Capítulo 2. I hate everyone
No-podía-ser.
Era Savannah.
No supo si alegrarse o molestarse. ¿Qué hacía ella ahí?
Sus manos se descruzaron y cayeron a cada lado de su cuerpo, inertes. No se dio cuenta hasta que Edward le miró que tenía la boca abierta. La cerró de golpe.
¡Pero si era ella! Jamás podría olvidar aquel cabello rubio y lacio, ni aquellos ojos, que ahora lo miraban sorprendidos. Era ella.
Edward.
-¿Serios problemas? Sin duda- Dijo con acritud. No acababa el primer día y ya dos estaban infringiendo las normas. Y no es que el fuese un friki de las leyes, pero aquella situación era distinta. Entonces, se dio cuenta que algo no era normal.
Las caras de Rosalie y Emmett no eran normales. Había algo raro ahí, ambos se miraban con sorpresa.
Por otro lado, Isabella (a quien conocía por la foto de la carpeta, aunque esta estaba un poco más… pequeña, por decirlo de alguna forma) sostenía una colilla de cigarro todavía humeante.
Él carraspeó.
-Aquí no se puede fumar- le amonestó. La castaña lo miró a los ojos con expresión desafiante. ¡Vaya mirada! Sin embargo soltó la colilla y la aplastó con sus zapatos. Miró a la rubia- Rosalie, tu ya sabes eso- le recordó.
Emmett, a su lado, por fin reaccionó.
-¿Savannah?- le preguntó a Rosalie.
-Savannah no, Rosalie- le corrigió Edward, extrañado.
Su amigo negó con la cabeza.
-No, ella es Savannah- insistió. Se acercó un poco a Rosalie ante la mirada extraña de los demás.
-Emmett, ella es Rosalie…-intentó de nuevo Edward- Estuvo aquí el año pasado, no es ninguna Savannah…
Ahora recordaba quien era Savannah. Era la chica del club, de la que Emmett estuvo hablándole al menos una semana seguida, sin parar. Él mismo la había visto, pero sólo recordaba que era rubia. Y alta… Como Rosalie.
El de ojos verdes miró a la rubia. Su expresión entre sorpresa y vergüenza le hizo pensar que ya había visto a Emmett, y que quizás, el no estuviese tan confundido. Rosalie-Savannah por fin abrió la boca.
-Yo…-era increíble ver a Rosalie cohibida. Lo poco que la había conocido el campamento pasado, no le había dejado más impresión que una niña orgullosa, irreverente y poco dispuesta a abrirse- Yo me llamo Rosalie, no Savannah… Yo te mentí.
La cara de Emmett era una poesía.
-Entonces si eres la del club- afirmó su amigo. Y luego sonrió satisfecho cuando ella asintió- Sabía que eras tú.
Extrañamente, ni Rosalie ni Emmett parecían recordar que estaban acompañados. Se miraron el uno al otro sin decir nada por un momento. Los ojos de Edward se dirigieron a su campista, que miraba la escena con cara de póker. Por un momento, los ojos oscuros de ella chocaron con los de él, que la examinaba sin decir nada, pero los desvió pronto y hasta se ruborizó un poco.
-Bueno, yo me voy- dijo de pronto Isabella, que empezó a caminar entre unas pequeñas rocas, alejándose de ellos.
Edward esperó a que la chica pasara por su lado para cogerla con suavidad por el codo.
-¿A donde vas?- Le preguntó con suavidad.
Ella levantó la vista, frunciéndole el ceño y zafándose de su agarre sin ser ruda. Tenía unos enormes ojos de color chocolate, la piel blanca y limpia, y el cabello marrón que le llegaba en ondas hasta arriba de la cintura.
-A mi habitación... ¿O no puedo?- le preguntó, levantando una ceja.
A Edward le dio la impresión que esta chica iba a ser difícil de llevar, así que de una vez se armó de aguante.
-En realidad, Isabella, vamos al comedor- le informó tranquilamente.
-Yo no tengo hambre, así que me voy a mi habitación- indicó la muchacha con tozudez. Y caminó hacia las cabañas de chicas.
-Emmett, vamos- le llamó, y sin esperar respuesta, salió tras Isabella. No le costó alcanzarla- Mira, me parece que no me he presentado como es debido- lo intentó una vez mas cuando estuvo a su lado. Ella no le hizo caso, y siguió caminando- Me llamo Edward, y seré tu guía.
Isabella esta vez le miró de reojo.
-Ya.
Y no dijo más nada. Edward suspiró. ¿Por qué no le pudo tocar alguien más fácil?
Cuando llegaron a las cabañas, él había intentado sacarle conversación una vez más, pero sin ningún resultado. No veía razón para su antipatía, pero decidió no cerrarse y tener paciencia. Cuando la muchacha llegó a su cuarto, sacó la llave para abrir la puerta.
