Capítulo 7, parte II
05:30am
Era domingo, y por fin, POR FIN, saldrían del campamento. Rosalie se levantó tempranísimo para ella, pero no le importó, estaba ansiosa por ver otra cosa que no fuera árboles, las cabañas y la misma gente. Estaba deseosa de ver civilización.
Se bañó, y escogió para vestirse un jean azul claro, una blusa holgada negra de esas que penden siempre de un solo hombro y unas sandalias negras. Cogió su cartera roja de diseñador y metió su billetera, unas gafas de sol, chicle, una cajetilla de cigarros, desinfectante en gel y su ipod. Luego se dirigió al baño con su bolsita de maquillaje y procedió a empolvarse la cara, ponerse iluminador en los ojos, delineador negro, rimel, algo de rubor y un toque de bálsamo de fresas para los labios. Se miró en el espejo y suspiró. Estaba bastante sencilla para lo que acostumbraba, pero estaba bien así. El cabello se lo recogió por la mitad en una pinza, dejando sus hermosas ondas esparcidas por la espalda.
Eran las siete y cuarto cuando se cansó de esperar, y decidió que si no comía en los próximos 5 minutos, le daría un desmayo. Tomó su abrigo, salió de la cabaña, y cuando estaba cerrando la puerta y se dio vuelta para correr al comedor, se dio con algo un cuerpo de lleno.
-Hey, cuidado- la voz de Emmett era baja y grave. Sexy. Alzó la vista para encontrarse con esos ojos grises oscuros de él. Estaban aún muy cerca, tanto que el olor a la loción para después de afeitar de él la rodeaba por completo. Este se mezclaba con olor a jabón, cuero, almizcle y otro que no podía identificar pero que en conjunto hacían de un perfume maravilloso. Se dio cuenta que sostenía el aliento y dio un paso atrás, para recomponerse.
-Casi no impides que me escape- le dijo en broma.
Él le sonrió, y madre mía, ahí estaban esos hoyuelos de nuevo. Era muy guapo, muy violable.
-Kate no quería salir de su habitación- le explicó. Entonces la miró bien, detallando su ropa, su peinado y casi hace que se sonroje- Te ves bien- le dijo.
-Gracias- Él llevaba una chaqueta oscura, una camisa negra y blanca a rayas, jean gastados y deportivas- Tú tampoco estás mal- fue lo que dijo, aunque en su mente, el adjetivo que se formaba se parecía más a divino. Pero decirlo era mucho.
-Caramba- se llevó una mano al corazón- Me siento profundamente halagado- luego se rió, y ella no pudo hacer otra cosa que dedicarle una sonrisa genuina, una verdadera que pocas veces dejaba ver.
Luego empezaron a caminar hacia el comedor, que estaba ya lleno y rebosaba de expectación y ánimo. Se dirigieron hacia la misma mesa de siempre, donde ya estaban Kate y Jessica con las cabezas juntas, hablando y pellizcando algunas frutas; Bella, Edward, Jasper y Alice. Esta última comía silenciosamente, cosa extraña en ella mientras Jasper y Edward estaban enfrascados en una conversación y Bella mojaba pedacitos diminutos de pan en café con leche.
La chica saludó, dejó su bolsa y caminó con Emmett atrás hacia el buffet. Él agarró dos platos y le pasó uno a ella. Se pusieron en la fila, y la nariz se le llenó del olor a panecillos recién horneados, tocino, queso cheddar, huevos revueltos, café, waffles, y Bendito sea, chocolate caliente.
Rosalie tenía que agradecer su metabolismo a sus buenos genes. Su madre era delgadísima, aunque también era de comer muy sano. Su padre era alto, de cuerpo atlético y comía mucho. Así que por ambas partes, tenía para sacar buenos genes. Y agradecía infinitamente por eso porque ella adoraba comer.
Con el estómago rugiendo –incluso a pesar del bullicio lo escuchaba claramente-, llenó su plato de waffles, huevos revueltos, queso, una taza de frutas picadas, jugo y chocolate caliente. Miró el plato de Emmett, quien no escatimaba y como siempre se servía lo que bien podría ser el desayuno de tres personas. Fueron luego a sentarse en la mesa, juntos, con los brazos rozándose. No sabía si él era conciente de ello, pero ella sí. Su corazón físico también.
Se concentró en cortar el tocino y revolverlo con el huevo. Con el primer bocado, barrió la mesa con sus ojos azules. Notó el bonito suéter blanco de crochet que llevaba Bella, las miradas vigilantes de Edward hacia ésta, la cara aburrida de Alice, a Jasper bebiendo jugo y las cotorras de Jessica y Kate haciendo lo suyo. Sus ojos vagaron más allá de su mesa, notando caras nuevas en las mesas. O quizás no es que fueran nuevas, sino que ella no reparaba mucho en los demás. En una mesa más pequeña y esquinada estaba el doctor Cullen y la doctora Esme, comían mientras hablaban. De vez en cuando se sonreían y podría jurar que una chispa de adoración saltaba de sus ojos.
Sintió entonces algo extraño en el pecho. A ella nunca le habían mirado así. Nunca. A veces pensaba que nunca lo harían. Algunos chicos no pasaban de su escote para arriba, y aunque eso le abría puertas –vamos, no podía negarlo-, a veces le hacía sentir vacía. Una cáscara. ¿Cómo verían el cerebro si lo primero que les deslumbraba era el cuerpo? ¿Quién escucharía las palabras cuando lo que querían era llevársela a la cama.
A decir verdad, tampoco es que pudiese hacerse la víctima. Era hermosa, lo sabía, y había aprendido desde muy pequeña a utilizar las palabras, las sonrisas y las miradas correctas para siempre salirse con la suya. No es que eso estuviese mal… Pero a veces la hacía sentir estúpida. Una rubia tonta.
-Se te va a enfriar la comida- le dijo Emmett, sacándola de sus pensamientos y atrayendo inmediatamente su mirada. Otra vez esos ojos grises oscuros, casi color ónix la absorbieron. Él la miraba a los ojos. Una mirada limpia, sin intereses oscuros, sin esa fascinación ciega y estúpida con que la miraban los otros chicos. Aquello le gustó, y al mismo tiempo la intrigó. ¿Será que no le parecía atractiva?
