Agradecimientos especiales a Isa861115, DCullenLove... Y muy muy especiales a Clioprongs porque me animo muuuuucho su review. Y sabes? Pienso que estas en lo cierto! Gracias por darme tu opinión… Y me encanta que te haya gustado mi historia! Este capitulo va para ti. Un beso linda.

Ya saben, nada es mío. Yo solo quito prestado a Meyer.

Capítulo 5: Help I'm alive.

Edward dejó pasar a Bella primero y cerró la puerta tras él. Miró la habitación, igual de impersonal que las demás. Un par de cuadros que Esme había insistido que pusieran en las habitaciones para darle aspecto más cálido era todo lo que decoraba aquella estancia de paredes beiges.

Al parecer, Bella no había desempacado nada. Había dos maletas de ruedas a un lado de la cama y un morral marrón sencillo sobre esta. Lo dejaría de último, decidió.

Edward primero revisó el closet. Por encima de este, cada cajón; tanteando el techito, las esquinas, y en general buscando en cada rincón. No halló nada.

Luego siguió el baño. Ella no había puesto nada. Sólo estada la habitual toalla colgada a un lado de la regadera, y el papel higiénico en la pared. Revisó el pequeño mueble que servía de espejo de cara, encima del lavamanos. También estaba vacío. Y estaba vacío cualquier rincón del baño que pudiese servir de escondite para cualquier cosa.

Cuando regresó al cuarto, Bella estaba sentada en la silla al lado de la ventana oscura. Él caminó hacia la cama, registró bajo ésta, luego bajo el colchón, palmeó las almohadas y metió las manos entre las fundas de estas.

-¿Serviría de algo decir que no escondo absolutamente nada?- preguntó Bella desde su silla, mirándolo hacer todo aquello.

-No, igual tengo que hacerlo- le respondió mientras abría los cajones de la única mesita de noche. Igual, no le hubiese creído. Los cajones estaban vacíos.

-Mmm… Sólo quería ahorrarte la molestia.

Cuando él se subió un de las maletas a la cama y comenzó a abrirla, ella se puso rápidamente a su lado, con los ojos marrones fijos en sus manos y todo lo que hacían.

Edward comenzó sacando la ropa de la maleta y colocándola en la cama, por montoncitos. Cuando no había ropa que sacar, dirigió sus manos a un compartimiento en la tapa interna de la maleta. Ella lo detuvo, inclinando su cuerpo hacia la maleta casi en ademán protector, o asÍ le pareció a él.

- Es mi ropa interior, si no te importa- musitó con la cabeza baja, mientras sacaba con cuidado un montón de prendas en su mayoría de colores claros y de apariencia de algodón. Nada de encaje, nada de negro o rojo. Le provocaba decirle que no era nada que no hubiera visto antes, pero se contuvo.

Ella separó con cuidado todo, dejando claro que no había nada ahí que él pudiese estar buscando. Cuando le hecho un vistazo fugaz al rostro de la chica, este tenía un color rojo que casi le hace reír. Se preguntó internamente si sería tan casta como parecía. Aunque eso no era de su incumbencia, claro. Aquello no debería interesarle en lo más mínimo. No.

En silencio, y con ella a su costado, comenzó a hurgar en los bolsillos de los jeans, monos y shorts. También en la algunas costuras. Bien sabía él los lugares insólitos que utilizaban para esconder cosas.

No encontró nada en esta maleta, pero aún quedaba otra. Mientras Bella todavía ponía todo dentro de la maleta, él subió a la cama la segunda, que estaba más pesada. Cuando la abrió, se sorprendió un poco del contenido: En un solo vistazo había calculado unos diez libros, otras diez revistas de moda y salud, y varios cuadernos pequeños que tenían pinta de ser usados. También había objetos de uso personal. Y por fin pudo meter algo en la bolsa: un par de afeitadoras, una lima, una tijera pequeña, un cortaúñas, un objeto extraño parecido al cortaúñas. Siguió revolviendo todo, y halló un pequeño bolso fucsia que abrió sin esperar mucho.

Estaba lleno de medicamentos. Aquello no era bueno.

-Oye, no son drogas ilegales… Son…-se apresuró a aclarar ella, algo inquieta.

Edward examinó los distintos frascos y blisteres que había: Un somnífero, un ansiolítico, unas pastillas de alcachofa con algas marinas, un energizante a base de guaraná, antialérgicos, analgésicos, otras pastillas energizantes, un suplemento de hierro y calcio, banditas, curitas, antipiréticos, y otros de ese estilo. Todos fueron a parar a la bolsa.

-¡Pero si los necesito! ¡Algunos me los recetaron los doctores!- chilló la chica exasperada.

-Primero los tiene que revisar Carlisle, y según tu examen físico y psicológico, te dirá que vas a tomar a partir de ahora- le informó tranquilamente. Había algo que faltaba y que usualmente las chicas como ella tomaban mucho.

Se volteó para encararla.

-¿Donde están los diuréticos, los laxantes y los supresores del apetito?- quizás había sido algo apresurado preguntarlo, o demandarle de esa forma… Pero no creía que ella no consumiera nada de eso.

La cara de Bella se volvió una máscara serena, aunque algo desafiante.

-No tengo nada de eso. Ya no lo tomo- le dijo cruzando los brazos.

