Capítulo 14

-¿Viste cómo mató al robot malo? ¡Wow! Le hizo así…- el pequeño de cabello negro y ojos azules golpeó la pierna de Kari con el puño cerrado causándole cosquillas.- Y luego así…

-¡Sam!- le habló TK en voz alta haciéndolo detenerse de inmediato.- ¿Qué te he dicho de golpear a las mujeres?

-Oh… lo siento, Kari.- susurró el pequeño agachando la cabeza.- la chica sonrió y le alborotó el cabello.

-No le hagas caso a TK, que yo sé bien cómo defenderme.- dijo ella propinándole golpecitos en el hombro, haciéndolo reír. El rubio sólo volteó los ojos resignado. Desde hacía dos horas que habían entrado al cine, el par de cómplices no habían hecho mas que llevarle la contra, empezando por la película que vieron y terminando por el menjurje de palomitas acarameladas cubiertas de mayonesa, cátsup, salsa, jalapeños y mantequilla que comieron.

-¿Qué quieres hacer ahora, Sammy?- le preguntó Kari una vez que se subieron al auto.

-Creo que debemos volver a la iglesia…

-¡No! ¡TK, por favor no! No me lleves aún.- suplicó el ojiazul estirándose para poder abrazar al rubio quien ya se había puesto el cinturón para dirigirse a casa.- Es muy temprano.

TK volteó hacia Kari quien no hacía más que sonreír y poner esa mirada de por favor hazle caso al pequeño.

-No puedo con ustedes dos.- dijo él finalmente. Sam sonrió alegre y volvió a acomodarse en el asiento.

-¡Vamos a la feria!

-¿Feria? Creo que no hay, Sam.

-Debe de haber.- dijo el niño, convencido.- Kari, dile a TK que sí hay una feria, ¿si?- la chica sonrió y sacó su celular del bolso y sin pensarlo dos veces ya había tecleado en el navegador para que buscara la localización de alguna feria en la ciudad.

Increíblemente aquél día había mejorado bastante. A pesar de que estaba sobria y llevaba casi dos días sin ingerir droga, se estaba divirtiendo como chiquilla. Tras la dulce propuesta de TK, fue a parar al cine a ver una película para niños en la que la sala estaba abarrotada de familias y apenas y habían alcanzado asientos. Durante toda la función se la pasó hablando con Sam sobre los actores y la secuencia de la historia, dejándose sorprender por lo fantasioso de la cinta. Y ahora, se dirigía rumbo a una feria local para gastar su noche al lado de un cristiano que no se había atrevido si quiera a cogerle la mano dentro de la sala de cine y un pequeño aventurero que se creía pirata.

-¡Wow!- exclamó Sam, una vez que llegaron, y miró la enorme montaña rusa.

-¿A dónde quieres ir primero, Sammy?- preguntó ella con entusiasmo.

-¡Vamos a los caballitos!

Y así inició su velada, haciendo grandes filas para disfrutar sólo un par de minutos la experiencia de los juegos mecánicos.

Habrían subido al menos unas veinte veces a las sillas voladoras y unas tres a la montaña rusa para cuando el pequeño comenzó a sentirse mal y terminó vomitando las palomitas, el algodón de azúcar y el hot dog que había cenado.

-Será mejor que te lleve a casa ya.- dijo TK preocupado. El pequeño ojiazul asintió simplemente y le pidió a Kari que lo cargara.

La chica tuvo que hacer mucho esfuerzo pues Sammy ya no era un pequeño de dos años con el que se maniobraba fácilmente, pero se veía tan débil que no le quedó más opción que llevarlo en brazos.

-¿Cuándo volveremos a salir?- le preguntó a Kari una vez que llegaron a casa de los Ishida en donde pasaría la noche. La castaña sonrió, inclinada para estar a la altura del niño, y le acarició una mejilla con dulzura.

-Tal vez cuando Mr. Gruñón vuelva a invitarnos.- le susurró sin poder evitar ver a TK quien sólo sonrió al escucharla.- Ahora descansa, ¿si?- Sammy asintió simplemente y le dio un fuerte abrazo tomándola por sorpresa.

El rubio se dispuso a llevar a Kari de vuelta a casa. Hacía menos de una hora que Mimí le había pedido que fuera a una fiesta pero ésta se rehusó y temía que la Tachikawa hubiese mandado a su gente para vigilar la universidad y que le avisaran cuando ella llegara por lo que tomó ventaja de aquella cita y convenció a TK de que fueran a caminar a Central Park; aunque ya había oscurecido lo suficiente, sabía que a esa hora aún habría mucha gente en el parque por si volvía a repetirse una escena como la de hace tiempo.

-¿Y qué piensas hacer cuando termines la universidad?- inquirió él luego de un rato en que se mantuvieron caminando en silencio. Kari simplemente se encogió de hombros y siguió pateando una piedrita hacia el frente. El fuerte viento revolvía su cabello y debajo del delgado suéter que llevaba los vellos de sus brazos se erizaban haciéndola estremecerse.

-Aún no sé. No soy de esas personas que hacen planes.

-Deberías. Siempre es bueno tener el control de lo que sucede en tu vida.- ella sonrió, como si lo que acabara de escuchar hubiese sido un chiste.- ¿Qué?

