Capítulo 18
El pequeño cuarto se encontraba el total silencio. Hacía rato que los chicos del piso de arriba habían decidido darle fin a su pequeño festejo y la música electrónica que había hecho retumbar paredes y ventanas ahora apenas y parecía un eco lejano en el aire.
El sol se encontraba a unas cuantas horas de postrarse sobre el azulado cielo neoyorkino, que se hallaba pintado de un violeta claro y muchas de las estrellas que solían brillar con firmeza en verano parecían haberse apagado.
Pero el tiempo y el espacio eran dos conceptos que aquella chica no comprendía. Sus sentidos parecían irse desactivando conforme los segundos transcurrían los relojes de su hogar. Su cuerpo, helado y arrugado, se había adormecido adentro de aquella bañera cuyo líquido rojo la cubría completamente. El placentero dolor que le causó abrir sus venas con una navaja de afeitar ahora era nulo. Sentía palpitaciones en diferentes lugares de su cuerpo y estaba segura que su presión sanguínea iba en descenso.
Y todo por haber firmado un pacto con Satanás. ¿Por qué dejó que la situación se saliera de control? Ella era experta manejando personas, conocía todos y cada uno de los trucos de manipulación, ¿en qué había fallado?
-Te enamoraste…- le decía la diabólica voz de su conciencia.
Había caído siete cielos abajo por TK. Se había dejado cautivar no sólo por su belleza física sino por su alma.
¡Ja! Ridícula cosa que ella pensara en el alma. Durante sus años en colegios religiosos había debatido en algunas ocasiones acerca de su existencia y ahora, irónicamente, un simple mortal le había demostrado de lo que están hechas las personas, aquello que es más valioso que todo el oro del mundo y sin embargo, carece de un precio monetario.
Lo único que Kari deseaba era poder dormir para siempre. Tanto era el odio que emanaba hacia ella misma que su mayor anhelo se había convertido en desaparecer y no recordar jamás lo que había hecho, los corazones heridos, especialmente de aquél rubio que hacia unas horas había tenido entre sus brazos infundiéndole un calor que a gritos su cuerpo le suplicaba le devolviera.
El pensar en que debía continuar con su vida sin él, veinticuatro horas durante siete día de la semana tenía que acoplarse a una rutina vacía y sin sentido con el único fin de hacer que pasaran los años hasta que la vida se cansara de penetrar su cuerpo seco y amargo, que por un breve momento disfrutó una probadita de cielo terrenal. El solo hecho de imaginar semejante idea la hacía estremecerse de miedo y dolor. Hacía tanto tiempo desde la última vez que dependió así de alguien y en ese momento se recordó a sí misma por qué no lo había hecho.
La puerta de su habitación se abrió pero ella, inconsciente y somnolienta, apenas y escuchó el fuerte golpe como un eco distante.
-¡Kari!- una voz familiar llegó a llenar el ambiente frío y sintió el calor de dos brazos tomarla por la espalda; le costaba tener los ojos abiertos y entre la silueta que logró divisar apareció una chica de cabello lacio y lentes de pasta gruesa que intentaba sacarla de la bañera.
-¿Señor Ishida?- un joven médico, que rondaba en los treinta, se acercó al reverendo quien se hallaba sentado en la sala de espera de aquél enorme hospital junto a su hijo Matt.
-Doctor Travis, ¿cómo está Takeru?- respondió con angustiosa voz.
-Por ahora se encuentra estable. La navaja no logró perforar ningún órgano aunque sí perdió una buena cantidad de sangre. La fractura en su mano derecha sanará rápido y los golpes en sus costados no provocaron daño interno.
-¡Gracias a Dios! ¿Puedo verlo?
-Aún no. Lo mantendremos en cuidados intensivos durante las próximas veinticuatro horas. Por ahora le pido que me acompañe para llenar una papelería, además de que se debe levantar una denuncia por lo que sucedió.
-Claro, doctor.- dijo el señor Ishida.- Matt, espérame aquí, ¿sí? Ahora vuelvo.- su hijo mayor, quien no daba crédito a lo sucedido, se limitó a asentir simplemente.
