Capítulo 15

-¿Y qué le dijiste?- preguntó Yolei con una enorme sonrisa de oreja a oreja mientras caminaba junto a su mejor amiga, ambas con un café en la mano, por el campus de la universidad. Kari se encogió de hombros, sin voltear a verla, y sonrió mirando al cielo mientras aquella escena se repetía en su mente, cada detalle tan fresco e intacto desde hacía tres días…

Se quedó paralizada tras escuchar la pregunta de TK. ¿Había alucinado o de verdad él le estaba pidiendo que fuera su novia? Le estaba costando mucho concentrarse debido al frío, los nervios y el hermoso chico que tenía frente a ella.

¿Sería entonces posible que si existiera un final feliz en su historia? ¿Y por qué con TK? ¿Por qué justo con el hermano del hombre al que debía arruinarle la vida? ¡Qué ironía! De pronto un pensamiento cruzó por su cabeza haciéndola dudar: ¿Y si Mimí lo había planeado eso también? Entonces su enfoque no sería sólo destruir a Matt y a Sora sino a ella también… ¿sería posible que Tachikawa tuviera comprado a TK?

Aunque el corazón de Kari, sumergido en los preciosos ojos azules del rubio, le gritó a la razón que dejara de fregar a la chica y por una vez en la vida se dejara llevar por lo que sentía… felicidad.

-TK, yo…

-No tienes que responder ahora, si no quieres.- dijo él algo nervioso.- Tómate tu tiempo.- Kari le acarició tiernamente una mejilla y se acercó a darle un pequeño beso en los labios. Un 90% de ella quería gritarle "sí" y echarse en sus brazos y otro 10%, el cual increíblemente dominaba, le pedía que no se apresurase.

-No es que no quiera.- comenzó diciendo.- Pero sea lo que sea esto me gusta y la verdad…- se mordió el labio intentando contener un ataque de felicidad.- Quiero disfrutarlo, quiero conocerte, sin etiquetas, ¿me explico?- TK asintió sin poder evitar sentirse decepcionado. Y es que a él no se le había enseñado que las relaciones fueran de esa manera, incluso él mismo le enseñaba a otros jóvenes que cuando quisieran estar con alguien lo hicieran a la manera tradicional.

Una relación sin título no tenía validez y consideraba poco comprometidos a quienes participaban en ella.

-¡Me da mucho gusto, Kari! Al fin las cosas parecen funcionar para ti, aunque me apena el pobre Matt, ¿qué piensas hacer?

-Tengo que terminar pronto con el plan. Hoy veré a Mimí en una fiesta y me dará el resto del dinero.

-Pero no te has acostado con él, ¿cambió de parecer?- Kari negó con la cabeza.- Le diré que no puedo hacerlo aunque ya logré su objetivo principal.

-¿Ah sí?- la castaña volteó con su amiga, sin poder ocultar ese halo de tristeza en sus ojos marrones, y asintió.


La pelirroja miró rápidamente su reloj de mano y apresuró el paso golpeando fuertemente los tacones contra el cemento de la acera.

Pasaban de las 8:00pm, iba retrasada para su cena y lo sabía. Odiaba ser la que llegara tarde y no pudo hacer más que culpar a Martie, una enfermera mayor que apenas y sabía usar un ordenador y retrasó su orden de salida.

Entró al restaurante en donde un mesero, de piel morena y blanca sonrisa, le dio las buenas noches preguntándole si le gustaría reservar una mesa o esperaba a alguien.

-Alguien me espera.- respondió Sora mirando hacia adentro.- Yamato Ishida.- el hombre miró en la lista que tenía sobre una mesita de madera pulida y le indicó a la chica cuál era su mesa.- Lo siento mucho, amor.- dijo ella apenas vio a su prometido y le dio un beso en los labios, que de haber puesto más atención, se habría dado cuenta que no fue correspondido como en ocasiones anteriores.