Por supuesto que no. Aquello era imposible… ¿Cierto?
Había visto más de una vez como sus ojos la miraban de arriba abajo, pero al final su mirada terminaba en el mismo lugar: sus ojos.
¿Qué quería de ella? ¿Por qué no le miraba las tetas como todos los demás?
Se dio cuenta que no había respondido, así que apartó su vista de él y la dirigió hacia la pareja de doctores que antes había estado mirando. Hizo un gesto con la barbilla hacia ellos.
-Se adoran ¿verdad?- le preguntó.
-Oh, si. Parecen novios aún. Sigo viendo el mismo amor, sino más, desde hace diez años- le contestó él.
-¿Crees que estarán juntos por el resto de su vida?- bajó la voz sólo para que él la escuchara, y esta vez puso toda su atención en Emmett, que también había estado mirando a los esposos pero que ahora la enganchaba otra vez con sus orbes.
-En mi vida no he visto a otra pareja más feliz y enamorada. Es difícil estar cerca de ellos y no salir empapado de amor…-rió entre dientes volviendo a verlos- Parecerá cursi, pero si existe algo como la pareja perfecta, eso son ellos.
Rosalie le creyó.
-¿Qué hay de tus padres? ¿No se llevan muy bien?- la pregunta le salió sin pensarla, y luego quiso morderse la lengua.
El rostro siempre afable del chico se tornó sombrío, aunque cualquiera hubiese dicho que estaba igual, ella sí notó el cambio. Emmett se concentró en revolver sus huevos.
-Mis padres ya no están juntos.
-Vaya, lo siento. ¿Hace cuanto se separaron?
-Hace 2 años.
-Eso no es mucho tiempo.
Él se encogió de hombros y se metió un bocado enorme de beicon que masticó con lentitud. Rosalie comprendió que no le gustaba hablar del tema y también siguió comiendo.
Media hora después, todos salían con dirección a dos autobuses que los esperaban para ir a la ciudad. Cuando Alice tomó la delantera, y se enfiló hacia uno de los autobuses, todos la siguieron, como si ella mandara o algo, lo que probablemente fuera cierto.
El autobús era pequeño, y se parecía a esos que docenas de veces había tomado en tours alrededor del mundo. Alice le hizo señas desde una de las últimas filas, botando en el asiento. Pensó sentarse con Emmett, pero tampoco le importaba hacerlo con Alice. Caminó por el estrecho pasillo hasta su asiento. Bella las miró con el ceño fruncido y se sentó en el asiento de adelante con Edward. Emmett se sentó atrás con Jasper.
Cuando arrancaron, Alice comenzó a hacer planes de adonde irían. Hablaba tan rápido que apenas le daba chance asentir o responder algo. Atrás, Emmett y Jasper hablaban acerca de… ¿La guerra Civil? Caramba, aquello le sorprendía. Adelante, sólo podía ver la cabeza castaña broncínea de Edward, con un solo audífono. Supuso que escucharían música. Las demás personas hablaban sin parar, se reían, animados todos. Cosas para nada de extrañar; incluso si le hubiesen dicho para ir a la misa, ella hubiese sido unas de las primeras en enfilarse: cualquier cosa con tal de ver otra cosa aparte del campamento.
El viaje pasó lento. Quedó de acuerdo con Alice de ir primero a buscar alguna ropa (como si les hiciese falta), después irían a reservar entradas para el cine, luego almorzarían todos juntos –algo de comida muy basura de ser posible, sentía que su organismo le pedía mucha grasa y carbohidratos malos-. De ahí se tomarían unas fotos las tres, para rememorar el momento, luego si quedaba algo de tiempo, comerían helados y hablarían cosas de chicas.
Se contuvo de salir corriendo cuando salió del bus y los rayos de sol le pegaron el la cara. Aquello no era el gran centro comercial que esperaba, pero era mejor que nada. El estacionamiento estaba lleno de carros y gente. Había unas fuentes en la entrada principal, y personas que entraban y salían. Niños con globos, padres con cajas y bolsas, haciendo malabares para sostener todo; abuelos, jóvenes. Sonrió y se volvió hacia los demás. Emmett se estiraba tras ella y Bella se acomodaba el cabello castaño. Alice lucía una radiante sonrisa también.
A ellos se acercó el doctor Carlisle.
-Chicos, las cosas van así: Sus guías estarán con ustedes todo el tiempo y tienen que estar aquí a las cinco a más tardar ¿De acuerdo?
Hubo un murmullo de aprobación.
-Bueno, vayan y disfruten. Nos vemos a la tarde.
Alguien le tropezó el hombro, Jessica y Kate habían salido piradas para reunirse con un chico rubio y alto de coleta, y otro de cabello negro y ondulado que no había visto antes.
Alice le agarró la mano, y le arrastró junto a Bella dentro del mall. Adentro, era agradable e iluminado. El techo de cristal en bóveda dejaba ver el cielo azul, había una música agradable y la gente pasaba a su lado entre risas, carreras y conversaciones. Ver a tanta gente junta la hizo sentir de nuevo una persona normal, alguien miembro de una sociedad.
Se detuvieron en la entrada. Alice irradiaba ánimo, e incluso Bella, siempre callada y tranquila, parecía alegre bajo el techo de cristal abovedado. A unos pasos, había un pequeño puesto lleno de tarros de contenidos coloridos: gomitas. La boca se le hizo agua. Soltó la mano de Alice y sus pies la guiaron hasta el carrito atendido por una joven de pecas y pelo castaño. Sintió como los demás la seguían.
La chica miraba una revista, y cuando los tuvo al frente, levantó la vista. Sus ojos oscuros pasaron por todos y la bomba de goma de mascar en su boca explotó.
-Hola- la saludó Rosalie, mirando el montón de dulce. Casi sentía el sabor del azúcar en su lengua- Quiero un poco de todo- le pidió, impaciente.
-¡Yo quiero pulpos!- saltó Alice a su lado.
