Capítulo 11
Había pasado apenas una hora desde que abrió los ojos y se quedó mirando por la ventana el gris y nublado cielo de una tarde de verano, que anunciaba la pronta venida del otoño.
El cabello le resbalaba por el rostro picándole en los ojos pero ni siquiera eso la hacía moverse de su cama. Simplemente se encorvaba más tapando su delgado cuerpo con el edredón verde, aunque realmente no hacía tanto frío, ella se sentía como si estuviera desnuda en medio de una tormenta de nieve.
Su celular no dejaba de vibrar sobre el piso, tanta había sido la insistencia de la persona que la llamaba que el aparato se cayó sobre la alfombra gris y se escuchaba el leve retumbar de éste.
Pero no había algo que la hiciera reaccionar.
Se sentía perdida, confundida, triste, repulsiva… la depresión había vuelto enterrándose en el piso dispuesta a no salir de su vida fácilmente. Pensamientos de culpa y remordimiento la estaban torturando en el rincón de una prisión de la que no podía escapar. Hacía años desde la última vez que se sintió así y no entendía por qué, justo cuando las cosas le estaban saliendo bien era que volvía.
Recordó aquella noche en el parque tras el espantoso intento de abuso que sufrió…
-¿Estás bien?- le había preguntado TK, acercándose a ella, quien se estremecía con brusquedad. Un escalofrío le recorrió la espalda al revivir aquella desagradable escena. Lágrimas escurrieron por sus mejillas al verse recargada sobre el firme pecho del rubio, mientras el llanto que inundaba su alma era derramado sobre él.- Tranquila, todo va a estar bien. Ya estás a salvo, estás conmigo.
Pudo sentir un calor en su frente mientras en su mente se plasmaba la imagen de él besándola y abrazándola.
Kari no era así. Ella se había prometido a sí misma nunca llorar frente a un hombre, no dejar que la vieran débil, pero TK… él la desarmaba. La hacía sentir protegida y segura y su necesidad se hacía evidente frente a él debido a la atención que el rubio le daba.
-Voy a ser muy clara contigo, Takeru. No me agrada tu presencia. Agradezco lo que hiciste por mí, pero eso ya pasó, ¿sí? No eres mi héroe y si he tenido que aguantarte todos estos días ha sido únicamente porque no me queda de otra. No me agradas y no me interesa ser tu amiga, así que ya, aquí termina cualquier clase de vínculo o relación que hay.- recordó sus palabras, bruscas, frías y sin sentimiento alguno. El dolor que le causó pronunciarlas seguía latiendo en su pecho con fuerza y eso era lo que estaba destrozándola.
Una fuerte punzada en el estómago la hizo levantarse la cama y corrió al baño a vomitar. La fuerza con que arrojó la comida y el alcohol del día anterior la dejó débil y permaneció sentada en el piso, estremeciéndose por el llanto, como niño asustado.
Un fuerte pitido rezumbaba en sus oídos y no se percató de cuando la puerta de su dormitorio se abrió.
-¡Kari!- la chillona voz de Yolei hizo eco en los azulejos claros del baño y la chica se arrodillo junto a su amiga.- ¿Estás bien?- apenas y la castaña la vio, le echó los brazos al cuello, apretándola con fuerza y llorando sobre su hombro.- Ya, tranquila. Aquí estoy.- la desesperación de Kari por adquirir consuelo no pasó desapercibida para Yolei y temió que su amiga hubiera hecho algo malo o estuviera lastimada. Era muy raro, incluso para ella que llevaba mucho tiempo a su lado, verla en ese estado.
-Sólo… no sé qué me pasa, Yo.- dijo Kari, limpiándose el rostro con las manos aunque fuera en vano ya que tenía las mejillas negras por el delineador y rímel corrido.- No me siento bien.
-¿Te duele algo? ¿Quieres que llame a un doctor?- la castaña negó con la cabeza.- Ven, necesitas darte un buen baño con agua caliente, estás congelándote. ¿Ya comiste?
-No siento hambre.- farfulló entre dientes.
