Capítulo 10

La chica había logrado ser el centro de atención en la pista de baile y ni siquiera se había percatado de la cantidad de miradas que la asechaban; ella se movía al ritmo de la música, contoneando las caderas, moviendo los hombros, bajando de manera sensual y provocativa por el cuerpo del rubio que la acompañaba, quien se debatía entre el remordimiento y el placer que aquél lugar le causaba.

El corto vestido negro de la castaña se amoldaba a su silueta resaltando las curvas de su cuerpo. Llevaba unos botines cafés, sus uñas y maquillaje oscuro como de costumbre y su cabello suelto naturalmente.

Pasaba de la 1:00am en la ciudad de Nueva York y la noche apenas parecía empezar en aquél club nocturno. Música, calor, humo de cigarro, diversión… sí, eso era lo único que ella necesitaba para sobrevivir. Era su mundo, su ambiente, lo único que la mantenía alejada por horas de su triste realidad.

-¿Qué pasa?- le preguntó Kari a Matt al ver su expresión nerviosa e incómoda.

-Nada.- respondió él simplemente.

-Ven.- la chica lo tomó del brazo y deteniéndose por completo lo jaló hasta el bar en donde ambos permanecieron de pie. Kari pidió dos cervezas light y cuando el bar tender se las entregó Matt miró a la botella desconfiadamente.- ¡Oh vamos! No te vas a ir al infierno por tomarte una cerveza.- farfulló ella tras darle un trago a la suya.

Cierto era que el alcohol representaba una tentación para el rubio. Suponía un peligro, pues dolorosos recuerdos de su pasado solían repetirse en su mente al beber y temía volver a sentir esa necesidad de consumir diariamente.

Finalmente, y no resistiéndose a la encantadora sonrisa de Kari, fue que le dio un trago al líquido amargo que hacía años no probaba y le supo a gloria.

-¿Te sientes mal? Tal vez no debí obligarte a venir…- dijo ella, mordiéndose el labio.

-No, no, no. Tú no me has obligado Ronnie, es sólo que…- el rubio se pasó una mano por el cabello despeinándose un poco.- Hacía mucho que no venía a un lugar así y ya no me siento tan joven como para divertirme de esta manera.

-¡Por favor!- la castaña le dio un pequeño golpe en el brazo al reírse.- ¡Eres joven! ¡Ay que divertirse!- Matt sonrió. Se sentía estúpido por lo que acababa de decir, aunque era cierto.

Tras salir de rehabilitación se había prometido a sí mismo no volver a pisar un antro, ni a ingerir alcohol, y aquí estaba, casi tres años después, rompiendo su promesa.

Por un momento se cuestionó sus razones. Realmente Kari sólo le había propuesto ir alegando que sentía ganas de bailar y él accedió de inmediato. Aunque no quería admitirlo, la chica se veía demasiado atractiva y su espíritu jovial y animado era lo que más le atraía.

-Hey, licenciado.- dijo ella coqueteando.- Tengo una idea.

Dejando las botellas casi vacías sobre la barra. Condujo a Matt hacia la salida del lugar. Rodearon la manzana hasta llegar al coche de él.

-Y bien, ¿a dónde me llevarás ésta noche?- la castaña se mordió el labio sonriendo, gesto que a él le pareció adorable.

-Es una sorpresa, pero tendrás que dejarme conducir.- Matt soltó una carcajada. Era increíble que se atreviera a pedirle eso, ni siquiera a su hermano le había soltado ese coche.

-¿Es en serio?- preguntó al verla con expresión seria. Ella asintió arqueando una ceja y se cruzó de brazos. Sabía que si alguien se enteraba de aquello estaría en problemas pero en ese momento se sentía como adolescente sin límites ni preocupaciones.- Está bien.- dijo sonriendo.

Una vez que Matt se acomodó de copiloto, Kari sacó un pañuelo de su bolsa.

-¿Qué es eso?

-Shhh. Te dije que es una sorpresa.- la chica le vendó los ojos asegurándose de que no pudiera ver nada.

-¿Te han dicho que estás un poquito loca?- inquirió él algo nervioso.

-Bastantes veces.- arrancó el coche y se dirigió al East River.

En el camino encendió el estéreo en el que Matt llevaba puesto uno de sus CD's grabados en los que había agregado muchas de sus canciones favoritas. Inició una que Kari reconoció de inmediato gracias a la lista que Mimí le había dado. Comenzó a cantarla mientras su vista seguía enfocada hacia el frente.

-¿Conoces Ben Clocks?- preguntó Matt interrumpiendo la melodía.

-¿Quién no?- respondió ella como si fuera lo más obvio.- Me encanta esa canción.

-Lo sé. Algunos la tachan como música deprimente.

-Gente que no entiende de música.- dijo algo divertida. Sabía que estaba impresionándolo, sabía que en ese momento el rubio estaba pensando en lo afortunado que era al conocer una chica como ella y lo frustrado que debía sentirse al saber que se hallaba atado a un compromiso con otra mujer que quizás no lo comprendía de esa forma.

Finalmente llegaron al destino que ella tenía en mente. Se trataba de Roosevelt Island, una pequeña parte de Nueva York que se hallaba conectada con el East River. Kari estacionó el coche frente a un parque y ayudó a Matt a bajarse.

-¿Ya puedo ver?- preguntó él algo desesperado.

-Aún no.- tomándolo de la mano, lo condujo hasta un puente de madera, en una zona que conocía bien y a la que no iba mucha gente debido a que le faltaban postes que lo alejaran de la orilla del río y era zona peligrosa.- Ahora sí.- le quitó a Matt el pañuelo de los ojos.