Luego de pagar, caminaron juntos por el centro comercial, discutiendo (discutir implicaba escuchar a Alice planear todo, con una espaciada intervención de algún valiente que se atrevía a sugerir alguna otra cosa) que harían durante el paseo. Luego de unos minutos, se separaron en dos grupos.
Edward, Bella y Jasper querían ir a la misma librería –¡Era una salida, por Dios! Algo netamente recreativo, y ellos querían meterse entre libros. ¿Qué estaba mal con esa gente?-; mientras Alice, Emmett y ella irían a una tienda de ropa… Bueno, sólo Alice y ella querían ir, pero Emmett se comprometió a acompañarlas. Luego se reunirían todos para el almuerzo.
No había tiendas de diseñadores, pero tampoco estaba buscando algo específico; así que entraron en una de estilo urbano donde consiguió unas botas planas de cuero muy monas. Alice se probaba suéteres mientras Emmett se quedaba sentado ojeando unas revistas. Media hora después, salían con dirección a una tienda de surf para complacer al chico grandote. Aunque ella no era muy adepta a las playas, salió de ahí con un divino bikini estampado; y que Alice no practicara surf, no le impidió llevarse un traje especial para la práctica de dicho deporte.
-Estoy planeando hacer muchas cosas las próximas vacaciones- se explicó, solemnemente.
-Lo mismo dijiste con el karate, y la natación- intervino Emmett.
-Ya, pero el surf es más divertido.
-Lo mismo dijiste cua…
-Vale, vale. Esta vez es en serio- aseguró la pequeña chica, seria.
Rosalie sonrió, y le mostró un traje rosa chicle que hizo que los ojos azules de Alice se ampliaran emocionados.
Cuando se hizo la hora de comer, luego de visitar otro par de locales, bajaron a la feria de comida, donde buscaron a los demás. Rosalie rápidamente consiguió al grupo gracias al extraño color de cabello de Edward. Se unieron en una mesa rectangular. Jasper leía el periódico -¿Qué clase de adolescentes eran aquellos?-, y los otros dos hablaban tranquilamente.
La rubia se sentó al lado de Jasper. De pronto, le molestaban los zapatos, y sentarse fue un total alivio. Miró a su alrededor mientras Alice le entregaba a Bella una pulsera que le había comprado. El estómago le rugió cuando sus ojos se posaron en la enorme M amarilla de McDonalds. Su mayor fantasía en aquel momento incluía una Big Mac doble con papas fritas grandes y una Coca-cola.
01:12pm
Lejos de lo que había pensado, la estaba pasando genial. Había conseguido un par de libros interesantes, una bufanda de colores cálidos y unos esmaltes de uñas bastantes coloridos. Alice le había regalado una pulsera "De la Amistad" (una amistad que ella veía algo relativa e incierta, pero la aceptó sin peros para hacerla feliz). Se había comido un par de ositos de goma (Emmett se los regaló y le pareció algo cruel rechazárselos) y no había sido tan horrible como había creído que sería. Y por último, y no menos importante –Que no debería en realidad ser importante, pero lo era. Mucho- había pasado lo que iba de día con Edward. Y eso era suficiente para estar contenta.
También porque no había visto a Tanya cerca de Edward (a excepción de la mañana, durante el desayuno, donde se acercó y muy efusivamente, lo saludó -¿Cómo era posible que él no se diera cuenta como ella lo mirara?).
Que no debería ser así.
Ay, estaba tan jodida.
De verdad, intentaba que no le gustase tanto, pero la misma fuerza con que lo deseaba parecía revertirse y surtir el efecto contrario. Así que cada noche se acostaba pensando en él. Y eso estaba tan mal.
-Ya tengo hambre- anunció Alice, sacándola de sus pensamientos. La miró con sus ojos cristalinos- ¿Tú no, Bella?
-No- dijo automáticamente, sin pensarlo. Pero su cuerpo la desmintió cuando su estómago emitió un pequeño rugido. Edward, a su lado, rodó los ojos y se paró del asiento. Sorprendiéndola, la tomó de la mano para incorporarla.
-Vamos a buscar algo de comida- le dijo, encontrando su mirada.
Ella ancló sus pies en el suelo, aún con la bolsa de compras en su mano libre. Fue conciente de la miradita que le echó Emmett a su mano entrelazada a la de Edward, y con suavidad se deshizo de la mano del chico, que no parecía haberse dado cuenta de eso antes.
-No tengo hambre- mintió de nuevo, de pronto cohibida. La mano que él había agarrado le picaba. Dirigió sus ojos hacia allí por un instante antes que él le hablara de nuevo.
-Mentirosa. Tu estómago no pudo haber rugido más duro.
Ella le dirigió una mirada acerada y él se la sostuvo sin inmutarse. Hasta ahí había llegado su día perfecto, estaba claro. El joven se dirigió hacia los demás, e hizo una seña con la mano a Emmett, quien asintió. Le puso la mano a ella en la espalda y la guió –empujó- hacia el montón de puestos de comida rápida.
La primera parada fue, como no, McDonalds. Edward pidió una hamburguesa grande con doble de carne y queso, papas y gaseosa grande. Y dos helados. De chocolate. Con Maní. Esperaba que ambos fueran para él, porque por ningún motivo terminaría eso en su estómago. Le sorprendió luego la paciencia de Edward cuando ella le hizo parar en cada puesto, porque nada de lo que veía le apetecía. Luego de varias frases persuasivas –y algo demandantes- ella terminó con una ensalada de pollo, pan tostado, un batido de frutas rojas, y una galleta enorme de chocolate. Todo la pagó él, ignorando olímpicamente los reclamos de ella. En la mesa ya todos tenían sus respectivas comidas –obviamente ninguna tan ostentosa y abundante como la de Emmett-.
Después de la ensalada y el batido, Bella se tuvo que desabrochar el botón de los vaqueros. No le cabía un gramo más de nada.
A su lado, Rosalie gimió y dejó caer su frente contra la mesa. Sorprendida, Bella había visto como la rubia se comía hamburguesa completa, sus papas, dos galletas enormes de mantequilla y el refresco completo. No entendía como podía tener un cuerpo tan increíble. Alice estaba recostada de su silla y jugaba con lo que quedaba de su almuerzo. Entonces, de la boca delicada y rosa de la chica más pequeña salió un eructo enorme.
