Capítulo 7
-¿Cómo se te ocurrió hacerle eso a Kari? ¿Es que estás loca!- gritó Ken furiosamente al entrar de golpe en la habitación de la castaña. La chica se limpió el polvo blanco de la nariz pero no levantó la mirada. Los ojos de él estaban totalmente enrojecidos por el coraje. Quería descuartizarla en ese momento, lanzarse sobre la mesa, único estorbo entre los dos, para estrangularla por el cuello.
-Oso, Enjambre, retírense, más tarde termino de ajustar cuentas con ustedes.- dijo ella después de lo que pareció una eternidad. Los dos hombres, altos y robustos, que se hallaban de pie junto al sillón donde ella yacía, se miraron entre sí y salieron dando un portazo que hizo retumbar las ventanas.
-¿Por qué hiciste eso, Mimí?- farfulló Ken entre dientes apretando los puños de coraje. La chica finalmente lo miró a los ojos. Negro con marrón se encontraron como en muchas otras ocasiones y un brillo deslumbró ambas pupilas. Un escalofrío le recorrió la espalda y se puso de pie, dando pasos lentos, hasta acercarse a él.
-Esa zorra no debió tocar lo que es mío.- dijo, acariciando el pecho de Ken. Desabotonó su camisa haciendo rozar su piel contra la de él para provocarlo.- Tenía que darle una lección.- el chico no resistió más y la tomó de los brazos apretando con fuerza sus muñecas. Mimí hizo una mueca de dolor e intentó soltarse pero él la atrajo quedando sus rostros a escasos centímetros de distancia.
-¿Cuándo vas a entender que entre tú y yo no hay nada?- exclamó casi gritando.- Que te entre en la cabeza que no soy tuyo y jamás lo seré. Puedo salir con quien quiera cuando quiera y eso no te da derecho a intervenir en mis relaciones, ¿oíste?- la chica arqueó una ceja sintiéndose retada por aquellas palabras.- No quiero saber que volverás a lastimar a Kari porque puedo hundirte, Tachikawa.- la castaña soltó una risa irónica y Ken la soltó.
-Tus amenazas no me asustan, Ichijouji. Bien sabemos que si tú abres la boca te hundes junto conmigo.- Ken estuvo a punto de perder los estragos y darle una bofetada pero sabía lo que eso implicaba. A pesar de que le hervía la sangre su sentido racional aún no se nublaba por el coraje.
-Una vez más te lo advierto, Mimí, aléjate de Kari.- sin dar lugar a réplicas se dio la media vuelta y salió dejándola completamente sola.
La chica fue al mini bar de la habitación y se sirvió una copa de whiskey. Se quedó pensando en lo que había hecho. Quizás sí había sido muy exagerado mandar secuestrar a Kari pero ella nunca dio la orden que abusaran de la castaña.
-¡Malditos!- gritó estrellando la copa de vidrio en el piso. El rostro se le enrojeció todo y las venas de los brazos y el cuello le saltaban.
Durante casi cuatro años mantuvo una relación activa con Ken. Ambos se involucraron por negocios personales, como la compra-venta de drogas, pero en ese tiempo ella salía con Matt y hablaban sobre planes de boda. Jamás se imaginó involucrarse tanto con Ichijouji, pero no le fue difícil, ese chico era pasión andando. Tras enterarse del amorío que su prometida tenía con otro, Matt decidió cancelar la boda alejándose completamente de ella y de ese ambiente, desenfrenado y sin límites, al que se había acostumbrado. Después de cuatro meses interno en un centro de rehabilitación, decidió enderezar su vida refugiándose en la iglesia, en donde un año después conoció a Sora, quien fue su apoyo para que terminara la universidad y lograra conseguir puestos importantes en renombradas sucursales bancarias.
-Esto no se va a quedar así.
Las paredes estaban tan blancas que parecía como si estuvieran recién pintadas. Los diversos cuadros que las adornaban encajaban perfectamente con la armonía de colores que representaba aquella casa. Había una foto al centro de una pared en la sala en la que aparecían los cuatro miembros de la familia Ishida. El reverendo junto a su esposa a espaldas de dos banquitos en donde se hallaban Matt y TK de niños. Al lado de ese cuadro había otro en el que aparecía la señora Ishida vistiendo de novia en lo que parecía Central Park.
