For too long, for too long
Me levanté cerca de las tres de la mañana. TK seguía durmiendo en la misma posición que tomó a mi lado.
Volví a vestirme con mis panties y su camiseta, tomé el iPad y fui a la sala. Me senté en el alfeizar de la ventana que daba hacia la gran e iluminada ciudad de Nueva York. Era una preciosa noche de verano y ahí, con el recuerdo de cada caricia que él había trazado sobre mi cuerpo, se me escaparon varias mariposas en un profundo suspiro.
Corregí rápidamente el ensayo y decidí quedarme a observar la Gran Manzana un rato. No tenía sueño, mis perturbadores pensamientos no me dejaban dormir y deseaba estar sola.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Había generado sentimientos por Takeru, aunque los reprendí para que no estropearan mi día a día, pero se habían acumulado tanto que ya era imposible callarlos.
Quería a Matt, o eso me decía constantemente. Había esperado a que él me hiciera caso durante más de dos años y ya que finalmente me estaba sucediendo, algo en mi interior me gritaba que debí haber hecho caso a todas las voces que, cansinamente, me aconsejaron que lo olvidara.
Pero ya era muy tarde para hacerlo.
La sola idea de abandonar a TK me partía en alma en cachitos. ¿Pero qué sentiría él? Nuestro acuerdo era «divertirnos» y lo habíamos hecho bastante bien. Hablarle de lo que me ocurría tan sólo supondría una pronta ruptura que yo estaba prolongando. Sabía que a él le daría igual si me iba esa misma noche o hasta que terminara el año. Encontraría a alguien más a quien meter en su cama en un abrir y cerrar de ojos, y yo sólo sería una experiencia de la que probablemente no se acordaría en veinte años.
Pero yo tendría que cargarlo por el resto de mi vida. Tendría que seguir, independientemente de lo que sucediera entre Matt y yo, con el recuerdo de sus labios sobre mi piel, con el anhelo de volver a perderme en sus ojos azules, la esperanza de escuchar, una última vez, su corazón palpitar mientras dormía.
Tendría que tomar valor e intentar reponerme o si no, una diabólica depresión me acompañaría el resto de mi existencia.
– ¿Qué haces despierta?– escuché su voz somnolienta y me volví a verlo. Llevaba el cabello revuelto y se tallaba los ojos.
– Revisaba mi ensayo.– dije.– Vuelve a la cama, enseguida voy. TK negó con la cabeza y fue a sentarse a mi lado. Tenía una marca en su rostro de la almohada y sonreí.– ¿Te había dicho que tu voz recién levantado es el sonido más sexy que he escuchado?
– Mmm no.– murmuró en mi oído, haciéndome cosquillas.
– Pues lo es.
TK se acostó en mi regazo, subiendo los pies al alfeizar, y se acurrucó a como pudo en el pequeño espacio. Acaricié su cabello, su cuello, su barba…
Me perdí mirándolo descansar en mis piernas y supliqué para mis adentros a cualquier deidad que hiciera que ese momento fuera eterno. Nuevamente sentí un nudo en mi garganta y mis ojos humedecerse.
Tenía que decirle lo que pensaba, lo que sentía. Era ahora o nunca…
El timbre sonó tres veces, sobresaltándonos a los dos.
– ¿Esperabas a alguien?– él negó con la cabeza y se levantó para abrir la puerta.
– ¿Margaret?– una mujer, en sus treintas, de cabello rizado teñido de rojo fuerte y piel muy blanca, estaba de pie, con un niño en brazos y una pequeña maleta en la mano.– ¿Qué haces aquí… a esta hora?– ella entró y me miró de reojo.
– Voy para San Francisco, al aniversario de tus padres, ¿lo recuerdas? Es éste fin de semana. Pero los imbéciles del aeropuerto no registraron el boleto de John y ya no había espacio para el vuelo en el que parto en…– se levantó la manga de su chaqueta negra de piel y miró su costoso Rolex.– Cuarenta y cinco minutos.