Todos tenían los ojos como platos, incluso la propia Alice, quien se tapó la boca y se puso rápidamente roja como un tomate, avergonzada.
-¡Ay, Lo siento!
Todos estallaron en risas. Bella se sostenía el estómago de lo fuerte que se reía. Era difícil creer que alguien tan delicado como Alice emitiría tal ruido. La pobre chica no se rió, luciendo más apabullada que nunca. Incluso asestó unos cuantos golpes a Emmett y a Edward, que reían histéricamente.
Nunca había visto reír tanto al último. Así parecía un solo un chico, un adolescente despreocupado y bromista; y no el responsable guía estudiante de medicina. Sus ojos verdes brillaban, y ese sonido que brotaba de su garganta era fresco. Se dio cuenta que nunca se cansaría de escucharlo, o de mirarlo mientras lo hacía. El estómago se le revolvió, y por hacer algo, tomó una de las galletas de mantequilla de su bandeja y la mordió con rapidez, mirando concienzudamente el resto del dulce que aún tenía en la mano.
-Oh, Dios- dijo Emmett entre risas, limpiándose las lágrimas de sus ojos grises- No puedo creer que un cuerpo tan pequeño pueda hacer tanto ruido. Los camioneros te envidiarán, duende. ¡Hazlo de nuevo!
-¡Cállate!- exclamó la chica de pelo negro, roja aún. Emmett se llevó otra colleja.
Una conversación superflua después, vinieron los helados. Estupefacta, Bella observó como los chicos, y Rosalie, comían helado. El suyo estaba al frente, intacto y derritiéndose.
Edward lo empujó hacia ella. Sus ojos se clavaron en los de ella.
-Vamos, pruébalo, está bueno.
-Mejor no, estoy muy llena.
Él torció un poco el cuerpo hacia ella, y pasó un brazo por la espalda de su silla, poniéndola algo nerviosa. Parecía de un humor excelente, no como ella.
-Sólo un poco. Sé que quieres- y sonrió de lado, tomando una cucharada del helado de ella y llevándolo hacia su boca. Bella miró la cucharada: era de pie de limón, su preferido. De nuevo, lo miró a él, que seguía sonriéndole. Simplemente, no podía decirle que no cuando sonreía así. Que tonta. Bufó y abrió los labios.
El sabor del helado inundó sus papilas gustativas, bailando en su lengua. Suprimió un gemido. Se pasó la lengua por el labio superior, y algo dentro de ella sintió satisfacción secreta cuando los ojos de él siguieron ese movimiento. Luego de eso, él se apartó un poco, y le dio la cucharilla.
-Todo tuyo-hizo un gesto hacia el postre y apoyó su mejilla en un puño cerrado, observándola vigilante. Como siempre.
Ella decidió que un poco de helado no la mataría, y por primera vez en mucho tiempo, se permitió disfrutar del sabor dulce del pie de limón.
02:56pm
-¡Oh, ahí está Women´s Secert!- chilló Alice, media hora después, mientras daban una vuelta por el centro comercial., apretándole la mano.
-¿Deberíamos acompañarlas?- preguntó Edward dudoso detrás suyo en un susurro a los chicos.
-¿De verdad tenemos que entrar? Es una tienda de chicas –ese fue Jasper.
-Podrían necesitar nuestra opinión acerca de lo que van a comprar- por supuesto, ése fue Emmett. Seguro Edward le miró feo -¿Qué?
-Podríamos esperarlas afuera- sugirió el chico rubio de nuevo.
No se quedó a ver qué decidían. Alice las arrastró dentro de la tienda.
02:59pm
Las chicas se metieron en una tienda de ropa íntima, y quedó de acuerdo con Edward en que estarían ahí sólo unos minutos. Para nada tenía que ver con el hecho de que quisiera sólo mirar, tal vez el tipo de prenda que Rosalie escogería. No, nada tenía que ver.
Mientras Alice, Rosalie y Bella hurgaban entre la ropa, él tomó asiento cerca de los probadores, donde había unos sillas de aspecto cómodo. A su lado se sentó Edward y Jasper. Las chicas revolotearon por el lugar un rato, mientras ellos las observaban aburridos.
Una chica rubia de amable sonrisa y generoso escote se acercó a ellos.
-¿Puedo ayudarles en algo?- les preguntó con una mirada coqueta.
Él le devolvió la sonrisa.
-Gracias, estamos acompañándolas- dijo, y señaló con la cabeza a las chicas. Y en seguida vio en la expresión de la dependienta algo de desilusión.
-Oh, ya veo. Bueno, si necesitan ayudan sólo digan- de nuevo apareció la sonrisa insinuante, y se alejó moviendo las caderas.
Pasaron unos momentos más viéndose las caras y el techo. En un momento, Edward y Jasper se levantaron alegando ir a buscar algo que no escuchó, y él se quedó por no dejar solas a su grupito femenino comprador.
A los minutosos, Rosalie y Alice arrastraban a Bella hasta un probador.
-Oh, cállate y pruébatelo- demandó Rosalie, prácticamente metiendo a Bella en el probador a la fuerza. Aquello le hizo sonreír- ¡Vamos, póntelo!-y luego se metió ella en otro. Tenía en la mano un montón de ropa de colores fuertes. Emmett intentó no pensar en nada. Intentó.
Los ojos grises del joven vaguearon por el lugar un momento. Alice miraba unas batas de baño, mientras tanto. La chica que trabajaba y que minutos antes se había ofrecido a ayudarlos, miraba una revista. Una señora de unos sesenta años miraba unos conjuntos bastante atrevidos, y Emmett quitó los ojos de ahí rápido para evitar pensamientos perturbadores.
Para matar el tiempo, tomó una revista de una mesita cercana, y se pudo a hojearla sin importarle que fuera de mujer. Entonces, un ruidito seco hizo que levantara la mirada hacia el probador de Rosalie. La puerta estaba entrecerrada, dejando una buena vista hacia adentro, y, Cielo Santo, podía ver una parte de Rosalie reflejada en el espejo.
