'Cause you make me feel like, I've been locked out of heaven

Salimos del restaurante faltando poco antes de medianoche. Yo me sentía terriblemente cansada. Había dormido sólo cuatro horas en todo el fin de semana, entre estudiar para finales, terminar proyectos atrasados y malgastar el tiempo con TK, tuve que descuidarme y ahora mi cuerpo presentaba los cargos multándome con fatiga.

Subí al coche de Matt y él emprendió tranquilamente la marcha hacia el campus. Pensar que llegando debía coger un taxi para irme a casa de su hermano me daba mucha flojera.

– ¿Te gustó la cena?– preguntó él, cuando nos detuvimos en el primer semáforo en rojo. Me voltee para verlo de frente y sonreí. Se veía muy guapo con su camisa formal blanca y ese pantalón gris oscuro.

– Estuvo deliciosa. Muchas gracias.– respondí, escapándoseme un bostezo.– Probablemente vaya a dormir hasta mañana…– en ese momento fui interrumpida por la melodía de su celular. Matty pisó el acelerador y sacó el aparato de su pantalón.

– Tengo… tengo…

– Adelante.

Contestó la llamada y yo volví a enfocar mi vista por la ventanilla.

Había sido una velada bastante aburrida… tranquila. No entendí ni la mitad de la plática acerca de la bolsa de valores y el deshielo de los polos, pero disfruté tener de cerca a Matt. Ahora lo único en lo que podía pensar era en que quería llegar a casa, meterme bajo las cobijas y utilizar a Takeru de almohada para no despertar hasta el día siguiente a la hora de la merienda.

Para ser honesta, me sentía incómoda con esa situación. Sabía que en algún momento debía ponerle un alto a la relación que llevaba con el hermanito menor de Yamato, pero lo nuestro era muchísimo más fuerte que la fuerza de gravedad. No estaba segura de querer hacerlo y tener que esperar a que Matt quisiera… darle otro rumbo a lo que teníamos.

– ¡Diablos!– maldije enojada, al recordar que tenía que revisar un ensayo que entregaría mañana. La universidad nunca había supuesto un estorbo hasta que TK apareció.

– ¿Sucede algo malo?– preguntó Matt, estacionándose afuera del campus.

– No, nada.– respondí simplemente y él sonrió.

– Me agradó verte hoy, Kari. Espero que te hayas divertido.

– Sí. Gracias por todo, Matty.– me acerqué y él me dio un beso en la mejilla.

Lo miré a los ojos por un momento, lo tomé del rostro y lo besé apasionadamente pero él apenas y movió los labios. Me desabroché el cinturón de seguridad y me incliné, acariciando su cuello y enredando mis dedos en su cabello, pero el rubio parecía pasmado, sin querer responderme. Lentamente, me sujetó de la cintura y me apartó.

– Kari… no…– dijo en voz baja.– Eres una chica preciosa y me encantas pero no quiero hacer las cosas así, ¿entiendes?– fruncí el ceño, obviamente sin entender. Matt se aclaró la garganta al ver que no respondí y habló.– No quiero tener… que tengamos… ya sabes, relaciones. No aún.– asentí simplemente y abrí la puerta, sintiéndome una completa «ofrecida».– Espero que estés de acuerdo con esto, Kari.– me voltee para verlo y medio sonreí.

– Está bien, Matt. Entiendo.– el rubio sonrió ampliamente.

– Tal vez el fin de semana tendré una tarde libre, ¿podemos vernos?

– Seguro.

– Genial. Yo te llamo.

Salí de su coche, él me saludó con la mano cuando encendió el motor, y se fue de ahí.

Me maldije mil veces por haber hecho eso. No sé qué rayos me hizo pensar que él reaccionaría diferente. En el tiempo que llevábamos saliendo nunca me había provocado para acostarme con él, lo cual me decía que era un buen chico y no buscaba sólo «eso», pero por otro lado me perturbaba que ya habían pasado más de cinco citas y seguía rechazándome.

Malhumorada, tomé el primer taxi que pasó y en menos de quince minutos ya estaba en casa de TK. Azoté fuerte la puerta al entrar y me dirigí directo a la habitación donde él estaba, vistiendo sólo su ropa interior azul, viendo una película.

– ¿Se murió alguien, Saltamontes?– inquirió, bajando el volumen de la televisión. Yo me quité el vestido, tirándolo al piso, y me quedé sólo con el sostén y panties oscuras.

– Nada, sólo…– puse mis manos sobre su peinador, agaché la cabeza e inhalé aire profundamente. Sin darme cuenta, Takeru se levantó y apartó mi cabello hacia un lado, besándome un hombro.

– ¿Tienes hambre? ¿Quieres que te prepare algo?– me giré para verlo de frente, acaricié su mejilla y sonreí ante su mirada tierna.

– Un café, por favor.– hablé con la voz entrecortada y los ojos llorosos. TK me dio un pequeño beso en los labios y salió del cuarto.

¿Qué estaba pasándome? Lo de Matt no tenía mucha importancia, había sido un incidente incómodo pero nada grave como para que me pusiera a llorar. Sentía miedo, una extraña angustia brotaba en mi estómago pero era incapaz de palpar a qué se debía.

O tal vez no quería saberlo.

Me miré en el espejo y respiré un par de veces hasta sentir que los latidos de mi corazón se normalizaban. Tomé una camiseta verde que TK utilizaba para andar por el departamento y que me cubría hasta mitad de los muslos. Me quité el sostén y recogí mi cabello en una «cebolla» alta.

