'Cause your sex takes me to paradise

Yeah, your sex takes me to paradise

Sentí el frío de la pared golpearme con brusquedad la espalda. Mi falda cayó a mis pies junto con la lencería de Victoria Secret. Sus dedos se deslizaron lentamente adentro de mi vagina escapándoseme un gemido de placer. Sus labios devoraban mi cuello y su lengua trazaba círculos sobre mi piel.

El calor en su habitación comenzó a aumentar y lo jalé del cabello, arañando su nuca inconscientemente para besar sus labios. Él me llevó hasta la cama y se tumbó sobre mí bruscamente pero no me importaba. No me importaba que al terminar aquella sesión de placer yo acabara con el cuerpo lleno de moretones o ver su espalda llena de rasguños. No me importaba sentir el ardor al tomar café caliente por la mordida que me había hecho en el labio ni tener que maquillar la marca de sus dientes en mi cuello para ir a trabajar. Todo lo que quería era que ese placer fuera eterno. Tenerlo entre mis brazos durante toda la noche, durante cada noche por el resto de mis días.

Me penetró de golpe y sonreí al sentirlo. Sus labios se apoderaron de los míos y por unos segundos contuve la respiración. Ambos estábamos hirviendo de deseo, de pasión, de ansiedad. Ambos sudábamos en aquella fresca madrugada, con la brisa primaveral entrando por su balcón.

Su ritmo aceleró, la presión de su cuerpo sobre el mío me hizo enloquecer. Besé su hombro derecho, besé su pecho, aferré mis manos a su cintura para mantenerlo unido a mí, porque sentirlo de esa forma me hacía darme cuenta que lo que estaba viviendo no era un sueño ni una fantasía, era real.

Tuve el primer orgasmo que me hizo estremecer bajo su blanca piel. Después otro, y otro… y finalmente los dos colapsamos con la misma intensidad; su cuerpo tembló durante varios minutos sobre el mío. Su agitada respiración me soplaba en los labios mientras nuestras frentes permanecían pegadas. Estaba exhausta y sabía que esa sesión no me permitiría moverme hasta el atardecer del domingo. Sabía que tener que escribir y trabajar sería tan cansado como si me pidieran que arara un campo para sembrar en una calurosa tarde veraniega. Pero valía la pena. Estar con él siempre valía la pena.

TK se tumbó a mi lado y me atrajo hacia su pecho, abrazándome con fuerza. Se aferró a mí como si fuese su osito de peluche y yo hice lo mismo. Aspiré su aroma varonil, mezcla del sudor y su fragante perfume. Besé su cuello, besé su pecho, acaricié su abdomen y entrelacé mi pierna con la de él. Me posicioné como niña pequeña, de su cuerpo.


Desperté pasadas las tres de la tarde con el sol colándose por las persianas. TK dormía boca abajo a mi lado.

Me levanté de la cama y fui a darme una ducha, rompiendo mi regla de no bañarme los domingos. Sentir el agua tibia terminó por enjuagar la pereza. Me vestí con una camiseta interior blanca de TK y la ropa interior que llevaba del día anterior. No era propiamente algo higiénico pero era mejor que andar desnuda.

Me metí a la cocina y me preparé un té de mango mientras decidía qué se me antojaba para comer. Miré en la alacena un paquete de espagueti y abrí una lata de carne para preparar pasta a la boloñesa. Adentro del refrigerador había varios trozos de pizza que parecían ser del día anterior y decidí calentarlos.

En eso estaba cuando un par de brazos se enredaron a mi cintura y sus labios y barba crecida se pegaron a mi cuello.

— Buenos días, bonita.

— Bueno tardes, guapo —corregí y me giré para verlo de frente. Tenía una marca roja en la mejilla por la almohada entre otras marcas rojas en sus hombros y cuello…

— Te bañaste sin mí —dijo, jugando con mis dedos.

— Tengo que trabajar.