¿Cómo algo tan simple, como un encuentro casual con una hermosa chica en aquél bar, lo había llevado a estar ahora en aquella sala de espera? Matt estaba seguro de que Kari tenía algo que ver con lo que le había sucedido a su hermanito. No podía ser casualidad que la noche en la que descubrió su amorío TK hubiera sido víctima de un asalto. Pero antes de hablar y decir lo que sabía necesitaba pruebas.
-Matt…- escuchó de pronto una dulce voz y al levantar la cabeza miró a Sora, con su uniforme rosa y un abrigo gris, y de inmediato se levantó y la abrazó, dejando por primera vez en esa noche llorar sus sentimientos.- Ya, Matty. Aquí estoy, tranquilo.- decía ella poniendo toda la fuerza que tenía para que su voz no se quebrara, mientras acariciaba el rubio cabello del chico que aún ocupaba sus pensamientos antes de dormir.
-Me alegra tanto que estés aquí.- dijo él, ya un poco más calmado. La pelirroja sonrió y pasó una de sus pequeñas manos para limpiar las rosadas mejillas del chico.
-¿Quieres ir a platicar? Vamos por un café.- Matt la miró, recordando en ese instante el momento en el que se enamoró de ella, por esa calidad humana que la caracterizaba y que no importaba si su peor enemigo estaba muriendo ella era capaz de dar su vida por salvar la del otro.
Fueron a una pequeña pero modesta cafetería que se hallaba en frente del hospital. Se sentaron en una orilla, alejados del bullicio de los clientes nocturnos, que en su mayoría eran enfermeras y doctores que se hallaban tomando su descanso de quince minutos antes de su siguiente guardia.
Sora, como siempre, pidió su cappuccino caliente, mientras Matt optó por tomar un té de vainilla con leche deslactosada.
El rubio le contó detalladamente cómo había comenzado todo desde que conoció a Kari en aquél bar. Sus encuentros con ella, las llamadas, y cómo fue engañándolo hasta que consiguió romper su compromiso para después llegar con la sorpresa de que todo había sido un juego y lo mismo hacía con su pequeño hermano. Mientras él narraba los detalles, Sora no pudo evitar el llanto y tranquilamente se limpiaba las lágrimas mientras escuchaba con dolor en su pecho, cómo su amado chico había permitido que eso sucediera.
-Lo siento demasiado, Sora. He sido el más imbécil de los hombres y te he lastimado sin que lo merecieras.- ella se mordió el labio para reprimir un puchero al sentir el nudo en su garganta intensificarse.- Y ahora estás aquí dándome tu apoyo como siempre… sin que yo lo merezca…- dijo él con la voz quebrada.- No tengo cómo agradecerte o pagarte por esto.
-No tienes que hacerlo.- lo interrumpió ella.- Se llama amor, Matt. Es algo que siento por mis semejantes, no ha sido fácil, pero mi profesión me ha ayudado a ejercerlo. Aunque claro, contigo es diferente.
-¿Ah sí?- inquirió él con una media sonrisa mientras se limpiaba sus ojos enrojecidos.
-Te he amado desde la primera vez que te vi y no he dejado de hacerlo y para ser sincera…- se le escapó un pesado suspiro del pecho y agachó la cabeza dejando que las lágrimas resbalaran a su regazo.- No concibo cargar con este amor el resto de mi vida sin poder dártelo.- el rubio no contuvo más el llanto y se inclinó, tomando el rostro de la chica en sus manos y besándola, sintiendo aquella necesidad saciarse al sabor de su aliento.
-Te amo, Sora. Y lamento tanto lo que hice…
-Shhh.- la pelirroja puso su dedo índice sobre los labios del chico.- Ya no quiero hablar más del pasado.- ambos sonrieron y se miraron diciendo a través de sus ojos todo lo que con palabras no podía ser expresado, y volvieron a besarse.
Andddd here I am! Me cuesta mucho cerrar historias, para ser sincera no sé de qué manera ponerle fin a esta. Tengo varios borradores plasmados y las ideas para nuevas historias van fluyendo y estoy de que "NO POR FAVOR!" es bien frustrante querer escribir algo nuevo sabiendo que tengo otras pendientes D: buena noticia es que ya pronto se acaba el ciclo escolar y tendré al menos por un mes vacaciones :p
Este capítulo fue inspirado por Better me - We the committee