Hurgué en mi bolso hasta hallar el iPad que Yolei me había regalado y abrí el documento que tenía mi ensayo. No quería corregirlo, sentía que ya estaba listo, pero debía darle una última chequeada.

TK apareció con dos humeantes tazas de café y me ofreció una. Se sentó a mi lado en la cama y miró lo que hacía con mi moderno artefacto.

– ¿Te importa si leo un trabajo que debo entregar mañana? No me vendría mal una opinión externa.– el rubio asintió, dándole un trago a su café. Me aclaré la garganta y activé el zoom en la pequeña pantalla para ver con mejor claridad.

– "La gente se proclama libre para hacer de su vida un rehilete. Libre para tomar decisiones, libre para votar, para obrar como se les hinche la gana, para hablar, vestir y actuar de la manera que quieran, pero viven tan condenados desde pequeños por prejuicios y creencias mal inculcadas, que no conocen lo que la libertad es…"– me detuve en éste punto, interrumpida por la sensación que me causaban los dedos de TK jugueteando con mi cuello y mi brazo. Su respiración soplaba en mi oído con el delicioso aroma a cafeína y fui incapaz de concentrarme. Apagué el iPad y él me miró dubitativo.– Cuéntame cómo estuvo tu día.– le pedí, dándole un gran trago al delicioso café.

– Okay.– respondió riendo y dejó su taza vacía sobre el buró a un lado de la cama.– Fui a clases, aburridas como siempre, después a jugar básquetbol y a nadar. Estaba viendo una película de judíos antes de que llegaras, pero la verdad estaba ansioso por verte.

– ¿Ah sí? ¿Por qué, «Mr. Soy el hombre más sexy sobre la faz de la tierra»?– dije esto último arremedando su voz y él rio.

– Quería saber cómo te fue con mi hermano. ¿Te divertiste?– agaché la cabeza y medio sonreí, le di otro trago a mi café y le pedí que pusiera la taza junto a la de él. Sus ojos me escrutaban con impaciencia, deseosos por escuchar una respuesta.

– Pues, me fue bien. Bastante normal.– me encogí de hombros y me acosté sobre su pecho desnudo, acariciándolo. Mi mirada se perdió en el vacío y mis nervios desaparecieron a la melodía de los latidos de su corazón. TK me besó la cabeza y acarició mi espalda.

– ¿Estás bien, Kari?– preguntó, casi en un susurro, como si no quisiera quebrantar la paz del ambiente. Levanté el rostro, me estiré un poco y lo besé.

Takeru se movió de lado, acomodándose sobre mí, y me besó lenta y profundamente. Sus manos se apretaron a mi estrecha cintura y mis dedos danzaron con su cabello. Su aliento aún conservaba el agradable sabor a café y tal fue su manera de besarme que me faltó aire. Deslicé mis manos por su espalda ancha y rocé sus piernas con las mías. Su camiseta verde fue a parar al piso y al quedar expuesta frente a él, que me miraba como quien desea grabarse una imagen para el resto de su vida, sentí un revoloteo en el estómago.

– Eres…

– Shhh.– no deseaba que hablara. Me aterraba saber que diría algo que me haría…

TK me besó el cuello y fue bajando por mi pecho. Besó mis senos de manera delicada, siendo muy cuidadoso, y llegó hasta mi vientre. Levantó la cabeza y posesionó sus labios sobre los míos con fervor. Me aferré a su cuello y pegué mi cuerpo al de él. Me gustaba sentir su calor, la «energía» que emanaba al rozarme.

Nos quitamos la ropa interior y él se preparó para penetrarme. Sus manos me sujetaron del cuello y sus largos dedos acariciaron mis mejillas mientras me besaba. Lo sentí entrar lentamente. Como por acuerdo tácito, no estábamos siendo salvajes ni ansiosos porque se llegara el clímax. Aquello era diferente, era un acto de «plenitud» entre dos personas que compartían el mismo techo.

Y con suerte me hubiera gustado decir que los mismos sentimientos.

Él se movía a un ritmo lento pero que me dejaba sentirlo completamente. Aferré mis piernas a su cadera y le besé el cuello, haciéndolo gemir. Besé su pecho y mi cuerpo se contrajo. TK aumentó un poco la velocidad y mis uñas se clavaron a su espalda. Me besó al tiempo que explotábamos entregándonos a un delicioso orgasmo y un par de lágrimas resbalaron hasta parar a la almohada. Nos miramos por lo que me pareció una eternidad y finalmente se separó.

Me giré, cubriéndome con la sábana blanca y sin saber por qué, comencé a llorar.

– ¿Te lastimé?– preguntó, estirando mi hombro, pero yo no me moví. Tardé segundos en tragarme el nudo de la garganta. Takeru me apartó el cabello y se acostó pegado a mi espalda, abrazando mi cintura y entrelazando nuestros dedos.– Dime si te lastimé, Kari. ¿Fui muy brusco?

– No. Ha sido perfecto.– dije, apretándome en su abrazo.

Y ese era precisamente el problema: había conocido al chico que me enseñó la perfección y sabía que ahora ya no habría nada que pudiera superarlo, ni siquiera igualarlo.


Alex & Sierra - Give me love. (Es de Ed Sheeran, pero me gusta más con ellos :p)

Y vean Lola versus. Estoy enamorada de esa peli 3