¡Gracias! a todas las lecturas, hemos alcanzado las 400, muchísimas gracias, al igual que a los review, en verdad no saben lo feliz que me hacen ;_; son lo máximo. Les envío un abrazo y un beso enorme.

Astrid Lee, SashaMinari y Malfoy-Son: ¡GRACIAS! Son lo máximo :D

Notas: Debo decir que habrá Drabbles que tendrán una segunda parte, eso en respuesta a un review, y ese es uno de los que conforma la lista, por ahora traje la pre cuela de "El tesoro más valioso"

Disclaimer: Los personajes de Fate no me pertenecen

Advertencia: Posible Ooc, Integración de OC, semi Ua

Raiting: K+

Eres bienvenido a disfrutar de la lectura, si te gustó, no te olvides de dejar un review, eso me ayudaría muchísimo :D

Abaddon Dewitt


Daddy Smile


Observó el pequeño saco de carne entre sus brazos ¿Eso era en serio un bebé?, bueno la verdad es que para su vista era uno bastante feo, con ese color rosado extraño y los esparcidos mechones desiguales de pelo rubio, los ojos hinchados, las manos regordetas, nunca en su vida había sostenido a un bebé, pero ahí estaba, a un costado de la cama de su mujer, mientras la enfermera los felicitaba, y Gilgamesh solo miraba horrorizado que "Eso" hubiera salido del vientre de Saber. No supo por qué aquella escena le recordaba a esa película en la que el pasajero de una nave, da a luz de la manera más cruenta y exagerada, a un Alien que más tarde se los devoraría a todos, la diferencia es que ese pequeño ser entre sus brazos, solo se dedicaba a dormir. Su Saber, estaba placidamente durmiendo, el cabello dorado estaba esparcido por todo su rostro, y se podían divisar las pronunciadas ojeras, producto de dos días de trabajo de parto.

La enfermera le guiño un ojo antes de salir, no todos los días se veía a un papá tan apuesto, ¡Pues claro! Esa mujer estaba frente al gran rey Gilgamesh, le dijo palabras que así como entraron, salieron de sus oídos, no le había prestado mucha atención, solo se dedico a mirar el pacifico sueño de su leona, hasta que el bulto entre sus brazos se movió haciéndolo centrar su atención en ella. Si, ella, había sido una niña, y al parecer una muy celosa, porque no estaba dispuesta a que Gilgamesh le dedicara más atención a su madre que a ella, el rey dorado frunció el entrecejo, ¿Cómo se atrevía ese pequeño ser a intentar manipularlo?, debía pagar las consecuencias de su… cuando Gilgamesh clavo los ojos en la criatura, ya no le parecía tan fea, al menos no cuando abrió los ojos y observo el intenso color rubí con un ligero toque magenta, escrutándolo con altanería, una extraña sensación incomoda lo incordio y Gilgamesh resoplo.

—Hasta tú eres más interesante que todos los perros de allá afuera —dijo con un toque acido en sus palabras.

La pequeña estornudo y a Gilgamesh le pareció la acción más endemoniadamente linda, ¡Por todos los dioses de babilonia era una bruja!, o eso quería pensar antes de caer en sus inocentes encantos, Gilgamesh solo tenía ojos para Arturia Pendragon, jamás para otra mujer, pero luego recordó que esa mujer que por cierto ahora estaba entre sus brazos, era sangre de su sangre, suspiro rendido, y volvió a dedicarle una mirada intensa que no inmuto en nada a la niña, otros niños soltaban llanto aterrados cada vez que él les dedicaba esos ojos de muerte, pero ella… a ella parecía divertirle el hecho de que Gilgamesh intentara intimidarla. Chica inteligente.

¿Cuánto tiempo más debía sostenerla?, trato de acomodarla en la cuna que estaba a un costado de la cama de Saber, pero la idea fue inmediatamente descartada cuando la criatura soltó el llanto, ¡Por todos los antiguos dioses mocosa del infierno!, gruño molesto, bastante molesto, tal vez si la lanzaba por la ventana y argumentaba que todo lo que Saber había vivido solo era un sueño… uno muy estúpido si tomaba en cuenta los alaridos del día anterior, y la manera en la que lo había amenazado de que si algo le pasaba a ese saco de carne, él pagaría las consecuencias. El bebé gimoteo y se golpeo suavemente contra su pecho, Gilgamesh se quedo tieso… su corazón palpito con fuerza y de inmediato la cabecita busco el origen de los latidos para acomodarse ahí, donde supuso estaba el calor protector. Fue una sensación extraña, una que no recordaba haber sentido desde… prácticamente toda su vida, o por lo menos gran parte de ella, no supo en qué momento fue que recordó a su nodriza, esa mujer de mediana edad que le cantaba antes de ir a la cama, la única persona además de Enkidu, que le habían mostrado lo que era amar. Pero él era un rey, y no una nana para cantarle canciones de cuna a esa niña.

Camino hasta un sofá cercano a la cama y se tumbo en él sosteniendo a su hija… el termino aun le sabía extraño, se atoraba en su garganta y fluía en un muy delgado susurro, Gilgamesh aun poseía un corazón reacio, aún consideraba inferiores a las criaturas que se atrevían a pisar su hermoso jardín, y aún tenia cierto deseo por someterlas y que estas supieran su lugar, pero muy ciertamente las cosas habían cambiado, claro, desde el ultimátum de Saber, sobre el cambiar su manera de ser al menos un poco, o era mejor tomar caminos separados, y después de dos guerras y dos finales bastante claros, él accedió, por amor, por devoción a ella. Pero entonces llego ella; Gilgamesh aún recordaba vagamente la experiencia de que Arturia estuviera en cinta, no habían sido buenos meses, la perdida de sexo era lo que más lo tenía frustrado, pero a veces sonreía cuando ella se acariciaba el abultado vientre, o cuando le decía a esa bolita de carne, que papá dejaría de ser un idiota cuando le viera por primera vez, o por lo menos Saber tenia fe en ello.