-Vacíate los bolsillos, por favor- le pidió en tono firme, pero intentando sonar tranquilo.

Ella rodó los ojos antes de quitarse la chamarra de cuero de él y quedarse en un suéter oscuro. Metió las manos blancas en cualquier bolsillo, sacándolas vacías, al igual que cuando exhibía el interior de estos. Luego hizo lo mismo con los de su jean.

Edward pensó que con lo grande que le quedaba la prenda, podría esconder cualquier cosa ahí, pero Bella pareció leerle el pensamiento, porque se sentó en la cama bufando, y lo que hizo a continuación, le sorprendió. La chica se colocó una almohada en el regazo y simplemente se bajó el pantalón y se lo tendió con gesto obstinado. La almohada le tapada la pelvis, así que ni su ropa interior se veía. A él no le tendría que bombear el pulso más rápido. Había visto muchos desnudos en el hospital.

Edward tomó el pantalón con cuidado de no mirarla a ella, que lucía algo sonrojada e irritada. Registró todos los bolsillos del pantalón, las costuras: nada.

-¿Ya?

-Por ahora- y le regresó el pantalón, el cual ella se puso de la misma forma en que se lo había quitado, aún ruborizada.

El joven se concentró de nuevo en lo que había sobre la cama; resto de la maleta contenía toallas grandes para secarse, y objetos de aseo personal, de esos que cargan las chicas para arriba y para abajo. Había un despertador de la rana René (se esforzó por no burlarse), un retrato de una hermosa mujer rubia, otro de Bella con un par de chicas que sonreían, otro de ella en la playa de noche, al lado de un joven de piel rojiza. Se preguntó si era su novio. No supo porque la simple idea de aquello no le agradó.

Mientras metía de nuevo los libros (los ojeó rápidamente para asegurarse de nada irregular), se fijó en que la mayoría eran clásicos de la literatura.

-¿Te gusta mucho Jean Austen?- le preguntó sin pensar. Se concentró en ordenar las revistas mientras ella se quedaba mirándolo con uno de los libros en sus manos.

-Si. La verdad es que adoro este tipo de lectura- le respondió.

También había un viejo y manoseado ejemplar de Cumbres Borrascosas.

-¿No te gusta?- fue el turno de preguntar para ella. Entonces el advirtió que aún tenía la mueca en su cara de cuando miró el libro. Aborrecía el libro, le parecía un libro de locos.

-No, la verdad es que no me gustó para nada. Es… Confuso. Quiero decir, los personajes son muy reales, pero no me gustaron. Ninguno. Eran egoístas, rencorosos y vengativos. Si me lo preguntas, no es un buen ejemplo para las señoritas- dijo de último con algo de sarcasmo, sonriendo un poco.

Para su sorpresa, ella se rió. Una risa corta, pero sincera. Era linda cuando se reía, advirtió. Luego se obligó a seguir metiendo las cosas en la maleta.

-Es obvio que no entendiste el libro, de verdad no lo leíste- le dijo aún sonriendo.

Edward levantó la mirada hacia ella con una ceja enarcada.

-No te gustó porque no lo viviste. Y cuando uno lee, se vive el libro; no sólo desglosas los párrafos- su tono era tranquilo y relajado, como cuando uno habla de algo que adora. Y por lo visto, leer era una pasión para ella.

Aquello le dio curiosidad: oírla hablar así de algo que le gustaba. Era extraña la combinación de esta Bella con la otra que había estallado cerca del lago. Se preguntó cuantas Bellas más habrían.

-Como sea, Heathcliff era un imbécil; y Kathy una niña malcriada- discrepó con tranquilidad.

Bella se encogió de hombros.

-Algún día lo entenderás- murmuró con aire sabio. El seguía mirándola, intrigado.

-¿Tú lo entiendes?

Ella lo meditó un instante.

-Intento hacerlo. La complejidad de los sentimientos humanos, su infinidad y gama no es algo que se pueda entender sólo con leerlo- Sus ojos se encontraron con los de él cuando volvió a hablar- Eso también hay que vivirlo, sentirlo.

Por un momento, Edward sintió el mismo calor que había sentido en la enfermería. Aquellos fuegos sordos que se extendían por el suelo, que querían envolverlos, que esperaban a que ellos hicieran algo.

El joven tragó disimuladamente, algo que prefería ignorar estaba tomando forma en su cerebro.

Bajó la mirada de nuevo, buscando algo que hacer. De pronto se sentía extraño.

Tomó el morral y lo abrió. Allí había una caja con una cámara fotográfica dentro, un lobo de felpa de peluche, una extraña cobija hecha de retazos, un ipod, algo de maquillaje (al que no le veía utilidad alguna), algunos lapiceros, lápices, borradores y sacapuntas. También estaba una billetera rosa con sus documentos personales y algo de dinero. De todo esto, metió los lápices, lapiceros y el sacapuntas en la bolsa.

-Oh, por favor, ¿Qué puede hacer eso?- le reclamó señalando la bolsa.

-No te daré ideas- replicó el chico con un suspiro.

- No me corto con lapiceros, ni me afeito con lápices, ¿Sabes? No estoy tan loca- Su tono era el de alguien resentido.

-Bueno, no lo sé. Eso lo dirá tus exámenes de mañana.

Ella abrió la boca, ofendida, pero luego él le sonrió de forma juguetona.

