Disclaimer: Los personajes de Fate no me pertenecen

Advertencias: Posible Ooc, UA Modern

Raiting: K+

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Abaddon Dewitt.


Pasado


Despertó agitada, su corazón se desbocaba de su caja torácica y ella apenas podía enfocar la visión un poco más allá de su nariz. Paso sus manos por el largo cabello dorado, aun con modorra, todo había sido un sueño, o más bien una pesadilla, a la distancia logró escuchar el sonido inconfundible de la consola de video juegos en la sala, era el mundo real. Se tumbo en la cama mirando al techo, un largo soplo de sus labios en forma de una «o» perfecta pera luego estirar su cuerpo como un felino, mientras volvía a meditar sobre el sueño que la había perturbado hasta hacerla despertar, aun podía sentir la carne escociéndole en el cuerpo, los huesos entumecidos y los susurros obtusos lamiéndole los oídos; un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Se levantó de la cama mientras dejaba que la alfombra reconfortara sus pies, otra vez se estiró y miro detenidamente su cuerpo, aún tenía puesta la camisa blanca, sonrío de medio lado.

Sus pies descalzos se paseaban por el complejo, hasta bajar las escaleras que la conducían directamente a la sala, observó por unos segundos al hombre que mantenía la consola portátil entre sus manos mientras estaba acostado placidamente en el sofá.

—¿Qué hay para desayunar? —la pregunta la sorprendió, era demasiado intuitivo o tenia alguna especie de poder para detectarla, ella solo resoplo.

—No sé, acabo de levantarme —. Dijo adusta y sin mucho interés, recorrió con mirada critica el panorama, latas de cerveza en el piso, cajas de pizza y comida instantánea, ese sería un largo sábado.

El muchacho se levanto para contemplarla, frunció el entrecejo y cuando el grandote pelirrojo que estaba atento a su juego de rol en el televisor, quiso voltear a saludar a la joven, recibió un golpe en la cabeza, uno de advertencia.

—Goldie amaneció de mal humor —bufo el hombre y continuó con su juego —Muy bien, llamare a Weaver, seguro nos traera algo de desayunar.

—Almorzar —corrigió su compañero —Son la una y treinta de la tarde —se rasco la nuca y lanzó la consola portátil al sofá

Camino a donde ella, pasos calmos pero seguros, era increíble como es que él aun le causaba esa sensación de nudo en el estomago cada vez que se acercaba tanto, cuando sintió, ya estaba acorralada contra la pared, la chica solo desvió la mirada y se mordió suavemente el labio inferior.

—Gil —mascullo —Están los chicos —el arrebol de sus mejillas era sencillamente adorable.

—¿Y? —él arqueó las cejas —No es como si fueran a espiarnos si cerramos con seguro —su lengua caliente paso por el lóbulo de la oreja de ella —Anoche no dijiste lo mismo —esa sonrisa perversa y sexy la derretía tanto como le provocaba patearlo lejos.

—Anoche estábamos ebrios —y allí estaba su sentido común, pero él no se iba a dar por vencido tan fácil, lo conocía y sabía que cuando clavaba la mirada en algo, lo poseía sin importarle lo que viniera, claro ejemplo, era, que ahora se encontraba en esa pequeña casa en un suburbio de Inglaterra y no en un hotel cinco estrellas disfrutando de su riqueza. —Además antes tenemos que hablar.

Gilgamesh se detuvo en seco e hizo un gesto de desagrado, Arturia rió bajito, había dado en el clavo, lo tomo de la mano para devolverlos a su lugar, los aposentos reales, o así era como Gilgamesh había apodado la recamara que compartían juntos, sus pasos se volvieron pesados pero aún así llegaron a su destino, en cuanto la puerta se cerro, el semblante de Arturia cambió, desvió la mirada, y suspiró buscando las palabras.

—Y bien mi leona, qué es eso de lo que vamos a hablar, si es sobre el matrimonio ya te dije que me permitas que pase esta temporada. —Gilgamesh resoplo mirando a la ventana, Arturia negó, ella sabía que el tiempo los apremiaría, y que no necesitaba tocar el tema de firmar un papel que los avalara como una pareja. —¿Entonces?.

—Tuve un sueño —dijo ella sin mucho interés pero con el semblante preocupado —Uno muy raro, era casi real.

Gilgamesh entendió lo que pasaba, ya había ocurrido en otras ocasiones, cuando apenas estaban juntos, sueños en los que Arturia era Arturia pero a su vez no era Arturia, era Saber, en los que Gilgamesh era un tal Archer, Diarmund Lancer e Iskandar Rider, peleaban, por un Grial, en una ciudad japonesa. Al comienzo creyeron que era por el constante ambiente de juegos de rol que Iskandar llevaba a la casa, Arturia se sugestionaba y de ahí era que venían los sueños, hasta que más tarde se volvían más constantes, más reales, más aterradores porque ella despertaba sudando y temblando despertando a Gilgamesh.

