Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores. Algunos personajes originales son de mi creación.

Cap. 20 TE VAS…

Llegamos a mi lugar especial. Detrás de los árboles se abría un hermoso prado lleno de lavanda, margaritas y otras bellas y delicadas flores. Él se quedó quieto, mientras yo lo veía de reojo.

Luego caminó hacia el centro del prado, todo un derroche de verdor y olores deliciosamente sutiles. Y con cada paso suyo mi ansia crecía igualmente. Yo estaba clavada en el piso, sin poder decir ni hacer nada.
¿Qué le diría? —"Mira Edward soy una vampira y no me hago polvo con el sol, ta tán."— Era ridículo, estúpido y morboso. No sabía como reaccionaría. Era increíble que casi a mi siglo de edad, estuviera mucho mas nerviosa que cualquier adolescente.

Edward miraba absorto el lugar, y yo seguía sin poder hacer nada.

—Este lugar es hermoso. Es … mágico.—Escuché como su corazón comenzó a latir violentamente.

—Bella, quiero que me digas la verdad.—lo soltó de pronto haciéndome temblar.

—Hay cosas en ti que no son normales. Y yo necesito saber la verdad,.
Sé que para ser mujer, eres extraordinariamente fuerte, que tus ojos cambian de color cada cierto tiempo, nunca te he visto comer, no socializas con nadie… —mi mente estaba paralizada, increíblemente para mi, una vampira, estaba paralizada de ver que nada se le había escapado. Contaba cada detalle que había encontrado. Fue cuando lo volví a escuchar.

—Además los días que hace sol no te he visto… ¿Qué eres Bella?—Se volteó hacia mí.¿Qué podía decir a eso? Ni un millón de palabras me haría sentir que podía decirlo bien, que él pudiera comprenderlo bien. No pude decir absolutamente nada, pero en ese momento las nubes destaparon al sol. Era el momento. Y caminé despacio hacia la luz. Cuando por fin quedé de frente a él, vi la sorpresa en sus ojos, el desconcierto, pude escuchar el martilleo de su corazón a una velocidad que solo indicaba una cosa: miedo.

Ví sus pupilas mirarme con detenimiento y sorpresa, el sol daba en mí, y brillaba.

—Pero … ¿Cómo…? —fue lo que salió de su boca. Fue como un balde de agua fría.

—Soy… —no me animaba a decirlo, sentía las palabras atoradas en mi garganta.

—Eres… increíble… te ves hermosa.—sus ojos miraban los detalles de mi iridiscente piel. Y su mano se levantó con temblorosa lentitud.
Cuando iba a tocarme sentí que no podría mas. Tenía que detenerlo o terminaría matándolo. Y no deseaba eso, por ningún motivo.

—¡No! —La voz me salió mas agresiva de lo que pensé. Y él me miró a los ojos y vi el temor en ellos.

—Lo siento… soy demasiado peligrosa para ti…—él me miró unos segundos y retrocedió unos pasos, eso dolió más que si hubiera clavado una daga en mi hombro.

—Yo, no sabía como decirte, tú has visto más que cualquier otro. Has descubierto más de mi, que yo misma. Y ya no puedo más. ¿Quieres verme tal como soy? —lo miré y él asintió con el corazón latiendo a mil. Ya no podía detenerme.

—Que así sea.—En menos de un segundo me encontraba muy lejos de él, me buscó durante unos segundos hasta que me encontró en lo alto de un risco, lejos de él. Escuché su gemido ahogado de sorpresa. Y al instante siguiente me encontraba a su izquierda a menos de diez metros.

—¿Cómo… tú… ?—la pregunta se le atoró en la garganta.

—Soy muy veloz, soy fuerte, soy… letal. —Estaba de espaldas a él. No quería ver cuando saliera huyendo, no quería correr detrás de él. No quería oler su pánico.

—Tu familia es … ¿igual a ti?

—Sí, por eso la gente nos rehúye, por el sentido de sobrevivencia de los humanos.
Escuché perfectamente cuando soltó un jadeo de la impresión. Seguía sin moverse.

—Edward yo necesito decirte que…—pero él me interrumpió.

