Capítulo 16
El cielo se hallaba totalmente gris. Espumosas y grandes nubes oscuras lo tapizaban completamente y durante todo el día no se había dejado ver el sol. Era el último día de verano y el clima estaba bastante fresco que cualquiera podría afirmar que el invierno estaba por llegar. La ajetreada ciudad de Nueva York lucía majestuosa ante la pronta entrada del otoño y ya mucha de su vegetación se había cubierto de colores ocres y dorados, regalando a su población un romántico paisaje digno de ser fotografiado a cualquier hora.
Hacia las seis de la tarde caminaban por el inmenso Central Park dos rubios de clase media procurando mantener una charla activa para no caer en el incómodo silencio que desde hacía tiempo los caracterizaba.
-¿Has pensado qué hacer terminando la universidad, TK?- preguntó con su característica voz chillona la chica de rizos dorados mientras cogía un pedazo del algodón de azúcar rosa que llevaba en las manos.
-Sí lo he pensado, quizás me vaya de viaje por un año a Europa.
-¿Europa? Pero eso está muy lejos de tu casa.- el rubio sonrió ante el comentario, bastante obvio, pero se portó lo más amable con Catherine. Después de todo, él sabía bien cuáles eran las intenciones de la chica al haberle pedido que se vieran ese día.
-Aún tengo que hablarlo con mis padres, pero estoy seguro que me apoyaran. Necesito independencia, Cat, aquí estoy estancado en una vida rutinaria. No conozco nada del mundo y de la vida. Le predico a los jóvenes de que se abstengan de lo que hay allá afuera cuando ni yo mismo sé lo que es.
-Pero… puedes hacer otras cosas, TK.- ésta vez, la ansiedad se hizo presente en la joven a quien las manos le temblaban desesperadamente.- Podrías casarte…- el chico soltó una carcajada, dejando a Catherine atónita.- ¿Qué? ¿Por qué te ríes?- inquirió con cierto enfado en la voz.
-¿Casarme? No, eso no está en mis planes por ahora. ¿Quién quiere casarse a los veintes? Apenas estoy comenzando a vivir y siento que es mi momento de cometer errores, hacer locuras de las que quizás después me arrepienta pero que un día serán grandes historias para mis nietos.- la chica asintió simplemente, sintiéndose inmensamente decepcionada.
-Te han embrujado, ¿verdad?
-¿Eh?- el rubio volteó a verla sin comprender del todo sus palabras.
-Tú no eres el TK que conozco. Aquél que es fiel a la voluntad de sus padres y que busca formar una vida tradicional.- ambos se detuvieron, pues la plática había tomado otro tono de intensidad, y él quería dejarlo algo muy en claro.
-Nunca lo he sido, Cat.- el rubio se mordió el labio mirando hacia los inmensos edificios que los rodeaban y no pudo evitar sonreír al presentarse la imagen de Kari en sus pensamientos.- Siempre he deseado viajar. Poder formar una banda, irme de fiesta y no dormir en toda la noche y amanecer en alguna cafetería a las siete de la mañana tomando café barato y donas. Si algo me detenía era el miedo a que mis padres se decepcionaran de mí. Tú sabes cómo es Matt, lo mucho que ha salido adelante y se ha superado y eso representaba una competencia para mí hasta que me di cuenta que esa idea yo solo la formé; cada quien tiene su vida y no tengo por qué hacer lo mismo que él o intentar ser el hijo perfecto porque eso sólo le quita toda la diversión a ésta aventura.- la chica lo miró atentamente. Aunque una parte de ella anhelaba con el alma poder robarse el corazón de aquél muchacho guapo, ahora su realidad la hacía ver que jamás funcionaría una relación entre ellos. Ella había sido educada para ser una mujer de sociedad, dedicada a los eventos benéficos, con una hermosa casa en una zona residencial, tarjetas de crédito ilimitadas y un marido ejemplar al que pudiera presumir frente a sus amigas y éste hombre que tenía frente a ella no encajaba en ese estilo de vida.
Hacia las ocho de la noche, ya que la luz del día había desaparecido y el viento soplaba con mucha fuerza anunciando la venida de una tormenta, regresaron a casa del rubio donde su padre había regresado del mandado y estaba sacando las bolsas del carro.
-Gracias por salir hoy, TK. Por todo lo que me has dicho.- dijo ella, sacando las llaves de su carro de la bolsa.- Buenas noches, reverendo.
