Capítulo 11: Flor de Fuego

No se sentía bien, nada bien. De hecho, iba a vomitar. Abrió los ojos de golpe, sintiendo el contenido de su estómago subir por su garganta, y corrió hacia el baño. Adentro, su estómago expulsó todo su contenido, poniéndola de rodillas para sostenerse y haciéndola sentir quizás peor.

-Oh, Dios- gimió, limpiándose la boca con el revés de la mano, cuando las arcadas remitieron. Se sentó en el suelo y apoyó la cabeza con los ojos cerrados en la tapa del váter luego de bajar el gancho.

Los recuerdos empezaron a llegarle como flashes. Vino, música, Bella y Rosalie riendo y bailando. Ella misma dando traspiés por el campamento. Fue un milagro que nadie la viera en ese estado.

Se incorporó con trabajo, ayudándose con el lavamanos. Se miró en el espejo y gimió una vez más. Era un monstruo: el rímel corrido, una mancha roja en la frente en el lugar donde había estado en contacto con la poceta, el cabello más desastroso de lo que alguna vez estuvo, los ojos rojos y una pequeña herida en el labio inferior.

Parecía alguna prostituta mal pagada, golpeada y drogada. Genial.

Entonces, algo en su desprolijo aspecto le llamó la atención. Miró la franela gris de algodón que no era suya y que llevaba puesta. Tampoco los pantalones de tela escocesa… O aquellos productos de higiene personal.

La cabeza empezó a palpitarle mientras intentaba no entrar en pánico.

Unos golpes en la puerta la hicieron soltar un gritito de histeria.

-Alice, ¿estás bien?- preguntó una voz familiar, que parecía totalmente ajena a la situación. No lograba ubicar a Jasper entre sus recuerdos.

-Un momento- la voz le salió como un graznido horroroso, y tuvo que aclararse la garganta. Abrió el lavamanos para lavarse la cara y enjuagarse la boca. Se pasó la mano por los cabellos, y abrió la puerta.

Jasper estaba al otro lado de la puerta, con ropa de dormir y despeinado.

-¿Qué haces aquí?- preguntó nerviosa, cruzando los brazos sobre el pecho y evitando la mirada miel del joven.

-Éste es mi cuarto- le respondió él, lacónico- Ayer estabas borracha, y llegaste tocándome la puerta…

-Espera, espera- interrumpió ella, maldiciéndose internamente. Aquello era bochornoso, y no estaba segura de querer saber lo que había dicho o hecho bajo los efectos del alcohol. Se pellizcó el puente de la nariz, un gesto que había copiado de Edward- Yo vine aquí, borracha- él asintió- ¿A qué vine?

-No sé exactamente, no terminaste de decírmelo, pero me dijiste idiota varias veces- agregó levantando las cejas claras.

Bueno, por lo menos no había metido mucho la pata, o eso creía.

-Oh, y también vomitaste en la puerta.

Alice gimió y se tapó la cara con las manos.

-¿Qué pasó luego?- preguntó con la cara escondida aún. A duras penas recordaba que había pasado luego de abandonar la cabaña de Rosalie. Luego de eso, todo era blanco.

-Fue como si te hubieses desmayado. Te cargué hasta el baño, y… bueno, tuve que limpiarte.

-¡Oh, Dios! ¡No lo hiciste!- chilló, sintiendo como se sonrojaba hasta el pelo. Aquello era demasiado. ¿Él la había visto desnuda? Ningun chico la había visto desnuda antes, y cuando le sucede, no lo recuerda. Aquello era lo suficientemente malo como para desear perder la memoria. Separó los dedos para poder ver entre ellos a Jasper, que no parecía tan apenado como debería- ¿Tú me bañaste?

-No tanto como bañarte- replicó haciendo una mueca para quitarle importancia- más bien sólo te limpié con una toalla húmeda.

-Pero me cambiaste la ropa.

-Si, no iba a dejarte puesta tu ropa sucia- y, como si leyera su pensamiento, como si intuyera su mortificación- Tranquilízate, no... No te miré- añadió.

Hubo un momento de silencio. Alice se destapó la cara, y examinó la expresión de Jasper. No podía dudar de su palabra; algo en él le daba la confianza para creerle, sin importar que casi no le conociera. Decidió pasar el tema de la desnudez.