-¿Qué te metiste ayer, Kari?- la pregunta salió de su pecho acompañada de un fuerte suspiro.
-Lo de siempre.- respondió, mirándola a los ojos y encogiéndose de hombros.- Marihuana, éxtasis y vodka.- Yolei no pudo evitar poner su mirada reprobatoria. Odiaba ese comportamiento en su mejor amiga y era precisamente porque sabía que tarde o temprano saldría dañada y se sentía impotente al no poder ayudarla.- Quizás se me pasó la mano.- añadió a modo de justificación.
-Vaya, vaya, vaya… ¡miren quién llegó!- exclamó Mimí, deteniéndose a mitad de escalera, al ver la puerta blanca de latón abrirse y a Kari, con una sonrisa de oreja a oreja, entrando.- Pero si es mi pequeña Yagami.- la mayoría de los jóvenes que se hallaban en la casa profirieron silbidos, aplausos y gritos de alegría. La vanagloria se hizo presente en la castaña quien no pudo evitar jactarse y caminando lentamente entró a la casa.- Has hecho un excelente trabajo.
-Sabías que lo lograría. Tachikawa.- Kari tomó un cigarro que la anfitriona le ofrecía e inhalando profundamente, lo encendió.- Ahora que he logrado que Matt se enamore de mí, ¿qué sigue?- Mimí sonrió, dándole una calada a su cigarrillo, y pasó un brazo por el cuello de Kari para guiarla hasta una oficina dentro de ese hogar, cuyos dueños, al ver el desastre que quedaría al día siguiente, se volverían locos.
Mimí cerró la puerta tras de sí y ambas fueron a sentarse a una sala de piel negra que formaba parte de la decoración de aquella enorme casa.
-Ahora, mi pequeña saltamontes, quiero que le des a Matty la noche de su vida. Tienes que lograr que se acueste contigo, Hikari, y hacerlo ir al paraíso con el orgasmo más intenso que jamás haya tenido.
-¿Sexo?- inquirió la castaña, terminando su cigarro. Apagó la colilla en un cenicero que había sobre la pequeña mesa de madera al centro. Mimí asintió sin dejar de verla a los ojos.
-Tiene que estar convencido de que eres perfecta. Que eres la mujer que siempre quiso. Tienes que demostrarle que eres mejor que Sora…
-Espera, espera, espera… creí que con hacerlo titubear sobre sus planes de boda era más que suficiente.
-No.- respondió cortantemente.- Tienes que hacer que se vuelva loco por ti.
-¿Y si no quiero hacerlo?
-¿Por qué no habrías de querer?- Mimí terminó igual su cigarrillo y se mordió el labio.- ¿Acaso no te excita, Yagami? Estás consciente de la cantidad de mujeres que mueren por acostarse con Ishida, ¿verdad?- Kari asintió.- Tú tienes ese privilegio, así que hazlo sin cuestionarme nada, ¿entiendes?
Kari cerró los ojos, inhalando profundamente.
-¿Sabes, Mimí? Empiezo a cansarme de este negocio.
-Sólo ve y acuéstate con Matt, haz que le rompa el corazón a la zorra de su prometida y te desapareces del mapa.- Mimí sacó un rollo de billetes de su pantalón.- Ten, ya sólo falta una mínima cantidad después de que hayas hecho lo que te dije.- Kari tomó el dinero y lo guardó en su bolso, que por suerte había decidido cargar.- Eres libre de irte, aunque hay droga y una orgía en la planta alta.- añadió la castaña sonriendo.- Eres bienvenida si quieres divertirte.- sin dar lugar a réplicas, Mimí salió de ahí.
Kari soltó un bufido de exasperación y se tapó el rostro con las manos.
No quería acostarse con Matt. Nunca lo contempló y no era algo que estuviera en su plan. Eso iba más allá de lo que Mimí le había pedido. Pensó en que quizás debió haberle cobrado algo extra por el favor aunque sabía que Tachikawa se negaría.