-No te preocupes.- Matt la ayudó a sentarse, dejando su bolsa en la silla de al lado y retomó su lugar frente a ella. Antes de que pudiera preguntar, Sora ya estaba hablando.

-Es que le cambiaron el turno a la enfermera de noche, y Martie, la señora nueva, tardó mucho en darme mi pase de salida. Aparte de la operación del señor Miller…

Y así dedicaron quince minutos, en donde él escuchaba atento a la manera quejumbrosa de narrar el día que Sora tenía hasta que el mesero vino para entregarles los menús y ofrecerles algo de tomar.

Matt estuvo muy callado durante la cena. Teniendo presente a Ronnie en su mente. Había pasado días pensando en la mejor manera de pedirle a su prometida que pospusieran la boda pero sabía que ella se daría cuenta de inmediato que lo hacía por alguien más. Una vez que tocara el tema no habría vuelta atrás y su miedo era, ¿qué pasaría después? Ronnie le había dicho que se olvidara de ella, aunque sus acciones le habían demostrado otra cosa: estaba interesada en él.

¿Y si estaba echando todo por la borda? ¿Y si debía hacerle caso a la castaña y seguir con su compromiso? Bien podría hacerlo. Unos meses alejado de ella y se olvidaría para siempre de lo que pasó, pero ¿era eso lo que quería?

Una parte de él no dejaba de culparlo y hacerlo sentir como una mierda de persona. Se había permitido a sí mismo dejarse atrapar por el encanto de una joven que estaba fuera de sus límites y la razón probablemente era que aún anhelaba la vida loca y desenfrenada que una vez tuvo.

-¿Sucede algo, mi vida? Has estado muy serio en la noche.- comentó Sora, una vez que salieron hacia el estacionamiento.

-Pues de hecho, hay algo que quiero decirte.

-¿Qué es?- inquirió con cierta emoción, creyendo que su prometido la sorprendería. Matt abrió el carro, pero ambos se quedaron afuera, él de pie frente a ella, quien estaba recargada en la puerta del copiloto. El rubio se pasó una mano por el cabello, despeinándolo exasperado, y soltó un suspiro.

-Quizás no será fácil lo que quiero pedirte y espero que me comprendas.- por su tono de voz, la pelirroja supo de inmediato que algo iba mal y se mordió el labio, acariciando una mejilla de él para poder levantar su rostro y verlo a los ojos.

-Dime.

-Necesito que pospongamos la boda.- las palabras le cayeron como un balde de agua helada. ¿Había escuchado bien? ¿Su prometido le estaba pidiendo tiempo? Un sinfín de ideas le cruzaron la mente, todas al mismo tiempo y no era capaz de articular una sola palabra.- Sólo un par de meses.

-¿Es cuestión del trabajo?- inquirió antes de pensar en la pregunta. Matt la miró a los ojos, deseando poder excusarse con eso, pero era terrible mintiendo, o al menos algo que lo hacía sentir terrible, y negó simplemente con la cabeza. Los enormes ojos de Sora se llenaron de lágrimas.- ¿Hay… hay alguien… más?

-No.- respondió él rápidamente sin poco convencimiento en su voz. Sora no soportó más y le dio un golpe en el pecho para después descargar el llanto que le calaba en la garganta.

-¡Mentiroso!- gritó con la voz ronca.- ¡Dime por qué, Matt! ¿Hay alguien más o es que ya no me quieres? ¿No quieres casarte?- el pensamiento le causó nauseas y un escalofrío en la espalda. No soportaba la idea de que su amado no la quisiera.

