Yeah you make feel like I've been locked out of heaven
— ¡Basta! ¡Ya basta, ustedes dos! —Corrí hacia la puerta del baño pero TK me siguió, empapado de pies a cabeza, sosteniendo una esponja enjabonada en las manos. Le escurría espuma por los brazos.
— No vas a escapar de esta, Kari —dijo, con una traviesa sonrisa—. ¡Es nuestra, John!
Exprimió la esponja sobre mi cabello mientras el niño, desde la bañera, me rociaba con la regadera manual agua fría. Pronto la camisa que llevaba del rubio se me pegó al cuerpo, transparentando mi ropa interior oscura.
Me estiré para intentar quitarle eso a TK pero gracias a que mi estatura no me ayudaba, no lo logré, y en un movimiento rápido perdí los reflejos y me resbalé pero él me sujetó de la cintura antes de caer.
Nos miramos fijamente a los ojos sin dejar de sonreír.
— Vas a pagar por esto —dije, y como respuesta él me dio un beso.
— ¡Son novios, son novios, son novios, son novios…! —El pequeño empezó a corear mientras nos mojaba.
— Ven acá, sanguijuela. —Takeru le hizo cosquillas y yo aproveché para meterme en la regadera—. ¡Hey! ¿Qué haces?
— Voy a comer —respondí riéndome. Era inevitable ser sarcástica con las preguntas «idiotas» que él solía hacer.
Abrí la llave de agua caliente y me di lo que sería por esa mañana mi segundo baño. Escuché que TK le decía a John que era hora de salir y al asomarme me hallé sola y con un montón de agua que limpiar.
Apenas llevábamos un par de horas despiertos y mi día se ponía cada vez más interesante. Para el desayuno, Takaishi había preparado waffles con nutella. Deliciosos. Después, mientras me bañaba, él y el pequeño se enfrentaron rudamente en una batalla por la copa en Mario Kart. John ganó. Y finalmente cuando le preparé el baño al niño, él y su incansable tío me tomaron de rehén para que no los dejara solos.
Ni siquiera me había atrevido a mirar el reloj. Le había prometido a Matt que lo vería para comer y lo último que quería era saber que se me había hecho tarde.
Cuando estaba enjugándome el cabello la puerta se abrió.
— ¿Qué estás haciendo? —Le pregunté a TK cuando me besaba el cuello.
— Comiendo.
— ¿Estás loco? ¡John nos va a ver!
— Relájate Yagami, lo dejé jugando en la cama.
— No, TK…
Intenté quitarlo pero fue inevitable. Una vez que me besó los labios caí como mariposa enganchada a un potente foco de luz.
Lo abracé del cuello, pegando más mi cuerpo al de él, quien me sujetó de los muslos y me hizo subir las piernas a su cuerpo. Lo sentí penetrarme completamente y se me escapó un gemido de placer. TK me pegó a la pared y comenzó a moverse rápido. Sus manos me apretaban con delicia y sus labios viajaban de los míos a mi cuello, rozando todo el camino hasta ahí.
Sin poder evitarlo, lo jalé del cabello y él levantó el rostro. Nos miramos una eternidad contenida en segundos y eso me hizo sentir nerviosa. Me intimidó. El guapísimo hombre que ahora poseía mi cuerpo con una placentera incomodidad sonrió y antes de besarme susurró en mis labios un «te quiero» que me heló la sangre.
No pude responder. No sabía qué decirle. ¿Qué se supone que debía hacer!
¿Debía decirle que lo quería también? Porque eso era lo que sentía, pero ¿habría significado algo para él? ¿Habría cambiado nuestra situación?
¿De verdad me quería?
No. No. No.
No podía ser tan ingenua y dejarme seducir por estúpidas ideas acerca del amor. Yo quería a Matt. Era el hombre por el que me había desvivido durante años, el único que me hacía suspirar y sonreír como idiota. TK era…
Era con quien compartía la cama en las noches. Era quien me ayudaba a estudiar para finales y me preparaba café en las madrugadas cuando me desvelaba haciendo tarea. Era quien hacía el desayuno y le gustaba servírmelo en la cama. Era la única persona que entendía que el domingo es un día sagrado, dedicado al dios de la flojera y por eso estaba prohibido bañarse o salir de las sábanas. Era el que me arrullaba con tranquilas melodías que su corazón entonaba después de haber quedado exhaustos nuestros cuerpos tras un intenso orgasmo. Era el que me había llevado a explorar los rincones más escondidos de la luna al besarme, al mirarme…
— ¿Sucede algo? —preguntó él. Nos estábamos secando adentro del baño.
— No —respondí—. ¿Podrías limpiar hoy? Me tengo que ir, TK. Están esperándome.