-¿Control? No sé si te has dado cuenta, TK, pero jamás podremos tener el control de todo; en ocasiones sucederán cosas que no queremos y no podemos evitar. Creo que lo mejor es ir con la corriente y dejar que la vida te sorprenda.- el chico frunció el ceño no muy convencido.

-No sé, Kari. A mí en lo personal me gusta saber qué sigue en mi lista de cosas por hacer.

-¿Y no es eso aburrido?- se detuvo un momento y se sentó sobre el pasto. El rubio suspiró profundamente y se acomodó a su lado.- ¿En dónde dejas lo divertido de la vida? Las cosas espontáneas… ¿qué pasa si algo no sale como lo planeaste?

-Me molesta.

-¿Y ganas algo con eso?- TK la miró por una fracción de segundos. Aquella chica con el cabello desprolijo y una sonrisa traviesa lo estaba volviendo loco.

-No.- respondió simplemente.

-¿Ves? ¿Entonces para qué hacer planes que ni siquiera sabes si van a suceder? Cuando no pasa te enojas y no tiene caso. La vida es muy corta para sentimientos negativos.

-La vida es muy corta para sentimientos negativos…- aquella frase se repitió una y otra vez en su mente.

-A mí me gusta dejarme sorprender. Si sale algún plan simplemente hacerlo y disfrutar del momento. Considero que vivir pensando en el futuro es pérdida de tiempo ya que ni tú ni yo estamos seguros de si llegaremos para entonces, éste puede ser nuestro último minuto con vida y, ¿de qué sirvió hacer tantos planes?

-¿Y no es eso vivir irresponsablemente?- Kari soltó una carcajada que se desató en un ataque de risa.

-¡TK, es la vida! ¿Qué importa si es irresponsable? Sólo disfrútala. Haz lo que quieras cuando quieras y no te preocupes por las consecuencias.

El rubio sonrió mirándola fijamente. Ahora estaba convencido de cuánto le gustaba Kari, aunque fuese una rebelde sin causa viviendo en un polo opuesto a él.

-¿Qué pasa?- preguntó ella divertida al ver que él no reaccionaba. Y en una fracción de milisegundos, TK ya la estaba besando.

Enredó sus dedos en el rubio y suave cabello del chico y lo atrajo hacia ella profundizando ese beso que había estado anhelando toda la noche. TK bajó las manos hasta su cintura y bastó con un movimiento para hacerla recostar y acomodarse sobre ella. Kari le acarició la barba y masajeó su lengua contra la de él haciéndolo reaccionar de inmediato al sentir la erección del chico en su pierna. El rubio se movió sabiendo que tenía que detenerse y su intento falló al sentir los labios de Kari sobre la piel de su cuello.

-No, Kari…- dijo con la voz entrecortada. La chica sonrió maliciosamente y volvió a besarle los labios.- Por favor…

-¿Qué pasa? ¿Acaso nunca has estado con una mujer?- de pronto las mejillas de él se tornaron rojas y cierto pánico se adueñó de ella.- No me digas que eres…- el chico asintió.

-Sí, Kari, soy… virgen.- dijo él sintiéndose estúpidamente apenado. Y fue entonces cuando volvió a sentirse sucia y poca cosa.

La poca moralidad que le quedaba la estaba acusando de pervertida y se movió, volviendo a sentarse en el césped, alejándose un poco de TK.

No podía estar con él, aunque lo deseara.

-No lo mereces.- dijo una voz en su cabeza.- No lo mereces.

De pronto sintió un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Su vida era una mierda y apenas ahora se daba cuenta de los muchos errores que había cometido y que por consecuencia le impedían tener aquello que deseaba más que la droga: el cariño del chico del que se había enamorado.

Se había enamorado de Takeru desde el momento en que lo conoció aquél día en la feria de la iglesia. Se enamoró de su sonrisa tímida cuando la veía. Se enamoró de lo aniñado que podía llegar a ser, de lo inmaduro e inexperto que era. Se enamoró de su aroma dulce y varonil que no importaba que estuviera sudado sólo la atraía más hacia él. Se enamoró de los cuidados que tenía para con ella, de que velara por su salud y se esforzara porque pasara un momento divertido y feliz sin darse cuenta que ya con estar a su lado la hacía la mujer más feliz del planeta.

No había algo en él que no le gustara. Nada que quisiera cambiar, incluso su manía por querer controlar todo le gustaba.

Se había topado con el hombre perfecto. Aquél que deseó en sueños y que se dijo no existía hacía mucho tiempo; ahora frente a ella se hallaba éste guapísimo caballero cuyo valor era tan grande que no podía calcularse y se preguntaba si se trataba de una mala jugada del destino en que la ilusionaría con él para luego quitárselo o mas bien, él había aparecido como una señal para que pudiera tomar consciencia y darse cuenta que ese estilo de vida que llevaba no la estaba conduciendo a ningún lado.

-No, no llores.- dijo él deteniendo las lágrimas que escurrían por sus mejillas.- Lo siento, Kari, yo…

-No, TK. Es que… es que no puedo creer que seas real.- dijo ella con la voz ronca.- Eres perfecto.- el rubio sonrió, algo apenado.

-No lo soy, bonita. Tengo muchísimos defectos y conforme vayas conociéndome te darás cuenta.

-¿Conociéndote?- TK le acarició una mejilla y apartó un mechón de cabello de su rostro.

-¿Quieres ser mi novia, Hikari Yagami?


Feliz inicio de semana! Disfrútenloo :D