But swimming in your water is something spiritual


Toqué mi cadera que definitivamente se veía un poco más ancha, mis senos con varios moretones, me giré y por primera vez me percaté de las cicatrices de los arañazos que TK me había dado en la espalda.

– Mierda.

Había pasado poco más de un mes desde que el rubio y yo nos encontrábamos, casi a diario, para tener relaciones. Todo había sido tan rápido y apenas estaba consciente de la metamorfosis fisiológica que me estaba ocurriendo. Me envolví nuevamente en la toalla, tomé mis cosas personales y me dirigí a mi cuarto. Yolei estaba sentada en el escritorio terminando un ensayo sobre la esclavitud.

– Tenías razón.- dije, sacando ropa de mi clóset. Era verano. Afuera hacía un calor de los mil demonios así que opté por vestir un short de mezclilla, que si mi madre hubiera visto se habría escandalizado, una blusa ligera de tirantes en color blanco y sandalias.

– ¿Eh? ¿De qué hablas?- preguntó mi amiga, sin despegar la vista de la pantalla.

– Estoy… creciendo. Mis pechos son más grandes y están más sensibles, y mi cadera se ensanchó.

– Te dije que era el sexo. Bienvenida a mi club.- sonreí y dejé la toalla húmeda que me cubría el cabello sobre una silla de madera.- Kari, ¿vas a estar bien cuando me vaya?

– Pues sí. Voy a extrañarte mucho.

– Será tan sólo un año pero Francia está del otro lado del mundo. No quisiera dejarte, ¿sabes?

– Estaré bien, Yo. Es una oportunidad única y haces bien en aprovecharla.- dije sonriendo. Mi amiga asintió y regresó a lo suyo. Yolei se iría a una reconocida universidad de Europa por un intercambio académico. Tenía que admitir que su ausencia sí me dolería ya que nunca nos habíamos separado tanto tiempo. La conocía desde que estábamos en el kínder y era mi mejor amiga.

– Estás tomando la píldora, ¿verdad?- la miré de reojo a través del espejo de cuerpo completo que tenía frente a mí y me mordí el labio.- ¡Hikari! Tienes que cuidarte, no puedes confiar en los hombres.

– TK y yo ya lo hablamos y él no quiere que la tome.- dije, avergonzada.- Esas cosas engordan, Yolei, y hacen que tu humor cambie bruscamente.

Mi amiga no dijo más. Sabía que no le agradaba la idea de que no me cuidara pero igual no se metía mucho en mi vida.

Mi celular comenzó a sonar y al ver que se trataba de mi padre, le indiqué a Yo que saldría. Contesté a mitad de pasillo donde ella no pudiera escucharme y caminé hasta el patio central de la Universidad de Yale.

– Hola cariño, ¿cómo estás?

– Genial, papi. ¿Y ustedes? ¿Cómo están las cosas en casa?

– Todo está bien, tesoro. Tu abuela vendrá a pasar el fin de semana.

– Oh, me la saludas mucho.

– Kari, hay algo que quiero decirte.- dijo mi padre, poniéndome de pronto de nervios.- Ahora que tu compañera de cuarto se irá, no creo que podamos pagar toda una habitación para ti.

Ah, es eso.- pensé con alivio. Por alguna razón desde que empecé a tener mis escapadas ocasionales con Takeru, sufría un delirio de persecución y la paranoia de que alguien pudiera estar informándole a mi familia lo que hacía no me abandonaba.- No te preocupes por eso, papi. Probablemente me asignarán a alguien más.

– Eso espero. No me gusta la idea de que estés sola, cualquier puberto podría aprovecharse de ti.- me reí, tragándome las imágenes de TK aprovechándose muy bien de mí.

Tras cortar comunicación con mi padre, volví a encaminarme a mi dormitorio. Iba jugueteando con el celular en la mano que, cuando se me cayó, no me fijé que alguien venía al frente y me topé con esa persona haciendo que tirara sus libros y cuadernos.

