Capítulo 9: Karma Police.
Le sorprendió al despertar, darse cuenta que había dormido toda la noche. Generalmente cuando se preocupaba, Edward no dormía bien. Pensó que quizás el cansancio le había ayudado a no desvelarse.
El reloj había sonado a las cinco, así que se una vez se metió en el baño para ducharse. Al salir, se sorprendió al ver la cama de Emmett echa, y vacía. A veces Emmett salía a trotar en las mañanas, así que no le dio mas vueltas al asunto y comenzó a vestirse.
No logró quitar de su mente a Bella. Se estaban llevando bien, mucho mejor de lo que pensó en un principio que lo harían. Y de un momento a otro, y sin razón aparente, ella dejó de hablarle y comenzó a pasar de él olímpicamente. No lo entendía. El día anterior se había devanado los sesos intentando recordar si le había dicho algo que pudiese molestarla… Pero no encontraba nada. Moriría sin acercarse siquiera a comprender a una mujer.
Cuando estuvo listo, salió de su cabaña. Miró su reloj: las seis de la mañana. El clima estaba frío, y los malditos pajaritos por fin se estaban callando. Respiró profundo antes de tocar la puerta. Se mesó el cabello, como cuando hacía cuando se sentía incómodo.
Bella apareció al otro lado de la puerta. Tenía los ojos algo rojos, y ojeras oscuras bajo estos. Parecía más pálida de lo normal. Llevaba un suéter de capucha, y salió del cuarto cerrando la puerta. Sus ojos marrones nunca se detuvieron en él. Ni siquiera cuando la saludó.
Estupefacto, y algo dolido (aunque no lo admitiría fácilmente) la siguió mientras atravesaban el campamento hasta el consultorio de Esme. Iban por la mitad del recorrido cuando no lo soportó más, y la detuvo tomándola por el antebrazo. Se adelantó y se colocó al frente de ella.
-¿Qué te pasa?- le disparó, molesto. ¿Por qué le trataba así?
Bella lo miró fijamente, con una rabia que lo tomó desprevenido. Luego su rostro se tornó inexpresivo.
-No me pasa nada. Todo está genial.
-Mentirosa.
Ella lo miró por un segundo con ojos como hielo, y deshaciéndose de su agarre, le rodeó para seguir caminando.
Edward se quedó un momento parado, respirando, sin entender absolutamente nada. Un minuto después retomó el camino hacia el consultorio, donde Bella se estaba cambiando para hacerle el chequeo diario.
Fueron 15 minutos eternos. Él ayudó a pesarla, tomarle la tensión y temperatura haciendo lo posible por lucir normal, y por no tocarla. Ella apenas le miró durante todo el proceso.
Al final, tomó las anotaciones y se las entregó a Esme. Se sentaron los dos mientras la doctora revisaba la carpeta. Frunció el ceño suavemente, y miró a Bella.
-Has bajado un kilo con 500 gramos.
Bella pareció sorprenderse, después sus ojos bajaron hasta su regazo., y las esquinas de su boca se movieron casi nada, hacia arriba. Se sentía satisfecha. No podía creer que ella se sintiera así.
-¿Te has alimentado correctamente?- Esme cruzó las manos a la altura del mentón y miró fijamente a Bella, esperando alguna respuesta.
-¡Claro que he comido!- replicó la chica, indignada- He comido muchísimo. Pregúntele a cualquiera. Es que también me ponen a comer demasiado, y no puedo comer tanto; mi estómago no aguanta tanta comida.
-¿Has vomitado? Y no mientas. Eres tú al fin y al cabo quien se está haciendo daño.
La chica se cruzó de brazos, apretando la mandíbula.
-No.
-¿Estás tomando algún tipo de medicamento?
-No.
-¿Te estas ejercitando a escondidas?
-No. Estoy haciendo todo lo que me dicen, maldición-contestó ella con los dientes apretados.
Esme se echó para atrás en su silla e intercambió una mirada preocupada con su hijo. Él no sabía que pasaba. La verdad era que ella comía, él personalmente se encargaba de ello. A veces, cuando las anoréxicas comenzaban una dieta sana, su cuerpo acostumbrado a la no ingesta, seguía adelgazando. Pero no en gran cantidad.
Después de unos tensos segundos en silencio, Esme le recetó unos complejos vitamínicos y le dio permiso para marcharse.
-Edward, quédate un momento, por favor- le pidió.