La garganta se le secó. El corazón empezó a latirle pesado mientras sus ojos recorrían con avidez lo poco que veían.
Ella llevaba el jean puesto, pero arriba –Bendito sea Dios- sólo tenia un brassiere color rosa pálido que hacía que sus pechos se vieran, simplemente, perfectos. Tenía los hombros manchados con pecas, y el pelo le caía entre los omóplatos con gracia. Era una diosa. Rosalie era maldita una Diosa.
Los ojos azules de ella buscaban detalles en la prenda con aire crítico, cuando de pronto, su mirada lo encontró reflejado en el espejo.
Mierda. Mierda. Probablemente va a creer que soy un mirón baboso.
Apartó la vista rápidamente, con la cara caliente por primera vez en muchísimo tiempo, avergonzado.
03:33pm
Al principio tuvo el impulso de gritar, entre asombrada y avergonzada, pero esos sentimientos se le pasaron al instante. La cara de Emmett era una mezcla de sorpresa, deseo y fascinación. Eso la hizo sentir más sexy de lo que nunca ninguna otra mirada lo había hecho. Y eso era decir bastante.
Luego él retiró la mirada con la cara roja, probablemente porque ella lo había pillado. Pero parecía avergonzado ¡Quien lo diría!
Debió haber cerrado la puerta, pero en su lugar, y antes de pensar en lo que hacía, se sorprendió al oír su voz llamarlo.
Vio como él levantaba de nuevo la vista. Ella sólo asomó su cara, en ella pintada una sonrisa tan inocente como la de un lobo.
-Oye, ¿puedes acercarte? Necesito una opinión- Miró a su alrededor, y cerca de ellos no había nadie, si no contaba a Bella dos probadores más allá.
Una voz en su cabeza empezó a gritarle que no fuera zorra, que se comportara, que quedaría mal frente a él, que lo que iba a hacer estaba mal, muy mal... Pero no le importó.
La cara del joven era un poema. Parecía perplejo, luego otra vez apenado, después se recompuso y avanzó hasta ella con el rostro serio. Cuando llegó al lado de la puerta, la miró a los ojos.
-¿Qué quieres?-le preguntó con voz destemplada.
-Ya te dije, necesito tu opinión para…
-Ahí está Alice, ya la llamo.
-No- y tomó entre sus delicadas manos la muñeca de él. Emmett miró la mano de ella y luego subió por su brazo hasta su cara. Rosalie casi se echa a reír. Parecía inseguro, por primera vez en todo el tiempo que llevaba conociéndolo. Eso la hacía sentir temeraria – A quien necesito es a ti.
Y lo haló dentro del probador, encerrándolo con ella. Antes de darle tiempo para decir o hacer cualquier cosa, estampó sus labios contra de él.
Al principio, se sintió como si besara a una estatua, porque Emmett se quedó paralizado. Pero cuando ella pegó su cuerpo contra el de él, y sintió sus manos grandes y calientes tomarla por la cintura, supo que ya lo tenía.
Rosalie mordió el labio inferior del joven, logrando que él jadeara. Tuvo que abrir los ojos, y se encontró con que el color gris tormenta parecía ahora hierro fundido. Algo dentro de su pecho se calentó, algo más allá de cualquier cosa carnal, y lo besó de nuevo.
Él era vehemente, justo como lo quería y necesitaba en ese momento, y respondía a sus besos con bastante entusiasmo. Pronto sus lenguas se encontraron, y comenzó a hacer calor en aquel espacito que como mucho mediría 1 x 2. Ella coló una mano por debajo de su camisa, para sentir su piel. El abdomen duro y perfectamente marcado estuvo bajo sus dedos, y siguió subiendo despacio al tiempo que el chico dejaba su boca y le besaba el cuello.
Ella no quería tener sexo en un probador, pero tampoco le parecía tan mala idea en esos momentos… De hecho, lo deseaba. Emmett debía ser un amante maravilloso, a juzgar por esos instantes que se estaban robando. Sintió una pared contra su espalda, aunque las manos de él seguían aferradas fuertemente a su cintura. La rubia pudo aspirar el olor de su cabello; un olor único, masculino y limpio que supo que quedaría grabado en su mente por siempre.
Otra vez sus labios se encontraron. No entendía cómo sólo unos besitos la hacían sentir así… Tan… No encontró la palabra correcta, pero tampoco es que tuviera mucha mente para eso en aquellos momentos. No sabía cuanto había deseado besarlo hasta que lo hizo.
La respiración de él era un jadeo, y ella sintió su corazón latir fuertemente contra su palma cuando la mano que estaba en su pelo bajó hasta los pectorales. Le gustaba Emmett, más de lo que se podía permitir admitir.
Entonces, él se separó. Fue extraño; en un momento se besaban de forma hambrienta, y al siguiente él le sujetaba los hombros, alejándola de si y respiraba profundamente, como intentando concentrarse. Ella hizo para besarle de nuevo; necesitaba hacerlo, pero el chico retrocedió, soltándola. Tenía cara de lo que ella siempre llama "haberla cagado". Se pasó la mano por el cabello negro, apretando los labios.
-Mierda- musitó. La miró, y luego miró el suelo- Mierda.
Está bien que se haya dado cuenta que una tienda no es el lugar más apropiado, pero de pronto ella empezó a pensar que el problema no eran las circunstancias, sino ella.
-Esto no está nada bien- fue lo otro que dijo. Rosalie, incrédula, y ahora algo incómoda, bufó. No se le ocurría por qué alguien la rechazaría así. En un arrebato de pudor, se puso la blusa.
-¿Eres gay?- preguntó abruptamente. No lo creía, no por como le había respondido hacía unos pocos minutos, pero le pareció increíble que la rechazara así.
Emmett subió mucho las cejas y abrió la boca. De haber sido otra situación, ella seguro se hubiese reído, pero resultaba que aquello no era gracioso.