-No, Sora. ¡Cálmate! No es lo que tú piensas. Sólo necesito un poco más de tiempo…

-¿Para qué?- chilló con el corazón desgarrado. Por el rostro de Matt escurrieron un par de lágrimas. Sabía que la estaba lastimando de una manera que no se lo perdonaría nunca.- ¡Contéstame! ¿Para qué quieres tiempo? ¿Para deshacerte de mí? Si no quieres casarte más vale que me lo digas de una vez…

-¡No quiero!- gritó él, desesperado.- No quiero casarme, Sora. No sé qué quiero. Estoy muy confundido…- ella se limpió el rostro. Lo miró detenidamente. El chico al que había amado y le había entregado dos años de su vida, ahora estaba actuando de la manera más canalla posible. Antes de perder la dignidad y el juicio, se fue de ahí. Haciendo caso omiso a las súplicas de él porque volviese y resolvieran las cosas de otra manera.

Ya no había tiempo para hacer eso. Por ahora lo único que le esperaba eran días amargos en los que todo el dolor de esa herida tendría que drenarse en innumerables noches de llanto.


Podía ver sus manos. Sus uñas pintadas de negro. Los tatuajes de sus dedos, pero no comprendía por qué estaban ahí, frente a ella.

La gente se movía muy lentamente al ritmo de la música y aunque le pareció que eran pocos, el calor que sentía era peor que estar en una tarde de verano caminando bajo el sol de medio día.

Lo único que le pasaba por su mente era que tenía que desnudarse. Sacarse toda la ropa y meterse a bañar, pero le costaba moverse entre la multitud. Caminó torpemente hacia la cocina sin dejar de bailar, y lo primero que hizo fue quitarse los jeans desgastados. Después su chaqueta negra de cuero y la blusa blanca que llevaba. Se ajustó la ropa interior sin darse cuenta que más de un par de ojos la observaban, y cogió una botella de tequila que había sobre la barra central.

Ingirió el líquido directamente sin necesidad de un limón u otra cosa que disipara el sabor amargo, y disfrutó al sentirlo pasar por su tráquea, raspando su garganta.

-¡Wuuuuuuu!- lanzó un grito de júbilo y siguió caminando hacia la sala nuevamente, sintiendo el bochornoso ambiente. Sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, se echó encima el líquido de la botella.

-¡Kari!- gritó Ken, quien iba bajando las escaleras y contempló aquella graciosa escena.

-TK, ¿eres tú?- preguntó ella volteando hacia todas partes aunque todo estaba borroso.

-Ven. Tienes que bañarte.- el chico le quitó la botella, dándosela a otro de los danzantes, y sujetó a la chica de la cintura, pasando uno de sus brazos por su cuello, para poder llevarla arriba.

-¿A dónde vamos?

-A bañarte.- dijo él.- Sube el escalón.- con dificultad logró que ella lo hiciera. Y una vez que iban a media escalera, Kari se tropezó y estalló en un ataque de risa.

-¿Qué te pasó, bonita? Hace menos de una hora te dejé bien con Mimí.

-¡Mimí!- la castaña rió a carcajadas al repetir el nombre.- ¿Tú me quieres, TK?- Ken frunció el ceño, enfadado. Aunque sabía que ella estaba totalmente perdida en los efectos del alcohol y probablemente no recordaría nada de eso, le molestaba que lo llamara así.

-Sí, sí te quiero, Kari. Levántate…- y antes de que pudiera seguir hablando, la chica lo había tomado del rostro y torpemente intentó besarlo.

Ken la cargó de la cintura, echándosela a un hombro como si fuera un costal de cemento, para poder llevarla a alguna habitación desocupada.

-Oh, veo que ustedes dos ya se encontraron de nuevo.- dijo Mimí, quien se topó con ellos en uno de los pasillos. Kari pateó y golpeó la espalda del chico para que la bajara.- Te han gustado mis pastillas, ¿no es así, estúpida?

-¿Qué cosa le diste, Mimí?- preguntó Ken, desconcertado. La castaña sonrió simplemente sin quitarles los ojos de encima.

-¿Dónde está TK? ¡TK! ¡Llévame con TK!- y entonces, Kari abrió la boca, capturando la atención de la otra chica, quien hizo una mueca de desagrado al escuchar el nombre del rubio.