-Ah, hola Cathy, ¿cómo va todo?
-Excelente.- respondió sonriendo ampliamente, a lo que el señor Ishida correspondió de la misma manera.
-No hay nada que agradecer, Cat. Fue agradable poder platicar contigo.- murmuró TK, metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.- Sabes que siempre serás bienvenida en mi casa y si necesitas algo con gusto te ayudaré.- ella asintió simplemente y lo abrazó, sabiendo que aquél abrazo, que había anhelado por mucho tiempo, sería quizás el último que se dieran.
-Espero que todo salga bien con Kari.- dijo ella sin percatarse de que el reverendo los estaba escuchando.- Te deseo mucha suerte.- y tras regalarle una última sonrisa, subió a su coche y se fue sabiendo que a partir de ese momento debía trazarse nuevas ilusiones y planes de vida en los que el rubio no estuviera incluido. Sabía que ya no tenía caso seguirlo esperando pues su corazón estaba muy, muy lejos de ella, en un lugar que le pertenecía a alguien más.
-¿Kari?- preguntó su padre, cerrando la cajuela del coche. TK le quitó una bolsa de papel del brazo, que contenía víveres alimenticios, y ambos entraron a casa antes de que la lluvia azotara contra las descuidadas calles de concreto.- ¿Por qué Catherine te dijo eso, hijo?
-Por nada.- respondió él simplemente. No quería sacar el tema con su padre aún.
-Por favor, cuéntame.- insistió el reverendo, guardando la verdura en el refrigerador. TK se sentó sobre la barra y tomó el salero entre sus manos, jugando con él.
-Pues, nos hemos estado viendo.- comenzó.- La verdad, me gusta mucho, papá.
-Pero ella no es cristiana.- afirmó el señor Ishida, haciendo exasperar a su hijo.
-Lo sé. Pero eso no es tan importante, ¿sabes?
-Takeru, eso lo es todo. ¿Cómo puedes estar con alguien que tiene creencias diferentes a las tuyas? Tú sabes que ese tipo de cosas no le agradan a Dios…
-¿Dónde lo dice?- inquirió desafiante. Su padre permaneció de pie, frente a él, sin quitarle la mirada de encima.- Yo creo que nunca podremos estar cien por ciento en acuerdo con alguien, por algo somos diferentes y creo que la menor de las preocupaciones que Dios tiene ahorita es si estoy con alguien cristiano.
-No faltes al respeto en mi casa.
-¡No lo estoy haciendo!- el rubio se levantó, dispuesto a subir a su cuarto, pero su padre lo detuvo.
-¡TK, ven acá! No hemos terminado de hablar.
-¿Y para qué quieres hablar? ¡Si nunca me escuchas! Sólo te interesa que te obedezca y haga todo como me lo pides pero nunca te has preocupado por lo que quiero.
-No digas eso. Tu madre y yo nos hemos dedicado en darte a ti y a Matt todo cuanto necesitan, velamos por sus intereses…
-¡No, papá! No es eso de lo que hablo. Es que tú no sabes cuáles son mis sueños, mis anhelos…
-Claro que lo sé. Vivirás aquí hasta que te cases, tendrás un excelente trabajo al igual que Matt, seguirás apoyando en la iglesia. Eso es lo que te gusta.- el rubio negó con la cabeza, volteando la mirada pues sentía que si seguía viendo a su padre iba a explotar.- ¿No es eso? ¿Entonces qué es, Takeru? Dime ahora, así sabré qué es lo que quieres.- el reverendo se cruzó de brazos, esperando a que su hijo hablara.
-No quiero vivir aquí, ¿ok? Quiero viajar por el mundo, sin un destino en específico, y conocer lugares y personas. Quiero tener una banda y disfrutar la vida.
-Y después terminar como un borracho o drogadicto en algún centro de rehabilitación, en prisión o peor aún, muerto.
-¿Ves? No sé ni para qué me esfuerzo en decírtelo si no lo entiendes.
-Sé bien cuál es el fin de una vida así, Takeru, y no permitiré que mi hijo termine así.
-¿Y por qué crees que me pasará eso? ¿Es que acaso no me conoces bien? ¿No confías en mí?- el señor Ishida permaneció inmóvil.- A diferencia de Matt, yo siempre he respetado mis principios, papá. Todos esos valores que mamá y tú me inculcaron viven aquí.- el rubio se dio una palmadita del lado izquierdo del pecho, en donde está el corazón.- Pero quiero experimentar, quiero divertirme y conocer y no por eso voy a perderme como dices.