-¿Qué pasó luego?

-Te vestí y te acosté en la cama. Caíste como un tronco.

Sintió como su sonrojo se intensificaba.

-¿Q-quieres decir que dormimos…?

-No, no- se apresuró a negar él- Yo dormí en el sillón- respondió señalando el mueble. Era chico hasta para ella, y no se imaginaba lo mal que habría dormido él por dejarle la cama. Se sintió entonces más aliviada, y muy agradecida. Por no decir que le había tomado desprevenida su gesto y caballerosidad. Un sentimiento cálido se le extendió en el pecho, suave, y extraño.

Se pasó la mano por el cabello y suspiró. El estómago le crujió sonoramente.

-Siento mucho haber venido acá borracha, e incomodarte de esta forma. Yo nunca tomo, no sé realmente que me pasó ayer…-otra vez se pasó la manos por la cara, y luego se paró erguida, con los ojos abiertos de par en par- Mierda. ¿Qué hora es?

Miró hacia la ventana, y aún estaba oscuro. ¿Había dormido todo el día?

-Como las cinco am.

Ella suspiró aliviada.

-Bien, me tengo que ir- buscó su ropa, la cual estaba en una bolsa sobre el suelo, y se puso los zapatos. Cuando estaba lista para irse, se volvió hacia Jasper, que la miraba impasible desde la cama- Entonces… ¿No dije o hice nada…?

Los ojos mieles del joven la miraron fijamente por unos segundos, haciendo que ella se tuviese que esforzar para aguantarle la mirada aleonada.

-No, no pasó mas nada, no te preocupes.

-Bien- se mordió los labios, nerviosa- Gracias por… Bueno, gracias.

Y salió hacia la madrugada, casi corriendo. Agradeció el aire que le enfriaba la cara y la mente. La situación era muy bochornosa, y extraña. Ahora le debía una a Jasper, y odiaba deberle a la gente.

Una mano firme la detuve por el codo, tomándola por sorpresa, haciendo que gritara.

-¿Qué coño haces saliendo de la habitación de Jasper?- preguntó Edward, tan molesto que le dio miedo. Sus ojos verdes la escudriñaban la cara, buscando cualquier señal que pudiese darle una explicación.

-Oh, no es lo que tu crees- se apresuró a aclararle- Ayer estaba borracha, y llegué a su cuarto para hablar, entonces vomité, y me desmayé, y él me ayudó, y pasé la noche en su cuarto…

-¡¿Que tú qué?- ladró su hermano. Entonces, empezó a andar hacia la cabaña de Jasper con expresión asesina. Alice sintió como la sangre se le iba de la cara y empezaba a sudar frío.

Corrió hasta alcanzarlo, y tiró de él por un brazo para detenerlo, aunque aquello no lo parara.

-¡Edward! ¿Qué haces? No pasó nada, te lo juro. Jasper es un buen chico, sólo me ayudó ¿ok? Para ya.

Aquello pareció apaciguarlo. La miró aún con ojos centelleantes de celos de hermano mayor y sobreprotector.

-Cálmate, ¿si? Pon tus instintos paternales en una bolsita y amárrala bien porque nada pasó y mi virtud está a salvo.

Edward la miró arrugando la cara.

-Bien, no necesitaba tantos detalles… Espera- entornó la mirada hacia ella- ¿Y por qué tendría que estar tu virtud en peligro con Jasper? ¿Acaso él…?

-¡No!- siseó ella, enojada. Mierda. Tenía que tener precisamente el hermano más suspicaz de todos- Dios, dices unas cosas tan absurdas. ¿Y tú que haces afuera? ¿Dónde estabas?- inquirió acusadora, deseando que él olvidara el tema.

-Buen intento- replicó él- Estás en un problema enorme, Marie Alice. ¿En qué demonios estabas pensando cuando le dabas alcohol a chicos del campamento? ¿Sabes lo que podría pasar si…?

Está bien, ahora sí estaba asustada. Era muy extraño ver a su hermano tan molesto… Y menos con ella. Se le aguaron los ojos y el labio inferior empezó a temblarle incontrolable. Entonces, comenzó a llorar.

