Capítulo 5
Y así estaban, su pecho contra el de ella, piel con piel, rozándose, acariciándose deliciosamente con cada movimiento de sus cuerpos; sin nada más en qué pensar sino aquél momento, sin nadie que los molestara…
El placer y la dicha que la embargaba no la dejaba pensar con claridad. Aquél momento, mágico e inigualable, la estaba conduciendo a un estado de éxtasis superior a muchos por los que había atravesado. Ni siquiera cuando perdía sus sentidos a causa de las drogas era capaz de experimentar semejante placer.
Se preguntaba cómo había llegado hasta ahí. ¿Cómo había logrado meterse a la cama de aquél joven rubio de ojos azules tan pronto? No tenía la menor idea pero sin duda alguna era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo.
Aferrándose a su espalda, lo jaló del cabello para mover su cabeza y poder besarlo.
Oh sus labios…
No había conocido otro sabor como aquél. Tan adictivo, tan dulce, tan delicioso… tuvo que aceptar para sí misma que le gustaba. Ese chico le gustaba mucho y estaba haciendo lo que no debía con él: involucrar sentimientos.
Él aumentó el ritmo de sus movimientos al tiempo que el placer incrementó llevándolos a quedarse sin aliento. Ambos cuerpos explotaron seguidamente en la descarga de un intenso orgasmo del que tardaron varios minutos en recuperarse.
-Eres preciosa, Kari…- dijo él, acariciando su rostro y depositando besos por sus mejillas y labios. La chica sonrió y le quitó un mechón de cabello de la frente que se le pegaba por el sudor.
-Y tú guapísimo, TK.- murmuró besándolo luego.- TK… TK…- el chico parecía no escuchar y fue cuando otra voz la hizo reaccionar.
-¡Hikari!- gritó Ken asomando la cabeza entre las sábanas. Kari lo miró, algo consternada pues se había perdido en sus fantasías mientras la lengua del chico jugaba con su zona íntima.
-¿Eh? ¿Qué pasa?- preguntó nerviosa.
-¿Quién es TK?
-¿Qué?
-Lo que escuchaste.- Ken se movió para sentarse sobre la cama y ella hizo lo mismo.- ¿Quién es TK?- inquirió de nuevo tras prender un cigarrillo.
-Es…- la castaña se mordió el labio sintiéndose extrañamente apenada. Entonces había dicho su nombre en voz alta… ¿por qué? ¿Por qué había fantaseado con aquél rubio que apenas y conocía? Un nudo se le formó en el estómago y cogió un cigarro de la cajetilla mientras su mente iba a mil por hora buscando una buena excusa. Los profundos ojos oscuros del chico la escrutaban esperando una respuesta.- No has terminado tu trabajo.- dijo ella queriendo desviar la atención de aquella pregunta.
-Creo que has tenido suficiente por hoy.- la molestia en su voz fue demasiado evidente y Kari soltó un suspiro.
-No sé quién es TK y no sé por qué dije eso.- fue lo que consiguió articular. Ken siguió fumando y ambos se quedaron en silencio por un buen rato.
La chica indagó en su mente buscando una respuesta lógica a aquél suceso. Aún le costaba creer que hubiera fantaseado con el hermanito de Matt; hasta donde sabía ese chico la irritaba y la sacaba de sus casillas, hacía más de una semana que no lo veía y en todo ese tiempo no había pensado en él… conscientemente.
-Será mejor que te vistas. Te llevaré a tu casa.- dijo él haciéndola sobresaltar al romper el silencio.- Y por favor si vas a fantasear con alguien más mientras tenemos sexo no me lo escupas en la cara.- la castaña sólo asintió y lo siguió con la mirada hasta que él se encerró en el baño.
-¡Maldición!- gritó en voz baja dándole un golpe a la cama. Se levantó y comenzó a vestirse.
Rápidamente, echó un vistazo en el espejo. Había subido un poco de peso, sus mejillas tenían rubor natural y las ojeras que solía ocultar bajo el cargado maquillaje ya casi no se notaban. No pudo evitar soltar una sonrisa. Hacía mucho que la imagen que veía reflejada había dejado de gustarle, pero ahora, la Kari que estaba ahí parecía nueva y se sentía cómoda con ella.
-¿Qué rayos pasa contigo, idiota?- se preguntó a sí misma.- Enfócate en el maldito plan.
El reloj marcaba las 4:35am. Por el piso habría regadas al menos unas treinta colillas de cigarro y dos cajetillas.