-Espérame en el comedor- le dijo a Bella. Como ya se le estaba haciendo costumbre, ella se fue sin dirigirle la palabra. Él suspiró ruidosamente, y se dejó caer en la silla con los brazos cruzados.
Esme lo miró entrecerrando los ojos.
-¿Está todo bien entre ustedes? Los noté algo tensos.
-No sé- se echó el cabello hacia atrás, despeinándoselo más aún.
-Ten paciencia, cariño. Esa chica es un poco difícil de llevar, pero sé que bajo esa indiferencia está una…
-¿…Dulce niña que desea un abrazo?- gruñó, dejando que la rabia lo anegara- Es más como una Venus atrapamoscas.
Esme lo miró con ligera desaprobación, y tomó la taza que estaba a su lado para sorber un poco de café.
-En realidad, iba a decir que era una chica con mucho miedo. No saber como lidiar con sus sentimientos la hace querer no sentir nada, y ser al mismo tiempo más susceptible a todo. Tú sabes de esto.
El joven asintió, conciente que no tenía otra salida más que hacer las paces. Aunque ni siquiera supiese por qué había comenzado la guerra.
Bella salió del consultorio pateando el suelo. ¿Por qué tenía que tratarlo así? Viéndolo desde un punto de vista lógico y objetivo, él no le había hecho nada a ella. Entendía que se sentía dolida –y hasta traicionada- porque lo había besando a Tanya, lo cual reafirmaba que ellos dos tenían algo. En pocas palabras: lo odiaba porque no la quería a ella.
Y eso era tan infantil como cierto. Le provocaba golpearse contra alguna pared. Era taaaaan obvia.
Debía buscar la forma de disculparse, o al menos inventar alguna excusa que explicara su comportamiento, pero no la halló. Hubiese podido decir que tenía la regla, pero hace meses que no le bajaba*, y eso lo sabía él y Esme, así que no había caso.
Siempre le pasaba lo mismo. Era prejuiciosa e impulsiva. Siempre terminaba arrepentida por algo que hacía sin pensar en consecuencias. Al menos, nunca se quedaba preguntándose "Que hubiese pasado si…", pensó con optimismo.
Escuchó unas pisadas tras ella, y no necesitó voltearse para asegurarse que era él. Simplemente lo sabía.
-Eh, espérate- su voz estaba afectada por la pequeña carrera, pero se recompuso con rapidez. Sus ojos estaban llenos de caución, como si estuviese hablando con una cobra que no sabe en que momento atacará. Aquel pensamiento le hizo sonreír internamente- ¿Podemos hablar?
Bella se encogió de hombros, pero asintió.
El joven se sorprendió, seguro había esperado más hostilidad.
Él se desvió del comedor, guiándola hacia un grupo de bancos y mesas de madera. Aún era temprano, y apenas la gente estaba saliendo de sus cabañas. Ella se sentó primero, cruzando las manos sobre el regazo y concentrándose profundamente en recorrer las venas de éstas. Antes que pudiese pensar mejor lo que iba a decir, abrió la boca y empezó a hablar.
-Mira, no estoy molesta contigo- alzó su cara para verlo. ¿Por qué tenía que tener la estatura perfecta? Y el cuerpo. Y los ojos. Y la boca. Y la nariz… Y Dios, todo. Él había fruncido ligeramente el ceño, como si no supiera si preocuparse por ella o ponerle una camisa de fuerza- Era conmigo, ¿vale? A veces no controlo mi genio, es todo- ¿Qué más podía decir? Desde luego eso parecía mucho mejor que decir: "Es que me gustas pero te odio porque tú la quieres a ella". Comprendió que no tenía más remedio que aspirar a una bonita relación Guía- campista. Y luego irse y olvidarlo.
Edward parecía realmente confundido. Sintió lástima por él, porque le tocó ella. Si Bella hubiese sido guía, hace años hubiese pedido cambio de pupila.
Antes que él dijera algo más, se esforzó por componer una sonrisa que no pareciera la de una psicópata.
-¿Vamos al comedor? Tengo hambre- de un salto se paró del banquillo. Como le pasa siempre que quiere hacer alarde de su equilibrio, trastabilló. En seguida sintió la mano de él tomar su codo para estabilizarla. Y como le pasaba siempre que él la tocaba, el lugar donde él posó su mano se calentó. Alzó la cara para verle- Gracias.
Caminaron en silencio hasta el comedor. Edward parecía sumido en sus pensamientos, y ella no pensaba interrumpirlo. Esperaba que su pobre excusa bastara para que él no le preguntara más.
