Buenos momentos.
Capítulo 4: Un sombrero nuevo.
El ornitorrinco despertó y escucho voces cerca de él, su cuerpo estaba adolorido, su cabeza le dolía mucho y él no tenía idea de que estaba pasando, o lo que había pasado.
— Oh, agente P, despertaste — Dijo Francis.
Perry se sentó y se quedó mirando con sorpresa y debilidad…
— ¿No recuerdas? — Dijo su jefe.
El negó levemente con la cabeza antes de tirarse a la almohada, su jefe le dio una mirada de preocupación al joven pelirrojo a su lado.
— Bien, no importa, estará bien — Dijo Carl.
Ambos salieron de la habitación, mientras el ornitorrinco seguía confundido, giro lentamente la cabeza y vio a una persona sentada en una silla, estaba durmiendo, en ese momento una imagen vino a su mente y le trajo un dolor a la cabeza.
Al lado de la persona, había unos vasos vacíos, que al parecer habían tenido café en su interior, el sujeto se veía cansado, su cabello estaba despeinado y al parecer no había dormido.
El ornitorrinco gruño tratando de despertarlo, pero fue inútil.
El científico lentamente despertó y miro a su alrededor como si hubiese olvidado donde estaba, miro a la cama y miro al ornitorrinco con los ojos cerrados, y salió de allí, volvería más tarde.
Más tarde…
El ornitorrinco estaba despierto pero seguía aún muy débil, una vez más oyó voces afuera, vio a su jefe y a Carl, hablando con alguien, pero él no podía escuchar…
— Gracias Doofenshmirtz — Dijo Francis.
— ¿Por qué? — Dijo extrañado por el agradecimiento repentino.
— Por salvar su vida — Dijo feliz.
— ¿Puedo verlo? — Pregunto Heinz.
— Supongo que si — Dijo alejándose con el joven.
Ambos se fueron y el científico entro a la habitación, y vio que el agente lo veía, y sonrió.
— Hola Perry — Dijo alzando la mano nerviosamente.
Heinz se acercó y se sentó a un lado del ornitorrinco, estaba muy feliz, feliz de estar vivo, y que su enemigo también lo estuviera. De todas formas no cualquiera entra a un edificio quemándose solo para salvar a su némesis.
— Me alegra que estés bien — Sonrió entregándole algo.
Era nada más y nada menos que un sombrero nuevo, lo necesitaría, Heinz desconocía que le había ocurrido al anterior.
Ambos estaban a salvo.
