone, Afrodita prefirió influenciar discretamente a Hades aumentando su deseo por esta joven. Te advertimos que Cipris era vengativa, pero no quisiste escuchar. Aquella vez, hace meses, que te encontraste con ella en el Inframundo, estaba ahí por influencia de Cytherea como tú bien sabías. Y se pasó esos meses influenciándolos a ambos de diversas maneras. Así que dudo que no compartieran el lecho apenas tuvieran oportunidad. ¿Acaso no lo percibes?
-¿Percibir qué..?, replicó Deméter.
-Que esta joven ya no engrosa el número de las vírgenes, interrumpió la diosa de la sexualidad irrumpiendo de repente en la habitación.-Mientras tú desperdiciabas meses buscándola, ella dormía en brazos de Aidoneo. Y eso no es todo.
-¿Tú dejaste qué...?, se indignó Deméter, zarandeando a Perséfone.- ¡Tú no serías capaz de…!
-Ya basta, querida. Déjala tranquila. Ella ha probado la dulzura de estar en los brazos de un hombre. No siempre tiene que ser cómo tú lo dices.
-Hay algo más, interrumpió Hera.- ¿Has comido algo del Inframundo, verdad niña? ¿Qué ha sido?
-Hades me dio...seis semillas de granada, dijo, levantando la cabeza con dignidad.
-¡Desdichada!, chilló Deméter,-¡Ahora tendrás que volver! Y yo haré lo que he dicho...
-¡Basta!, interrumpió Zeus, molesto por la discusión entre las mujeres.-Ya que al parecer no hay solución viable, haremos un trato. Tú, ordenó, en dirección a su hermana-volverás al Olimpo, y harás tus deberes de diosa como te corresponde. Y a cambio de eso, tu hija pasará dos tercios del año aquí contigo. Pero el tercero tendrá que pasarlo abajo con su esposo. ¡Y no se hable más! Es mi voluntad y así permanecerá.
-Está bien, hermano. Como digas.
-No te sientas ganadora, Deméter. Esto no significa tu victoria.
-Padre...quiero pedirte una prórroga a éste trato, interrumpió Kore.
-¿Ahora qué quieres, Perséfone?
-Si me quedo embarazada, quiero poder parir a mis hijos en el Inframundo, independientemente de la época del año. Es lo único que pido.
Afrodita sonrió.
-Está bien hija. Ahora ve con tu madre. Ya bajaré yo a decirle a tu marido lo que ha pasado.
La asamblea improvisada se disolvió. El hijo de Cronos se volvió a sentar en el trono y resopló, pasándose las manos por los rubios cabellos. Su esposa lo distrajo de sus preocupaciones besándolo apasionadamente en el cuello. El deseo los cubrió y los hizo buscar el lecho para acostarse en él.
Mientras, Deméter cogió violentamente a su hija del brazo y la acorraló contra la pared.
-¡Te habrás salido con la tuya, mocosa insolente, pero no para siempre! ¡Ya lo verás!
Perséfone la miró con desdén.
-Me das lástima, mamá. ¿Por qué no puedes simplemente dejarme ser feliz? Espero nunca cometer los errores que cometiste cuando yo sea madre.
-Tú nunca serás madre, Perséfone.
-¿Cómo dices?
-Tu marido es el dios de los muertos y del Inframundo. Está en su naturaleza traer la muerte en vez de la vida.
-Madre, por favor, no digas estupideces. Sabes tan bien como yo que eso no es verdad. Te lo probaré cuando quede embarazada de su hijo.
-Mejor pruébamelo con la criatura. No creo ni que el embarazo llegue a término.
La diosa más joven le dio una bofetada y se dio la vuelta con la cabeza bien alta.
-Eres despreciable, madre, murmuró, sin volver a mirar hacia atrás.
Flashback
-¿Entonces por eso nací aquí?, se sorprendió Macaria.- ¿Aunque fue en primavera?
-Creí que Hades merecía ver nacer a sus hijos. Y es seguro que mi madre le ocultaría que yo había dado a luz hasta que regresara aquí abajo.
-¿Sigue enojada, verdad?
Perséfone se acomodó de lado.
-Creo que es una exageración que siga enojada con sus tres hermanos, pero ya ves cómo es de rencorosa. Cuando se enteró que estaba embarazada de tí no le hizo gracia. Su problema no era que me hubiera enamorado, sino que lo hubiera hecho de Hades.
-Pero papá es el único dios que podría haberte tratado bien, ¿no es así?