—Princesa de los Heroes —susurro muy quedo.

Aquel era el termino que le daría a su primer vástago si este era varón, porque todo rey espera que su primogénito sea varón, pero el destino caprichoso le había dado una niña, abofeteándolo otra vez, y demostrándole que las mujeres podían llegar a ser fuertes, muy fuertes y de gran carácter. Los ojos rubí de Gilgamesh brillaron, el iris alargado que le daba cierto aspecto felino se contrajo ligeramente al sentirse emocionado, ¿Había valido la pena?, si, aun que no lo admitiera abiertamente, todo había valido la pena, después de tantas masacres, después de que los dioses le escupieran en la cara, y de que la mujer que amaba lo rechazara, ahora tenía su recompensa.

No importaba si le molestaban los desafiantes ojos escarlata de ese infante, si sus estornudos eran un arma que le ablandaba el corazón, o si sus brazos se entumecían por sostenerla por mucho tiempo en brazos, Gilgamesh poseía el tesoro más grande en la tierra… su hija.

Anika…

¿Qué tan complicado es cuidar de un niño?, si bien, él había gobernado Babilonia durante su más grande apogeo, eso era muy diferente a cuidar de Anika, la pequeña mocosa, porque su pueblo le temía y se sometía, pero ella soltaba berridos ensordecedores para desesperarlo e incluso llegar a amenazarla con su puerta de babilonia, pero el puchero y los ojos cristalinos en su carita, terminaban por doblegarlo de mala gana, si Arturia se enteraba de su estupidez, eso sería un gran problema porque terminaría durmiendo en el incomodo sofá de su despacho. Se pasó las manos por el rostro, buscando una señal divina, ¡Algo para mantener a la bestia satisfecha!, la tomó entre brazos, y ella espero expectante con esas mejidas regordetas que se hinchaban para hacer pequeñas burbujas de baba.

—Juro que tu madre va a pagar esto —gruño pero Anika respondió con risitas tontas.

Se sentó en su sofá y materializo su ya típica copa de vino, Anika lo miraba desconcertada, curiosa, estiro los bracitos para pedir de ese líquido rojo pero Gilgamesh se negó, había demasiadas restricciones, otra vez rememoro las advertencias de Saber. ¡Si tan solo hubiera aceptado el jodido trabajo!, pero no, él no se iba a ensuciar las manos con los perros bastardos ¡Jamás!, recordó entonces que Arturia había dejado algunas cosas para alimentar a la bebé y con ella en brazos se adentraron en la cocina. Sobre la barra encontraron tres botellas, una de leche, una de infusión y dos de jugo, ¿Cuál de todas le tenía que dar?, medito como si aquello fuera el secreto de la vida, cuidar de alguien más que no fuera él estaba comenzando a tornarse exasperante. Sin pensar en nada más tomo la primer botella ignorando si era jugo, leche o te, la llevo a la boca de la criatura que soltó en llanto al no ser lo que quería, Gilgamesh casi la lanza desde el balcón, de no ser por las palabras de Arturia que le hicieron eco «Si algo le pasa a mi hija, te decapito Rey de los héroes».

—Puedo saber ¿Qué mierda quieres? —los ojos de pardo escarlata lo escrutaron y el pequeño ceño se arrugo en una expresión desafiante… oh.

Gilgamesh abrió ligeramente su expresión con sorpresa ¿Esa niña lo estaba desafiando?, si, bueno de tal palo tal astilla, le dio la segunda botella y determinantemente Anika la rechazo ¡Por todo lo que es sagrado!, la tercera fue la vencida, por el momento, la niña comenzó a chupar el biberón, hubo un momento en el que existió la paz, al fin se había quedado dormida, Gilgamesh suspiró aliviado al fin podía ir a beber o hacer algo más productivo, como por ejemplo… dormir.

Quiso dejarla en la cuna y no saber nada más de ella hasta que su madre llegara, pero no pudo, cuando Anika sintió el abandono de los brazos, soltó otra vez en llanto, el rey dorado ahogo un grito de enojo y no tuvo opción más que tumbarse en el sofá junto a la mocosa, por un largo rato, se olvido de todo lo que lo rodeaba, soplo los mechones rubios de la niña que se movieron de manera graciosa, eran suaves, como hebras de oro puro. Lentamente el cansancio fue ganándole, sus brazos se enroscaron en la criatura por mero instinto como los de un león protector, y ella se quedo dormida junto a Gilgamesh.

La puerta se abrió lentamente, Saber estaba agotada, y sin humor para tolerar el ya exasperante carácter de su marido, pero… llegando a su despacho donde siempre lo encontraba, se topo con la imagen más extraña del rey de los héroes, allí dormido en el sofá con Anika en brazos, rendidos. Se acerco para quitar a la pequeña de un lugar que aparentemente era incomodo, pero los brazos de Gilgamesh se aferraron al bultito, y Arturia se ruborizo emocionada. ¿Dónde había quedado el rey prepotente?

Esa fue la primera vez que Arturia se conmovió con la sonrisa de papá.