-¡Oh, no! Joder, no. Si fuese gay no tendría que obligarme a pensar en estos momentos en instrumentos de quirófano para… No. No soy gay- la miró a los ojos una vez más. Con el cabello alborotado y confuso, le parecía de lo más tierno. Y sexy. Tenía ganas de besarlo de nuevo, pero ya el ambiente era otro- Yo…
-Déjalo, no importa. Ya sé lo que vas a decir- le interrumpió la chica. Ahora sí estaba incómoda. Nunca le había pasado eso y definitivamente no quería alargarlo. Había visto muchas veces en películas el dialogo de "Lo siento, esto no debió haber pasado y blablabla". Cogió del suelo su sujetador, se colocó la blusa, tomó la cartera y salió del vestidor con premura. En la caja se encontró con Alice y Bella, y tuvo que decir que su brassiere se había roto y que por eso llevaba el de la tienda puesto. Hicieron malabares para quitarle el dispositivo antirrobos, pagó y esperó a que las chicas hicieran lo mismo.
Ahora podía arrepentirse y reprocharse a gusto. ¡Como le hacía falta una porro!
03:00pm
Bella miró alrededor de la tienda. Mucho rosa, pensó, al ver las cientos de prendas colgadas en ganchos. Y demasiada seda y encaje junto. No había planeado ir a comprar al centro comercial, menos ropa interior… Pero nada perdía con ver.
Comenzó con los pijamas. Pasó sus manos por las suaves telas, buscando alguna de pantalón largo. Finalmente cogió una de de algodón con dulces de estampado. A pesar de evitar los dulces como la peste, estaba obsesionada con todo lo que los tuviera, fuera ropa, bisutería, cuadernos… Buscó una talla M porque odiaba que se le ajustase la ropa, más aún si era para dormir. En una esquina de la tienda, Alice y Rosalie cogían conjuntos de ropa interior y reían pícaramente. Bella tomó la prenda de dormir y se reunió con ellas.
Alice tenía en la mano un sujetador azul eléctrico y cuando la miró, sus ojos se agrandaron, cubriéndole un tercio de la cara blanca.
-Ohhh, Bella- canturreó. Luego buscó entre el montón de tela que tenía en una mano hasta dar con algo rosa chicle, mostrándoselo- Esto va con tu piel ¿No crees, Rosalie?
-Absolutamente.
-Claro- dijo la chica cogiendo la prenda y mirándola. Era atrevido, pero muy mono- Va con mi piel y estaría perfecto como para montar un espectáculo a lo Moulin Rouge.
-C'est perffait!-dijo en perfecto francés la muchacha rubia- Cállate y pruébatelo- Rosalie la empujó hasta los probadores y la metió dentro de uno, cerrando la puerta tras ella- ¡Vamos, póntelo!- gritó desde afuera. También se rió ante algo que susurró Alice y que ella no llegó a oír.
Bella suspiró. De verdad no le apetecía probarse nada. El probador tenía un espejo que cubría una pared completa. Se observó: Los jeans le iban un poco grandes a pesar de ser talla S. Sin embargo, los sentía un poco más ajustados que la última vez –juró-. Se levantó el suéter blanco y se quedó viendo fijamente la tripa. Decididamente, estaba más grande, y aquello le horrorizó. Trató de recordar lo que le dijo la doctora Esme.
"Al principio es normal que te sientas algo… Hinchada, por así decirlo, pero no te debes desesperar. Tu estómago no está acostumbrado a recibir tanta comida, así que quizás se pronuncie. Pero no es que estás engordando. Tu zona pélvica está muy delgada y lo normal no es que esté así"
Así no fuese normal, era lo que le gustaba, lo que le hacía sentir segura. Si apretaba los músculos del abdomen, no se notaba, pero si los relajaba, parecía una lagartija. ¡Mierda, estaba engordando! El almuerzo le pesaba, lo sentía adentro, como infectándola; haciéndola sentir una porquería.
Dios, aquello no estaba bien. No, no, nada estaba bien. Dejó caer el conjunto y se sentó en el suelo alfombrado, enterrando la cara entre las piernas, y rodeando las piernas con los brazos. Odiaba sentirse llena, lo odiaba. Cuando su padre la obligaba a comer, y se quedaba con ella para vigilar que luego no hiciera alguna estupidez, Bella acostumbraba a ponerse en esta posición, hasta que la comida bajara un poco.
Mierda, mierda.
Sin el hambre se sentía extraña. Añoraba ayunar, lo añoraba muchísimo. Bastó una semana de comer ¡y ya estaba gorda de nuevo! Necesitaba estar vacía ¿Por qué nadie lo entendía? Era lo único que le salía bien, joder.
Intentó respirar acompasadamente para que el corazón le dejase de latir tan rápido, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo, así que dejó de intentarlo y dejó llevarse por la rabia, deseando quedarse ahí, sola, entre aquellas paredes amarillas y no tener que salir de nuevo a aquel campamento de locos a comer y a engordar para que su papá no sintiera culpa y los demás la dejaran en paz.
No supo cuanto tiempo estuvo ahí, tampoco supo que se había clavado las uñas cortas en los antebrazos, ni que había una voz que la llamaba tras la puerta.
-¿Bella? ¿Bella, estás bien?- era Edward, no Rosalie como había pensado al principio.
-Vete- le dijo con la voz ahogada.
-¿Estás bien?
-Déjame sola.
-Voy a entrar si no sales ahora mismo- amenazó. Pero su voz no era peligrosa, más bien parecía preocupado. No recordó que no había echado pestillo, pero no le importó, y pensó que si no le hablaba más, él se iría.
La puerta se abrió, y ella levantó la cara con ojos entornados.
-¿No me puedes dejar un puto momento en paz?- preguntó con fastidio, molesta.
Edward dudó en un principio, pero luego entró cerrando la puerta tras sí y se acomodó al lado de ella, brazo con brazo, como si no le hubiese dicho que le dejara sola. Él flexionó sus piernas, y ella se fijó en lo largas que eran. Ella se rascó la mejilla, y se dio cuenta que estaba húmeda. Se limpió con el dorso de la mano y bufó.
-¿No escuchaste nada de lo que te dije?- le dijo mirándolo irritada. Su cara estaba tan cerca que podía ver las motas doradas de sus ojos verdes ¿Cómo lograba tener el cabello así despeinado y que se viera bien?
Él se encogió de hombros.
-Creí que necesitabas hablar- respondió impasible el joven.