– Lo siento tanto.- dije, levantando la vista.- ¿Matt?

– ¡Kari, hola!- el rubio se acercó y me dio un abrazo. Lo ayudé a levantar sus cosas y nos encaminamos bajo la sombra de un árbol para que el sol no nos calara en los ojos.

– ¿Qué haces aquí?

– Vine a arreglar unas cosas de la colegiatura de TK.- respondió, algo fastidiado.- Ya me iba.- asentí, pasando saliva. Era increíble el enorme parecido entre ellos y aún así cada uno me provocaba reacciones diferentes. Matt me hacía temblar de nervios, mi estómago se contraía y era incapaz de pensar con claridad.- ¿Has visto a mi hermano, de casualidad?- me mordí el labio y negué con la cabeza.

– Debe estar en clase.

– Sí.- se hizo un incómodo momento de silencio que yo empeoré al hablar.

– Hey, Matt. Quería decirte… bueno, ya sabes.

– ¿Si?- la expresión de su rostro debió ser mi señal para no seguir hablando pero yo, estúpidamente, le hice caso a mis impulsos.

– Aún… aún siento algo por ti. Y sé que tú no quieres nada, lo hemos hablado… es muy tonto que te lo diga, pero… yo…- el rubio me miró con algo parecido a la pena. Quería salir corriendo y enterrar la cabeza en mis almohadas sin volver a saber del mundo.

– Escucha Kari… lamento mucho si te he dado alas o algo parecido. Pienso que eres muy linda y estoy seguro de que eres una excelente persona pero no puedes obligarme a quererte, simplemente no lo siento y…

– Está bien.- lo interrumpí, sonriendo.- Entiendo Matt, sólo quería que lo supieras. Nuevamente.- añadí con vergüenza.

– Debo irme. Te veo luego, ¿si?- asentí simplemente y él se alejó.

¿Por qué había hecho eso… otra vez?


Sus labios devoraban con ganas los míos. Nuestras lenguas se enredaban en un caluroso baile que nos erizaba cada vello del cuerpo. Sujeté el rostro de TK entre mis manos sin apartar mi boca de la suya y pegué mi pecho contra el de él. No estaba segura de si era su corazón o el mío lo que sentía y aunque le dedicara toda la noche quizás no lo sabría.

Besé su cuello, dándole pequeñas mordidas y succionándolo como le gustaba y desabroché su pantalón.

– Kari, Kari, espera.- tomó mis manos, apartándolas de su prenda. Lo miré a los ojos sintiendo que me derretía en el mar azul que representaban.- Estamos en un estacionamiento.

– ¿Y?- pregunté, restándole importancia.

– Pueden vernos.- miré a mi alrededor. Había solamente un auto más del lado opuesto de nosotros y no había nadie en él. El vigilante de seguridad se había ido hacía unos cinco minutos y, de todos modos, los vidrios del coche de TK eran oscuros y no nos verían fácilmente.

– Hagámoslo rápido.- dije, besando sus labios.

– No, no, no… ¿no puedes esperar a mi apartamento?- sonreí y negué con la cabeza. Él suspiró y se levantó un poco para bajarse el pantalón y ponerse el condón.

Hice lo mismo con mi short y pantis, y, sentada sobre él, lo sentí penetrarme. Había superado la etapa del dolor y ahora aquella sensación se me antojaba deliciosamente placentera. Sujeté a TK del cuello y lo besé mientras me movía en un vaivén sintiéndolo entrar y salir de mí. Takeru bajó sus labios y besó mi pecho. Acarició mi cintura y mi espalda mientras yo aceleraba el movimiento.

– Kari, no…

– Shhh…- un gemido se nos escapó y mi cuerpo se llenó de ese cosquilleo que segundos luego terminó en un excitante orgasmo al colapsar junto a TK. Seguimos besándonos por un rato hasta que volví a acomodarme en el asiento de copiloto.

