Capítulo 8
Los chicos caminaban manteniendo una charla muy animada a la entrada del campus universitario. Kari estalló a carcajadas cuando a TK se le resbaló un poco del helado que iba comiendo y manchó su camisa blanca que había estado cuidando con mucha delicadeza.
-¡No!- gritó él exagerando su reacción mientras la castaña se doblaba de risa.- ¿Te parece muy gracioso, Ronnie?- inquirió él divertido y ella volteó a verlo con lágrimas en los ojos.- ¡Ven acá!- la tomó del brazo y le embarró parte de su helado en la nariz, la chica se movió rápido, y manchó una de las rosadas mejillas de TK con su cono de fresa.
-¡Estás loco!- dijo ella entre risas quitándose la nieve del rostro con las manos.
-¡Hikari!- escucharon de pronto la voz de un hombre que los hizo reaccionar con seriedad. La chica se volteó y miró a su padre caminando hacia donde estaban.
-¡Diablos!- murmuró sin percatarse de la intensa mirada que TK le echaba.
-¿Quién es él? ¿Lo conoces?- le preguntó el rubio en voz baja.
-¿Quieres explicarme qué es esto?- dijo Susumo mostrándole un periódico en el que aparecía la foto de ella, mencionándola como la hija de un importante empresario dueño de una reconocida cadena de hoteles, que había sido víctima de un abuso en Central Park.- ¿Por qué no me lo dijiste de inmediato? Tuve que enterarme por los medios de comunicación, ¿sabes cómo me siento, Hikari?- la reprendió con severidad, manteniendo un tono alto y autoritario en la voz. La chica sólo lo miraba, mordiéndose el labio, sintiendo mucha pena. TK permaneció callado al lado de ella, sin dejar de observar a Susumo.
-Lo siento.- fue todo lo que pudo decir Kari.- No quería preocuparte, papá…
-¿Sabes cuál es el colmo? Que al venir me entero que tenías comprado a Robert y le pediste que no me dijera nada, y por si fuera poco, no viniste a dormir a tu habitación en dos días y te quedaste en la casa de unos extraños…
-Señor.- habló TK arrepintiéndose al instante al ver la encendida mirada que Susumo le dio. Lo escaneó de arriba abajo con los ojos llenos de rabia.- Si me permite decirlo, su hija se ha quedado en nuestra casa. Mi nombre es Takeru y soy hijo del reverendo Ishida.- el señor Yagami arqueó una ceja, como si no hubiese comprendido la situación, y volteó hacia su hija pidiéndole una explicación. Kari soltó un profundo suspiro antes de hablar.
-El día que sucedió el incidente yo había salido a caminar a Central Park, el papá de TK…- dijo, mirando al rubio a los ojos, quien le regaló una cálida sonrisa para animarla a que siguiera hablando.- Dirige un grupo de oración ahí por las mañanas y sucedió que ese día había enviado a TK quien fue el que me salvó.- acentuó la última frase, sin despegar los ojos de los de él. Susumo la miraba sorprendido. Por un instante le pareció que la chica que tenía frente a él no era su hija. Se veía diferente, hablaba diferente, con una seguridad que no era característica de ella y se dio cuenta de lo mucho que había cambiado, su Hikari estaba madurando muy rápido.- De no ser por él, no sé qué habría sido de mi, papi…- dijo, llenándosele los ojos de lágrimas.- El reverendo me ofreció quedarme en su casa para protegerme en caso de que esos tipos quisieran buscarme de nuevo aquí.
-¡Oh, mi Kari!- Susumo la abrazó con fuerza, la chica se echó a llorar escondiendo su rostro en el cuello de su padre, inhalando profundamente su dulce colonia que había extrañado tanto.- No tienes idea del infierno que pasé al no saber de ti. Si estabas bien, en dónde estabas… si algo te pasa, me muero.- las palabras de él hicieron que las emociones de la chica se movieran aún más y no dejaba de llorar.- He tenido que despedir a Robert. Ese idiota debió decirme de inmediato lo que había pasado…
-¿Qué?- de pronto ella reaccionó.- No papá, no lo despidas, él es bueno y me ha cuidado bien. Sólo que cuando le pedí que no te dijera él me vio muy afectada y…- la chica se encogió de hombros. Sabía que si lo despedían su padre enviaría a alguien más a cuidarla, o peor aún, se iría a vivir con ella y ahora sí, no podría terminar el trabajo para el cual Mimí le pagaba.