-Era broma, no creo que estés loca- le dijo. "Sólo creo que necesitas ayuda", pero no lo pronunció porque pensó que a ella no le haría gracia.

Ella igual le lanzó una mirada rayada, que no sabía si era en broma o en serio. Decidió no decir nada más e irse. Desde hace rato deseaba irse. Faltaba la peor parte. Aspiró aire y la miró.

-Tu teléfono celular- le pidió.

Bella lo miró preguntándole si era en serio. La mirada fija que él le dedicó le decía que sí. Ella sacó su celular de la blusa (Es sorprendente porque él detalló su suéter y no se veía) y golpeó la palma extendida del chico con él, malhumorada otra vez.

Finalmente, Edward cerró la bolsa, y le puso el nombre completo de Bella en ella, sin saber por qué se esmeraba tanto en su caligrafía. Cuando se enderezó, ella había tomado una de los portarretratos y lo ponía con cuidado en su mesita de noche. Algo en su mirada le hizo sentir un extraño apretón en el estómago.

-¿Es tu madre?- preguntó mirándola desde donde estaba. La joven aún miraba el retrato con ojos ausentes, pero asintió con la cabeza.

-¿Y donde está ella?- la pregunta salió sola.

Ella no respondió de inmediato, sólo se sentó despacio en la cama, aún con los ojos en la foto de su madre. Entonces él lo supo antes que ella lo dijera en voz bajita, desprovista de sentimiento.

-Está muerta.

Mierda, pensó, la he cagado. Edward se quedó parado, inmóvil, sin saber qué coño decir. Odiaba quedarse sin palabras. ¿Se suponía que tenía que decir algo, no? Le podía decir que la entendía perfectamente, pero sería en parte mentira. Si bien era cierto que él era huérfano de padres, quizás su circunstancia había sido muy distinta a la de Bella, y no quería cagarla más diciendo algo estúpido como "Lo siento", porque aunque lo sentía, ese sentir no era el típico que se dice tener cuando le das el pésame a alguien. Además, decir "Lo siento" a alguien a quien se le muerto algún ser querido siempre le pareció un poco… fuera de lugar. Uno nunca sentiría lo que siente alguien así. Y cualquier otra connotación que podía tener esa frase en ese caso, a él le traía sin cuidado. Simplemente no lo decía. Él era de los que sólo abrazaban o apretaban la mano en silencio; los que mejor lo conocían, sabían que con ese gesto él decía más.

Verla así, con los hombros hundidos, pequeña y en silencio, le hizo pensar en lo vulnerable que era. Parecía una muñeca de porcelana. Sólo que esta era real y estaba rota por dentro. Odió saber que ella no estaba bien.

Los brazos le picaban, le provocó abrazarla… Pero no se movió de donde estaba. Pasaron unos minutos en silencio.

-¿Cuándo murió?- indagó con voz suave, queriendo sólo saber más.

Igual que antes, ella no respondió de inmediato, pero esta vez giró el rostro para mirarle. Su expresión era muda, sólo el ceño fruncido levemente daba indicios de alguna emoción.

-¿Podemos no hablar de eso? Si no te importa- su tono no era a la defensiva, o lleno de molestia, sólo lo dijo como alguien cansado.

-Claro, disculpa- musitó él. La miró un segundo más, lamentando haber comenzado a preguntar. Pensó en un momento que lo mejor para ella sería hablarlo… Pero uno nunca sabe cuando es el mejor momento para hablar de esas cosas que duelen. Ni siquiera si hay un momento para eso. Bella no dijo nada, sólo lo miró a los ojos- Me voy entonces- pero ahora se quería quedar con ella, y sólo hacerle compañía. No le gustaba aquel sentimiento protector que de pronto le ardía en el pecho- Nos vemos mañana- se movió hacia la puerta, dándose cabezazos mentales.

Ella se despidió en un murmullo, pero el no miró más para atrás.

Mientras se dirigía a la cabaña de Jessica para revisarla, sólo murmuró un "mierda" cargado con preocupación. Esta vez, más preocupación por él que por Bella.

Bella se quedó un rato sentada en la cama, viendo al vacío, sumida en pensamientos.

Recordó algo, y en su rostro se formó una pequeña sonrisa. No era una sonrisa buena, era una sonrisa llena de satisfacción por haber hecho algo malo bien.

Dentro de uno sus zapatos, sus dedos enfundados en medias, acariciaban un blíster de laxantes. Por la planta le molestaba otro, pero de diuréticos. Y finalmente, tomó un envase de crema para el cabello de la maleta; dentro de éste, protegido por su blíster dentro de una bolsita, se hallaban 25 pastillas para quitar el hambre.

Estaba mal, muy mal. Pero no dejaría que la engordaran porque creían que ella estaba demasiado flaca. Si fuese así, las modelos de las pasarelas las deberían tener con sonda a todas en estos momentos. Ella estaba bien… Sólo un poco hambrienta.

Le tomó una hora organizar meticulosamente todo. Poner la ropa y los zapatos en el closet, los productos de limpieza personal y demás cosméticos en el baño, los libros y las revistas en la mesa (apilados por su tamaño), su lobo de peluche y la cobija de su mamá sobre la cama, las pantuflas bajo esta, el ipod en la mesita de noche. Luego decidió, a pesar del frío, bañarse.

