Capítulo 19

Lentamente fue sintiendo sus pestañas despegarse mientras rayos de luz penetraban sus pupilas sin dejarla ver claramente en dónde se hallaba.

Vagos recuerdos de lo que había sucedido se presentaron en su mente. ¿Había muerto? ¿O había conseguido seguir viviendo como forma de castigo por sus actos? Recordó a Yolei, quien la había sacado de aquella bañera, ¿le habría dicho su amiga a alguien sobre su condición?

Se talló los ojos y al poder enfocar se halló en una cama de hospital. Las paredes blancas a su alrededor resplandecían como si tuviesen luz propia y debajo de la delgada bata azul sintió su cuerpo desnudo.

Así que no había muerto después de todo.

Segundos luego se abrió la puerta de aquella habitación dando paso a una enfermera, mayor de edad, de estatura baja y complexión redondeta. Llevaba sobre una mesa con ruedas una charola tapada con los alimentos del día y un vaso de agua de jamaica con azúcar dietético.

-Buenas tardes, Kari.- dijo sonriendo. Dejó la mesa a un lado de la cama para revisar los signos vitales de la chica. Fue ahí en donde ella se percató de que estaba conectada a una sonda y tenía una aguja clava en su mano izquierda.- ¿Cómo te sientes?

-Débil.- respondió sintiendo la boca pastosa.- ¿Dónde estoy?

-En el Bellevue Hospital Center. Fuiste internada ayer por la madrugada.- añadió la enfermera mirando de reojo las manos de la chica, que habían sido vendadas en el punto donde cortó sus venas.- Toma, debes ingerir alimento sólido. Enseguida le avisaré a tu padre que has despertado.

-¿Mi padre?- inquirió con suma angustia en su voz.

¡Oh no! Si su padre estaba ahí eso significaba que se había enterado de lo sucedido. Alguien le había dicho y eso sólo representaba… problemas.

La enfermera salió del cuarto dejándola nuevamente sola. Su estómago se contrajo causando palpitaciones que subían hasta su garganta. Un terrible miedo se había apoderado de ella y eso, aunado a la débil condición física debido a la pérdida de sangre que había sufrido, la estaban asfixiando.

No quería confrontar a su padre. No estaba preparada para ese momento, ¡ni siquiera se imaginó que ese momento llegaría!

-Estúpida Yolei.- pensó, dando por hecho que había sido ella quien le dio aviso.

Pasaron algunos minutos en el que no se escuchaba movimiento afuera. Quiso bajarse de la cama pero el aparato en donde se hallaba la bolsa de suero era muy pesado para arrastrar.

Su estómago profirió aquellos bien conocidos gritos de súplica por alimento y tomó la charola que contenía milanesa de pollo, arroz blanco y puré de papa. De postre le habían dejado una gelatina de uva y una pequeña dona de azúcar. Se lo comió todo a pesar del sabor desabrido, que como toda comida de hospital, tenía.

La comida le cayó como gloria. Sentía como si hubiera pasado una semana sin probar bocado.

-¿Puedo pasar?- escuchó la gruesa voz de su padre quien entreabrió la puerta para asomar la cabeza.

-Adelante.- dijo, aclarándose la garganta.

Aquél hombre de traje Armani, con camisa blanca y corbata deshecha de color gris, no se parecía para nada a su padre. Bajo sus grandes ojos castaños resaltaban dos círculos oscuros y se le formaban unas bolsitas cargadas de sueño acumulado. Llevaba la barba crecida, como cuando dejaba pasar tres o cuatros días sin rasurarla. Tenía sus manos descuidadas, se había estado comiendo las uñas, maña que el señor Yagami, su engendrador, jamás había tenido.

-¿Cómo estás?- inquirió él clavando fijamente su vista en esa hermosa joven a quien seguía viendo como la primera vez: tres kilos con trecientos gramos, treinta y cuatro centímetros de largo, piel blanca y ojos almendrados… así es como él la veía.

-Confundida.- respondió ella ocultando sus temblorosas manos bajo la sábana.

-Eso es normal. Perdiste mucha sangre y eso aunado a la anemia que padeces, te ha dejado sin fuerza.- ¡oh mierda! Entonces ya sabía lo de la anemia. Se formó un incómodo silencio en el que Kari esperaba ser dejada a solas para formular una mentira creíble y justificarse pero al ver que su padre no planeaba moverse de ahí hasta obtener una explicación de los hechos, decidió hablar.

-Papá yo… siento mucho lo que hice.- Susumo agachó la cabeza y se acercó a la ventana que daba vista al hermoso puente de Manhattan.

-¿De verdad lo sientes, Hikari?- su hija pasó saliva. Escuchar su nombre completo significaba decepción y enojo.- ¿De verdad estás consciente de todo lo que hiciste?- un par de lágrimas resbalaron por las pálidas mejillas de la joven.

-Lo estoy…

-Destruiste el matrimonio de un joven inocente cuya vida sólo estaba reformando, gracias a ti ahora Yolei está siendo investigada. Se hallaron cuatro clases de drogas en tu dormitorio, pudiste haber muerto a manos del hijo del mafioso Ichijouji, tu mamá está enferma en casa con la presión alta, se inventaron rumores acerca de que tu hermano era distribuidor de drogas, la prensa está atrás de nosotros y lo que es el colmo…

-Ya no sigas.- pidió ella con la voz cortada por el llanto. Al presentarse ahora las consecuencias de su pequeña diversión era como si le estuviesen atravesando miles de agujas en todo el cuerpo que sólo la dañaban pero no la hacían morir.