Enojada y confundida, Kari salió del despacho y se fue a la cocina en donde tomó una botella de vodka que estaba a la mitad. Caminó entre la multitud, sin percatarse de la manera en que la veían, y comenzó a moverse al ritmo de la música de Ellie Goulding y Calvin Harris.
Tras empezar a sentir los efectos del alcohol y dejarse llevar por los bits musicales que retumbaban en los cristales de las ventanas, sintió unas manos abrazarla por la cintura y el aliento varonil de Ken soplando a su oído, mientras su nariz y labios iban de su mejilla al cuello.
-Te ves especialmente hermosa hoy, Hikari. Me muero de ganas por arrancarte ese vestido.- la chica sonrió y se dio la vuelta para verlo de frente.
-¿Qué tienes para mí esta noche, Ichijouji?- inquirió susurrándole al oído.
-Te llevaré al cielo, nena.
- De verdad no sé cómo llegué anoche.- dijo Kari abriendo un paquete de azúcar para su capuccino. Yolei la había obligado a que se diera un baño y fueran a comer algo.
-Entiendo lo que estás haciendo. Tú sabes que nunca estuve de acuerdo en que te involucraras con Mimí, pero eres mi mejor amiga y si algo sé bien es que no puedo obligarte a cambiar de opinión.- farfulló Yolei, mirándola de frente.- Pero me duele ver cómo te estás dañando. Nunca te habías puesto así como hoy.- la castaña le dio un trago a su bebida caliente, sintiendo como si su cuerpo también se aclimatara a éste.
-Es culpa de TK.- añadió ella en voz apenas audible.
-¿Qué dijiste?
-¿Eh?
-No te desentiendas, Yagami. ¿Qué dijiste?- preguntó Yolei, arqueando una ceja y cruzándose de brazos. Por una vez en su vida, Kari sintió deseos de hacer de ese un momento normal, sentirse como cualquier muchacha que va a un café a conversar con su mejor amiga sobre el chico que le gusta.
-Dije… que es culpa de TK.- no pudo evitar sonreír al pronunciar su nombre y tuvo que darle otro trago a su café para que Yo no notara que se había ruborizado.
-¿Y ese rubio qué tiene que ver en esto?- inquirió divertida. Kari la miró a los ojos por una brevedad de segundos y soltó un profundo suspiro.
-Pienso que si no lo hubiera conocido no me sentiría tan culpable con Matt, ¿sabes? Al principio me irritaba mucho su manera tan… caballerosa y atenta de ser, pero no sé.- se encogió de hombros sonriendo.
-Te gusta.- afirmó Yolei haciendo que su amiga se pusiera roja como tomate.- ¡Oh por Dios! Ese chico te gusta y mucho. Mírate nada más, nunca te habías puesto así por alguien.
-Shhh… no quiero decir eso. Creo que va a empeorar las cosas.
-¿Empeorar? Yagami tú ya vives en el infierno, ¿qué puede ser peor que eso?- ambas rieron y enseguida llegó un mesero con sus platillos de comida.
Mantuvieron una tarde amena, en la que Yolei disfrutó de esa nueva Kari, bromista y juguetona, que no estuvo a la defensiva y se mostró vulnerable como cualquier joven de su edad.
De pronto fue como si su malestar se hubiera esfumado. Yolei notó que en las casi dos horas que llevaban ahí, su amiga no había sentido la necesidad de fumar, pero no quiso preguntar por qué.
La chica estaba consciente de que cuando una mujer se ilusiona su mundo da un drástico giro poniendo todo de cabeza, sacando las más lindas y sinceras sonrisas; ella, que conocía bastante bien la magia del amor descrita en las novelas románticas que después eran llevadas a la pantalla grande, se encontraba disfrutando asombrada de la metamorfosis que le había ocurrido a Kari. Se preguntó si quizás la castaña estaba fingiendo pero era imposible. Semejante felicidad no se falsifica tan fácil.
-Mimí quiere que me acueste con Matt.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque de esa manera él se olvidará de Sora de una vez y para siempre y terminará con ella más rápido.- Yolei frunció el ceño y negó levemente con la cabeza.