-¡Jesús!- dijo exasperada, rodando los ojos- ¿Es que creen que todo se soluciona hablando? ¡Pues no! ¡Todo esto es una mierda, y no se soluciona hablando! Sólo quiero irme a casa, joder… - cuando se molestaba, decía más groserías, pero no le importaba. Se dio cuenta de nuevo, que con él no podía mantener la boca cerrada. Siempre terminaba diciéndole todo, hablando de más. Volvió a su posición avestruz, su cabeza entre las rodillas- ¿Qué haces aquí? ¿No tienes que vigilar también a Jessica? Siento que te ensañas conmigo.
Edward rió entre dientes de esa forma que sólo había escuchado en él.
-Tú eres más problemática que ella- dijo. Bella estuvo a punto de murmurar un sarcástico "gracias", pero decidió no hablarle más- Además, está en un grupo con guías, no creo que se vaya a meter en líos. O a esconderse en probadores.
Ella alzó la cara para mirarle.
-Yo no me escondo- le contrarió. Ah, le había hablado de nuevo. ¿Por qué no podía ignorarle?
-¿Ah, no? Que extraño. ¿Qué haces aquí entonces?- hizo muy bien su papel de persona sorprendida.
-Quizás estaba muy cansada- mintió terriblemente.
-Y también llorabas porque estabas cansada, seguro.
-Vete a la mierda- murmuró sin saber que más decir. Otra vez escondió la cara entre las rodillas. Hubo unos minutos de silencio -¿No te vas a ir, verdad?
-No.
-Genial- dijo con sarcasmo. En realidad no era genial. Nada lo era. Se sorbió los mocos e intentó no seguir llorando. Alzó la cabeza y se encontró con la mirada de Edward. Sus ojos brillaban, y ese verde lleno de… tanto que no sabía, la hacía sentir pequeña, y extrañamente, segura.
-Estoy bien, te puedes ir. De verdad. No es necesario que te quedes aquí.
Él inspiró profundamente.
-Ya lo sé, pero quiero quedarme, como ves.
El probador de pronto parecía muy chico. En cada respiro, la esencia de Edward inundaba su nariz. Y era tan agradable sentir su calor...
-¿Por qué? Estoy loca- frunció su ceño, olvidando no preguntar cosas ridículas. De verdad quería saberlo. Podría estar en las maquinitas con los demás chicos. O comiendo helado en la terraza con Tanya. O viendo una película con Tanya, con sus brazos rodeándola porque haría mucho frío. Y quizás besándose. No, no quizás, estuviesen besándose. Imaginarse aquello le hizo sentir peor que la comida revuelta en su estómago.
Edward echó una carcajada muda. Luego la miró.
-¿Crees que estás loca?- le preguntó sonriendo aún.
-¿Lo estoy?- preguntó de vuelta Bella, ahora más preocupada. Sabía que no era normal, pero… ¿Y si de verdad estaba frita?
-Naa- negó el, relajándola- sólo estas un poco… Abrumada.
Ella lo escuchó en silencio, y asintió, queriendo creerle. Luego no dijo más nada. Se quedó ahí, sólo sentada al lado de Edward, disfrutando de su presencia y sorbiéndose los mocos de vez en cuando. Pensó en lo extraño de la situación: Estaba en el probador de una tienda para mujeres, con un chico. El chico que le gustaba, para precisar. En otras circunstancias, habría pensado que era sensual y atrevido, porque probablemente estaría haciendo algo más que estar sentada, y… No quiso seguir pensando porque de sólo imaginarlo se había sonrojado. Dios, que niña era.
-A veces aún cuando me molesto me quedo callado, y no hablo. Todavía me quedo quieto y le echo la culpa a cualquiera para no tener que hacer nada salvo estar enojado, porque es más fácil hacerse el desentendido con los problemas… Pero en realidad no soluciona nada. Ignorarlos no los hacen desparecer…- su voz se extinguió, y de nuevo la miró. Alzó su mano y le quitó un mechón húmedo de cabello que se había pegado a su mejilla.
Bella contuvo la respiración cuando sus dedos rozaron su piel y no hizo nada más que quedarse prendada a esos ojazos verdes.
Dios, no permitas que escuche lo acelerado que me pone el corazón. No permitas que vea lo colada que me estoy volviendo por él. No permitas que me guste aún más, por favor.
No es que fuera muy creyente, pero cuando se queda sin armas y sin muros… ¿Qué más queda por hacer?
Edward tragó saliva y su nuez de Adán se movió. Sus labios estaban muy cerca, y ella ya tenía los suyos entreabiertos. Sería tan fácil acercarse y besarlo…
-¿Bella?- la voz de Alice la hizo alejarse un poco y recapacitar. Edward pestañeó varias veces y miró la puerta con el ceño fruncido- Eh… Ah… Edward, ¿también estás aquí? Mmm… Es muy romántico y todo, chicos, pero los pueden pillar. Ya llevan bastante tiempo ahí y mmm… pues da para pensar mal ¿no?- luego soltó una risita.
Bella volvió a respirar, tratando de no molestarse con Alice por haber interrumpido el momento. Tal vez él la hubiese rechazado ¡Estaba loca! ¿Cómo iba a besarlo así? Luego pensaría que sí estaba de verdad chalada. Hubiese sido tan humillante… Quizás Alice había sido oportuna.
El joven se paró, sacudiéndose los pantalones y luego le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Bella cogió la ropa del suelo y se quedó parada con la mano en el pomo.
-Eh… ¿Alice? ¿Hay mucha gente afuera?
La chica se rió al otro lado de la puerta. A Bella no le parecía para nada divertido todo aquello.
-No. Pueden salir. Pero asegúrense de tener bien puesta la ropa –más risas.
Ella miró sobre su hombro a Edward, que no parecía para nada incómodo por aquello. Al contrario, parecía divertirlo. Él le hizo un gesto para que saliera.
Afuera, la chica duende los miraba con picardía. Tenía en sus manos un montón de ropa interior de colores. Abrió la boca, pero su hermano la interrumpió.