Fieles a la costumbre, ambos fueron juntos hacia la comida. Él dejó que ella escogiera qué iba a comer, moderando las porciones que según él, ella necesitaba. Bella escogió café con leche (demasiado claro para su gusto, pero café al fin), un croissant, una naranja, y un poco de queso. Como una especie de tantra, en su mente empezó a recitar que "no era demasiada comida, que estaba bien, que su cuerpo lo necesitaba".
Todavía era muy temprano, así que el lugar estaba casi vacío. Sin decir nada se sentaron uno al frente del otro y comenzaron a comer.
Bella empezó a desmenuzar con los dedos fríos el croissant en pequeños pedacitos que luego mojaba en el café para llevárselos a la boca. Estaba nerviosa, y esperaba que él no lo notara. En los siguientes 15 minutos se dedicó a mantener la boca llena para no tener que hablar. Luego no fue necesario que hablara, porque Tanya llegó a hacerles compañía.
-¡Hola!- saludó alegremente mientras ponía su bandeja en la mesa y se sentaba al lado de Edward, por supuesto. A él le dio un beso en la mejilla, y a ella le dedicó una sonrisa encantadora.
Bella intentaba no ser irracional, pero no podía evitar que los celos empezaran a hacerla mella por dentro. Eran como termitas, mordiendo poquito a poco todo.
-Hey.
De reojo, se dio cuenta que Edward no se veía tan cómodo con ella como en otro momento. Será que no le gustaba dar muestras de cariño en público, pensó mientras masticaba. Hay novios que parecen amigos cuando están frente a otras personas, pero cuando están solos… Mejor no pensar en eso.
Ella empezó a charlar alegremente acerca de un estudio médico neurológico de "nosabíaqué", de un doctor en Filadelfia archifamoso llamado "nosabíacomo", quien estaba probando el método "" para remover tumores en un lugar del cerebro que ni sabía que existía. Así quedó excluida totalmente de la conversación, lo que estaba genial por ella, porque no tenía ni pizca de ganas de participar en la conversación de Tanya-la-muñeca-de-torta. Edward la escuchaba interesado, asintiendo y haciendo preguntas. De vez en cuando le echaba una mirada a ella, vigilándola.
Cuando ser hartó de picar el croissant, dejó la mitad y se puso a pelar la naranja. Empezó a imaginarse que era Tanya… De hecho, de haber sido una zanahoria, se hubiese parecido. Se carcajeo internamente, celebrando su ocurrencia. "Tanyahoria". Ja, ja, ja.
Qué gracioso.
Alguien rió bajito, de una forma casi psicótica, y ella levantó la vista para ver quien había sido. Edward y Tanya la miraban curiosos. Dos segundos después comprendió que había sido ella quien había reído. Se puso roja mientras balbuceaba avergonzada algo como "recordé algo gracioso".
Ignorando la mirada de los dos jóvenes, que seguramente esperaban que les contara el chiste, se enfocó en seguir pelando la naranja. Entonces la naranja le escupió justamente en un ojo.
-¡Ay, mierda!- juró.
Corrió con tan mala suerte, que en lugar de llevarse la mano al ojo herido y frotarlo, se dio un manotón con el que perdió el equilibrio. Intentó balancearse con las manos (seguramente parecía una gallina, aleteando los brazos), pero no le sirvió, y terminó de espalda en el piso.
En menos de un respiro, tenía a Edward y a Tanya inclinados sobre ella.
¿Se podía ser más torpe en el mundo? No lo creía.
-Oh, Bella, te caíste- ese fue la brillante observación de Tanyahoria.
-¿Estás bien?- Edward la ayudó a incorporarse despacio. La miraba con ternura y sonreía con algo de burla cuando le dijo: "Eres un caso".
-Un caso perdido, ya lo sé- masculló la chica, sacudiéndose los pantalones y la espalda una vez se hubo parado. Tenía la cara caliente. Miró a su alrededor; nadie más se había percatado del incidente. Por lo menos.
Edward se rió bajito.
Luego de eso, el comedor se fue llenando. Llegaron los demás a llenar la mesa, a excepción de Jessica y Kate, quienes ahora se sentaban en otra mesa junto con otra rubia con ojos claros de pescado, el rubio que había visto el día de la salida, y otro joven de cabello oscuro y corto. No las extrañaba para nada.
Rosalie llegó sonriente. De ella parecía brotar un ánimo distinto. Se veía más feliz y relajada. Más de lo que nunca estuvo desde que la conoció.
-Buenos días- saludó. A ella alborotó el cabello.