Kari disfrutó el recorrido que sus ojos le daban a la preciosa casa mientras esperaba a que TK bajara con ropa limpia.
Tras el susto que se llevó durante la madrugada y casi todo un día metida en la delegación donde levantó la denuncia, el reverendo le insistió en que esa noche durmiera con ellos, alegando que se sentía responsable por ella y temía dejarla sola mientras esos tipos no fueran capturados. Kari aceptó sin objetar pues el pensar que podían aparecerse en su dormitorio en la universidad la hacía temblar de miedo.
-Aquí tienes.- dijo TK entregándole una camisa interior blanca y un pantalón azul con franjas rojas de franela como pijama.- Ven, si quieres sígueme y te diré dónde dormirás.- la chica asintió simplemente y lo acompañó, escaleras arriba, hasta la habitación de Matt. Tenía una cama matrimonial con respaldo de madera, hacia ambos lados dos burós negros, un peinador y otra puerta.- Éste es el baño. Ahí hay toallas, creo que Matty tenía un cepillo de dientes nuevo, en fin… si necesitas algo mi cuarto es el que está al final del pasillo.- Kari asintió dándole un vistazo rápido a la habitación.
-TK…- lo detuvo ella antes de que saliera. El chico volteó y al encontrarse con los ojos almendrados de ella, una sensación de adrenalina invadió su cuerpo.- Muchas gracias… por todo.- él simplemente asintió y salió cerrando la puerta tras de sí.
La chica decidió darse un buen baño sin que pudiera evitar quebrarse en la regadera al recordar cómo esos malditos la habían atacado.
Miró la marca de las esposas en sus muñecas, que fácilmente pudieron quitarle en la delegación; le dolía la mejilla en donde fue golpeada, tenía diversos raspones en los costados, brazos y piernas. A pesar de que había restregado su piel varias veces, seguía tallándose queriendo quitar la suciedad interna.
Porque así era como se sentía: sucia, manchada, sin valor. Y no era solamente por lo que acababa de ocurrirle, es que ya su vida carecía de sentido. Había probado casi todas las drogas habidas, conocía bien sus efectos, sexualmente se había involucrado con hombres y con mujeres, incluso fue partícipe de una grabación pornográfica, tenía todo cuánto quería con simplemente tronar los dedos y tras dicho evento sucedido esa madrugada, se había dado cuenta que nada de esas cosas tenían un valor real. Los efectos duraban un rato y ¿qué después? Quedaba sintiéndose vacía, sin alma, esperando a que la muerte le llegara pronto.
Se preguntó si eso les pasaba a todas las personas. Aunque no lo creía posible. Había quienes parecían haber encontrado su propósito en la vida y disfrutaban de su trabajo, de su familia, de las cosas que hacían, y su pregunta era ¿cómo lo hacen? Quizás tras esto que acababa de ocurrirle era una oportunidad para que emendara su camino y corrigiera aquellas cosas que no le gustaban pero como siempre, la culpa le impedía hacerlo y aquella vocecita en su cabeza que le recordaba a diario la sarta de locuras que había hecho y la gente a la que lastimaría si se enterara, no la dejaba en paz.
Tras salir de la regadera y vestirse con la ropa que TK le había dado, desenredó bien su cabello y se acostó en la cama sin levantar el cobertor. Se hizo un ovillo, mirando hacia un portarretrato que había en el buró en donde estaban Matt y Sora, ella abrazándolo por la espalda. Parecía haber sido tomada con una cámara profesional y ambos salían sonriendo naturalmente.
-Eres una mierda, Hikari. ¿Cómo se te ocurre destruir su felicidad así?- pensó para sí misma mientras las lágrimas volvían a rodar por sus mejillas. En eso tocaron a la puerta.
-¿Puedo entrar, Ronnie?- escuchó la voz del reverendo. Ella se sentó sobre la cama limpiándose el rostro y aclarándose la garganta.
-Sí, claro.- el reverendo, un hombre muy guapo, de cabello castaño, entró con una sonrisa en los labios, gesto que Kari le devolvió, y se sentó al borde de la cama girándose un poco para verla de frente.