El espejo era de cara, no completo. Suspiró y fue a buscar la silla para meterla en el baño, frente al espejo. Cerró la puerta, suspiró, y empezó a desvestirse. Sólo se dejó la ropa interior. Cerró los ojos antes de subir a la silla y una vez enfrentada al cristal, los abrió poco a poco.

Lo primero que se vio fue la panza. Nunca, nunca quedaba satisfecha si se veía de frente. Los huesos de las caderas se le perfilaban sin esfuerzo, angulosos. Si apretaba el abdomen y contenía la respiración, lo hacían aún más. Luego su vista subió hasta su cuello: ahí sobresalían sus clavículas lo suficiente como para delinearlas por la cara anterior, completas. Se inclinó un poco para ver su hombro, en ambos había un morado causado por el roce de la tira del sujetador con el pequeño montículo de algún hueso.

La mejor parte era voltearse, y verse de perfil. Es cierto, casi no le quedaba culo, pero si le quedaban costillas. Si aguantaba la respiración, se las podía contar sin problemas, una a una. Cuando hacía esto, su abdomen se convertía en un perfil totalmente convexo. Y adoraba aquello. Después venía la espalda, y las distintas poses para ver mejor sus escápulas, y las vértebras, que de por sí ya se notaban.

Bajo de un salto de la silla, y sonriente, se metió en la ducha. Esa noche, tampoco comería.

Edward tocó la puerta, y espero un par de minutos hasta que Jessica le abrió. Al verlo, una sonrisa enorme surcó su cara.

-¿Vienes a allanar mi humilde cabaña? – le preguntó inclinando la cabeza a un lado y mirándole de forma coqueta.

Él sólo solo hizo un mohín.

-Algo así.

Esta chica le daba algo de miedo, en serio.

Ella se apartó para dejarlo pasar.

-Te tardaste un poco en lo de Bella, ¿no?- su tono de "no quiere la cosa" no le gustó.

-Si- No quería ser grosero, pero no le nacía más que el trato estrictamente cordial con ella.

Jessica se sentó de piernas cruzadas en la cama, donde su ropa estaba esparcida en montañitas entre algunas revistas, zapatos y cosméticos. Ella en ningún momento desvió la mirada de él.

-Esa chica tiene serios problemas. Quiero decir, todos estamos aquí por algo, no; pero ella…-emitió un silbido- Será difícil. Una vez conocí a una chica…

Mientras hablaba, él en silencio comenzó a buscar entre las maletas y las cosas esparcidas en la cama.

-… que era así. Fue terrible. La internaron no menos de cinco veces. Creo que se volvió loca…

"No digas nada y sigue en lo tuyo, no digas nada, no digas nada. Jessica no sabe nada, por eso habla tanto". Y no era el hecho que hablara tanto, era su tono, su maldito tono de chisme de pueblo lo que le molestaba.

-…Quiero decir, todas hacemos dieta para cuidarnos… ¿Pero llegar a ese extremo? Es una demente.

-Está enferma, Jessica- dijo con acritud. Luego se sorprendió… De hecho, él mismo pensaba eso de Bella, sin embargo también entendía que ella no podía reconocer los riesgos que conllevaban sus actitudes, y que tampoco le importaran. Pero no supo de donde le salió esa vena defensora por aquella chica delgada y morena. No supo porqué se molestaba tanto por lo que decía Jessica, por, de algún modo, excusarla.

Jessica lo observó algo sorprendida, y apenada.

-Yo lo sé, pero…-titubeó.

Edward se volvió hacia ella y enderezándose. Respiró profundo mentalmente y se preparó para hablar con suavidad.

-Oye, no te preocupes por Bella. Aquí sólo eres responsable de ti misma.

Eso bastó para que la chica sólo cambiara de tema y comenzara a preguntarle cosas acerca de él.

Mientras revisaba el closet, ella le preguntaba acerca de dónde y qué estudiaba; y hasta emitió un jadeo fascinado cuando el dijo que sería doctor. Mientras revisaba el baño, ella se adentraba a terrenos personales.

-… ¿Y tienes novia?

Edward se detuvo y cerró los ojos por un momento, ya irritado.

-No.

-¿Por qué? Quiero decir… Eres… guapo- ella no se iba por las ramas, constató.

-¿No trajiste afeitadoras?- le preguntó, ignorando lo que ella había dicho. Mientras, revisaba el tanque del WC, la ducha y los rincones del baño. Ella seguía en el cuarto, por lo que su voz no se escuchó tan duro.

-Oh, no, yo no necesito eso- su tono cargado sensualidad no hizo más que irritarlo. Él no necesitaba saber que ella no se afeitara, o se depilara, o lo que fuera.

-¿Y tus medicamentos?- indagó cuando regresó al pequeño cuarto.

La chica vació su bolsa y ahí, aparte de más cosméticos y otras cosas, habían dos cajas de medicinas: un antialérgico y otro para el dolor de cabeza.

Metió eso junto a un cortaúñas y la lima en la bolsa con el nombre de Jessica.

Jessica tenía problemas con el alcohol, pero ya había repasado todo (incluyendo frascos de perfumes y enjuague bucal) y no había encontrado nada. Quizás ella si estuviese dispuesta a recuperarse… ¿No? Y quizás también a saltarle encima ante el menor indicio de debilidad, había deducido cuando ella empezó a mandarle señales consciente (esas indirectas que él respondía haciéndose el desentendido) e inconscientemente (sus gestos corporales. Nada sutiles) durante el día.

