Pero esa indiferencia no era tal…

Pero esa indiferencia percibida por David no era tal, Nick sentía en su estómago una vorágine de contracciones que le descentraba de sus tareas, la mirada azul de David tan nítida y serena le cautivaba sentía que podía pasarse horas perdido en el azul de sus ojos… Era una ridiculez dedicar tantos pensamientos a un momento fortuito que es el encuentro de unas miradas casuales.

Nick, se llamó a terreno, a enfocarse en lo que estaba y en el trabajo que aún faltaba por realizar. Con éxito logró centrarse y concluir las tareas de procesar la escena, sin prestar mayor interés en lo que estaba David. Se dirigió al coche con la intensión de regresar al laboratorio y continuar el resto de la investigación.

David tras el traspié de haberse sentido la sombra de Nick, a su vez también se reprendió, se recriminó su torpeza y su falta de profesionalismo, por lo cual el resto del tiempo continúo procesando minuciosamente la escena más allá de lo esperado. Recogió una serie de rastros de vidrios que le significarían horas bajo el microscopio, pero no le importaba, tenía en su interior ese especie de desafió de querer demostrar algo… sin saber con seguridad el qué, ni el a quién… pero ahí estaba ese sentimiento.

Miró a poca distancia como Nick se dirigía al coche, entraba en este y se sentaba, sin siquiera haberse molestado en avisarle que estaba listo para marcharse. David sintió un calor que le subía por el cuerpo, era cólera, rabia por ese hombre que se creía superior y que ni siquiera le consideraba un igual como para molestarse en decirle que estaba pronto a volver al laboratorio. Se mordió los labios, para no verbalizar los improperios que a su mente llegaban en masa.

Pero estas reflexiones distaban mucho de la realidad, las cosas en el fondo eran mucho más simples para ambos, pero cada uno iba magnificando los hechos para alimentar esta postura antagónica que habían creado uno del otro, no se permitían una segunda mirada, por el contrario mantenían esa primera impresión, ese prejuicio original por el otro.

Nick miraba desde el interior del auto como David continuaba procesando. A su modo de ver notaba que Hodges procesaba casa vez más lentamente, sentía que era adrede esta lentitud para desafiarle "no te irás hasta que yo diga" y este sentimiento le provocó una ola de calor interna que explotó en un golpe de puño sobre el claxon. Fue el propio sonido de la bocina que le sobresaltó y a David. Este se sintió menoscabado, casi ninguneado, ¿Cómo se atrevía Nick a llamarlo como se llama a un animal? ¿Acaso no era una persona como el resto de los compañeros? Estaba seguro que a ningún otro CSI le habría llamado a bocinazos estando a metros de separación. Le hizo sentir humillado, y a David nadie lo trataba así y eso lo dejaría muy en claro… sea quien sea.

David masculló alguna palabra que a lejos simplemente parecía que estuviera murmurando algo… en realidad ese algo era una serie de maldiciones de las más diversas consideraciones. Finalmente cerró su maletín y se dirigió a la camioneta de Nick en completo silencio, un silencio frio… quienes le conocían sabían que no había nada peor que un Hodges parlanchín y malhumorado, salvo –claro está- cuando se topaban con el "silencio de Hodges", era frío, tenso, irritante y punzante lo más cercano a ello sería ser herido con una estalactita de hielo, fino, frío, hiriente e inocuo.

Nick lo miró al sentarse a su lado y notó esa mirada de hielo azul que eran los ojos de David clavados sobre el parabrisas, ni siquiera dijo nada al entrar al auto, ni durante el viaje hacia el laboratorio, ni después al llegar al mismo. Esa completa indiferencia hacia él –al cálido y divertido Nick- le hizo sentir como si fuera su chofer, o peor aún una especie de sirviente que está a disposición del "señorito" de la casa. Nick no soportaba ese "aire de superioridad" que en esos momentos emanaba David. Condujo con los labios apretados, pendiente solo del camino, como si realmente viajara solo en la cabina. Pero era un hombre apasionado y no podía dejar ganar a David, sólo hizo un movimiento que marcó su territorio y daba a entender que allí el invitado era David. Encendió la radio y comenzó a escuchar los resultados deportivos del fin de semana, algo de lo que ya estaba al tanto pero que intuía no sería del agrado de David.

Llegaron al laboratorio y cada cual se bajo de la camioneta rangers al unísono y por separado, si es que se podría ir separados al mismo punto, pero en sus cabezas ellos estaban haciendo eso. Para el resto de la humanidad se veía dos CSI caminando a la par y subiendo al ascensor por igual. Estos juegos mentales eran en sí infantiles, una lucha invisible de ver quien lleva razón en cualquier materia de cosas. Una lucha mental no declarada pero que en la práctica había estallado hacía 9 horas exactamente y se extendería al menos seis días más. Era una guerra que ambos querían ganar, ambos estaban luchando por vencer… Vencer en qué, no se lo preguntaron. A la fecha ninguno había reflexionado nada, estaban siendo conducidos por el más básico de los sentimientos o mejor dicho conducidos por la pasión.