-Kari, ven.- Ken la tomó del brazo y haciendo caso omiso a Mimí, siguió caminando hasta encerrarse con ella en una habitación vacía, que para su buena suerte, tenía un baño adentro. Abrió la regadera esperando a que saliera el agua caliente mientras se quitó la camisa y el pantalón, pues no podría dejar sola a Kari ahí y no llevaba otro cambio de ropa.- ¿Qué rayos pasa contigo, bonita?- dijo, ayudándola a levantarse de la cama. La chica estuvo a punto de quedarse dormida de no ser por la intervención de Ichijouji.

Ken la metió a la regadera. Al sentir la sensación del agua tibia contra su cuerpo helado se estremeció y se aferró al cuello del chico. Él la abrazó con ternura, haciéndola que se mojara bien para que poco a poco se le fuera bajando la borrachera.

Con cuidado le quitó el sostén y las panties y fue pasando la esponja enjabonada por su espalda, quitando rastros de comida, cenizas y el tequila pegado en su piel. Kari se volteó y al quedar frente al chico y darse cuenta de lo que estaba sucediendo comenzó a llorar.

Sentía un fuerte dolor en el pecho. Estaba expuesta en todos los sentidos frente a él y no podía recordar cómo había llegado ahí. Ken le levantó el rostro y le dio muchos besos en las mejillas y los labios para tranquilizarla pero ella simplemente se desahogó dejando que sus lágrimas se perdieran con el agua.

-Ya, todo está bien, preciosa. Estás a salvo conmigo.- dijo él frotándole la espalda con las manos.

Pero para Kari aquél momento no sólo representaba la vergüenza que estaba sintiendo, iba más allá de eso. Se había dicho a sí misma que no tomaría esa noche, que no ingeriría drogas… ni siquiera recordaba cuando lo hizo. Había estado charlando con Mimí sobre el asunto de Matt y a partir de ahí era como si le hubieran robado un pedazo de su vida.

-Por favor dime, ¿qué pasó?- preguntó finalmente, una vez que el llanto fue cesando. Ken la apartó un poco y le quitó el cabello del rostro haciéndolo hacia atrás.

-No lo sé, Kari. Creo que Mimí te dio algo de tomar, cuando te encontré estabas totalmente ebria e inconsciente. La chica se mordió el labio reprimiendo un puchero.- Ven, terminemos de bañarte.


-¡Oso, Enjambre!- gritó Mimí furiosa al entrar a su habitación.

-Sí, madame.- respondieron ambos hombres al mismo tiempo, apareciendo al instante.

-Tengo un plan para ustedes. Necesito que se preparen bien y sigan al pie mis órdenes, ¿entendieron?

-Como usted, diga, señorita. ¿En qué somos buenos?- inquirió Oso. La chica sonrió, dándole un trago a su whiskey, y mordió la aceituna que tenía dentro.

-Vamos a terminar de una vez y por todas con la maldita Hikari.

-¿Quiere que la asustemos de nuevo?- preguntó Enjambre. Mimí sólo rodó los ojos exasperada.

-No, imbécil. Ésta vez harán algo mejor. Vamos a atacarla desde el corazón.- los dos hombres se miraron sin comprender del todo las palabras de su jefa, quien hizo caso omiso a su expresión.- Vamos a desaparecer a Takeru Ishida.


Awwwww ya empecé a escribir mi tesis :') se siente bonito que la inspiración funcione para eso también jaja :p

Ufff lamento mucho no poder ser más constante en las actualizaciones, de verdad hago mi mayor esfuerzo y sé mis pendientes, no se preocupen que no dejaré inconclusa mis historias; me han preguntado por Intimidad, la verdad esa historia no es mía, me encantaría poder seguirla, pero sólo es una traducción y hasta que la autora original no la continúe, no puedo hacer más :/

Tengo mil planes para historias nuevas, todos anotados, pero hasta no terminar la tesis no empiezo otra... no se preocupen, que no me falta la gran cosa jaja :p

Mientras tanto disfruten del poquito amor que les regalo! :D