-Estoy segura que mi madre hubiera preferido a un dios como Apolo, que no implicara una separación tan grande. Y lo tengo claro, porque él lo intentó. Pero se retiró cuando se dio cuenta que Hades estaba interesado por mí y que yo le correspondía. De seguro no quiso protagonizar un altercado como el que estuvo a punto de tener con Poseidón por causa de Hestia.
-Fue inteligente. Por cierto, falta una semana para el invierno. ¿Por qué no esperaste a que llegara para bajar hasta aquí?
-Porque tu hermana se ha cansado muy pronto de mi vientre, expresó, enderezándose trabajosamente.-El parto está muy próximo. Estoy cada vez más cansada. Llévame a la cama hija. No me siento bien.
La diosa se acercó solícita y ayudó a su madre a llegar hasta el suave lecho ubicado en el lado opuesto de la habitación. La tendió con cuidado sobre las almohadas.
-Llama a Hécate, por favor. Y avísale a tu padre. No creo que tarde más de dos días ya.
-¿Dos días? ¿Estás segura?
-Éste cansancio es señal de eso. Cuanto tú naciste también aumentó poco antes del parto.
-Está bien, mamá. Descansa.
Apresuró sus pasos hacia la habitación de la hija de Perses, para avisarle del estado de su madre. Ésta se hizo cargo rápidamente de la situación y la mandó a hablar con Hades.
Una vez que la muchacha se perdió de vista, cruzó el pasillo hacia las habitaciones de Perséfone.
-¿Ya ha empezado?, le preguntó.
-No. Pero ya no tardará demasiado. Lo presiento. Mi hija nacerá hoy.
-Ven acá, cariño. Ponte cómoda, expresó mientras la ayudaba a sentarse. Cuando tengas la primera contracción sabes lo que debes hacer, ¿verdad?
La hija de Deméter asintió.
-Y pensar que Deméter aseguraba que nunca podríais tener hijos. Y ahora vas por la segunda, comentó afectuosamente.-Parece que fue ayer que eras aquella joven asustadiza.
-Mi madre se equivocó en muchas cosas. No cometeré los mismos errores que ella. Una vez que nazca la segunda podré encargarme del casamiento de la primera.
-¿Quieres decir...?
-Oh, vamos. No me digas que no te has dado cuenta de cómo se pone cuando está Tanathos cerca.
-Él también se comporta de cierta manera cuando ella está cerca. Me recuerda a Hades cuando volvía después de espiarte.
-¿Lo ves? Pero primero lo primero. Te llamaré cuando sea la hora.
Mientras tanto, Macaria entró en el salón del trono.
-¿Sucede algo hija?, se preocupó al verla tan nerviosa.
-Creo que mamá va a parir hoy y no me lo dijo para no preocuparme.
-¿Estás segura?
-Eso creo.
-Espera aquí, la previno.
El dios se levantó con premura y abandonó el salón hacia las dependencias privadas. Encontró a su mujer caminando de un lado a otro de la habitación con las manos en la cintura.
-¿Ya ha empezado?, preguntó, yendo hacia ella, y besándola en la frente.
-No. Pero ya no tardará mucho más.
Hades la besó en el cuello y le sobó el vientre con cariño. Pudo sentir a la criatura ya boca abajo.
-Parece que la pequeña Melínoe ya no quiere más estrecheces, comentó.
-No. Ya quiere salir. Por favor, llévate a Macaria, ya está muy nerviosa. Llévala a los Elíseos. Cuando está con Tanathos se le olvida todo lo demás.
-¿Ya está Hécate enterada?
-Sí, ya lo sabe, expresó, paseando con paso rápido, casi sintiendo como su cuerpo se preparaba para traer a aquella bebé al mundo.
-Cariño, tranquilízate, expresó tomándola en sus brazos. Perséfone se recostó en su pecho. Justo entonces, rompió aguas. Se separó bruscamente de él, mientras la primera contracción la recorría con saña. Se apoyó en los brazos de su marido respirando entrecortadamente.
Hades la sostuvo con fuerza, sintiendo que la preocupación hacía presa de él. Ella se levantó y volvió a pasear por la habitación, ahora más despacio.
-Vete, cariño. Por favor. Llama a Hécate.
El dios salió de la habitación sin pérdida de tiempo. Se cruzó con la hija de Asteria a medio camino. La diosa ya llevaba una gruesa pieza de tela, junto con un cántaro de agua tibia y una tinaja. Entró y le cerró la puerta en las narices. Momentos después, llegaron Leto y Mnemósine cargando aditamentos varios para el parto, como aceite, esponjas, vendas y una almohada.
Aidoneo esbozó una sonrisa nerviosa. Llamó a su hija y la llevó a los Elíseos.