-¿Vas a buscar algo?- preguntó él, siempre tranquilo.
-No, me vengo a encerrar… Que es lo que es esto al final, ¿no? Una cárcel al aire libre- el tono dulce y la sonrisa sarcástica con que le respondió hacia un gracioso contraste con lo que dijo.
-No, esto no es ninguna cárcel…- él utilizo la misma sonrisa que ella- Y no te vas a encerrar porque vamos a comer- zanjó el asunto cerrando la puerta que ella tenía abierta.
La morena cerró los ojos un momento, y cuando los abrió, los dirigió hacia él con todo un torrente de antipatía destellándole en ellos.
-No me vas a dejar aquí tranquila, ¿verdad?
-No. Así que vamos- de nuevo, hizo contacto con la chica cuando posó delicada pero firmemente una mano en su espalda para apurarla un poco. Y de nuevo, ella se quitó de su alcance arrimándose a un lado.
-Puedo sola, gracias- siseó, fulminándole con la mirada. Él se contuvo de poner los ojos en blanco y metió las manos en los bolsillos.
Entonces, Isabella tropezó con quien sabe qué, y sin pensarlo, Edward la tomó por el codo para evitar que cayera. La miró divertido.
-Parece que no puedes sola, Isabella- le dijo con una media sonrisa. Un rubor acudió a las mejillas de ella cuando sus ojos chocolate se toparon con los verdes de él. Luego, cuando estuvo bien parada, se alejó de él un poco y reanudaron la caminata hacia el comedor.
-Es Bella- le susurró mirando al frente, sin dejar de andar.
-¿Cómo?
-No me gusta que me llamen por mi nombre de pila… Prefiero Bella- explicó.
La chica le hablaba sola, al menos. Eso era un avance.
- Será Bella, entonces- y sonrió un poco mientras miraba al frente.
Escuchó que Edward lo llamaba, pero no le hizo caso. Aquello le parecía una coincidencia increíble. Increíble y terrible, tomando en cuenta que la chica a quien había conocido en el club, y en quien no había podido dejar de pensar, tenía problemas con las drogas.
La miró un poco más antes de decidir que por el momento, no había más nada que decir.
-Vamos, hay que ir al comedor- le instó haciéndole un ademán con la mano y empezando a caminar. Ella le siguió en silencio por un momento.
-Te llamas Emmett, entonces…-aquello parecía un intento para comenzar una conversación.
-Si… Y tu Rosalie Hale… ¿Por qué no me lo dijiste el mismo día que nos conocimos?- preguntó por curiosidad. Él ya barajaba varias hipótesis, pero quería saberlo por ella misma.
-No suelo dar mi nombre a desconocidos- respondió ella luego de unos segundos, confirmando las sospechas del joven- Y aunque hubieras salido a mi rescate, bien podrías haber sido un psicópata- agregó luego como cualquier cosa.
No lo pudo evitar, soltó unas carcajadas.
-Claro, no recordaba que había sido yo quien intentaba llevarte a la fuerza a quién sabe donde a hacer quien sabe qué- ironizó recordando el tipo rubio con el que ella había estado bailando.
Rosalie volvió su rostro hacia él con una ceja levantada.
-Oye, yo no pedí que te metieras. Podía defenderme sola- Le indicó, alzando la barbilla en un gesto orgulloso.
Aquello le parecía gracioso, y ella algo infantil, pero igual encantadora. Decidió no seguir en lo que pudo haber sido una buena discusión porque para él era obvio que ella no hubiese podido arreglarse sin su intervención.
-Como digas- su tono y su sonrisa decían a luces que no creía aquello, pero ella se quedó callada.
Cuando llegaron al comedor, él buscó a su amigo con la mirada. Estaba sentado en una mesa junto con Bella en una mesa cerca de la ventana. El resto de los monitores estaban mezclados con el resto de los chicos- los pocos que quedaban, dado que ya casi pasaba la hora del almuerzo-. No había mesa para monitores o mesa para campistas. Cada quien era libre de sentarse con quien quisiera. No le preguntó a Rosalie con quien quería sentarse, ni nada, él sólo avanzó y se sorprendió un poco cuando noto que ella lo seguía.
La rubia se sentó al lado de Bella, de modo que esta última quedó entre Edward y Rosalie. La otra chica, la del cabello rizado y oscuro, lo miró con curiosidad cuando él se sentó en el otro extremo de aquel banquito.
-Emmett, Jessica. Jessica, Emmett- les presentó Edward.
Emmett le sonrió al tiempo que le estrechaba la pequeña mano a la chica.
-¿Sabes donde está Kate?- preguntó de pronto, recordando en ese instante por su otra pseudo-pupila.