— ¿Mi hermano? —¡Dios! ¿Por qué me preguntaba eso? ¿Por qué no quería decirle que sí, que era a Matt a quien iría a ver? Su mirada pasó de la curiosidad a otra emoción pero no pude, ni quise saber qué era lo que sentía.
— Regreso al rato.
Salí de ahí. Me vestí rápidamente sin siquiera pensar en lo que me estaba poniendo, tomé mi celular, mi bolso y abandoné el departamento, seguida por dos pares de preciosos ojos azules.
— Kari, Kari… ¿Kari? ¡Kari! —La voz de Matt me hizo reaccionar y volver en sí. Nos hallábamos en una mesita, afuera de un café frente a Central Park.
— ¿Eh? Lo siento, yo… me distraje. —Sonreí. Él me miró con el ceño fruncido y se limpió la boca con una servilleta.
— Así has estado toda la tarde, ¿sucede algo malo?
— No. Sólo estoy preocupada, ya casi son vacaciones de pascua y tengo algunas cosas pendientes.
— En ese caso, señorita, si te estoy quitando el tiempo deberías decírmelo.
Observé a Matt un momento. Se veía muy guapo con su camisa celeste arremangada hasta los codos, un pantalón de vestir color arena y zapatos cafés. Llevaba las mejillas sonrojadas ya que durante un rato el sol le había pegado de frente en la cara.
Se me escapó un lastimero suspiro.
En otro tiempo haberlo tenido así, tan cerca de mí y con ese aspecto, me habría hecho enloquecer. El mundo habría desaparecido a mi alrededor para que él se convirtiera en mi sol. En otro momento los nervios estarían brincando en mi estómago y generando una revolución que alteraba mis ganas de besarlo. Y ahora me preguntaba dónde estaban esas ganas. ¿Dónde se escondieron mis deseos de entregarle mi cuerpo para que lo poseyera y se diera cuenta de mis sentimientos? Y la pregunta que mi corazón me hacía era: «Kari, ¿debería seguir sintiendo algo por él?».
El celular de Matt comenzó a vibrar sobre la mesa y de reojo miré que era TK quien llamaba.
— Hey, ¿qué pasó?... Sí… ajá… Lo entiendo… ¿Este fin de semana? —El rubio me miró fijamente y le regalé una sonrisa. Me sentía impaciente y deseaba poder volver a casa, pero no quería demostrarlo. No cuando él había apartado ese tiempo para mí—. No, le llamaré a mamá más tarde para decirle yo mismo… Lo sé, enano. Tú ve y diviértete… Claro, te veo después. —Matt colgó la llamada y dejó el celular donde estaba.
— ¿Todo en orden? —pregunté, más que por curiosidad, por interés de saber lo que Takeru le había dicho. Supuse que tenía que ver con el aniversario de sus padres.
— Sí, éste fin de semana habrá un evento familiar y no podré ir. Tengo que viajar el jueves a Seattle por asuntos de trabajo y no regresaré hasta la siguiente semana.
— Ah, ya veo. —Si Matt no estaría aquí, TK me dejaría el apartamento para mí sola. Por alguna razón eso no me alegró tanto como lo esperaba. ¿Qué se suponía que haría el sábado en la noche? La idea de encerrarme y ver películas ya no se me antojaba para nada.
— Kari, me gustaría que cuando regresara pudiéramos vernos y platicar sobre nuestro futuro.
— ¿Nuestro futuro? —Oh no. Oh no, oh no, oh no, oh no, oh no… no me gustaba para nada el rumbo de esa conversación—. ¿A qué te refieres?
— Quiero que te cases conmigo.
Entré al departamento a pisadas de gato. Lo último que quería, si es que TK y John seguían despiertos, era que vieran el desastre en el que me había convertido: el cabello enredado por el viento, el maquillaje corrido por el llanto, los ojos hinchados, ronchitas en la piel gracias al sol y un terrible dolor de cabeza que me estaba causando náuseas.
¿Qué debía hacer ahora? ¿Debía aceptar la proposición de Matt? Seguro, me había pedido que lo pensara pero, ¿qué era exactamente lo que tenía que pensar? Mi interior estaba claro en lo que quería y aun así yo me negaba a aceptar dicha claridad.
Fui a la cocina y encendí la estufa, poniendo agua a calentar en una olla para prepararme un té de vainilla.
Necesitaba relajarme si es que quería dormir.
— No sabía que habías llegado, Little miss sunshine… —Takeru —iba recién bañado y vistiendo su pantalón azul de pijama— se quedó de pie a la entrada de la cocina, mirándome de arriba abajo—. ¿Estás bien, Kari? ¿Te pasó algo?
Lo único que pude hacer fue negar con la cabeza, agachar el rostro y dejar que las lágrimas volvieran a salir y resbalar por mis mejillas. El rubio se acercó y me abrazó, pegándose mucho a mí. Pasé mis manos por debajo de sus brazos y me escondí en su pecho desnudo, inhalando entre cada sollozo el delicioso aroma del jabón perfumado.