Era inútil que fuera a meterse bajo las colchas para intentar dormir. Sabía que no podría hacerlo. El insomnio, la ansiedad y un evadido sentimiento de culpa y remordimiento se la estaban comiendo viva aunque su aspecto parecía no reflejarlo.
Decidió salir de ahí antes de que sus pensamientos terminaran por destruirla. Desde que había accedido al maldito plan de Mimí las cosas habían cambiado y se odiaba en sobremanera, porque no debía ser así, ¿o si? ¿Por qué de pronto le preocupaba Matt, su futuro o la reacción que tendría Sora al saber que su prometido se enamoró de otra? ¿Y qué había de ella? ¿Qué sentiría después de haber logrado su objetivo y deshacerse del rubio?
-Deja de pensar.- se dijo a sí misma en voz baja mientras caminaba por Central Park en esa oscura y fría noche de primavera.
Le sorprendió darse cuenta que apenas y había gente por ahí. El hermoso panorama que había sido cede en numerosas películas y libros, carecía de belleza al verse desierto.
-¿Por qué fantasee con TK?- se preguntó nuevamente en voz apenas audible.
No había logrado llegar a una conclusión estable del por qué le sucedió eso aquella noche con Ken. En todo caso en su fantasía debió haber aparecido Matt.
Aquella situación la estaba volviendo loca. Pensó que quizás hubiera sido mejor no aceptar, no involucrarse con aquellas personas. Pero, de ser así, ¿qué estaría haciendo ahora? Seguramente viviendo una noche más a la espera de que algo excitante le sucediera.
Dentro de ella hervía el anhelo porque las cosas cambiaran. Porque su realidad fuera alterada de una manera dramática… una parte de la Kari que creía en el amor y la magia estaba pidiendo a gritos ser sacada del cobertizo en el que la amargura y decepción la habían encerrado, y que por desgracia el orgullo se encargaba de vigilar que no saliera.
Sus pensamientos fueron interrumpidos con el crujir de una rama. Rápidamente volteó pero parecía estar sola. Ni una sola alma iba tras ella. Pensó que quizá el insomnio estaba afectando sus nervios. Siguió caminando despacio y volvió a escuchar otro ruido. Su pulso aceleró simultáneamente con los latidos de su corazón y se dispuso a volver a su dormitorio.
De reojo percibió la silueta de alguien siguiéndola. Se giró y en ese momento fue sorprendida por la espalda, alguien sujetó sus brazos por atrás y le tapó la boca. La chica forcejeó intentando zafarse de aquél sujeto y otro, de aproximadamente 1.87mts, robusto y con un pasamontaña en el rostro salió de detrás de un árbol y apuntó a su cuello con una navaja.
-Hola, primor.- murmuró con voz ronca.- ¿Estás asustada?- Kari entrecerró los ojos mirándolo con desprecio intentando ocultar el miedo.
-Relájate, cariño. Sólo queremos que tengas un buen tiempo.- dijo el otro cerca de su oído tras darle un lengüetazo en la mejilla.
La castaña siguió moviéndose pero la fuerza de aquél gorila era mayor a la de ella y le estaba lastimando los brazos. El hombre la hizo girar para verla de frente mientras el otro rápidamente le sujetó las manos y las esposó por detrás.
-Verás como te vas a divertir.- le dijo, apretando uno de sus senos. Desesperada, mordió la mano del tipo que le tenía tapada la boca apretando la piel con todas sus fuerzas.
-¡Perra!- exclamó él mirando la herida sangrar.
-¡Auxilio! ¡Ayúdenme!- gritó ella a todo pulmón y el hombre le dio una bofetada con el puño cerrado haciéndola sangrar de la nariz.
-Esto lo vas a pagar, estúpida.- con suma prisa, desgarró la blusa de Kari mientras ella lloraba sintiéndose aún mareada por el golpe. El tipo se desabrochó el pantalón, sacando su miembro erecto y pegándolo contra el abdomen de ella.
-¡No, por favor!- suplicó la chica mientras el otro hombre le sujetaba los brazos en la espalda y presionaba la navaja contra su cuello.
Con algo de dificultad debido a la herida en su mano, el tipo le bajó el pantalón a Kari.
Y entonces por su mente empezaron a pasar muchos recuerdos de su infancia, adolescencia; momentos que había compartido con su familia, con Yolei… pensó que ese era el fin. Estaba siendo abusada cruelmente por dos malditos pervertidos. Se sentía sola, impotente, indefensa, acabada… era el fin. No había nadie alrededor. Parecía como si el Universo hubiera planeado que eso sucediera aquella noche a favor de esos dos.
Cerró los ojos esperando ser penetrada, desgarrada y herida.
Awww he vuelto!