— No, Kari…

— Necesito hacer una nota que vaya directo a publicarse para mañana en el periódico y tengo exactamente cuatro horas para enviarla.

— Bien, pero no te dejaré salir de aquí. Te doy mi laptop, te doy mi iPad, voy y te compro cualquier tecnología que necesites pero no te dejaré salir, ¿oíste? —su tono firme, pero lleno de deseo, provocó en mí las ganas de abandonar la vida y de verdad pasarme el resto de la existencia encerrada en ese apartamento con él. Ojalá y las cosas fueran así de sencillas—. Voy a darme un baño para quitarme tu repugnante olor a saliva.

— ¡Bien que te encan…!

TK me interrumpió besándome. Me besó con ganas, desesperado. Tomó mi rostro entre sus manos y se aseguró de que no tuviera nada que objetar.

Vaya manera de querer ganar una discusión y sin embargo, me encantaba.


— ¿Hermosa? ¿Cómo vas? —preguntó Takeru, sentándose a mi lado en el sofá de su sala.

— A punto de enviar el trabajo —en ese momento miré por la ventana cómo el cielo estaba oscureciendo y ya se veían las luces de la ciudad encenderse. Iban a dar las ocho de la noche.

TK se quedó observándome mientras concluía mi deber. Pasó una de sus manos por mi espalda y comenzó a masajear mi cuello y mis hombros. Arquee la cabeza hacia un lado y él aprovechó para besarme. Cerré la laptop y la dejé en la mesita que estaba frente a mí. Me recargué sobre el pecho de TK y él me abrazo y jugueteó con mis manos.

— Hay algo que quiero decirte, Kari.

— ¿Qué es? —increíblemente empecé a sentirme somnolienta.

— El año pasado estuve saliendo con alguien —comenzó a decir. Me giré para verlo a los ojos, su expresión era… extraña. Estaba muy calmado y parecía como si fuera a llorar.

— Hey, no tienes que contarme si no quieres —acaricié una de sus mejillas con el dorso de mi mano.

— Ella quedó embarazada —me quedé estática ante aquella confesión. Sus preciosos ojos azules buscaron los míos para ver mi reacción—. Ella quería tener al bebé y que formáramos una familia, yo no… no quería —se mordió el labio y se pasó las manos por el cabello exasperado.

— ¿TK? ¿Qué pasó? —me miró por largo rato antes de responder.

— La obligué a que abortara —me llevé las manos a la boca para ahogar un grito y de inmediato sentí las lágrimas agolparse en mis ojos—. Tuve que sobornarla. Le pagué mucho dinero para que desapareciera de mi vida después de hacerlo.

Lo miré detenidamente mientras mi mente procesaba lo que acababa de oír.

No tenía idea de cómo sentirme pero fue inevitable ponerme en el lugar de ella. Recordé el incidente que había tenido durante el aniversario de sus padres y me puse a pensar, de haber quedado embarazada, ¿él me habría pedido que hiciera lo mismo? No, no… yo no… no podría hacer semejante cosa y menos sabiendo que el pequeño que viene al mundo es de la persona que quiero…

— ¿Kari? —un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas y en ese instante, viéndolo arrepentido, adolorido, me enterneció el corazón—. No ha habido día desde que lo hice que no me arrepienta. Fui un cobarde, estaba asustado y actué irresponsablemente. Pero…

— Shhh —puse mi dedo índice sobre sus labios para hacerlo callar—. Todas las cosas tienen su razón de ser. No me pone feliz lo que acabo de escuchar, TK, pero… —el nudo de mi garganta explotó y comencé a llorar desesperadamente. TK me abrazó y escondí mi rostro en su pecho.

— Te juro, bonita, por lo más sagrado, que jamás lo volveré a hacer. Jamás.


Escuchen Sleeping with sirens – Iris. Es un cover de la canción de Goo goo dolls... ufff buenísima! :D