"¿No estás de acuerdo en que las exploraciones son la más grande de las aventuras? ¡Tu propio ingenio! ¡Tu propia fuerza! ¡Tus propios Pokémon! Y, por encima de todo, sólo la valentía para guiarte a través de mundos desconocidos... ¡Aah, sí, en efecto, ésta vida es grandiosa!"

-¡Mira eso, Brandon! –su hermano señaló la entrada de las ruinas

La tormenta de arena era recia, y si no fuera por los visores que compraron en Lavaridge, probablemente no hubieran llegado muy lejos. Se acercaron a las viejas ruinas, estupefactos ante su solemne esplendor.
-Hermanito –su hermano mayor le dio una palmada en la espalda -Estamos a un paso más de conocer los secretos de los pokémon legendarios, ¡después de todo, tenías razón!
-¿Yo tenía razón? ¡Por supuesto! –rió de su fachada egocéntrica –Si no fuera por la fuerza de tus pokémon, jamás hubiéramos llegado a la Cámara Sellada
-¡Pero tú eres el cerebro de la operación! –Contrarrestó su hermano -¡Quién diría que mi hermanito es tan brillante! ¡Nadie hubiera descifrado los mensajes de la Cámara Sellada tan rápido como tú!

Brandon se sonrojó, no era muy común que escuchara cumplidos, y menos de su hermano mayor, a quien tanto admiraba. Los dos eran polos opuestos, pero se llevaban extraordinariamente bien. Arthur, que en ese momento contaba con 24 años, era el enérgico, el optimista y, aunque a Brandon le costara admitirlo, el más fuerte de los dos. Caso contrario era Brandon, cinco años menor, más estoico por naturaleza. Se habían prometido dar a conocer juntos el resultado de sus investigaciones sobre la leyenda de los titanes de Hoenn, tema que desde pequeños les había atrapado por completo y que les había inspirado a estudiar extensivamente todo lo referente a culturas antiguas.
-Y bien, ¿qué tanto le miras? –Preguntó Arthur -¡Entra ya!

La cueva era enorme, y estaba completamente vacía. Lo único que la llenaba era el eco de las pisadas de los dos hermanos.
-¡Ah, maldita sea! –Gritó, enfurecido -¡Llegamos muy tarde!

Brandon continuó caminando por la enorme caverna. Presentía que estaban en el lugar correcto, y que sólo era cuestión de inspeccionar un poco más el área. Arthur, entre tanto, seguía gritando maldiciones al aire.
-¿Quieres callarte? Con ese vocabulario hubiera sido mejor enlistarnos como marineros en el St. Anne
-¿Esa gran cabezota tuya ya ha adivinado qué pasa aquí?
-Aún no… -miró a su alrededor, pero todo parecía indicar que era una caverna vacía –El lugar parecía más grande desde afuera, debe haber alguna entrada secreta a alguna habitación…
-¿En serio?

Él rió nerviosamente.
-No sé, es una conjetura. ¿Recuerdas que lo mismo nos pasó en la Cámara Sellada?
-Ahh… así que puede ser que se trate de lo mismo. Bien pensado
-Así que en vez de gritar como loco, busca algo que nos pueda servir
-¿Y si mejor miras hacia allá? –Arthur señaló la enorme pared frente a ellos –Digo, de algo deberían servir esas inscripciones en la pared

La distancia en la que se encontraban era perfecta para leer los grabados. Arthur esperó con paciencia a que su hermano terminara de leer y traducir.
-¿Ya sabes qué dice?
-Espera, no me presiones… -su expresión se convirtió en una de confusión al terminar

Se acercó más a la pared, y la golpeó con fuerza. Raspó sus nudillos, pero verificó su corazonada: después de todo, sí había una cámara más.
-Arthur, prepara tus pokébolas, porque estamos a punto de capturar a nuestro primer pokémon legendario
-Entonces… ¿sí hay algo aquí?
Brandon asintió.
-Y ¿qué cosa dice la pared?
-Sintetizado: que uses Golpe Roca
El otro gritó de alegría, haciendo eco en todo el lugar.
-¡Ese es mi hermano! ¡El Rey de las Lenguas Muertas!
-Sólo dile a uno de tus pokémon que use Golpe Roca para acabar con esto y buscar al siguiente

Arthur lanzó una pokébola, liberando a su Primeape.
-¡Usa Golpe Roca en esa pared! –ordenó

Primeape concentró toda su energía en sus puño, y procedió a golpea con fuerza hasta que hizo un hoyo en la pared. Arthur y Brandon tomaron turnos para ver lo que había, y acordaron que, en efecto, había una habitación más.
-Aléjate un poco –indicó Arthur a su hermano –Un golpe más y estará abierto
-¿Puedo decirte algo? –Arthur asintió –Tengo miedo…

La sonora carcajada de Arthur invadió el lugar, lo cual molestó a Brandon.
-Llegamos muy lejos como para regresar y decir que siempre no había nada. Me sorprende de ti, que eres el más entusiasmado en esto. Después de todo, ¿quién me metió la idea de ir por Hoenn, investigando sobre historia en vez de derrotar líderes de gimnasio?
-Yo… -contestó, sintiéndose culpable
-Y te voy a decir algo: gracias. No cualquiera puede salir por ahí con su hermano menor, diciendo "Hah, mi hermano sabe leer cientos de grabados antiguos mientras que el tuyo apenas y puede diferenciar un Caterpie de un Wurmple" –le dio un empujón en el hombro -¡Eres muy inteligente! Sin ti, seguiría atascado en Pacifdlog, sin saber que la Cámara Sellada existe… además… eres lo único que me queda, ¿debo estar orgulloso de mi único familiar en el mundo? ¡Por supuesto!