—Ya le dije al idiota de Ikandar que deje de traer esos juegos —se pasó las manos por el cabello y caminó hasta donde Arturia para abrazarla, reconfortarla con su calor.

—Esta ves fue diferente —comenzó a hipar, el sollozo se contenía en su garganta, su orgullo no le permitía aún mostrarse débil ante Gilgamesh —Esta vez yo te atravesaba con una espada y, y —el hipo fue más constante, las lagrimas saladas le escocieron las mejillas que le ardían por el sonrojo —Era demasiado real —lo abrazo con fuerza.

—Solo fue un sueño —Gilgamesh trato de calmarla —Tampoco es como si quisieras hacerlo de verdad ¿o si? —ahogo una risa y Arturia lo golpeo en el pecho.

—No digas estupideces —pliso los labios indignada, ella lo amaba, si, era pedante, egocéntrico y hasta egoísta, ni que decir celoso, pero ella lo quería así, irreverente y mal criado, era como tener un pequeño cachorro de león al cual mimar. —Solo te amo a ti —susurro avergonzada, antes de espetar algo mas, los labios de Gilgamesh ya estaban en los de ella.

—Y así será por siempre mi leona.

Los besos subieron de tono, ¿Y cómo no?, Arturia estaba vestida únicamente con la camiseta de él y unas bragas blancas de algodón, los largos dedos de Gilgamesh se colocaron en la orilla de la prenda intima y comenzó a bajarla por las esbeltas piernas, oh esa sería una tarde exquisita, sus besos pasaron al cuello y clavículas de su leona que ronroneaba ante cada caricia otorgada, estaban en su paraíso privado… de no ser porque la puerta sonó con inquietud del otro lado y Gilgamesh reprendió en su boca una serie de improperios.

—Goldie, Arturia… oigan… llegaron los nuevos vecinos y necesitan que les prestemos la compresora… y ehmm, este… Gil, tú tienes las llaves del cobertizo —oh pobre e inocente Iskandar, lo que le esperaba cuando esa puerta se abriera.

—Que se jodan —dijo Gilgamesh aún con su leona bajo su poder.

—Baja y diles que enseguida vamos —contestó Arturia en voz alta mientras dejaba que su peso cayera sobre la cama y una carcajada escapara de sus encantadores labios —Lo siento mi rey, pero el deber del pueblo llama —se deshizo del peso de Gilgamesh y busco unos shorts de mezclilla más un par de deportivas para bajar.

—Le arrancare la lengua al idiota de Iskandar —el rubio rodó los ojos exasperado mientras se resignaba.

Arturia bajo las escaleras con rapidez, busco en la chaqueta de Gilgamesh y encontró las llaves, una sonrisa sincera surco sus labios para anunciarle a Iskandar que todo estaría bien, que no debía temer de la furia del rey dorado, o León alfa, como el pelirrojo lo llamaba. Se encamino a la puerta y la abrió recibiendo a sus nuevos vecinos con la más fresca de sus sonrisas, la imagen la descoloco…

—Hola, ehmm… perdona que los moleste pero soy, bueno somos nuevos en el vecindario y… —oh por todas las musas, esa mujer era hermosa, preciosa, era… los ojos verdes, el cabello dorado como el sol, la piel lechosa… el muchacho castaño de ojos avellana se quedo mudo por un rato.

—Shirou —susurro en un hilo de voz inaudible —Yo… —apenas lograba articular las palabras —Aquí están las llaves —se recompuso cuando la mano de Iskandar estuvo sobre su hombro.

—¿Todo bien?... Oye, Arturia… Arturia —la rubia regresó a su trance antes de sentirse mareada y desvanecerse, los brazos de Iskandar la sostuvieron —¡Hey Gil, Arturia se ha desmayado! —grito mientras entraba en la casa para acomodarla en el sofá —¡Carajo Gil deja de verte en el espejo y baja de una vez!

Gilgamesh bajo las escaleras en un santiamén, corrió hasta donde su leona y preguntó con una mirada inquisidora, Iskandar no sabía que explicar, salvo mirar al muchacho que aún estaba en la puerta dudando si entrar o quedarse ahí.

—Ve por el botiquín —Iskandar asintió y rápidamente fue en dirección al baño —Oye preciosa, Arturia —la agito de los hombros con suavidad, Arturia comenzaba a regresar.

—Gil… —susurraba con dificultad

—Aquí estoy, oye… Arturia —insistió hasta que ella trato de pararse en vano —¿Qué paso?

—El sueño —contestó ella temblando —Es real —comenzó a híper ventilar, Gilgamesh trató de mantenerla tranquila.

Iskandar llego con el botiquín, mojó una pelotita de algodón en alcohol y dejaron que Arturia inhalara el olor, poco a poco retomo fuerzas. Sus ojos se dirigieron a la puerta, el muchacho ya no estaba, frunció el ceño y por instinto abrazo a Gilgamesh, aspirando hondo su aroma, los sueños eran solo eso… sueños.