Agradecido porque ya se iría, le pidió el celular a Jessica, rogando porque su reacción no fuese tan exagerada.

Pero no se puede tener todo en la vida, y la reacción de Jessica sí fue exagerada.

Luego de veinte minutos, estaba sentado en el despecho de Carlisle junto a Emmett y Alice. Su padre y su madre estaban también ahí, junto con otra psiquiatra, Carmen, que era especialista. No estaban reunidos al azar, es algo que siempre se hace para discutir acerca de los campistas. Cosas de rutina.

Siendo Alice la más novata, era la que más necesitaba saber. No es que los monitores tuviesen un papel de vital importancia para la recuperación en sí de sus pupilos, pero necesitaban saber qué pasaba con ellos para saber qué beneficios tendrían, o el por qué de algunas conductas para así poder erradicarlas; ya que son los que más tiempo van a pasar con ellos… Y tienen que trabajar como una especie de equipo.

Y los equipos son cosa de unión, y trabajo en conjunto, armonía y todo eso, ¿no? Pues creía que en su caso eso no pasaría. Ese pesimismo no era propio de él, pero lo sentía basándose en los acontecimientos nada alentadores de ese día.

Carmen le caía bien. Era una mujer hermosa, de cabello negro y piel aceituna. Su mirada tenía un brillo sabio y era vivaz y alegre. Se sentía contenta que estuviera ahí, sobretodo porque la quería mucho, y casi casi era una segunda madre para ella, desde que los Cullen la adoptaron.

-¿Bueno, con quien comenzamos?- preguntó Carlisle. Se veía algo cansado, pero eso nunca minaría su disposición y mística. Esme estaba sentada a su lado, y revolvía unos papeles en diferentes carpetas. Sólo puso tres de ellas sobre el escritorio.

-¿Puedo comenzar yo?- preguntó Alice, queriendo hacer algo. Como era la que menos sabía de todo, tomar un papel era algo importante- Quiero decir, comiencen con Jasper.

Carmen tomó la carpeta de Jasper y sus ojos oscuros se movieron por las hojas con rapidez.

-Jasper Withlock, 19 años. Está en el campamento, básicamente, porque consiguió hacer un trato con un juzgado de cambiar un año de cárcel por estar aquí.

Alice sintió la lengua espesa ¿La cárcel? Oh, Dios.

-¿Mató a alguien?- preguntó horrorizada.

Emmett y Edward miraban a Carmen preocupados.

-No exactamente- fue Carlisle quien contestó- Pero fue acusado de intento de homicidio por su padrastro- se quitó los lentes y se frotó los ojos por un segundo. Luego de ponérselos, recobró su aspecto de médico preocupado- Jasper disparó un arma contra él. Y el señor McSweenie presentó cargos. Jasper simplemente no se defendió, no dio explicaciones. Su abogado fue lo suficientemente bueno como para conseguir esto.

La más pequeña de todos se sentía mareada. Había estado con un posible asesino, nadie le había dicho nada, y él no tenía esposas. ¿Qué si se le alborotaba la mente psicópata y le daba por matarla? Había tenido chance, de sobra. Además, por Dios ¿Quién quiere matar a su padrastro?

-No puedes dejar a Alice con él ahora, Carlisle- casi ladró Edward. Por la cara de Emmett, éste también pensaba lo mismo.

-El abogado de Jasper, cuando se comunicó con nosotros nos explicó que Jasper lo había hecho en defensa de su familia. Al parecer, su padrastro maltrataba a su madre y a su hermana pequeña- Todos se quedaron en silencio. Alice entonces comprendió todo. Quizás no era psicópata- No dejaría a Alice con alguien que le pudiese hacer daño. Y Jasper no tiene problemas de conducta que sepamos, no tiene otros cargos penales. De todas maneas mañana se le evaluará igual que a todos.

-¿Sólo esta aquí por una condena?, por así decirlo- preguntó la chica.

-Algo así- respondió de nuevo Carlisle.

Todos se veían más relajados.

-Alice, déjame ver lo que le pudiste decomisar – le pidió Esme.

La chica puso la bolsa sobre la mesa.

-Sólo su celular, una navaja suiza y otra de afeitar.

Esme la tomó, se paró y lo fue a colocar en un armario cerrado con candado. Eso se les entregaría cuando dejasen el campamento.

-Al, no hay mucho que hacer. Asegúrate que asista a la entrevista conmigo y que no se meta en líos. Si está bien del todo, no será necesario que asista a un control psiquiátrico, o que haga terapias de grupo. Así que lo que tienes que hacer es no dejarle solo, ¿Está bien?- le preguntó Carmen, mirándola con una sonrisa. Eso no parecía nada difícil, por lo que ella estuvo de acuerdo sin poner objeciones. De hecho, eso la hacía sentir mejor.

Luego siguió Emmett.

-Kate Allen- fue el turno de Esme, que cogió la carpeta de Kate y comenzó a leer los rasgos más generales- Trastorno de ansiedad generalizada, abuso de metanfetaminas y fármacodependencia a antidepresivos. Posible trastorno de personalidad fronteriza*****.