– Saltamontes.- me habló espantando el sueño que empezaba a sentir.- Eres insaciable, ¿sabías?- sonreí simplemente. TK se puso el cinturón e hice lo mismo, dispuestos a marcharnos a su casa.

– Hoy vi a tu hermano.- dije, creyendo que él debía saberlo por mí antes de que Matt se lo dijera.

– ¿Ah si? ¿Y qué pasó?- preguntó él, sin despegar la vista del frente.

– Nada. Lo mismo de siempre. Entré en shock, le dije que me gustaba por centésima vez y me mandó al demonio.- me mordí el labio reprimiendo la desdicha que eso me causaba, pero no quería que él lo supiera.

– Lo siento, Kari. Matt es… extraño.

– ¿Cómo?- me voltee, para verlo de frente y él me miró de reojo. Ya estábamos por llegar a su departamento.

– Sólo sé que salió con una chica por un tiempo pero las cosas no fueron bien y desde entonces Matty se dedica a trabajar y ya no piensa en esas cosas.- asentí simplemente, quedándome callada.- Pero bueno, todo puede cambiar, ¿no?- dijo, sonriendo, gesto que imité.

Llegamos a su casa y entré directo a la cocina. Me moría de hambre. Saqué los ingredientes del refrigerador para preparar unos sándwiches mientras él permaneció en la sala escuchando los mensajes de su contestadora.

Tras pasar mucho tiempo ahí, ya conocía bien cada rincón de aquél hermoso departamento. Los papás de TK, al parecer, tenían mucho dinero y habían decidido comprárselo cuando decidió estudiar aquí en Nueva York, pues no consideraban propio que su pequeñito viviera en algún dormitorio de la universidad. Lo mismo habían hecho con Matt, pero éste, al graduarse, pudo hacerse de su propia vivienda, ya que no le gustaba depender de sus padres, y ahora era un hombre totalmente independiente.

– Genial, muero de hambre.- dijo Takeru, entrando de pronto. Se paró atrás de mí, sujetándome por la cintura, y me besó el cuello haciéndome desatinar.

– Basta, o no comeremos hasta mañana.

Nos sentamos en la barra, puse dos platos, uno frente a él y otro frente a mí y serví la comida, abriendo una bolsa grande de frituras y saqué dos refrescos enlatados del refrigerador.

Comimos muy a gusto, hablando de esto y aquello. Era asombroso lo bien que congeniaba con TK y muchas veces me preguntaba si eso tenía que ver con el sexo. Desde el primer momento confié en él y podía ser yo misma, decirle todo lo que pensaba, y no me preocupaba lo que dijera de mí o si se burlaba o no. Era algo así como mi mejor amigo.

– Kari, he estado pensando.- dijo, cuando ya iba por el segundo sándwich.- ¿Por qué no te vienes a vivir conmigo cuando Yolei se vaya?- me atraganté con la comida y tuve que tomar de mi refresco. TK se burló, pero su mirada permaneció seria.

– ¿Vivir aquí?- farfullé, con la voz algo ronca.- No lo sé.

– ¡Oh, vamos! Tu familia no tiene por qué enterarse y, de todos modos, es como si ya lo hicieras. Tengo un cajón lleno de ropa tuya y más de la mitad de las cosas que están en el baño te pertenecen.- me enrojecí al escuchar esto, era algo que había sucedido pero nunca lo habíamos comentado en voz alta.- Piénsalo, ya nada nos limitaría. Dormiríamos juntos todas las noches y sería muy agradable despertar siempre a tu lado.- sentí mis mejillas arder y fue inevitable sonreír.

– Está bien, está bien. Pero dudo mucho que lo que hagamos en las noches sea dormir.- TK sonrió y terminamos la comida charlando de otras cosas.

Aquello sería interesante.


Este año será interesante.