Bella la miró entrecerrando los ojos. Del otro lado de la mesa, Alice captó su mirada en una muda interrogación, como preguntándose lo mismo.
La chica bajita le rindió cuentas a su desayuno (se dio cuenta con envidia que Alice comía muchos dulces en la mañana), al igual que Jasper, siempre sereno en todo. Emmett llegó sonriendo y haciendo bromas, como antes. Sus ojos grises brillaban.
El cambio simultáneo del ánimo de estos dos seres le pareció curioso. Quizás habían arreglado sus diferencias. Que pudieron también haberlas arreglado en el vestuario de Women's Secret. O no. Quién sabe.
Se sorprendió al notar que no era la única que echaba miraditas calculadoras. Edward también lo hacía, pero este parecía disimularlo mejor que ella.
El buen ánimo pareció contagiarlos a todos. Y no mermó durante el día. Ni al otro. Ni al siguiente de ese. Incluso ella, que vivía con una nube negra en la cabeza, parecía más optimista. Quitando las partes donde le afligía su no correspondido am… No, no. Amor no era. Más bien era un capricho. Un obsesivo y atormentado capricho. Oh, y también las veces donde Tanyahoria llegaba con su intimidante porte a repartir su ánimo y cariño a Edward.
Para esos momentos, había aprendido a desprenderse del entorno. A desconectarse y a ignorarlos. Empezaba a ordenar ascendentemente las frutas por su cantidad de calorías (Lo siento, Esme), o por orden alfabético los protagonistas más entrañables que había conocido en las novelas leídas. O cantar mentalmente sus canciones favoritas. O buscarle forma a las nubes. O contar pajaritos. O pensar en la inmortalidad del cangrejo. Cualquier cosa que la alejara de esos momentos donde Edward y Tanya estaban juntos.
Lo más difícil había sido aceptar que no podía hacer nada contra lo que ellos tenían. No es que fuera más fácil verlos todos los días juntos (al Karma gracias que hasta el momento no los había visto besándose de nuevo), pero la cosa se hacía más llevadera cuando lo concebía como un "amor platónico". Parecido a lo que sentía por Adam Levine, Robert Downie jr. Benicio del Toro, o Ryan Gosslin…
Sólo que ellos no eran su guía. Ni la acompañaban todo el tiempo a todas partes, ni la cogían el codo cuando tropezaba, o hablaban con ella todos los días de un tema distinto y apasionante. Seguramente a Alex Pettyffer no le gustaban los libros de Larsson o Cioran. Tampoco creía que Adam Levine estudiara medicina con tanta pasión, o estuviera en un campamento de locos por el amor a aprender.
Ninguno de ellos le hacía –ni harían- erizar los vellitos de los brazos con sólo rozar sus dedos al tomarle la presión. Tampoco ninguno de ellos tenía el poder de con una mirada hacerla sentir como si le desnudaran, como si se le encendiera en el pecho algo. Claro, es que ninguno tenía los ojos tan hermosos como los de Edward. Ni su sonrisa ladeada. Ni ese gesto de pasarse la mano por el cabello cuando se exasperaba, o fruncir el ceño al concentrarse en algo…
Cada día aceptaba que él no era para ella. Y también, cada día se daba cuenta que le gustaba más y más.
Era la octava plaga de Egipto, estaba segura. Nunca le había gustado nadie tanto, y era injusto que el que le gustaba precisamente fuese el más imposible.
Si, el Karma es una perra.
El miércoles en la noche, Edward no pudo soportarlo más. Era Emmett; había estado actuando muy extraño: se perdía de pronto, por horas a veces. Su ánimo, siempre bueno, estaba es su máximo esplendor, cosa no mala, pero extraña porque venía sin motivo. Su amigo estaba extraño, y no había logrado sacarle el por qué. Así que, mientras su amigo, casi hermano, se cepillaba los dientes, entró en el baño, bajó la tapa del retrete, y se sentó con su cuerpo hacia el grandulón.
-Ya dímelo. ¿Qué pasa?
Emmett se volvió hacia él, con la interrogación en la mirada. Escupió en el lavabo antes de hablar.
-¿Qué pasa de qué?
-No lo sé, dime tú. Estás extraño Emmett.
-No estoy extraño- negó mientras limpiaba el cepillo de dientes- Tú estás extraño preguntándome cosas estúpidas.
-Vamos, Emmett. Sabes que pasa algo, yo lo sé. ¿Qué hiciste?
-Yo no hice nada ¿Por qué siempre soy yo el que hace las cosas malas?