Emmett gimió alzando sus manos y sus ojos al cielo, como si con eso una fuerza todopoderosa se compadeciera de él.

-¿Por qué me tuvieron que tocar las que tienen complejo de farmacia?- preguntó haciéndose el sufrido.

A Alice le hizo gracia aquello, pero se contuvo de reírse porque Rosalie le caía bien, así que sólo le dio un zape en la cabeza al amigo de su hermano.

-Vamos, Emmett, al menos no te tocó algún alcohólico bipolar- comentó Edward tranquilamente- Aunque no sé si Rosalie es mejor que eso- prosiguió con aire pensativo.

Alice detalló la mirada mortificada, esta vez en serio, de Emmett, y pensó que su hermano a veces podía ser malo. El zape esta vez se lo concedió a Edward.

-¡Alice!

-Chicos, chicos, por favor- intercedió Esme cuando Edward le alborotó el cabello a la chica. Usaba el mismo tono de cuando reñían en su propia casa. Lo que era, prácticamente, todos los días.

Ella nunca tenía problemas con su hermano. De hecho, se llevaban tan bien que Alice no podía concebir que le hubiese tocado otro hermano adoptado mejor que Edward. A veces le irritaba que fuese tan celoso y sobreprotector, pero eso quedaba opacado con otros gestos que hablaban de su amor fraternal, y su total disposición para con ella. No todos podían decir que su mejor amigo era su hermano, pero ella sí. El hecho de que por sus venas no corriese la misma sangre nada tenía que ver con la adoración que sentía hacia su hermano mayor.

-¿Podemos seguir en lo que estábamos?- preguntó Carlisle, siempre paciente y amable, mirando con cariño a los dos jóvenes.

Alice dejó quieto a Edward, y éste hizo la pantomima de sacudirse la camisa como si ésta estuviese llena de algo contagioso.

Aquello irritó a Alice, por lo que decidió que no era suficiente. Así que tomó el brazo de su hermano, como siempre hacía, y le dio un lenguetazo juguetón.

-Uggghhh, Alice, ¿Hasta cuando?- Edward se limpió de la camisa de Emmett.

-¡Oye! ¿No sabes que le rabia es contagiosa?- le preguntó éste haciendo una mueca de asco.

-Para que sigas- les dijo la pequeña chica- La próxima serán mocos.

Los más adultos suspiraron cansados, y esto fue suficiente como para que los jóvenes se pusieran serios.

-Bien- continuó Esme, concentrándose en la carpeta que tenía en sus manos- Kate necesita una hora de terapia de grupo tres veces por semana, y trabajo individual todos los días. Va a tener taller de codependencia dos veces a la semana, y taller de familiograma*, una. Yo me voy a encargar de sus sesiones individuales, y me voy a turnar con Carmen para las terapias individuales. Es importante que no despegues el ojo de ella, Emmett. Recuerda los signos que produce el síndrome de abstinencia, y sería extraño que no los presentara esta misma semana. Si no lo hace, es obvio que sigue medicándose y en ese caso tendríamos que aislarla. Si de verdad no trajo nada de medicamentos a los que es adicta, como le advertimos a ella y a su madre, entonces el trabajo será menos difícil. También sabes los síntomas de la toma de metanfetaminas, por lo que ante cualquier irregularidad debes traerla de inmediato al laboratorio. ¿Está claro?- Emmett, serio como siempre que se le necesitaba, o cuando estaba poniendo en práctica sus habilidades médicas y sus conocimientos (casi una de las únicas cosas acerca de lo que no bromeaba).- Debes vigilar con quien interactúa porque también tenemos otros adictos, que lo que pueden hacer es reforzar las mismas conductas que intentamos quitarle.

-Si, lo entiendo.

Alice intuía que habían muchas más cosas que se debían decir de los internos, pero que no se decían por algo que llamaban "Confidencialidad Médico – paciente", y que sólo le compete a ellos, los médicos de verdad. Ni siquiera a Emmett y Edward, porque ellos no eran los psiquiatras de nadie ahí.

-Ahora hablemos de Rosalie- siguió Esme, y le tendió una carpeta Amarilla a Carmen.

La rubia. Sabía que ella sería algo… algo importante y abstracto en su vida desde que la vió por primera vez, y esta vez no estaba jugando.

-Bien, Rosalie Hale tiene 19 años y es la segunda vez que la tenemos aquí- informó Carmen, algo en su voz decía de la tristeza que le daba que aquella muchacha no estuviese bien, como salió el año pasado- Ha sido la primera recaída desde su relativa recuperación. Rosalie tiene problemas con el abuso de drogas como la cocaína y el éxtasis. No cumple los criterios para el alcoholismo, pero si lo consume más de lo normal. En cuanto a su conducta, se le ha diagnosticado una personalidad distímica* bastante recurrente, y un trastorno afectivo no especificado*- Carmen hizo una pausa, hablaba en voz clara y rápida- Ella no estuvo muy receptiva la vez pasada, no se abrió a las terapias y no cooperaba mucho en todo en general. Así que este año hay que hacer ahínco en que simplemente se ayude, en que coopere. Rosalie tendrá taller grupal y trabajo individual tres veces por semana. Eso, con los talleres de yoga, familiograma, autoestima, arte y reflexión creo que la ayudará a ser más receptiva al tratamiento psiquiátrico como tal- Miró a Emmett fijamente- Tú, futuro colega, no te vas a despegar de ella. Aunque no tanto como con Kate, porque creo, y no es que esté subestimando la situación de Rosalie, que el caso de la otra es un poco más peliagudo, ¿ok?- Emmett asintió con expresión grave. Era importante para él que Rosalie saliera mejor de ese campamento- Te asegurarás que asista a casa sesión de lo que sea y que cumpla con su itinerario. Lo mismo que con kate: está alerta a cualquier signo. Y ante cualquier indicio de consumo de drogas la tienes que traer inmediatamente la enfermería.