Arthur le entregó su mochila de pokébolas. Era una mochila pequeña, de color negro, que podía acomodarse en la cintura. Ahí guardaba su suministro de pokébolas vacías para capturas. Era su posesión más preciada.
-Hasta ahora, yo me he encargado de todo el trabajo duro con mis pokémon, pero tú mereces un mejor premio
-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó confundido, recibiendo la mochila
-¡Quiero que captures a ese titán! ¡Quiero que sea tu primer pokémon!
-¿Estás loco? Me pides demasiado… yo… yo no sabía cómo entrenarlo, yo no tengo experiencia con pokémon
-La tendrás –aseguró firmemente –Ahora apártate

Primeape concentró la poca energía que le quedaba, y con un último golpe tumbó parte de la pared. La grieta que abrió era lo suficientemente grande como para que pasara uno con mucho cuidado. Miraron la estrecha grieta: se veía algo peligrosa, con pedazos de roca que podrían caer en cualquier momento.
-Gracias, Primeape –Arthur lo devolvió a su pokébola, y luego admiró su obra –Si esto lo puede hacer un Primeape, imagínate lo que haría un pokémon legendario

La mirada de pánico que Brandon le echó fue extraordinaria.
-Bien, tal vez no debí haber dicho eso… -le empujó hacia la siguiente habitación -¡Vamos! ¡Vamos! No tengas esperando a ese pokémon más tiempo
-Pero… me va a matar…
-¡Tonterías! ¡Lleva tanto tiempo encerrado que ni ha de poder moverse bien! Ve, yo te espero aquí

Caminó un poco más, y volteó hacia su hermano, algo preocupado.
-Es más –le dijo al tener su atención –Captura a los otros dos. Nada me haría más feliz

Pareció relajarse con esas últimas palabras, y asintió. Confió en el juicio de su hermano mayor.

Caminó con seguridad por el segundo cuarto, y divisó a lo lejos lo que parecía ser una estatua. Corrió hacia ella, emocionado. De pronto, un temblor sacudió el lugar. Brandon tropezó, y cayó estrepitosamente al suelo. Localizó rápidamente a su hermano, e intentó advertirle.
-¡Arthur, ten cuidado!

Las pesadas y filosas rocas se desplomaron, cayendo sobre Arthur, sepultándolo en cosa de segundos. Los ojos de Brandon se ampliaron en horror al darse cuenta de que estaba atrapado. Se acercó a donde estaban las rocas, con la esperanza de escuchar a Primeape golpeando nuevamente.

Pero no escuchó nada.
-¡Arthur! –Gritó, desesperado -¡Ya deja de bromear y sácame de aquí!

El silencio reinó. No había risas, sólo el desesperado llanto de un muchacho que se encontraba solo.

Las cosas empeoraron cuando no sólo se escuchó a sí mismo llorar. Un eco casi robótico comenzó a sonar, y unas pisadas retumbaban por el lugar. Levantó la mirada, y divisó una enorme figura acercándose a él con un paso torpe.
-¡Aléjate! –gritó, abrazándose a si mismo

Sollozó en ese mismo lugar, sintiendo las pisadas de lo que sea que se acercaba a él. Cuando alzó la mirada, harto de llorar, la figura estaba frente a él, con los brazos apuntando hacia su cabeza. Este ser era bastante extraño, y tardó un poco en notar que era el titán de roca que estaban buscando.

Regirock emitió un sonido extraño, en una frecuencia casi apagada. Con sus temblorosas y sudadas manos, Brandon tocó el cuerpo rocoso del pokémon. Y cuando se aseguró que Regirock era un ser gentil, regresó a su llanto.

.

.

.

Esa mañana, el Battle Frontier parecía tranquilo. Desde la cima de la Pirámide de Batalla, Brandon divisó lo diminuta que se veía la gente. Seguía maravillándose con lo que veía en el lugar. Estaba seguro que Regirock, Regice y Registeel también seguían sorprendidos con lo que veían en esos momentos.

Se había convertido en un hombre fuerte. Nunca imaginó llegar a ser lo que era. Y estaba orgulloso de sí mismo, y por supuesto, de sus compañeros pokémon, los cuales le habían sido de mucha ayuda.
-Te gustaría ver éste sitio, Arthur… -dijo en voz alta; sus tres pokémon lo escucharon y lo miraron

Sintió un nudo en la garganta, e intentó aguantar. Pero no pudo. Eran lágrimas que había aguantado durante 10 años. Registeel se acercó, y puso suavemente sus manos en los hombros de su entrenador. Regirock y Regice también estaban preocupados.
-No es nada… -contestó, con lágrimas en los ojos –Son… son lágrimas de hombre

Regirock, Regice y Registeel nunca lo abandonaron.