-Eso lo discutiremos más tarde.- dijo él sonriendo.- Ahora vamos a comer algo y a ponernos al día.- la chica asintió simplemente y volteó su mirada a TK, quien había permanecido ahí todo el tiempo, sabiendo guardar su distancia.- Hijo, dime de qué forma puedo pagarte a ti y a tu familia lo que han hecho por mi hija.- los azules ojos del rubio se abrieron en asombro y negó con la cabeza.
-No, señor. No es necesario. Todo lo hemos hecho de corazón y por el simple hecho de ayudar a…- miró a Kari, haciendo una pausa al hablar.- Hikari.- en ese momento la chica se dio cuenta de que más tarde tendría que inventar una buena excusa del por qué le mintió sobre su nombre y pedirle que la siguiera llamando Ronnie. Si Matt se enteraba de eso, si Mimí se enteraba de que ellos conocían su identidad… podía darse por muerta.
-Te estaré eternamente agradecido.- Susumo se acercó y le dio un fuerte abrazo a TK.- Déjenme al menos invitarlos a cenar. Esta noche, dile a tu padre. Pasaremos por ustedes a eso de las 9:00pm, ¿está bien?- TK miró a Kari quien simplemente sonrió encogiéndose de hombros. El chico sonrió también y asintió.
-Está bien, señor.
-Despídete, Hikari. Te espero en tu dormitorio.- dijo Susumo, regalándole una sonrisa a TK y después yéndose de ahí.
-TK, yo…- los almendrados ojos de ella se hallaron con los de él, pidiendo a gritos a través de su mirada que no la cuestionara. El rubio sonrió y le quitó un poco de nieve, ya seca, que le había quedado en la mejilla. La chica se estremeció con el contacto de su mano.
-Está bien, Kari. Ya tendremos tiempo para platicar. Siéntete tranquila que tu secreto está a salvo conmigo.- ella sonrió y lo abrazó con fuerza. TK la sujetó por la cintura, recargando su barbilla en un hombro de ella. Era increíble cómo sus cuerpos se complementaban a la perfección. Kari nunca se había sentido tan a gusto abrazando a alguien como ahora.
-¡Muchas gracias!- exclamó sintiendo un gran alivio.
-Sólo… prométeme que vas a cuidarte bien. No quiero que algo malo vaya a sucederte.- la chica se mordió el labio para reprimir una enorme sonrisa. Lo miró a los ojos buscando en ellos una explicación a sus palabras.
Entonces, ¿eso significaba que a él le importaba? ¿A TK le preocupaba su vida? Su cuerpo se llenó de una extraña sensación que hacía muchos, muchos años no había sentido. Aquello la hizo ver que era importante para alguien. Para un chico, muy guapo, añadía su subconsciente. Se estaba metiendo a un horno y en ese momento ni siquiera se percataba de ello. Las emociones le habían nublado su sentido racional y sólo quería sonreír.
TK le dio un beso en la frente, movido, de igual forma, por sus emociones, y tras regalarle una última mirada, se fue de ahí, anhelando a que dieran las 9:00pm para volver a verla.
-¿Y qué diablos hace ese viejo aquí?- exclamó Mimí, llena de enojo.- No me digas que va a llevarse a Hikari a Japón.
-No, no, no… no lo creo.- dijo Izzy, intentando calmar a su jefa.- Se ha enterado de lo que le sucedió y vino a ver que todo estuviera bien.
-¡Ugh, esa maldita mosca muerta!- arrebatada por el coraje, Mimí casi estrella su taza de café al piso.- Espero que no vaya a arruinar mi plan. Si se le ocurre abrir la boca…
-Dudo mucho que lo haga, señorita.- la interrumpió el pelirrojo.- A Hikari no le conviene hablar sobre su consumo de drogas.
-¿Y qué más averiguaste?- los marrones ojos de la castaña escrutaron a su bajito sirviente haciéndolo sentir intimidado. El chico pasó saliva, temiendo que ella se desquitara con él.
-Esta noche irán a cenar. El señor Yagami invitó al reverendo y a su hijo TK a un restaurante al centro de la ciudad. Ha reservado una mesa a su nombre.
-Oh, excelente. Reserva una mesa para mí, por favor.
-¿Va a presentarse con ellos?- inquirió Izzy, algo consternado.
-¿Y dejar que Susumo me vea? ¿Crees que soy idiota? ¡No! Iré a tener una pequeña charla con Hikari.
Aww que tengan una bonita semana! :D