-Hiciste algo malo ¿Qué hiciste?- esta vez interrogó con más convicción.
-¡Que no hice nada malo, coño!- y salió del baño.
Edward salió también. Ambos estaban listos para acostarse, luego de un día agotador. De nuevo habían tenido reunión con los psiquiatras para hablar de los avances y hacer observaciones de las situaciones de los campistas.
Al parecer, todos iban por buen camino. Ninguno daba problemas, y a partir de mañana, comenzarían las sesiones en grupos de cinco, donde se los agruparía por criterio de similitud de patologías, para que se sintieran más comprendidos entre ellos, y no sólo por sus terapeutas. A Esme le preocupaba que Bella siguiera sin adentrarse en sus verdaderos problemas. Insistía en que su trastorno de conducta era sólo la punta de un iceberg. Un iceberg que la chica se negaba a abordar.
Cuando se acostó, se arropó y apagó la lámpara de su mesita de noche. Emmett también lo hizo, y el cuarto quedó en penumbras y silencio.
-Cuando quieras confesar, házmelo saber. Seguro no será demasiado tarde para arreglarlo- y esto lo decía por experiencias anteriores. Como aquella vez cuando chocó el carro de su madre, o la vez donde estuvieron presos por posesión de marihuana (que no era de ninguno, sino de una chica con lo que Emmett salió), o la ocasión donde creyó que iba a ser papá (que, gracias a Dios, resultó ser una falsa alarma), o cuando metió a un perro callejero en uno de los pabellónes del hospital de la universidad porque lo habían atropellado. Milagrosamente, de todas se habían salvado.
-¿Por qué dices que fue una catástrofe?- replicó Emmett en la oscuridad.
-Es serio- sentenció Edward con voz grave.
-Jódete, Edward, déjame dormir- y por los ruidos de la cama, se lo imaginó dándose la vuelta para darle la espalda.
El joven de ojos verdes estaba casi dormido, cuando luego de diez minutos de silencio, su amigo habló.
-Me gusta Rosalie- confesó con un suspiro.
Los ojos de Edward se abrieron de pronto.
-Sabes que no pueden hacer nada mientras estén aquí. No la cagues.
El silencio que sobrevivido trajo consigo una confesión muda. Los dos lo supieron.
-Mierda, Emmett, dime que no te has involucrado con ella- demandó, preocupado y enojado en partes iguales.
Más silencio.
-Idiota. ¿Sabes que pueden demandar al Campamento si eso llega a saberse? ¿Sabes en los miles de problemas en que te podrías meter? ¡Cuando coño dejarás con los huevos, Emmett, por Dios!
-Cálmate, Edward, estás armando un lío. Es sólo sexo casual- pero Emmett no sonaba muy convencido.
-Sólo sexo casual- repitió, o mas bien escupió- Han sido varias veces ya ¿No es cierto?- el mutismo de su amigo le respondió por él. Le provocaba jamaquearlo- Debes dejar eso antes que alguien se entere- dijo, más serio que nunca- ¿Me escuchaste?
-Sí.
-¿No pudo ser con una guía?- saltó un bufido- No puedes estar una semana sin tirarte a alguien, pareces de dieciséis…
-Oye, oye- le interrumpió molesto el chico de cabello negro- no hables así, parece que... Sólo no me gusta que hables así de esto.
-Acabas de decir que es sexo casual, Emmett.
-Ya, pero…
Entonces, Edward prendió la lampara sólo para mirarle la cara a su mejor amigo. Y lo que vio en sus ojos no era nada bueno.
-No puedo creerlo: te gusta ella. Te gusta de verdad.
-Yo…-se veía confundido, dudoso, como perdido. De pronto parecía sólo un joven sin respuestas- Joder, si. Me gusta mucho.
Edward se frotó la cara, impaciente. Pasó un minuto donde nadie habló.
-No puedes seguir con eso. Si es necesario, cástrate, hazte la paja las veces que quieras, no me importa cómo; debes terminar con eso. Estás rompiendo todas las reglas, incluso va contra la ética profesional…
-Ya lo sé, Edward- dijo con los dientes apretados.
-Pues no parece. Sólo acábalo antes que alguien se entere, o va a ser un desastre ¿De acuerdo? Por favor.
Nadie respondió.
-¿De acuerdo?
-Ya, si, eres demasiado fastidioso- respondió de mal humor- Deberías tener sexo tu también, a ver si te relajas. Pareces un viejo amargado.
Aquello le molestó, quizás porque era cierto.