-Lo entiendo.

Y Emmett nunca habló tan en serio en semanas. No sabía por qué, aparte que esta chica le gustaba, era vital que ella se recuperara. Sentía algo malo en el pecho cuando pensaba en el mal que alguien como ella se hacía. Se prometió que haría lo que estuviese en sus manos para ayudarla.

Otra pausa, más carpetas revueltas, hasta que dos quedaron en el escritorio.

Carlisle tomó una carpeta, y la abrió.

-Isabella Swann. Acaba de cumplir los 18. Diagnosticada con anorexia nerviosa* desde hace dos años. Ya ha estado hospitalizada tres veces en estos dos años, estuvo internada en una casa especial para los Trastornos de la Alimentación. Salió bien, pero recayó a los pocos meses. Sufre de depresión*, y trastorno general de ansiedad*. No se conoce que abuse de algún fármaco o sea dependiente de cualquier otra sustancia- Carlisle bajó la carpeta y miró directamente a Edward- Esta chica se ha resistido a demás tratamientos, pero aquí actuamos diferente. Bella va a tener terapia individual y grupal todos los días. Trabajo de autoimagen, Taller psicoeducativo, Familiograma, Codependencia*, nutrición y cocina una vez a la semana, cada uno. Tú tienes que acompañarla a los talleres de cocina, y nutrición. No creo que sea prudente que ella realice ejercicio físico como los demás, en las mañanas, pero creo que el yoga no le hará daño. Así que en lugar de levantarla para ejercitarse, la traerás a la enfermería donde Esme le hará el chequeo físico todos los días. Se va a pesar una vez a la semana pero es vital que ella no sepa cuando porque puede manipular su peso*. Mañana le tocará, yo te iré avisando los días que le corresponda hacerlo.

Carlisle hizo una pausa donde revolvió más los papeles.

-Edward, por ser su guía, deberás vigilar que haga todas las comidas, incluyendo las meriendas. Incluso si debes obligarla. He cuadrado las terapias y otras actividades de Jessica para que ella no esté sola, así que si Bella se tarda más, no te preocupes. Debes tenerle paciencia, estas enfermedades son largas y difíciles de erradicar… Quizás nunca lo hacen. Pero hay que intentar eliminar sus conductas erradas. Lo primero es el reestablecimiento del equilibrio físico. Ella tiene bajo peso, hipotensión, bradicardia*, y no lo dice, pero habría que chequear como está su aparato digestivo. Cualquier anormalidad, tienes que traerla de inmediato.

Edward intentó procesar todo eso con la mente de un médico. Intentó ser objetivo. Intentó separar lo profesional de lo personal… Pero antes que comenzara a hacerlo, sabía que era inútil. Porque desde el primer momento en que la vio, en que ella se mostró tan cerrada y arisca, sin ser consciente, se había puesto como reto ayudarla. Pero ahora era más que eso. Sentía una necesidad extraña de protegerla, de hacer que ella estuviese bien, sana. Era más, mucho más que el simple interés de un médico (que el no lo era, pero para efectos prácticos era lo mismo) por su paciente.

Sólo asintió.

A penas si le puso atención a la reseña de Jessica, él ya la había leído antes. Esta era cleptómana declarada, tenía problemas con el alcohol y el éxtasis, y una vida nocturna bastante agitada. Había sido arrestada dos veces. Posible trastorno ciclotímico*. Necesitaba terapia de grupo tres veces a la semana, igual individual. También taller de codependencia y familiograma. El resto de lo que dijo Esme casi ni lo escuchó… Sólo pensaba en Bella, y la forma en que a partir de mañana la abordaría.

Iba a ser difícil, pero él amaba los retos.

Ya. Quizás les pareció pesada esta parte (ojala no haya ningún psiquiatra o psicólogo por aquí porque me halaría de los pelos), pero me pareció necesaria a mí.

Ya veeeeeen, sentimientos a flote a partir de aquí, y si, es solo el primer día. Ya dos admiten que le gustan otros dos, ya Edward se da cuenta que Bella le importa más de lo normal. ¿Qué seguirá?

Cualquier duda acerca de lo que está aquí, sólo exprésenlo. Un rr y todas sus dudas serán mágicamente aclaradas.

Ojala les haya gustado, a pesar de todo lo pesado que fue la última parte, que la trate de resumir mucho porque estoy segura que en las juntas médicas se habla mucho más que eso, pero lo que piensa Alice es cierto: hay cosas que quedan sólo entre médicos.