-¿Cómo te sientes?- preguntó con suma tranquilidad. Por alguna extraña razón, su presencia emanaba mucha paz. La chica se encogió de hombros tragándose el nudo de la garganta.- ¿Físicamente hay algo que te duela? ¿Quieres que te consiga algo de medicamento…?- Kari negó agachando la cabeza sin poder retener las lágrimas que resbalaron por sus mejillas. Hiroaki soltó un profundo suspiro y apretó una de las manos de la chica.- Ronnie, sé que eso que viviste no fue para nada fácil. Y no sé si esto que vaya a decirte te sea de ayuda pero tuviste suerte, preciosa. ¿Cuántas jovencitas no hay, víctimas de un abuso y que muchas de ellas terminan muertas? Bendito Dios, que te ama, que no permitió que esto pasara a mayores, ¿y sabes algo?- Kari levantó el rostro, bañada en lágrimas, que el reverendo delicadamente limpió con sus nudillos.- Yo soy un hombre de fe y no me gusta creer en las coincidencias.- se detuvo un momento mirando hacia la cama y esbozó una media sonrisa.- A mí me tocaba estar ahí en Central Park, yo dirijo ese grupo de oración y por alguna razón no fui. Tuve que llevar a mi hijo mayor al aeropuerto y por eso envié a TK en mi lugar.- Kari abrió los ojos sorprendida por lo que estaba escuchando. El señor Ishida sonrió ampliamente.- Ahora sé por qué las cosas sucedieron de esa manera. Todo tiene un propósito, todo lo que vivimos pasa por algo y en nosotros está el decidir si queremos usarlo como una lección para bendecirnos o como una maldición con la cual cargaremos siempre.
Tras meditar en aquellas palabras y recapitular los hechos pasados, finalmente la castaña se decidió a hablar.
-Yo no tenía que estar ahí.- dijo, con la voz ronca.- No podía dormir y sin pensarlo simplemente salí del campus y quise ir a caminar. Yo…- se quebró nuevamente, tapándose el rostro con las manos. El reverendo se movió, acercándose a ella, y la abrazó con fuerza.
-Ya pasó, Ronnie, ya pasó.- le repetía mientras acariciaba su cabello.- Estás a salvo, estás con vida, y esta experiencia será parte de tu testimonio.
-¿Mi testimonio?- inquirió aclarándose la garganta, sin comprender lo que eso significaba. Hiroaki tomó una caja de pañuelos que había dentro del cajón del buró y se la dio a la chica.
-Así es. El día de mañana, puedo asegurarte, que encontrarás gente en tu camino que ha pasado por eso, que lo esté pasando o a la cual puedas prevenir para que no le suceda. Tu experiencia es tu arma de bendición y aunque claro, Dios a nadie le desea mal alguno, Él puede usarte para que seas bendición a otros y no te sientas avergonzada de lo que pasó.- Kari repitió una a una esas palabras sintiendo una inmensa paz. Nunca se había detenido a pensar de esa manera. ¿Entonces ese era el secreto de la felicidad? ¿Ayudar a otros, verlos felices, la haría feliz? Una parte de ella aún lo dudaba.- Esta es tu casa, linda. Cualquier cosa que necesites puedes pedírmela o a TK. La cocina incluso es tuya por si te da hambre más noche, puedes tomar lo que quieras.- añadió él sonriendo. Kari sonrió también y se puso de rodillas en la cama.
-¡Muchísimas gracias!- exclamó sumamente aliviada y abrazó al reverendo tomándolo por sorpresa. Y justo ahí, en ese abrazo, se dio cuenta de cuánta falta le hacían sus padres y que había estado evitando ese sentimiento de extrañarlos.
Tras dejarla sola nuevamente, el señor Ishida bajó a su pequeña oficina para preparar los deberes del día siguiente.
Kari miró el reloj de pared, eran las 10:15pm. Muy temprano para dormir aunque se sentía terriblemente cansada. Mentalmente recordó que debía hablar con Robert y explicarle lo sucedido antes de que se enterara por los medios de comunicación y fuera a parar a oídos de su padre.
Era increíble cómo una situación así le había cambiado el mundo tan rápido. Porque definitivamente se sentía diferente después de haber tenido esa charla con el reverendo.
-Es porque es religioso.- pensó, aunque él nunca le mencionó referencias bíblicas. Quizás así era la vida para una persona con fe y por eso había tantos optimistas en la calle. Quizás lo único que necesitaba era volver a tener fe.
¿Les gustaría contarme cómo conocieron al amor de su vida o cuánto han durado enamoradas/os de una persona y si su historia tuvo/tiene un final feliz cuál es y si no también? Sólo es curiosidad :p