Alice estaba felíz porque era jueves, y ya la semama estaba a punto de terminar. El sábado vendrían familiares de los pacientes a visitarlos, y el domingo habría salida de nuevo.
Mientras se cepillaba su melena negra, pensaba en que quizás debería intentar, de verdad, hablar con Jasper, y no tratarlo por cortesía y educación. Era un chico agradable, y quizás fuese un maravilloso amigo. Era cierto, le gustaba (¿y a quien no? Era muy guapo, y más con ese aire de chico misterioso), pero tampoco era algo del otro mundo, y lo olvidaría tan rápido dejase de verlo. Mientras, podría intentar ser agradable, y pasarla bien ¿no?
Terminó de peinarse colocándose un pasador para recogerse el flequillo, y se echó humectó los labios con una barrita de fresas, que aparte daba color. Así salió hacia la cabaña de Jasper con la intención de buscarlo para ir a desayunar; se sentía famélica, y Dios sabía cuanto le gustaría aumentar unos kilos.
Se sorprendió al llegar, y ver que Jasper no estaba sólo; Kate estaba con él, ambos sentados en los troncos cortados como asientos, cerca de la cabaña de él. Conversaban animados, lo suficientemente juntos como para que a ella le provocara ponerse a patear la tierra, cual niña con rabieta. Pero ella era una persona madura, y como tal, se dio la media vuelta, y emprendió la huida.
La chica más valiente, pensó con ironía. No había dado tres pasos, cuando escuchó su nombre.
-¡Eh, Alice!- Esa era la voz de Jasper. Maldijo, y se volteó con una sonrisa falsa.
-¡Hola, no te vi!- mintió patéticamente- Estaba dando vueltas para ver si te encontraba e ir al comedor.
El joven la miró incrédulo, pero no dijo nada. Se levantó, junto con Kate, que no disimulaba su hostilidad hacia ella (cosa que, para qué mentir, le agradó de sobremanera) y se reunieron con Alice, e iniciaron el camino hacia el comedor. Notó que la chica rubia se esforzaba por sacarle conversación a Jasper, mientras que este le contestaba amablemente, pero sin alargar mucho respuestas, como si le respondiera sólo por educación. No es que él fuese muy conversador igual, así que quién sabe.
Ya había gente en la fila para el desayuno. Los diferentes olores le hicieron agua la boca y una orquesta en el estómago. A medida que iba alcanzando las bandejas y platos, se iba sirviendo. Tomó cereal, yogurt líquido, frutas y unas galletas dulces. Se fue a sentar a la mesa de siempre. Ahí ya estaban Emmett y Rosalie, Edward, Bella y, para su grata sorpresa, Jacob. Se sentó al lado del joven, y Jasper hizo lo propio a su lado. Alice intentó no prestarle atención a su cercanía.
-¡Hola, Jacob! Que bonita tu compañía en el desayuno- le saludó sonriéndole. Notó como Edward le miraba con una ceja levantada. Por lo que había visto los días pasados, a su hermano no le agradaba mucho Jacob.
Jacob tenía la boca llena, así que le sonrió todo lo que pudo. Bella comía a su lado, y le hizo un gesto con la mano.
Era extraño no ver a Edward y a Bella sentados codo con codo, aunque parecía que ella había tomado el cambio con agrado, porque a medida que avanzaba el desayuno, reía con las cosas que decía Jacob, haciéndola más una joven despreocupada, y menos una asistente a un campamento para jóvenes problemáticos. Como cosa rara, se les unió más tarde Jessica y Kate. La primera se hizo espacio entre Edward y Emmett, y la segunda se sentó al frente de Jasper…
Y ésta última no tenía vergüenza, por la forma en que miraba al joven rubio. Es decir, sería genial si disimulara su mirada de gata en celo, y… ¡Por Dios, no lo podía creer! ¡No podía estar comiéndose esa banana de esa forma tan… uggg!
Alice miró de reojo a Jasper, quien jugaba con su comida con el rostro rojo. Ella apretó los dientes, y se concentró remover la mezcla de yogurt con cereal y frutas. A su lado, Jasper dio un saltito extraño, empezó a toser. La joven le echó una mirada y siguió comiendo. Dos minutos después, fue su turno de ahogarse.
No supo por qué, ni como, pero en un momento sintió algo presionado contra su vientre. Chilló, pegó un salto y se ahogó con el cereal. Tomó la cosa, y se lo sacó de encima con brusquedad. Era un pie, suave y frío. Y la única que pareció reaccionar ante esto fue Kate. La chica abrió la boca sorprendida en cuanto ella se deshizo de su pie casi con rabia.