-Ni una palabra, Alice. No es lo que crees- y se fue, dejándolas a las dos solas. Bella lo observó salir de la tienda. Luego miró a Alice, que la veía con una expresión curiosa.
-No es lo que parece- secundó a Edward, sin saber que más decir y sintiendo el rostro arder.
La pequeña chica le sonrió, ladeando la cabeza. Sus enormes ojos azules le examinaban, como escarbando dentro de ella, descubriendo cosas.
-¿Te gusta mi hermano?- le preguntó. Parecía el gato que acorralaba al pequeño ratón.
-Oh, no, no, no, no. No- negó ella patéticamente. Luego se dio cuenta de lo mala que era la mentira. Se tapó la cara con las manos.
Alice se rió más duro, y la abrazó.
Bella dejó de ocultar la cara roja y tomó a la Alegre Alice por los hombros y la sacudió.
-Alice, escúchame- le pidió, mirándola seriamente- No digas nada. Nunca. A nadie. No lo menciones; ni siquiera a mí ¿ok? No hagas nada por favor, ni miradas, ni codazos, ni comentarios…
-Pero…
-Por favor- le rogó.
La chica de pelo negro la miró mordiéndose el labio. Parecía triste. Probablemente ya no podría hacer de cupido. Al final asintió.
-Pero…
-NADA. NUNCA- insistió, mortalmente seria.
La pequeña bajó la cabeza, rendida.
-Está bien.
Bella pudo respirar tranquila. Por el momento.
Que le gustara Edward era lo suficientemente malo como para que alguien más aparte de ella lo supiera.
Alice hizo un puchero, y sus hombros estrechos se hundieron.
-Acompáñame a pagar esto- le pidió, recuperando su ánimo, e inteligentemente cambiando de tema. Cuando estaban en la caja, Rosalie salió de un probador. Parecía algo perturbada y febril.
Mientras la cajera buscaba el dispositivo anti robos bajo la blusa de Rosalie, con Alice ayudándola, Bella vio como Emmett salía de uno de los probadores de damas con celeridad. Su cara usualmente jovial y relajada, lucía sofocada y algo preocupada. Rápidamente, miró a otro lado antes que él se diera cuenta que ella lo había visto.
Oh, Dios.
Su mente empezó a trabajar a toda velocidad con lo que podía significar Rosalie y Emmett saliendo del mismo probador.
05:24pm
Ya el cielo estaba rojo cuando se reunieron en el estacionamiento cerca de los autobuses que los llevarían de regreso al campamento.
Edward miró su reloj, y se relajó al ver a las chicas llegar junto a él. Jessica estaba riendo junto a Kate y otros dos chicos; mientras Alice, Rosalie y Bella esperaban para subirse en el bus. A su lado, estaba Emmett, inusualmente callado. Parecía mortificado. Aquello le preocupó; Emmett no era de los que sufrían en silencio. Emmett era de los que se ocupaban con rapidez de los asuntos.
-¿Te sucede algo?- le preguntó en voz baja.
El joven alzó su mirada hacia él, sobresaltado.
-¿Ah? No, no me pasa nada- negó tan rápido que pareció sospechoso. Edward lo miró con los ojos entrecerrados. Su amigo le sostuvo la vista por unos momentos, hasta que la bajó y se pasó la mano por el cabello- Es una tontería. De verdad, nada importante.
Edward lo miró unos segundos más, intentando averiguar qué podía sucederle. No le creía que no fuera nada.
-No me mires así- le pidió el otro.
-¿Cómo te miro?- le preguntó el de ojos verdes, extrañado.
-Así como si hubiese hecho algo malo- respondió en un susurro molesto Emmett.
-¿Qué hiciste?- sabía que su amigo aborrecía ese gesto, pero no pudo evitar alzar una ceja, sospechando.
-¡Nada! Yo no hice nada. Joder- entonces, abruptamente, subió al bus.
Aquello no le dio buena espina, y decidió que hablaría con él más tarde.
Cuando todos estuvieron ahí; campistas y guías, fue que subió al bus. El único asiento libre era el que estaba al lado de Bella. Ella le miró mientras se sentaba. Luego apartó la vista, y un adorable sonrojo acudió a sus mejillas. Se mordió la lengua por dentro para no sonreír. La chica a su lado apoyó la cabeza del vidrio y sus ojos se concentraron en el exterior. Él suspiró y se recostó del asiento.
De reojo miró a Bella. Era una chica interesante. Cada día, la conocía un poquito más, y eso, al contrario de calmar su curiosidad por ella, la avivaba más. No era como las demás mujeres que había conocido, eso le quedó claro desde la primera vez que habló con ella. Era obstinada, tranquila e impredecible. Era agradable cuando no tocaba comer, y detallista. Aunque a veces se acorazaba, podía ver que era una persona cálida e inteligente; preocupada por los demás y sencilla, entre otras muchas otras cosas.
Todo esto estaría bien si no supiera que ella estaba comenzando a gustarle mucho y muy rápido. Y aquello no podía ser. Él era un guía, y debía cuidarla, no buscar algo más de ella… Pero no podía dejar de querer estar cerca de ella, y ayudarla a mejorar; no podía evitar ansiar tocar su cabello o pasar sus dedos por ese rostro de porcelana. Besarla.
Mierda. Le gustaba, le gustaba Bella, y aquello estaba mal. Muy mal.
…..
Mucho tiempo sin actualizar, lo sé. Estaba de curso intensivo de la uni. Además que este capítulo me costó un buen. No me convenció mucho, pero no pude sacar algo más de mi materia gris. Opinen, opinen! Son lindos sus alerts y Favorites; de verdad me halagan muchísimo, pero un review estaría mucho mejor.
¿Cómo estuvo el capi? ¿Soso? ¿Confuso? ¿Bueno? ¿Mejor que nada?
Vamos, quiero leerlas.
Un beso, y muchas gracias por leer.
Como ya estaré de vacaciones, el próximo capítulo estará para mas o menos 3 semanas. Y como adelanto, les recomiendo que bajen la canción de Aqualung titulada Strange and Beautiful, que tiene algo que ver con el capítulo. Un abrazo a todas que se pasan por aquí. Gracias a las que me dejan mensajes en mi bandejita, son un amorsote!