-Si, salió hace unos instantes. Yo comí con ella, pero me acerqué a saludar a Edward y a Bella- Emmett notó de inmediato la mirada que le dirigía a Edward. Tomó como nota mental burlarse luego de su amigo por ello- Y ya me voy.
Y así lo hizo, no sin antes despedirse con una encantadora sonrisa dedicada sólo a Edward, claro. Tosió para disimular unas carcajadas. Aquella chica era demasiado obvia.
-No digas nada-masculló Edward pinchando su pollo con el tenedor.
Se dio cuenta que aquella, y todas las comidas del campamento eran tipo self-service. Se incorporó y miró a Rosalie-¿Vienes?
La muchacha lo siguió con mala cara. Tomaron una bandeja cada uno y se acercaron a las mesas que tenían la comida. Inspeccionó aquello con ojo crítico y su estómago gruñó hambriento y complacido. Había como 15 diferentes grandes bandejas, abiertas, mostrando cosas como pollo y carne en diferentes presentaciones, arroz, pasta, ensaladas de distintos tipos, frutas, papas fritas, papas horneadas, puré de vegetales, granos guisados… Pensó que su bandeja no era suficiente de pronto.
Pasó por las tres mesas con Rosalie a su lado inspeccionando y tomando según lo que quisiera. Ella tomó carne, puré, vegetales y frutas. A él la bandeja se le quedó pequeña.
-Comes como una bestia-dijo la rubia, entre sorprendida y burlona.
-Tengo un apetito excelente- fue todo lo que le dijo, mientras su cerebro ya empezaba a producir respuestas con doble sentido. No supo exactamente por qué no las dijo, pero tampoco le dio importancia. Se contentaba con pensar que estaba aprendiendo la prudencia.
Cuando llegaron a la mesa, Edward casi había acabado su plato, y Bella, cruzada de brazos, miraba por la ventana mientras su almuerzo –idéntico al de su amigo- estaba intacto.
-¿No te gustó el pollo?- le preguntó antes de meterse a la boca un buen trozo de carne- Ella pareció tomar un instante para darse cuenta que era con ella la pregunta. Luego negó.
-¿Puedo tomarlo?
Bella se encogió de hombros.
Iba a tomar un trozo, como siempre hacía cuando había preguntado antes, cuando una mirada de Edward lo detuvo.
-Ella sí se lo va a comer- el tono cortés y autoritario de su amigo le recordó al de su madre cuando lo ponía de pequeño a tomar su sopa de cebolla.
-Te dije antes que no tenía hambre- discrepó la chica mirando al de ojos verdes con irritación.
-Y yo te respondí que no importaba, que igual necesitabas comer- zanjó el muchacho. Hasta él mismo se hubiese puesto a comer si Edward lo hubiera mirado así. Bella tomó el tenedor y comenzó a revolver su comida dentro de la bandeja de mala gana.
Se fijó en Rosalie, que masticaba mirando también a los otros dos.
Entonces llegó Alice, sentándose a su lado. Estaba sola. Y tenía en la cara ese puchero que bien conocía él y todos los que la rodeaban.
-Me ha dejado plantada-soltó la chica, sus pequeños hombros estaban hundidos. Cuando y se sentó apoyó la frente de la mesa, una cortina de cabello azabache le cubrió el rostro- No consigo a mi compañero.
Edward y él intercambiaron una mirada rápida.
-Seguro se ha retrasado, pero ya no tarda en llegar, Al- le tranquilizó Edward, componiendo su expresión adusta a una más calmada.
La chica levantó el rostro triste.
-¿Y si le pasó algo?
Esta vez intervino él.
-Cálmate, piojo, no te vas a quedar sin amiguito- y le alborotó el cabello largo antes de seguir comiendo con avidez. La comida estaba deliciosa, y le rindió cuenta. Rosalie se tomaba su tiempo para comer, masticando lentamente y picando todo.
Alice tomó una papa frita de la bandeja de Emmett y la mordió. Parecía que nada de lo que le habían dicho surtió efecto.
-Todavía mucha gente no ha llegado, no te preocupes- la intervención de Rosalie hizo que la más pequeña de todos la mirara, curiosa. La rubia le sonrió con amabilidad- Soy Rosalie, por cierto- se estrecharon las manos- Y ella es Bella- A pesar de su mala cara, a la castaña le salió una sonrisa sincera. Le saludó con la mano.
-Ya nos conocíamos-informó Alice con una sonrisa, lo que Bella secundó con un asentimiento breve - Son las únicas chicas que conozco aquí a parte de mi madre-admitió la pequeña con una sonrisa en donde sus dientes blancos quedaban descubiertos.
Emmett pensó que la sonrisa que la hermana de su amigo esbozaba no era tan buena a juzgar el modo en que la otras dos esbozaban sonrisas cómplices. Si Alice sola era peligrosa, no se quería imaginar como sería teniendo una amiga como Rosalie.