En la mesa, todos los demás los miraban con extrañeza.
-¿Estas bien, duende?- le preguntó Emmett al otro lado de la mesa.
Mientras Jacob le daba palmaditas en la espalda, pero ella sólo tenía ojos para ver a Kate con ganas de matarla. Entre sorprendida y molesta, carraspeó un poco e intentó retomar la compostura.
-Si, estoy bien, gracias. Me pareció haber visto una cucaracha- respondió mirando fijamente a Kate, quien le devolvió la mirada enarcando una ceja a modo de reto. Kate había estado tocando a Jasper y se había confundido con ella.
Esta perra…
Nadie se percató del ligero altercado a excepción de Jasper, el cual parecía ahora morado, y no sabría decir ella si de vergüenza a que más. Aunque probablemente vergüenza fuera lo último que tuviera, juzgando por lo que había pasado entre él y Kate minutos antes.
¿Es que no tenían ni siquiera el decoro de esperar a estar solos?
Si Alice seguía despotricando contra ellos, probablemente los celos no la minaran tan rápido. O no. Porque descubrir que esos dos tenían algo, no la hizo sentir bien. Ahora, sentía como si un puño gigante le apretara las tripas.
Dejó de asesinar a Kate con la mirada –podía jurar que ésta le había sonreído con cinismo- y tomó una cucharada de la papilla multicolor que era su desayuno.
Sintió como Jasper se revolvía en su asiento.
-No es lo que piensas- le susurró sólo a ella, sin mirarla siquiera.
Alice bufó, pero no hizo más nada. Ni lo miró, ni le habló. Este idiota, sin hacer nada, le había herido más de lo que cualquiera otro había hecho nunca.
,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,
-Con que eres muy amiga de Jacob ¿no?- le soltó Edward esa tarde, sin poderse contener. Estaba celoso, no se lo podía seguir negando. Ella, que acababa de salir de su clase de nutrición, se quedó mirándolo sorprendida.
-Bueno, aunque no he compartido demasiado con él… si, se podría decir que somos amigos- por la forma en que Bella le respondió, ella misma no había pensado lo de su amistad con Jacob, y él se lo había hecho descubrir. Genial- ¿Por qué? ¿No puedo tener amigos? ¿Puede eso desestabilizarme, y alterar mi frágil cerebro dañado?- se burló.
-Debería estar acostumbrado a esos momentos de acidez que tienes, pero aún tengo esperanzas que no sigan apareciendo. Y claro que puedes- repuso él, dándose cuenta de lo tonto que había sonado eso- Está genial que compartas con más gente- murmuró con la mandíbula tensa.
-¿Entonces, a que vino ese comentario?- Bella empezó a caminar hacia el muelle. Como costumbre, luego de sesiones y clases, cuando tenían algún tiempo libre, se sentaban en la orilla del muelle a que les diera algo de sol.
-Curiosidad- Estoy celoso, ¿vale?, pensó. No me gusta verte con otro que no sea yo- Parece que se conocieran desde hace mucho.
-Es que nos conocemos de hace mucho. Su primo, Seth, es mi mejor amigo. Y bueno, parte de mi infancia la compartí con él.
-Son amigos de la infancia, vaya-su tono parecía cualquier cosa, menos que le alegrase este hecho. Caminaron un poco más, hasta llegar a la orilla, donde se sentaron.
-Tanya y tú sí son muuuuy buenos amigos- el retintín con que lo dijo no le gustó.
Edward se volvió hacia ella.
-Somos amigos, solamente- aseguró él, pensando en todo lo que había pasado de último con la pelirroja.
-¿Sabe ella que tú dices que son sólo amigos?
Edward la miró extrañado. Se estaba perdiendo algo de aquella conversación. No le gustaba la forma en que ella le hablaba.
-¿Qué quieres decir? Sólo somos amigos… Además ¿Por qué te importa tanto?- si, ¿por qué le importaba tanto? Empezaba a irritarle la insistencia de todos por emparejarlo con Tanya.
Bella entrecerró los ojos, y Edward casi pudo sentir los puñales en el pecho, por la forma en que lo miró. Aquello le desconcertaba ¿Qué había dicho?
-No pueden ser sinceros con nadie, ¿verdad?- preguntó la joven de golpe, molesta- Nunca se conforman con lo que ya tienen, sino que siempre tienen que estar buscando nuevas aventuras- escupió con voz llena de ironía cruel-… ¿Creen que eso los hace más hombres? ¡Pues no!- con esto, dejándolo pasmado y más confundido que nunca, se paró sacudiéndose la ropa.