-Takeru… te prohíbo que vuelvas a ver a esa muchachita Kari, ¿entendiste? Mira nada más las ideas que te ha metido.
-¿Qué…?
-No quiero que vuelva a pisar un pie en ésta casa y si me llego a enterar de que la has visto, te vas directo a un internado, ¿me oíste?
-¡A ella no la metas en esto! Estoy enamorado de Kari y seguiré viéndola. No puedes prohibirme eso.
-¿Quién es Kari?- de pronto los dos voltearon hacia la entrada, en donde Matt iba llegando. Tan fuerte era el tono de su discusión que no lo escucharon entrar.
-Una vez más, Takeru, mientras vivas bajo mi techo sigues mis órdenes y tienes prohibido acercarte a ella.
-Si así serán las cosas, bien. Entonces me voy.- sin dar lugar a réplicas salió corriendo de su casa.
-¡TK!- Matt intentó alcanzarlo pero el reverendo lo detuvo.
-Déjalo. Sé que va a volver.
-¿Puedes decirme qué rayos ha sido todo esto?- inquirió el rubio, confundido. Apenas entró de nuevo a casa con su padre comenzó a llover fuertemente.
-A tu hermano se le ha metido la idea de querer viajar, formar una banda y conocer el mundo.- dijo el reverendo, poniendo a calentar agua para preparar té.- Es por esa muchachita, Kari. Creo que también se llama Ronnie…- Matt abrió los ojos sorprendido al escuchar su nombre.- TK dice que está enamorado de ella. Ya decía yo que nada bueno le traería esa relación…
-¿Enamorado?
-¿Te pasa algo, Matt? Estás muy pálido.- dijo el reverendo, frunciendo el ceño.
-Lo siento, papá. Tengo que salir.
-¿Ahora? ¿Con ésta tormenta?
-Te llamaré al rato.- tomando las llaves de su coche, arrancó rápidamente.
Era hora de ajustar cuentas.
Otra noche inusual para ella, en la que se dio el lujo de rechazar varias invitaciones a fiestas que seguramente ahorita estarían culminando en orgías o algo similar.
Sentada al borde de su ventana, con un cigarrillo a mitad de consumo entre sus dedos, Hikari contemplaba encantada la hermosa ciudad que tenía al frente cómo era bañada bajo las enormes nubes negras que vestían el oscuro cielo, con estrellas apagadas, esa noche.
Le dio dos caladas más al tabaco, inhalando profundamente hasta que el humo pasara por sus pulmones, y luego dejándolo escapar. Era muy temprano para ir a la cama y no sentía deseos de encender su laptop para ver alguna película.
Miró el desastre de ropa y libros que había sobre el piso de su habitación y se dijo a sí misma que debía poner orden pronto. Dado el último percance que vivió y la visita sorpresa de su padre, en la que por suerte no encontró cosas anormales en aquél cuarto, temía que a él se le hiciera costumbre hacer eso y llegara en cualquier momento.
Se quitó la blusa que llevaba, quedando únicamente en ropa interior, y fue al baño a abrir la regadera para dejar que el agua caliente comenzara a salir. Planeaba darse un largo baño y después buscar con qué entretenerse.
Justo cuando iba a entrar a la ducha tocaron apuradamente la puerta de su cuarto. Se envolvió en una toalla para poder abrir, pensó que probablemente se trataba de Yolei, que iba a contarle algún chisme de algo que estuviera pasando en el campus, pero se llevó una enorme sorpresa al ver a otra persona frente a ella…
-TK…- el rubio, escurriendo agua de la ropa y el cabello, la tomó del rostro, besándola apasionadamente.
Sin darse cuenta, Kari soltó la toalla que cayó a sus pies, y abrazó al chico por el cuello, enredando sus dedos en su mojado cabello, para corresponderle. TK azotó la puerta con su otra mano para cerrarla. La castaña lo jaló hasta el baño, desabotonando torpemente su camisa, y lo hizo entrar con ella a la regadera en donde el golpe de agua caliente los hizo reír.
Finalmente, después de mucho forcejeo, logró desvestir al chico.
Té + oreo + mi gato + lluvia + Coldplay = Inspiración masiva.
Que pasen una excelente semana! Wuuuu :D