-¿Ya está pasando, verdad?, se inquietó ésta.
-No hay nada de qué inquietarse, pequeña. Ahora ve con Tanathos. Yo tengo que avisarle a mi hermano que su hija está dando a luz. Vendré a recogerte a la vuelta, expresó.
-Está bien, titubeó ella.-No tardes.
"Se deseará que tarde", pensó él antes de irse.
Subió al Olimpo con auténtica prisa. Quiso el destino que sus dos hermanos estuvieran afuera, en el jardín de adelante. Ambos se levantaron al verlo venir hacía ellos con esa cara.
-¿Sucede algo, querido hermano?, intervino Poseidón, mientras extendía un brazo hacia él en ademán fraternal.
-Perséfone está..., la voz se le quebró.-Ella está dando a luz ahora mismo.
-¿Y se puede saber qué haces aquí?, se sorprendió el esposo de Anfitrite.
-Quería que supieras, expresó, mirando en dirección a Zeus.-Si todo sale bien es seguro que la traeré pronto.
-No te preocupes, Hades.-Regresa al Inframundo, le aconsejó éste.-Enviaré a Hermes más tarde.
-¡Zeus!, se oyó la voz de Hera.- ¿Dónde está tu hija? La necesito.
-Hebe está con Hefestos, querida.
La diosa apareció caminando pausadamente, en compañía de Hestia. Se sorprendió al ver a Hades.
-Me refiero a Ilitía. Me debe un paseo desde áquel día.
-Ilitía debe estar en el Inframundo ahora, querida. Perséfone está teniendo a su bebé mientras hablamos.
-¿Y qué haces tú aquí?, se sorprendió, sujetando a Hades por los hombros, girándolo y empujándolo hacia adelante.- ¡Ve con tu mujer!
-¿Vas a decirle a Deméter?
-¿Nos queda otra opción? ¡Anda!, lo apremió, volviendo a empujarlo.- ¡Vete de aquí!
-Deméter se va a llevar una agradable sorpresa, ironizó el señor de los mares, mientras observaba a Hades irse.-Fue ella la que anduvo diciendo que nunca iban a poder tener hijos.
-Eso fue un último intento de herir a Perséfone. Debió quedarle claro que se equivocó cuando quedó embarazada de Macaria.
-Pues por lo que dijo dudo que lo supere alguna vez. Para ella era más fácil que no hubieran tenido hijos, para seguir odiando a Hades en paz.
-Ustedes tres tuvieron mala suerte con ella, intervino Hestia, tranquilamente.-No entiendo por qué se resiente por cosas tan simples.
-Es Deméter, acotó Hera, enredando sus cabellos negros con un dedo.-La reina del drama. Creo que eso quedó claro cuando te gritó por haberle permitido a Hades que la desposara. Por no mencionar lo que amenazó con hacer si no se la devolvías, le dijo a Zeus.
-Solo espero que no se le ocurra intentar nada más y los deje en paz. Suficientemente cruel es el trato que los obligó a tomar.
-¿Sabías que no estaba del todo en contra de que se casara? Lo que pasa es que se enojó porque no era el que ella tenía planeado, ironizó Hestia
-Sí, Leto me dijo que quería que se casara con Apolo. Pero él mismo rechazó la idea cuando se le dijo que ella estaba enamorada de Hades y que él le correspondía.
-No sería una sorpresa que se resintiera también con él, se burló Poseidón
-Bien. Retirémonos y esperemos más noticias. De seguro pasará pronto.
Mientras tanto, Hades pisaba los Elíseos.
-No la moleste, señor, intervino Hypnos.-Está muy entretenida con mi hermano. Mejor regrese luego, cuando todo haya pasado.
El dios dirigió sus pasos hacia sus dominios sin más tardanza. Cruzó los amplios salones del palacio con verdadera rapidez. Al llegar cerca de la habitación donde se estaba llevando a cabo el parto, oyó el llanto de un bebé llenar el pasillo. Se apoyó en la pared con un suspiro de alivio.
La puerta se abrió, dejando salir a las tres diosas, que salieron cargando el material sobrante.
-Dale unos segundos a solas. Fue un parto algo largo, pero todo salió bien, ambas están bien.
-Gracias, Hécate.
-No te preocupes. Enhorabuena, tienes una hermosa hija.
Después de unos minutos tocó la puerta y entró. La habitación estaba tenuemente iluminada. Perséfone dormía, exhausta, con la cabeza vuelta sobre la almohada. Hades le acarició la frente con cariño y depositó un beso en ella. Al agacharse le fue posible distinguir el bulto depositado encima de una almohada y resguardada por su pecho. Apartó las mantas con cuidado y se encontró con dos ojos castaños que lo miraban con curiosidad por entre mechones de cabello negro y rizado.