—No. No digas nada. No puedo seguir aquí. Yo tengo que… pensar. ¿Pu…puedo irme?—esa pequeña pregunta me desmoronó. El pensaba que lo mataría. Al igual que yo hace unos minutos. Me volteé con tristeza y sonreí sin sentir mas que dolor.

—No te mataré, si es lo que estás pensando. Jamás lo podría hacer.—¡Mentirosa! Hace unos minutos su olor saturaba mi instinto. Y sin embargo pudo mas mi amor por él.

Edward se sonrojó adorablemente mientras su corazón parecía al borde de un colapso, me sentí tan mal por hacerlo pasar por esto. Cerré los ojos para no verlo marcharse de mi vida.

Escuché sus pasos alejarse de mí. Incluso escuché las veces que tropezó al ir de regreso. Hasta que finalmente dejé de escucharlas. Caí de rodillas en el centro del prado. Y comencé a sollozar. Era verdaderamente una maldición que no pudiera llorar cuando más lo deseaba. Lo único bueno en mi vida, se había alejado de mí, dejándome devastada. Ya no había marcha atrás, todo estaba hecho y él había elegido. Me había abandonado, no había esperanza para mí, ni el consuelo de su presencia ni mucho menos de su amistad. Comencé a correr con furia, con desesperación, con dolor.

Cuando me detuve, estaba en Alaska, era de noche y me importaba tanto como si me dijeran que el mundo se acabaría en ese instante. Sonó mi celular pero no contesté. Sonó varias veces pero lo apagué, no quería la compasión de Esme ni la de Jasper. Sólo deseaba estar sola. Cómo siempre lo había estado.

A los tres días regresé a casa, mi madre me esperaba y sólo me abrazo, en su mente había dulzura y ternura para mí. No creí merecerlo. Iba a mi habitación, Rosalie no me dijo nada, sólo me sonrió, Alice y Jasper no estaban, y escuché perfectamente a Emmett:

—Pobre vampira se le fue la comida. Por jugar con…—No terminó la frase, la furia explotó en mí y de pronto todo lo vi rojo, no supe exactamente que pasó, porque a los pocos segundos, sentí que me sujetaban con fuerza, Alice, Jasper y Rosalie me sujetaban con fuerza mientras Emmett era reprendido por mi madre.

—¿Qué rayos te pasa Emmett? ¿Porqué te ensañas con tu hermana? Si no te puedes controlar… te sugiero que te marches un tiempo.—todos nos quedamos sorprendidos empezando por Emmett, mi madre siempre abogaba por nosotros y la unión familiar. Y que diera la cara por mi, no tenía precio.

—Si decides quedarte, te sugiero que te comportes, y le pidas una disculpa a tu hermana, si no es así mejor vete.—Esse me veía tan imponente cuando de autoridad se trataba, no le gustaban las injusticias y pensaba al igual que yo, que Edward no merecía tantos insultos y bajezas de su parte.
Me soltaron y me quedé en mi lugar mientras Emmett intentaba sopesar el asunto, finalmente vi su respuesta en su mente.

—Lo siento Isabella, no volverá a ocurrir.—Sabía que no lo decía de verdad porque en su mente podía gritarme lo que quisiera, Nadie mas que Jasper y yo sabíamos lo que pensaba.

—Disculpa aceptada.—Fue cuando ví las marcas en su cuello, mis dientes se habían clavado ligeramente en él. Había estado a punto de lastimarlo. Rosalie sólo me miro y me dio las gracias en su mente, por haberme detenido. No quería seguir ahí.

—Me voy a mi recamara.— Subí y me encerré en mi habitación y al ver mi piano, fui hacia el. Comencé a tocar para evitar las voces mentales de todos. Hasta que me perdí entre mi propia música.


Recuerden que TODAS MIS HISTORIAS ESTAN REGISTRADAS, evítense problemas aquellos que quieran plagiar. Sólo se meterían en grandes problemas. No vale la pena, mejor escriban sus ideas y verán que es mucho mejor sus propias ideas, que problemas ajenos.

Mil gracias a:Maaarie Cullen, Angie Cullen Hale, Lou, Angel 17, Karolcari, mil gracias por comentar hermosas.