Advertencias: What if y posible Occ, semi UA
Disclaimer: Los personajes de Fate no me pertenecen
Eres bienvenido/a a disfrutar de la lectura, y dejar tu review.
Abaddon Dewitt
Debilidad
La suave brisa del crepúsculo le golpeó las mejillas, tal vez esa sería la ultima vez que pasaría, se quedo quieto y medito por segundos toda una vida, recapitulando todo hasta el momento, no se arrepentía de nada, pero la guadaña de la muerte no le rebajo la garganta, aun que si, sintió la tibieza de la sangre escurriendo a su costado izquierdo, ardía pero no le robaba el oxigeno, el sonido seco del metal impactándose en el piso y un par de brazos rodeándole el torso fueron suficientes para asimilar lo que estaba pasando. Solo pensó en pasar sus dígitos por la revuelta cabellera dorada, el silencio fue lo que les siguió, tal vez porque las palabras sobraban entre dos personas igual de necias y orgullosas. «Todos mienten, todo el tiempo» pero el cuerpo siempre los delata, el rey dorado tensó el cuerpo antes de sucumbir a estrujar la menuda figura contra él.
—Eres una mocosa muy estúpida —chasqueo la lengua con una mezcla de enojo e ironía
¿Qué sentir?, Saber se había negado a quitarle la vida en el ultimo momento, el gran caballero ahora solo se limitaba a sollozar como una indefensa niña en su regazo, y Gilgamesh, no supo si aquello era vergonzoso, deshonroso, o al fin, había alcanzado el tesoro más preciado que faltaba en toda esa lista de riquezas, suspiro cansado, y con ambas manos tomo el frágil rostro, observo el arrebol de las mejillas y los ojos glaucos cristalizados. Frunció el entrecejo y apretó con suavidad con las yemas de sus pulgares los labios resecos.
—Un rey jamás llora —pero el rey de los caballeros hizo caso omiso y comenzó a hipar mientras sus magullados puños golpeaban el pecho de Gilgamesh
—Te odio —dijo con tanta falsedad que la sonrisa de sorna volvió al debilitado semblante del rey de los héroes —Te odio —reitero con más fuerza tratando de ser fuerte.
Arturia Pendragon se quebró antes de continuar, evoco en su pensamiento el discurso de Iskander sobre su manera de ser y la manera en que ella se sometía a una burbuja protectora en la cual nadie más que ella y su soledad podían interactuar, el pesar de sus demonios en la espalda en un camino que era solo una distante quimera, por momentos, quería dejar de ser un rey y vivir para si misma, de igual manera que se aferraba a su titulo para mostrarle al mundo que su grandeza se debía al amor ciego con su pueblo. Y entonces llegó él, porque de todas las personas que pudieron llegar a su vida, ese prepotente y tirano rey tuvo que cambiar su corazón y los latidos que bombeaban la sangre por todo su sistema.
Gilgamesh se mantuvo parco, pero su corazón latió con una fuerza tal, que juraba que en cualquier momento saldría disparado, pero no importaba si era ella quién lo recogía entre esos delgados dedos que eran capaces de arrancar vidas, la pequeña leona había crecido, volvió a suspirar y ahora la miro a los ojos con determinación, implacable, sereno, sabio… esbozo una sonrisa sincera, ella era su tesoro más preciado, porque hasta la estrella más brillante del firmamento siempre terminaba postrándose ante el soberbio sol. El rubí de sus ojos dejo de brillar por su enfermo deseo de ver la destrucción.
—¿Qué es lo qué deseas, rey de los caballeros? —junto su frente a la de ella sin soltar el agarre en su delgado rostro, temiendo que Saber se desvaneciera en cualquier momento.
—Matarte —el hilo de voz no podía competir contra el intenso palpitar de su corazón.
—Bueno, tengo la guardia baja y varios huesos rotos, empuña a Excalibur y dame caza…
—No —a ella tampoco le quedaban fuerzas, al menos no emocionalmente como para cumplir su palabra —Solo sal de aquí —señalo su pecho
—Siempre puedo arrancarte el corazón y meterlo en mi bóveda, pero entonces dejaría de ver esa sonrisa tan nefasta que tienes, y dejaría de escucharte maldecirme, o que no me soportas.
—No te soporto —Saber dejo que una suave risita escapara.
Cansado de seguir escuchando palabras que bien podía llevarse el viento, dejo que sus actos lo guiaran, sellando sus labios contra los de la servant, el beso fue correspondido casi al instante, las débiles manos femeninas lo tomaron del cuello mientras los dedos se enredaban entre el cabello dorado tirando de el con suavidad, el grial podía hundirse en el olvido, la guerra podía esperar muchos años más, y los masters podían joderse, porque no existía hombre o dios que pudiera arrebatarle lo que por derecho le pertenecía. Gilgamesh se deshizo de la armadura dejando simplemente al hombre, aquel que alguna vez sintió, debajo del déspota y ególatra que fue, que era y que sería.
—Una reina para el rey —mascullo con profundidad en sus labios
Saber lo quería así, soberbio e irreverente.