-Se parece a ti, oyó una voz agotada, cerca. Levantó la vista para encontrarse con un par de ojos exactamente iguales a los de la criatura que descansaba sobre la cama.
-Tiene tus ojos, susurró con adoración, apartándole a su esposa el cabello sudado de la frente.
-Es hermosa, concordó, enderezándose un poco, para ver a su hija menor.-Mira lo que hemos hecho.
-Será una mujer muy hermosa.
-Pronto lo sabremos, interrumpió Hécate, mientras entraba con un cántaro lleno de dulce ambrosía y depositaba el contenido en una copa.-Los dioses nunca son niños por mucho tiempo.
Puso a la criatura en brazos de su madre y ésta le dio a probar el alimento inmortal. Luego de que hubo probado el dulce néctar, empezó a removerse y las telas ya no pudieron contener el voluptuoso cuerpo de mujer que maduró con velocidad. La diosa fue vestida y se inclinó ante su padre, reconociéndolo como el señor del Inframundo. Seguidamente se apartó y salió de la habitación para conocer el que a partir de ahora sería su hogar, con los largos rizos ondeando a la espalda.
-Es hermosa, repitió Perséfone, con arrebato.-Con razón ya no quería mi tripa.
-Ahora solo queda ir por Macaria, y presentársela al resto. Y estoy segura de que van a adorarla, expresó Hades.-Incluso tu madre.
-¿Dónde está Macaria?
-En los Elíseos. Estaba muy entretenida con Tanathos.
-De eso tenemos que hablar cuando despierte, expresó ella, arrecostándose para dormir.
Aidoneo se subió a la cama con ella y le peinó los cabellos de la frente con cuidado. Le besó la oreja y se quedó dormido a su lado.
¡Zas! Finito :v
Todo el asunto de la granada está basado en cómo se relata el asunto en el himno homérico a Deméter. Solo cambió el que acá fue voluntario y ella no quería regresar arriba. Como sabemos, en el mito no fue así. Sin embargo, si ella no amaba a Hades antes del rapto, aprendió a amarlo después.
En la Antigua Grecia, las mujeres parían de pie, sentadas, en cuclillas o en cuatro patas. Se sentaban en una silla especial, llamada "silla de parto" y parían ahí. Materiales auxiliares eran usados como aceite de oliva, esponjas de mar, telas, vendas, objetos de olores fuertes, etc. Irónicamente, la posición más común para parir (acostada con las piernas abiertas) no es la más idónea. En estas posiciones anteriormente mencionadas, la fuerza de la gravedad ayudaba al niño a bajar y las mujeres tenían, pues, esta ayuda extra para dar a luz que junto con las contracciones uterinas ayudaban a que el niño saliera más fácilmente. También se las mandaba a caminar para acelerar el proceso y para mitigar el dolor de las contracciones. En Oriente, inclusive las mujeres se ponían a realizar los movimientos pélvicos de la danza del vientre con el mismo fin.
Ahora, tenemos un problema. Perséfone no es una mujer común, es una diosa, por lo que obviamente no puede pasar por lo mismo que pasan las mujeres humanas en este trance. Como no se menciona a ninguna diosa en éste periodo de sus vidas, tuve que inventar :v Así que la eximí de los malestares del embarazo.
Lo que sí tenemos es ejemplos de divinidades en el trance del parto. O más bien, solo un caso: el de Leto. Está claro que sí sufren de dolores de parto, pues ella los sufrió. El único caso donde se relata el proceso de dar a luz a un dios es el nacimiento de Apolo, en el himno homérico a éste dios. Cuando Ilitía, la hija más joven de Zeus y Hera, la diosa que provoca las angustias del parto, llegó por fin a Delos, a Leto le sobrevino el deseo de parir, dice Homero. Entonces la diosa se apoyó en una palmera, puso las rodillas en tierra y así le dio a luz. Noten la posición.
Ahora, estaba el segundo detalle: Qué hacer con Melínoe una vez hubiera nacido. De Zeus se dice que fue un infante alguna vez, pero en realidad no sabemos por cuanto tiempo. Athena y Ártemis, se supone, nacieron adultas. De Hermes se dice que ya de niño se comportaba con la astucia de un adulto, siendo capaz de salirse y regresar a su cuna sin que Maya se diera cuenta, incluso de defenderse cuando Febo lo acusó de robarse el ganado del rey Admeto. Pero no se sabe cuánto tiempo fue su cuerpo el de un niño. Otra vez, el caso más claro era el de Apolo.