-¿Piensas hacerlo?- Hikari se encogió de hombros y le dio un trago a su café.
-Pues nada pierdo, es sólo sexo…
-¿Pero…?- hubo silencio por lo que pareció una eternidad para ambas.
-No sé, Yo. Simplemente no sé qué quiero hacer. Cuando estoy ebria y drogada no pienso en nada, es como si estuviera fuera de la realidad y no siento miedo, pero en momentos así…
-Kari, te entiendo. Pero no puedes pasar toda la vida bajo los efectos del alcohol.- la chica se mordió el labio antes de seguir hablando.- Nunca te lo había dicho pero creo que es tiempo de que busques ayuda.
-¿Ayuda? ¿Qué clase de ayuda?- inquirió curiosamente.
-Ayuda profesional. Alguien que te apoye para que logres dejar tus adicciones…
-Espera, espera, espera.- la interrumpió Kari.- ¿Me estás llamando adicta?- su amiga se encogió de hombros pasando saliva. Ahora la castaña había cambiado drásticamente su humor y volvía a aparecer la chica gruñona y a la defensiva de siempre.- Que te quede claro que esto es algo que puedo controlar bien, ¿ok? No necesito ninguna estúpida ayuda de nadie. ¿Y sabes qué? Olvida todo lo que te dije sobre TK, realmente… nunca podría fijarme en un puritano como él.
-Kari, espera…- al ver que estaba a punto de salir, Yolei intentó detenerla aunque era en vano.- Perdóname, no quise decir eso, yo…- ambas salieron del restaurante. La brisa fresca golpeó sus mejillas haciéndolas enrojecer.
-Olvídalo ya, Yo. Y perdón pero quiero estar sola.- dijo Hikari sin siquiera voltear a verla. Yolei se detuvo y vio cómo rápidamente su amiga se marchaba.
Y ahora más que nunca sabía que era el momento de ayudarla, con o sin su consentimiento.
La enorme esfera naranja que adornaba el inmenso firmamento destellaba cientos de rayos de los cuales algunos eran colados por los rincones ocultos en la casa de los Ishida.
Tras llegar de ensayar en la iglesia, TK se hallaba sirviéndose una taza de nieve de nuez en su cocina. Su padre había ido junto con un grupo de personas a llevar despensas y ropa a un asilo para ancianos.
La inmensa tranquilidad se vio perturbada cuando la huésped, que iba para su segundo día en la casa, bajó las escaleras cantando en voz alta. Llevaba los audífonos, conectados a su celular, puestos y la melodía de Zedd y Foxes retumbaba en sus oídos. La chica no se había percatado de la llegada del rubio y con los ojos cerrados empezó a bailar en la sala sin darse cuenta de que era observada.
TK disfrutó el espectáculo que tenía al frente. Sabía que si su padre veía eso reprobaría totalmente a Kari. Ese tipo de música estaba prohibida en su hogar, pero verla tan alegre, tan libre, despreocupada, de alguna manera le provocó el deseo de unirse a ella y olvidarse de que existían reglas por un rato; la castaña se giró mirando a Takeru de frente y pegó un grito por el susto tirando su celular al piso.
-¡Me asustaste!- se quejó llevándose una mano al pecho queriendo calmar los fuertes latidos de su corazón y luego se echó a reír.
-No era mi intensión.- se disculpó él sonriendo.
-Lo siento, es que… no te escuché llegar.- dijo ruborizándose. Fue hacia la alacena para agarrar una taza y servirse nieve pero aún ni poniéndose de puntitas lograba alcanzarla.
-Déjame ayudarte.- TK se levantó y quedando a espaldas de Kari, estiró el brazo y alcanzó una taza que su madre le había regalado en uno de sus viajes misioneros a México. La chica se giró lentamente, arrinconada por la barra del fregadero y el cuerpo del chico, tomó la taza que él le ofrecía sin perder contacto visual con ese hermoso par de ojos azules.
-Gracias.- farfulló en lo que fue apenas y un susurro. TK le acarició cuidadosamente la mejilla en donde la habían golpeado y la marca iba difuminándose.