Y aquí, algunas definiciones:

Trastorno Ciclotímico: es un trastorno del humor considerado una forma suave detrastorno bipolar. Está definido en elespectro bipolar. Específicamente, este trastorno es una forma suave detrastorno bipolartipo I, consistente en alteraciones recurrentes del humor entre lahipomaníay elhumor distímico. Un solo episodio es suficiente para diagnosticartrastorno ciclotímico; sin embargo, la mayoría de personas tienen asimismo periodos distímicos o dedistimia. Nunca se hace diagnóstico de trastorno ciclotímico cuando hay historial de manía o episodios mixtos o de depresión mayor. El trastorno ciclotímico prevalece en 0,4-1% de los casos. La tasa parece igual en hombres o mujeres, aunque las mujeres buscan tratamiento más a menudo.

Hipotensión: Tensión arterial baja.

Bradicardia: escenso de la frecuencia cardiaca

Trastorno de Ansiedad generalizada: Se caracteriza por un patrón de preocupación y ansiedad frecuente y persistente respecto de una variedad de eventos o actividades. Lossíntomasdeben extenderse al menos por 6 meses para poder efectuar eldiagnóstico.

Los síntomas psicológicos son: preocupación crónica y exagerada, agitación, tensión e irritabilidad, aparentemente sin causa alguna, o más intensas de lo que sería razonable en esa situación en particular

Farmacodependencia: Lafarmacodependenciaes una forma especial de adicción que se deriva del consumo reiterado defármacos, de cualquier sustancia que sirve para prevenir, curar o aliviar la enfermedad, o para reparar sus consecuencias. Los psicofármacos (tratan los trastornos mentales) son los más susceptibles de causarfarmacodependencia.

Metanfetaminas: es un potentepsicoestimulante. La metanfetamina es conocida por su reputación de estimulante adictivo. Como laanfetamina, estadrogaincrementa la actividad, reduce el apetito y produce una sensación general de bienestar. Excita receptores neuronales vinculados a las señales de recompensa y gratificación: produce euforia, alivia la fatiga y mejora el rendimiento en tareas simples.

6. Trastorno de personalidad fronteriza: El Trastorno de la personalidad fronterizo se caracteriza por impulsividad y la inestabilidad anímica, de la imagen propia de la persona y de las relaciones. Este trastorno es muy común y se diagnostica con más frecuencia en mujeres que en hombres. Las personas que lo sufren presentan varios de los síntomas siguientes: cambios de humor muy marcados con períodos de depresión intensa, irritabilidad y/o ansiedad que duran de unas cuantas horas a varios días; furia fuera de lugar, intensa y fuera de control; impulsividad en lo que se refiere a gastar dinero, sexo, consumo de sustancias, robos menores, conducir agresivamente o comer demasiado; amenazas de suicidio recurrentes o lesiones a sí mismos; relaciones personales inestables e intensas con perspectivas "blanco o negro" sobre personas o experiencias; algunas veces alternan entre idealizaciones de que "todo está bien" y devaluaciones de que "todo está mal"; incertidumbre marcada y persistente sobre la imagen propia, las metas a largo plazo, las amistades y los valores; aburrimiento crónico o sensación de vacío; esfuerzos frenéticos de evitar el abandono, ya sea real o imaginado.

7. Codependencia: La codependencia se define como el ciclo de patrones de conducta, y pensamientos disfuncionales, que producen dolor, y que se repiten de manera compulsiva, como respuesta a una relación enferma y alienante, con un adicto activo o en una situación de toxicidad relacional.

8. Familiograma: El Familiograma es un instrumento diseñado para evaluar elfuncionamiento sistémico de la familia, y es útil para la identificación defamilias cuya estructura las coloca en algún riesgo de carácter biológico(problemas hereditarios o de aparición familiar), psicológico (tendencias atener una funcionalidad familiar inadecuada) o social (familia numerosay/o sin recursos, hacinamiento, etc.). Así, al retratar las características detres generaciones, el familiograma ofrece una perspectiva longitudinalteniendo en cuenta que las familias suelen repetir sus atributos,característica conocida como continuidad o alternancia, según si éstaocurre sin interrupción entre padres e hijos o hermanos, o se salta unageneración para aparecer en la otra.

9. Depresión: es untrastorno, ya sea desde lapsicopatologíao desde lapsiquiatría. La psiquiatría la describe comotrastorno del estado de ánimoy su síntoma habitual es un estado de abatimiento e infelicidad que puede sertransitorioo permanente.

10. Lo de manipular el peso: Las anorexicas tienden a manipular el peso de manera que la báscula siempre marque más de lo que en realidad pesan. Lo hacen ya sea tomando litros de agua, poniéndose más ropa, poniéndose pesas en el cuerpo.

Sepan que yo no soy médico. Si meto términos clínicos en la historia, pero es para darle más realismo. Así que no estoy exenta a alguna equivocación.

Gracias, gracias, gracias por leer. Espero que les haya gustado porque lo hago con todo el cariño del mundo. El próximo capítulo estará en 2 semanas a más tardar. Un abrazo, chicas!

Si a veces se les complica entender de quien es el punto de vista de cada corte durante un capítulo, díganme y yo no tengo problemas en poner de quien es el POV. Es que como cambio mucho de POV, me da lata estar poniendo a cada rato EPOV… BPOV… RPOV… APOV… Y así. Pero si es por eso, ustedes me dicen si prefieren que haga mejor dos o tres POV's por capítulo y fin de confusión. Ahora sí me voy, Besos!