Edward se quedó allí, estupefacto por todo lo que ella había dicho; cosas que para él no tenían sentido alguno.
-¿De qué coño hablas? ¿Tienes la regla?- eso fue lo más inteligente que se le ocurrió decir, así de atacado se sentía. Él también se puso de pie.
-No tengo la regla, Edward. Y pasa que tú y todos los hombres son iguales, siempre serán los mismos cabrones- chilló, y se fue, golpeando el suelo a sus pasos.
El joven se quedó ahí, boquiabierto.
-¡Y ustedes están locas! ¿Oíste?- le gritó, también irritado. ¿Pero qué coño le había picado, y por qué la pagaba con él, que no había hecho nada?
Lo último que vio de Bella fue el dedo medio levantándose de su puño.
,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,
-Tengo una idea.
Eran las 9 del noche, y Bella, Rosalie y Alice estaban en el cuarto de la rubia, echadas como podían en la cama.
-Es tarde para tus ideas, Alice- replicó Rosalie, cansada. Tenía sueño, y ya quería estar durmiendo, pero sus dos amigas no pensaban igual que ella, así que habían ido a visitarla. No las culpaba, ellas no sabían de sus encuentros furtivos con Emmett, y lo relajada y exhausta que la dejaban. O al menos Rosalie pensaba que no sabían, o quería creerlo así; porque Bella había estado haciéndole unas preguntas extrañas. No es que no fuera normal que le preguntasen dónde había estado por 30 minutos… pero la forma en que la joven castaña se lo preguntaba… Pues daba para dudar. En fin.
Sólo quería dormir. Y Alice ahora se había incorporado de la cama, y se arreglaba la capucha de su suéter para salir.
-¿A dónde vas?- le preguntó Bella, sentándose.
Alice las miró unos segundos, calculadora.
-En cinco minutos regreso. Y si no, pues me habrán mandado a mi cabaña- y salió. Bella se quedó tranquila, tarareando una canción extraña, mientras a ella los párpados le pesaban más y más. Era una maldita gallina que se duerme cuando el sol se esconde.
La puerta la despertó de golpe, haciendo que se incorporara en la cama. Se había quedado dormido por unos minutos. Ahora, Bella estaba sentada en la silla cercana a la ventana, y miraba a Alice boquiabierta.
La pequeña chica de pelo negro llevaba en su mano dos botellas de vino. Y sonreía de forma casi maniática.
-Mis padres siempre dicen que una copa de vino tinto al día es buena para el corazón… Y mi corazón ya está contento de solo pensar en el vino, miren lo rápido que ayuda ¿no?
Rosalie miró a Bella, y ésta le devolvió una mirada. No es que fuese una remilgada, y se alegraba de ver algo de alcohol. En su mente, algo sintió alivio al ver las botellas… Pero en realidad, en esos momentos no le apetecía tomar nada.
-Mmmm, Alice, la verdad es que no me parece buena idea…
-¿Me van a dejar morir?- y puso un puchero. Luego destapó una botella, y le dio un sorbo larguísimo, se estremeció, y sonrió. Fue hasta donde Bella, y le tendió la botella.
-No, gracias, no tomo. Detesto el vino- se negó la chica.
-Vamos, hazlo… ¿Por mi? Vaaamoooooos- otro puchero.
Rosalie pensaba en lo peligrosa que eran las mujeres como Alice, mientras se paraba y le quitaba la otra botella, la destapaba con una fuerza que hasta a ella misma le sorprendió, y se daba un buen trago.
-¡Esa es la actitud!- celebró la pequeña demonio.
Bella rodó la mirada, obviamente convencida.
-Sólo un poco- y le dio un trago, arrugando la nariz y luego estremeciéndose- Es asqueroso, sinceramente.
,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,
,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø °º¤ø,¸¸,
Era un capítulo largo y dicidí cortarlo en dos. Está soso, lo seeee Pero el próximo estará muuucho mejor. Por algo añadí alcohol, jajaja. Son unos amores! Gracias por sus rr, de verdad me animan muchisimo a continuarlo. Para el próximo, estará el flashbacks de la escena Rosalie-Emmet que dejé pendiente…. Claaro, si hay suficientes rr. No me gusta pensar que mi bebé (esta historia) muere sin reviews. Un besooote. Gracias infinitas por leer.