– ¡El aniversario! ¿Cómo pude olvidarlo?– TK se pasó las manos por el cabello y clavó sus ojos en mí. No sabía qué hacer o decir así que permanecí ahí a la espera de que me dieran instrucciones.
– Tendré que dejarte a John. Aquí está su maleta, adentro está el boleto del vuelo en el que parte el viernes por la tarde. Si es posible reserva ya tu lugar para que no tengas que cambiarlo nuevamente.– Margaret, con su acento británico y de porte imponente, dejó al pequeño rubio, de unos cinco años de edad, acostado sobre el sillón. Puso la maletita azul en el piso y caminó hacia la puerta, haciendo resonar los tacones de sus botas.– Fue un gusto verte, Takeru. Cuida bien de mi hijo. Te veré el sábado.– le dio un beso en cada mejilla y salió, muy deprisa, sin dar lugar a hablar. TK se quedó mirando la puerta unos segundos y finalmente la cerró y se volvió a mí.
– Ella es…– frunció el ceño y volteo hacia el niño. Aparentemente aún no le caía el veinte de lo que había pasado. Y para ser franca, yo estaba igual.– Es mi prima, hija de la hermana de mi mamá.
– Y… supongo que él es tu sobrino.– señalé al angelito y él asintió.
– Se me olvidó por completo el aniversario. Por eso mi madre estuvo llamándome con tanta insistencia hoy.– asentí simplemente y se me escapó un suspiro.
– Tu prima es… interesante.– dije, no queriendo parecer juez.
– Es una perra desalmada. Se casó con el padre de John y se embarazó sólo para divorciarse y cobrar una buena pensión. Él es muy rico.
– Oh…
– Puedes pensar lo que quieras de ella, no me importa la verdad.
Me puse de pie y acaricié un bracito del pequeño. Tenía las mejillas rosadas y unas pestañas muy largas. Su piel era muy suavecita y olía a bebé.
Fui al cuarto por una cobija de franela y lo tapé, envolviéndolo bien. Me quedé sentada frente a él sin poder dejar de verlo. Era un niño precioso y se parecía mucho a TK. Me pregunté si así fue él de pequeño y mentalmente anoté que debía pedirle una fotografía. Pero no ahora. Ahora sólo quería contemplar a su sobrino, porque me causaba una dicha y un placer que despertaron en mí las ganas de ser madre.
Takeru se sentó a mi lado y pasó su mano por atrás de mi espalda, abrazándome de la cintura. Recargué mi cabeza en su hombro y lo escuché suspirar cuando me besaba la frente.
– Tal vez ahora piensas que es un ángel, pero espérate a que lo veas despierto. Es un demonio.– le di un golpecito en la pierna y sonreí.
– Es perfecto.
– ¿Piensas tener hijos?
– Me encantaría, pero espero que falte mucho para eso.
– Serás una excelente mamá.– susurró en mi oído.
– ¿Cómo lo sabes?– me voltee para verlo de frente.
– Bueno… cuidas de mí mejor que mi madre. Supongo que eso dice algo, ¿no?
Sonreí y le di un beso.
El pequeño soltó un suspiro frente a nosotros. Estaba precioso.
– Volvamos a la cama.
– No quiero.– murmuré, como si fuese una niña chiflada. TK se inclinó y me besó el cuello, haciéndome cosquillas. Me empujó hacia atrás hasta que fui a acostarme en el piso; pasó sus manos frías por mi cintura, acto que me hizo reír pero él tapó mi boca para no despertar a John.
– A la cama, señorita.
Un capítulo cortito (blame it on the cold weather) :p
Awww platiquen conmigo! No tengo amigos :( jajaja cuéntenme algo, lo que quieran :p yo, por mi parte, me confieso estar "picada" con "Lo que la vida me robó", es una telenovela y la veo sólo por Dimitrio (Osvaldo Benavides) jaja...
Reporte meteorológico: Estamos a -2 grados! -_- mis manos están entumidas D:
Anyways, espero que estén bien! :D