Kari sintió unas enormes ganas de besarlo. Nada le impedía echarse a su cuello y devorar esos delgados pero carnosos labios que la invitaban a conocer el alma de ese guapísimo rubio. Sintió cómo su cuerpo temblaba levemente al verse intimidado por él y se preguntó si él estaría pensando lo mismo.
Obligándose a no hacerlo, se mordió el labio y agachó la cabeza logrando que él se moviera para sacar la nieve del refrigerador. Se llenó de alivio al saber que nada había pasado y de remordimiento pues los deseos que sentía por TK eran fuertes. Algo que anhelaba pero temía ser ella quien diera ese primer paso.
La pelota chocó contra la cabellera rubia del chico sin darle tiempo de reaccionar y cayó de espaldas al piso.
Davis y Joe se acercaron a él muertos de risa y lo ayudaron a levantarse.
El trío se hallaba jugando en un parque cerca de la casa de los Ishida para aprovechar la fresca tarde de verano. El cielo comenzaba a nublarse anunciando el avecino de una tormenta que se había anticipado con anterioridad.
-¿En qué mundo andas, TK?- inquirió Davis tomando la pelota de básquetbol.
-Pareciera que estás en otra galaxia.- dijo Joe riendo.
-Estaba pensando en Kari.- soltó de pronto el rubio dejando a sus amigos con la boca abierta. Esperaban cualquier cosa menos aquella confesión.
-¿Quién es Kari?- preguntó Davis.
-Es… Ronnie.
-¿La chica con la que sale tu hermano?- cuestionó Joe haciendo que los otros dos centraran su atención en él.
-No sale con ella. Sólo se han visto un par de veces.
-¿Y por qué estabas pensando en ella, TK?- inquirió el pelirrojo haciendo que su amigo se sonrojara.
-Si TK, ¿por qué?- se unió Joe a la pregunta, cruzándose de brazos.
-Porque me gusta.- sus amigos hicieron una exclamación sorprendidos. Era la primera vez en que Takeru se atrevía a hablar de ese tema.- Me gusta mucho y no comprendo qué hice mal para que me haya pedido que me alejara.- les contó la situación afuera del restaurante. Cada palabra pronunciada por Kari lo había marcado.
-… no me agradas y no me interesa ser tu amiga.
¿Es que acaso se había pasado de la raya? No, él no había hecho otra cosa más que ver por su bienestar.
Algo debió haber sucedido. Algo que la hiciera cambiar de opinión. Kari no fingió llevarse bien con él todos esos días en su casa, ¿o sí? ¿Y si era Matt la razón por la cual lo alejó? Hacía rato que esa teoría lo había capturado. Quizás a ella le gustaba su hermano, aunque él tenía novia…
-¿Y por qué no la buscas, TK? Ve y habla con ella, tiene que haber una explicación.- dijo Joe.
-No lo sé.- el rubio se encogió de hombros.- Aún si así fuera, ¿qué caso tiene? Mis padres jamás me permitirían andar con ella.
-Perdón que lo diga, pero ellos no tienen por qué opinar. Es tu vida, es tu decisión, no de ellos.- añadió Davis.- No sigas permitiendo que te controlen.
-No lo entiendes, Davis. Mientras siga viviendo en mi casa debo hacer lo que se me pida y eso será hasta que termine la universidad.
-No, TK. Eso será hasta que no hables con ellos y les hagas ver que no pueden controlar todo lo que haces. Es tiempo de que cometas tus propios errores.
-A fin de cuentas para eso es la vida, ¿no?- dijo Joe sonriendo.- Habla con Kari. Tiene que saber cómo te sientes y darte una explicación.- TK miró a sus amigos agradecido por el apoyo que le estaban dando.
-Está bien. Ésta noche iré a buscarla.
Jelouuuuuuuuuu! :D perdón por el largo retraso, por el momento no tengo laptop y se me dificulta mucho escribir :( en el trabajo lo hago en ratitos pero no es lo mismo jaja igual no crean que me olvido de uds :p
Espero que lo disfruteeeen :p
