Disclaimer: Nada de estos dos mundos me pertenece. Son completamente de S. Meyer y J. K Rowling
Narcissa
¿Por qué no tenía miedo? Mis tíos Alphard y William nos habían dicho que debíamos de alejarnos de los vampiros, que eran seres malvados y despiadados, que no eran de fiar. Pero Carlisle… bueno él no parecía ser de esa clase de vampiros. Obviamente escuché todo con atención, me parecía fascinante su estilo de vida y que además ningún hechizo le hiciera algún daño, eso era sorprendente. Quería conocer a sus hijos, tenía mucha curiosidad.
Después de que me dijera eso de que quería beber mi sangre y que no me haría daño… no sé, sentí algo dentro de mí que ni siquiera Lucius me había hecho sentir. Me lo dijo con tanta sinceridad que me conmovió muchísimo, era algo… no tenía palabras para explicarlo.
-Bueno- dije levantándome de la cama- Ahora es mi turno, Carlisle
Tomé mi varita y se la enseñé.
-Carlisle, yo soy una bruja- dije sonriendo- Puedo hacer magia
Entonces me fije en su reacción, se había quedado con la boca abierta ¿Cómo era posible? Él puede ser un vampiro ¿Por qué yo no puedo ser una bruja?
-Lo acabas de ver, puedo hacer hechizos – dije sonriendo
-Sí, también ayer en la noche te vi…- dijo él
Demonios. ¿Me había visto hacer magia? Pero… bueno, tal vez tenía curiosidad.
Le platique acerca de mi varita, de cuando la fui a comprar y de que material estaba hecho. Se sorprendió muchísimo que el centro de mi varita fuera de pluma de fénix. ¿Eso era normal no? Pero al parecer él lo veía como algo fascinante.
-¿Dónde aprendiste toda esa magia?- me preguntó
-Hay muchas escuelas de magia, pero yo estudie en Hogwarts- contesté sonriendo
Y le platique como fue mi vida ahí, de las cuatro casas y que yo fui seleccionada en Slytherin, más bien que toda mi familia había pertenecido a esa casa y que yo no debía de ser la excepción. Le conté de las clases que recibía y como calificaban mis maestros.
-¿Cómo obtuviste tu magia?- me preguntó
Esa pregunta casi me ofendía, pero sabía que él tenía curiosidad y que no sabía nada de mi mundo
-Nací con ella, Carlisle, mi familia es enteramente de magos, y estamos muy orgullosos de nuestra pureza- contesté orgullosa
-¿Pureza? ¿Qué quieres decir con eso?-
-Que no permitimos que los muggles se mezclen con nosotros, es como una deshonra para el apellido.
Le conté qué claro, había algunos integrantes que no tomaban esa regla muy en serio y hacían lo que querían mezclándose con traidores a la sangre y sangres sucias. Obviamente también le conté acerca de los estatus de sangre que existían. Además le conté lo que en verdad significaba la palabra muggle, lo que sacó el tema del dinero, le conté como nosotros utilizábamos el dinero y nuestras monedas. Lamentablemente él preguntó si existía la magia negra, respondí que sí
-…Hay un mago, se hace llamar Lord Voldemort- dije con dificultad-. Utiliza la "magia negra" para hacer cosas horribles. Él busca la pureza de sangre, mi familia lo apoya incondicionalmente
-¿Tú también?- me preguntó
-No. Tengo los mismos ideales, pero las cosas que hace son horribles: mata, tortura y desaparece gente. En estos momentos, el mundo mágico de Londres está viviendo una guerra… es muy difícil vivir en estos tiempos para los que son nacidos de muggles o traidores a la sangre.
Él no dijo nada. Yo tampoco. Así que mejor decidí mostrarle todos mis libros de hechizos que había traído conmigo. Los hojeó fascinado, creo que no podía creer lo que sus propios ojos leían. De pronto cerró los libros y me miró.
-¿Por lo de la guerra es que tú estás aquí?-
-No. Estamos aquí… -¿Debía decirle?- es una visita familiar, nos mandaron a mi hermana y a mí para descubrir si teníamos cierto poder.
-¿Qué poder?- me preguntó
-Tú lo has de conocer muy bien: la licantropía- contesté.
Él se quedó como una estatua, mirándome y después asintió. Yo lo miré, queriendo saber que era lo que pasaba con él.
-¿Y las mandaron a las dos juntas?- preguntó
-Sí, supongo para evitar que Andrómeda se escape o algo- dije
-No lo creo, Narcissa, solo piensa un poco y relaciona los hechos. Tú me dijiste que ahora tu mundo está viviendo una guerra y que tu familia apoya a ese tal Lord Voldemort – un estremecimiento recorrió mi piel- ¿Has visto a los lobos de aquí?
-No, pero…
-Pues yo sí, Narcissa, esos lobos son enormes, pero ignora el tamaño, esos lobos son capaces de razonar no son como los hombres lobos tradicionales que seguramente tú conoces, son capaces de seguir órdenes.
Demonios. Tenía razón. Nuestros padres nos habían mandado aquí para que nos convirtiéramos en esas bolas de pelos, regresar y colocarnos en las filas de ataque de Lord Voldemort. Éramos un arma. No lo podía creer, mis padres me mandaron aquí para convertirme en una máquina de guerra o algo así. Yo no iba a ser capaz de matar ni mucho menos. ¿Lo sabría Lucius? ¡Eso no importaba! Demonios, ahora con más razón no quería convertirme.
-Como ya te dije, Narcissa, yo no dejaré que nadie te haga daño- me dijo él
Me fui a sentar a un lado de él. Estaba en shock
-No me dejes- le pedí- no dejes de que me lleven
-Jamás lo haré- me dijo
Yo me acosté sobre su pecho. Él acariciaba mi cabello. De vez en cuando una lágrima rebelde se escapaba y Carlisle me decía al oído que nunca dejará que nadie me hiciera daño. Y me quedé dormida.
