Disclaimer: Nada de estos dos mundos me pertenece. Son completamente de S. Meyer y J. K Rowling


Narcissa

En cuanto vi los zapatos que Alice y Jasper me habían regalado, automáticamente pensé en mi boda con Lucius. Pensé en que solo me quedaban dos meses en Forks, y por último recordé que Edward podía ver lo que pensaba. Lo miré y le suplique que no dijera nada, que yo ya después hablaría con todos y les explicaría. Todos los regalos que me dieron fueron preciosos, incluso el hermoso oso de peluche que me regalaron Rosalie y Emmett.

Tío Alphard y yo nos aparecimos cerca de la reserva, donde nos estaba esperando Billy. Caminamos en silencio hasta la casa de mi tío William. Estaban todas mis primas corriendo alrededor de una mesa enorme, vi como su madre, la tía Judith, estaba poniendo los platos en la mesa. Todos me felicitaron en cuanto llegue. Mis primas me dieron un gran abrazo al verme.

-¿Ya cenamos?- preguntó Billy

-Paciencia, por favor- contestó tía Judith

Al ver a mis primas me recordaba como a mí me hubiera gustado tener hermanas menores. Todas llevaban su cabello suelto, entonces las convencí a todas de que se dejaran peinar. En lo que los mayores platicaban, mis primos y yo estábamos afuera sentados en la mesa.

-¿Cómo es que lograste que se dejaran peinar?- me preguntó Billy

-Solo se los pedí- dije sonriendo

Las peiné a todas con lindas trenzas, además Nora me trajo unas flores y yo se las coloqué en su cabello. Me gustaría tener niñas en cuando yo pudiera embarazarme. Sonreí. Entonces mis tíos salieron de la casa y empezaron a servir la comida.

Toda la cena fue muy divertida, todos hacían bromas, nada como mi familia de Londres donde casi nadie hablaba en la cena. De pronto anocheció y yo me puse una chamarra que Nora me prestó. Tía Judith entró y regresó con un enorme pastel de chocolate. Todos empezaron a cantarme y yo miraba las velas, nunca me habían hecho algo así. Sonreí.

Cuando terminaron de cantar, tía Judith partió el pastel y nos dio una rebanada a cada uno. Y ahí fue cuando empezaron a darme los regalos.

Nora me regaló un hermoso suéter tejido a mano por ella misma. Billy me regaló un dije para mi brazalete, era una pequeña varita mágica que el talló. Las gemelas Jennie y Connie me regalaron unas cajitas donde podía guardar mis joyas, esas caitas estaban pintadas por ellas. Y Emmie, me regaló una pequeña muñeca que ella hizo para mí. La tía Judith y el tío William me regalaron una preciosa bufanda que hacía juego con el suéter que me regaló Nora.

-Gracias por sus regalos- dije yo mirando a mi familia- y me gustaría que todos ustedes fueran a mi boda

-¿Te casarás?- preguntaron Jennie y Connie a la vez

-Si- dije mirando a mis primas- en cuanto pueda yo les mandaré la invitación

Después de eso platicamos mucho tiempo, reímos y comimos más pastel. Ayudamos a recoger todo antes de irnos, me despedí de todos con un abrazo. Cuando nos fuimos, el tío Alphard nos apareció afuera de nuestra casa.

Cuando llegué, subí a mi cuarto, y lo que encontré me sorprendió. Eran miles de fotos mías con toda mi familia, unas eran con mi uniforme de Hogwarts y otras de la primera vez que intenté subirme a una escoba. Otra eran las que tenía con mis dos hermanas, mis dos primitos y con mis padres. Seguí viendo, otras eran de aquella fiesta de compromiso donde Lucius pidió formalmente mi mano, otra donde estábamos Lucius y yo en la playa. Todas las fotos anteriores tenían movimiento. Las últimas fotos estaban pegadas cerca de mi cama, eran fotos mías con los Cullen, yo nunca me percaté de que tomaran esas fotos, con cada uno de los miembros de la familia pero muchas más con Carlisle. Estaba maravillada ¿Quién pudo haber hecho todo eso?

-¿Te gustó?- preguntó el tío Alphard atrás de mi

-Es hermoso- dije yo mirándolo

-Era una sorpresa que Andrómeda tenía para ti, ella junto todas esas fotos antes de venir para acá- dijo tío Alphard-

-Es el mejor regalo que alguien me pudo haber dado- dije yo sonriendo- toda mi vida resumida en fotos

-Bonita forma de decirlo- dijo tío Alphard- Solo recuerda que tú puedes aumentar todas estas fotos –me extendió un álbum de fotos- Toma, guárdalas aquí.

Casi pasé toda la noche guardando esas fotos. Las veía y recordaba aquellos momentos en mi vida, por mucho ese fue el mejor regalo que mi hermana me ha hecho en toda mi vida. Cuando terminé de guardar mis fotos, me puse mi pijama y me metí a la cama.

-Mañana será otro día- dije cerrando los ojos