El himno dice que apenas nacido fue limpiado y envuelto en telas de lino, pero que cuando Temis le dio a probar el néctar y la ambrosía, empezó a crecer hasta volverse adulto, declarando luego las que serían varias de las armas e instrumentos consagrados a él como la cítara y el arco. Por esa época llegó a Delfos y, matando a Python, tomó posesión del oráculo.
Como ven, la infancia parece ser ajena a los dioses, ya sea físicamente, mentalmente, o de ambas maneras. Así que mejor me fui por lo seguro y la hice crecer como a Apolo.
Ahora, se preguntarán: "¿Pero no que Hades y Perséfone nunca tuvieron hijos?" No los tuvieron según la religión olímpica y la gran mayoría de fuentes escritas derivadas de las muchas versiones orales, de las cuales muchas se perdieron por incendios, saqueos, el paso del tiempo, etc. La producción literaria que tenemos hoy día, tristemente, es solo una ínfima parte de lo que hubo alguna vez en la Antigüedad.
Macaria (gr. Μακαρια) es la diosa de la muerte benéfica o bendita (el nombre viene de la palabra "makar" que significa "bendito") Según la Suidas, una enciclopedia bizantina que se perdió en su totalidad, era la hija mayor de Hades y Perséfone, complementaria a Tanathos, de quién era esposa, que era la personificación de la muerte no violenta, proveyendo una muerte más benéfica aún que éste. (Las que proveían la muerte violenta o con dolores eran las Keres. En SS, Pandora debió morir sin sentir ningún dolor ni sufrir, pero bueh…licencias creativas :v Seika tampoco debió experimentar malestares) Hay otra Macaria en la mitología, la hija de Heracles y Deyanira que ayudó a su padre a prender la pira en la cual se inmoló. Pero parece improbable que una divinidad (recuerden que no es un dios, sino un daimon, una personificación de una abstracción) tan antigua como un hijo de Nyx pusiera sus ojos sobre una mortal. El Suidas dice, entonces, que la esposa de Tanathos era la hija de Hades, una diosa con una función similar a la suya. Macaria era la reina de las Nesoi Makarioi, las Islas de los Bienaventurados, la parte del Inframundo donde iban a parar las almas de aquellos amados por los dioses.
Melínoe (gr. Μηλινοη) es la diosa de los fantasmas y las ofrendas a los difuntos. En las noches vagaba por la superficie asustando a los mortales con fantasmagóricas visiones. Los griegos creían que era la causa de los ladridos que los perros daban de noche. Su nombre podía escribirse "Melinoe" en cuyo caso la partícula "melas" significa "oscuridad/negrura" haciendo que el significado de su nombre sea "Mente Oscura"; o puede escribirse "Meilinoe" con la partícula "meilia" lo que da como significado final "La que propicia la mente", seguro en referencia a que uno ve espectros, fantasmas y esas cosas, porque talvez la mente está predispuesta a eso
Aparece en uno de los himnos de la religión órfica, en el cual básicamente se hace una referencia a su genealogía. En el himno se dice que Zeus, tomando la semblanza de su hermano, yació con Perséfone a orillas del Cocytos y engendró a Melínoe, que en consecuencia presentaría una parte de su cuerpo blanca como el alabastro, simbolizando su parte celestial, y la otra negra como el ébano, en referencia a su parte infernal. Otra interpretación dice que la parte de luz representa a Perséfone y la de la oscuridad a Hades, de quién sería hija, tomando en cuenta que Hades era llamado el "Zeus subterráneo" Pero claro, el epíteto que aparece en el himno, Cronión "amontonador de nubes", se le da a Zeus no a Hades, so…
Yo simplemente, mandé a volar a Zeus :v ¿Es que no tiene ya demasiados hijos? Uno menos no le hace daño :v El Theoi Project mantiene, sin embargo, la posibilidad de que sea hija de Aidoneo, haciéndola aparecer entre la descendencia de éste junto con las Erinias (himnos órficos), Macaria (la Suidas) y Dionisio Zagreo (Fragmento desconocido de una obra de Esquilo)
El capítulo se llama así no porque hable de ellas, sino porque se trata de Perséfone contándole a Macaria el inicio de su romance con Hades mientras espera el nacimiento de Melínoe. Por el carácter sombrío de ésta última (incluso más que el de su padre) me resultaba difícil crear una escena familiar donde estuvieran los cuatro.
Y, bueh, la próxima se termina esto :v Otra vez a sentirse a la deriva tras el final de un fic :v Ni modo.
¡Gracias por los comentarios!
¡Un beso grande!