-Gracias a tu estúpido juego ahora el hijo menor del reverendo se halla en una cama de hospital gracias a una golpiza que no merecía.

-¿Qué!- el horror contenido en aquellas palabras era humanamente inexplicable.- TK no…

-Te he dado todo cuanto necesitabas. Cumplí incluso con tus caprichos porque todo lo que he deseado para ti siempre ha sido lo mejor, Hikari. Rompiste con la confianza que te tenía, estoy decepcionado de ti.

-¡Perdón!- gritó ella deseando acabar de una vez por todas con aquél sufrimiento.

-Apenas te den de alta serás transferida a una institución en la que recibirás ayuda psicológica y te recuperarás de tus múltiples adicciones.

-¿Qué? ¿Un manicomio?

-Iré a terminar de ordenar la papelería y deshacerme de la prensa para cuando salgas. Más noche pasaré a verte. Las enfermeras me avisarán si necesitas algo.- sin lugar para más palabras, Susumo salió de la habitación, dejando a su hija con un montón de inquietudes y preguntas sin resolver.


Pasaban de las tres de la mañana. Era una madrugada fría y lluviosa en la ciudad de Nueva York.

El piso de Cuidados Intensivos se encontraba bastante tranquilo, sordo ante el alboroto que se vivía en Urgencias.

De la habitación 352 salió un joven rubio, vistiendo su pijama azul de franela y una camiseta interior blanca. Hacía tres días que había sido internado y aún seguía en observación. Caminó en sus pantuflas de toalla por los limpios y abandonados pasillos de ese piso. Sus piernas le agradecieron el poco ejercicio que les daba en ese momento, al igual que su columna y su mente.

Algunas enfermeras, quienes no pasaron desapercibidas ante la belleza de aquél chico, se acercaron para ver si necesitaba algo pero al recibir amablemente una respuesta negativa lo dejaron andar a sabiendas que podían recibir un regaño pues los pacientes no tenían permitido salir sin compañía.

El muchacho caminó perdiéndose entre los laberintos que bien diseñadamente formaban los pasillos de aquél hospital hasta toparse con unas escaleras que daban a la parte superior en donde se hallaba Oncología. Pero algo más fue lo que robó su atención: de pie frente al ventanal, aparecía una joven de largo cabello castaño, quien llevaba un pantalón rosa con diminutas flores de colores y un suéter holgado en color gris.

Al reconocerla de inmediato, TK subió, inconscientemente cuidando no hacer ruido al pisar cada escalón y se paró al lado de ella.

-Estará lloviendo toda la semana.- dijo, haciendo que la joven se estremeciera y volteara. Sus enormes ojos marrones lo observaron incrédulos como si se tratase de un fantasma o alienígena.- Es el clima perfecto para estar en casa leyendo, bajo una manta, recostado en el sofá con la chimenea de frente.

-Y una taza de chocolate caliente con malvaviscos.- añadió ella a lo que el rubio respondió con una sonrisa. El chico se giró y quedaron de frente. Azul con marrón se hallaron nuevamente.- TK yo… siento mucho lo que pasó…

-Yo también soy responsable, ¿sabes? Tal vez si no me hubiera enamorado como tonto de una loca a quien le pagaron por seducirme, esto no habría pasado…

-TK…

-Sin embargo…- la detuvo. Un par de lágrimas escurrieron por las mejillas de la chica y él delicadamente las limpió con su mano.- Haberla conocido ha sido lo mejor que me ha pasado.

Kari sonrió y lentamente se acercó a él. Acarició su rostro, su barba, recorrió sus labios con su dedo pulgar y lo miró fijamente antes de fundir sus labios con los del chico, quien la besó con mucha ternura, con todo el cariño que sentía por ella.

Cuando se separaron, inevitablemente Kari se puso a llorar.

-Hey, está bien, bonita, yo sé que no hiciste las cosas por voluntad propia, te estaban pagando, estabas bajo amenaza…

-¿Cómo… cómo lo sabes?- TK le quitó cabello del rostro y sonrió.

-Tu papá le contó a mi papá todo, desde que Yolei confesó lo de Mimí y la detuvieron por compra y venta de drogas, la manera en que te había amenazado para que te alejaras de mí, cuando decidiste abandonar tu misión.- hizo un especial énfasis en esa palabra y ambos rieron.- Y ella no te dejó… en fin, sé todo lo que pasaste…

-¿Y aun así me aceptas?- inquirió ella sorprendida. TK asintió.- ¿A pesar de la vida que llevaba, de la cantidad de cosas que hice y tú no apruebas y de lo pecadora que soy?- el rubio se rio con esto último y tomó su rostro entre sus manos.

-Y aún con todo te quiero.- dijo besándola nuevamente. Kari le rodeó el cuello con sus brazos y se dejó llevar en ese momento.

-Mañana me internarán en…

-Lo sé.- la interrumpió él.

-¿Es que acaso hay algo que mi papá no le haya dicho al tuyo?- preguntó sonriendo y TK le dio un beso en la nariz.- No podré verte en meses. No sé cuánto tiempo estaré ahí.- el rubio repartió besos por todo el rostro de la chica, sus mejillas, su frente, su nariz, labios, barbilla, hasta que finalmente se quedó mirándola fijamente.

-Yo te esperaré una eternidad si es necesario.

FIN.


Y aquí termina la historia... :) gracias a todos por su apoyo y sus bonitos comentarios! La verdad no quería un final tan detallado y cliché, pero sí algo feliz!

Anyways, ahora sí me prepararé que tengo las historias que quiero escribir pero no la inspiración .