Frente a él se divisaba la ciudad, iluminada bajo la luz de una luna llena que se notaba especialmente grande esa noche. El cielo, oscurecido de un azul profundo, pintaba las constelaciones con miles de estrellas, unas destellando más que otras. El agua del profundo río estaba tranquila.

-Wow, Ronnie, esto es…

-¿Mágico?- dijo ella, robándole la palabra.- Supuse que te gustaría venir aquí.

-Es perfecto.- sonrió haciéndola ruborizarse un poco.

-Me gusta venir aquí cuando necesito pensar. La tranquilidad me ayuda a concentrarme mejor.

-¿Planeaste traerme hasta acá?- Kari se mordió el labio, sonriendo.

-Digamos que era mi segunda opción si no aceptabas ir a bailar antes.- Matt sonrió y soltó un fuerte suspiro. Se quedó perdido, mirando el inmenso cielo frente a él.

-¿Alguna vez has sentido unas ganas enormes de ir allá arriba y poder ver la Tierra así como nosotros vemos la luna?

-Sí, y después aventarme al vacío y quedar flotando en el espacio por siempre.- dijo ella riendo. Se acercó un poco a Matt haciendo rozar sus brazos con los de él y clavó su mirada en el río.- A veces quisiera salir de aquí, ¿sabes? Siento… que he cometido demasiados errores y la única manera de poder olvidarme de todo es desapareciendo.

-¿A qué te refieres?- inquirió él girando la cabeza para verla pero Kari siguió con la vista fija al frente.

-No hablo de morir, si es lo que piensas.- farfulló sonriendo.- No soy una suicida. Es sólo que me gustaría tener la oportunidad de comenzar de cero sin recordar lo que he hecho.

-¿Tanto mal ha cometido un ángel como usted?- la chica se giró enfocando sus ojos con los de Matt. Bajo la luz mercurial notó que éstos eran un poco más claros que los de TK y se halló a sí misma sonriendo con el recuerdo de él.

-Satanás alguna vez fue ángel, y dicen que es hermoso.- en ese momento Matt sonrió y sin pensarlo, tomó el rostro de Kari entre sus manos y la besó. Apenas un leve roce de sus labios hizo reaccionar a la castaña quien se apartó de inmediato.- No, Matt… ¿qué haces?

-Lo siento mucho, Ronnie, pero no puedo controlarme. Me gustas, me gustas mucho.- confesó mirándola fijamente a los ojos.

-¡Pero estás comprometido!- exclamó ella en un tono de voz, que si Matt la hubiese conocido mejor, sabría que había fingido.

-Lo sé, y sé que es una locura pero…- el chico le acarició una mejilla con sus nudillos y le apartó un mechón de cabello del rostro.- Siente esto.- tomó una de las manos de Kari y la apretó fuerte contra su pecho. Su corazón estaba emitiendo latidos tan fuertes que podían sentirse aún sobre la ropa.- Hacía mucho tiempo que no sentía esto.

Kari se mordió el labio. Por alguna razón darse cuenta de lo que había provocado le causó un gran temor. Finalmente había logrado el objetivo de su plan y sin que le costara mucho, pero por dentro se sentía una basura.

Fue un instante en el que deseó que las cosas fueran reales, poder corresponderlo sin que Sora saliera lastimada pero…

TK, TK, TK…

El nombre de aquél rubio se repetía como un tic-toc en su cabeza. Fuerte, claro y constante.

Tuvo unas inmensas ganas de decirle a Matt toda la verdad. Poderle confesar quién era y hacer que él se alejara antes de que todos salieran lastimados, pero la imagen de Mimí, amenazándola en el baño, se lo impedía.

-¿Qué diablos pasa contigo, Hikari?- se preguntó a sí misma.

¿Es que se había convertido en una buena persona? ¿Era posible que la existencia de alguien hubiera influido en ella para que cambiara? No. No podía ser así. Ella nunca se había permitido cambiar por alguien y la sola idea de pensar que en el poco tiempo de convivir con los Ishida la hubiera reformado le pareció ridícula.

-Matt, yo…- se mordió el labio fingiendo desesperación y luego esbozó una media sonrisa.- Tú también me gustas.- los azules ojos del rubio se abrieron de par en par y no pudo evitar sonreír.- Y como dices, es una locura, pero hay algo en ti que…

-Shhh…- Matt puso el dedo índice sobre sus labios para no dejarla hablar. Tras una breve fracción de tiempo en que ambas miradas se conectaron, fue que él se acercó a besarla, ésta vez, Kari no titubeó y le rodeó el cuello con sus brazos, enredando sus dedos en el suave y rubio cabello del chico.

Hacía mucho tiempo que no era besada de esa manera. Tan tierna, delicada pero apasionada. Los labios de Matt eran muy suaves y su aliento aún sabía a cerveza.

Matt deslizó sus manos por la cintura de ella, acariciándola lentamente. Pegó más su cuerpo y Kari pudo notar que el rubio estaba excitado. Ella lo excitaba. Y triunfalmente su yo interior pegó un salto de alegría pues sabía que a partir de ahora las cosas serían más sencillas y pronto se desharía de Mimí para siempre.

-¿Qué voy a hacer?- inquirió él una vez se separaron para tomar aire. Pegó su frente a la de ella y tiernamente Kari le acarició una mejilla y sonrió.

-Hey, no pienses en eso ahora, ¿si? Ya se nos ocurrirá algo.


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