Necesitaba ese abrazo tanto como el cuerpo necesita agua. Lo necesitaba junto a mí, conmigo, porque tenía miedo. Estaba aterrada con lo que sea que fuera a suceder. El futuro era un gran gigante que vivía en una cueva a la que yo pocas veces me acercaba y ahora había salido para hacerme saber que tenía que dejar de jugar en el bosque y continuar con mi camino.
Tras un largo momento en el que logré tranquilizarme, me separé y limpié mi rostro con una servilleta. TK apagó la estufa, pues el agua ya estaba hirviendo y yo no me había dado cuenta.
— ¿Vas a contarme qué te tiene tan mal? —inquirió con una encantadora sonrisa. Me aclaré la garganta para hablar.
— ¿Y John?
— Está dormido. El pobre terminó muy cansado. —asentí simplemente y agaché la mirada. No estaba convencida de si debía o no contarle a Takeru lo que había pasado, pero necesitaba hablarlo con alguien y él era la única persona que tenía a mi lado en ese momento.
— Tu hermano me propuso matrimonio. —Su rostro palideció y abrió la boca sorprendido. Exclamó algo inentendible y luego se pasó una mano por el cabello, despeinándolo. Por alguna razón no me gustó su expresión.
De pronto el ambiente se formó tenso y nos apresó un incómodo y largo silencio.
TK me miraba como quien espera que se le dé una buena noticia después de tanto martirio mientras yo esperaba que hablara. Las manos me temblaban ligeramente, así como mi cuerpo.
La situación nos estaba matando.
— No le respondí. —Me atreví a decir finalmente y a él se le escapó un suspiro, como de alivio—. Me dijo que lo pensara.
— ¿Y por eso estabas llorando? —Asentí simplemente—. ¿Piensas aceptarlo? —Miré esos preciosos ojos azules que, si no era mi imaginación, me rogaban que les diera una respuesta negativa.
— No lo sé. La verdad sigo en shock.
— Pero es lo que tú querías, ¿no? —Me encogí de hombros y mordí mi labio inferior. TK volvió a suspirar y agachó la mirada.
Quería hacerle muchas preguntas. Mi mente se estaba ahogando en dudas y suposiciones idiotas acerca de su actitud. La noticia parecía haberlo afectado personalmente y quería saber por qué.
Pero no me atreví a hacerlo porque temía que la respuesta que fuera a darme no era la que quería escuchar.
— Kari, entiendo que tu relación con Matt es… diferente a la nuestra. —Hizo una pausa y tomó aire—. Conozco a mi hermano y si él te pidió eso es porque te quiere. Ha visto en ti lo… —Sacudió la cabeza y sonrió—. Que aquí termine nuestro acuerdo no significa que no podamos ser amigos, ¿verdad? Somos adultos y esto no tiene por qué complicarse.
¿Y qué responder a eso? Si él me estaba dejando muy en claro lo que sentía, lo que significaba para él.
Estaba enamorada de TK y era una verdad que ya no podía seguir negándome. Había caído en el pozo de la felicidad eterna y no quería salir de ahí nunca.
— Te propongo algo —dijo, al ver que no decía nada—. Ven al aniversario de mis padres conmigo. Olvídate de Matt, de todo ese asunto si así lo quieres y ven a conocer a mi familia. A lo mejor hablando con mi mamá o mi papá puedas aclarar tus dudas.
— Pero…
— No te preocupes por mi hermano, él no estará ahí y aun si así fuera, dudo que hubiera problema con eso. Él sabe que somos amigos.
— Hay un pequeño detalle. —TK frunció el ceño, esperando a que le dijera de qué se trataba—. No tengo dinero para el…
— Ah eso. —Salió de la cocina y en un abrir y cerrar de ojos volvió con un papel en la mano—. Reservé tu boleto esta tarde, junto con el mío. —Abrí los ojos sorprendida. Eso sí que no me lo esperaba.
— TK… yo… ¿por qué…? —Me jaló del brazo para atraerme hacia él. Un brillo se encendió en su mirada y sonrió ampliamente.
— Ven conmigo —susurró antes de darme un beso en el cuello—. Tal vez sea la última vez que podamos… divertirnos.
Sonreí por la manera en que lo dijo. Nos miramos por un breve instante con sabor a eternidad y luego nos besamos.
Perdón por el retraso... les dejo el cap antes de que me corten el internet :p me dicen si lo disfrutaron y qué creen que pasará *chan chan chan* jaja...
Btw, para las chicas (y algunos chicos, si quieren :p): vean videos de Arden Rose en youtube! Estoy obsesionada con sus tutoriales jaja me encanta.