-Ah, mierda, Alice. No llores, no llores, por favor. Maldición- balbuceó él, luciendo arrepentido- No quise hablarte así, yo…

-T-tienes razón d-de estar molesto c-conmigo- gimoteó, limpiándose la nariz con la mano- La cagué completamente. Y cuando Carlisle lo sepa…

-Sshhh- la calló él, abrazándola- No pensaba decirle nada. No llores más, ya no importa.

Luego de un minuto así, ella se separó y lo miró a la cara. Ahora no parecía molesto, sino más bien confundido… Y otra cosa que no logró identificar. Edward no estaba molesto sólo con ella; había algo más.

-¿Sigues molesto conmigo?- murmuró.

Él negó con la cabeza.

-No, no. Exageré… -se rascó la nuca- Estoy idiota hoy. Disculpa, Al.

-¿Estás bien?- inquirió ella, mirándolo con atención. Su hermano tenía ojeras, y lucía preocupado. Aún así, él le sonrió. Y ella conocía perfectamente esa sonrisa: la que le daba para no preocuparla, la que decía "las cosas no están tan bien, pero puedo arreglarlo".

-Si, estoy bien- le dio unas palmaditas en la cabeza- Ya va a amanecer, deberías bañarte… Apestas-e hizo una mueca de asco.

-Idiota- farfulló ella, riendo, y le dio un manotón en el brazo. Lo miró un segundo, y lo abrazó.

Sintió cómo el la abrazaba luego de unos segundos. Edward no era muy cariñoso, por eso ella y Emmett disfrutaban tanto haciéndolo sentir incómodo con abrazos y demás gestos. Él le acarició el cabello por unos momentos.

-En serio, tienes que darte una ducha.

Edward suspiró y se pasó la mano por el cabello, una vez más. Tenía cinco minutos parado al frente de la puerta de Bella, y no se animaba a tocar. ¿Cobardía? No decía que no. ¿Y de qué otra forma podía sentirse luego que ella huyera de esa forma la noche anterior? Su claro rechazo le había dolido. Y estaba molesto, muy molesto consigo mismo. ¿Por qué había cedido a sus impulsos? Estúpido, estúpido.

Ella le gustaba mucho, y ni se había dado cuenta cuándo había comenzado eso… Y Bella… Bueno, era difícil saber que quería, o que pensaba. Y cuando empezaban a entenderse, y a tener confianza, se peleaban, se besaban y ella terminaba huyendo. Estaba muy confundido, y ahora no sabía qué carajos hacer. ¿Hablaba con ella y le preguntaba por qué había salido corriendo? ¿Hacía como si nada hubiese pasado? ¿La trataba diferente?

Si tan sólo hubiese una espacie de manual de pasos a seguir…

Dejó de pensar estupideces, y tocó la puerta. Eran las seis, y se les hacía tarde para el chequeo diario. Esperó, pero nadie respondió. ¿Habría ella salido antes? Muy poco probable. Frunció el ceño, y tocó de nuevo. Y así tres veces, sin ninguna respuesta.

Decidió entrar, preocupado. En la cama, había un cuerpo enrollado en un edredón grueso, a pesar de que el radiador del cuarto estaba encendido.

-¿Bella?- preguntó, acercándose lentamente- Tienes que hacerte el chequeo diario. Vamos, levántate.

Ella se removió un poco, y tosió. Se encontraba en posición fetal, como un capullo pequeño y de tela. Casi parecía dormida.

-Vete- murmuró con voz ronca.

Él se acercó, quitó la manta lo suficiente como para verle la cara, y le puso una mano en la frente; la joven estaba hirviendo. Por supuesto, el baño de la noche anterior le resultó en una gripe. Suspiró.

-Vamos, tienes que salir de ahí- le dijo él, sentándose en un lado de la cama. Ella aún tenía los ojos cerrados, y respiraba haciendo un silbidito que sólo un médico reconocería. Nunca le había visto las mejillas tan encendidas- Tienes que comer algo para poder darte el medicamento- le informó con suavidad, y le apartó algo de cabello de la cara, sin poder evitar querer tocarla aunque fuera un poco.

Ella abrió los ojos, y los enfocó en él. Sus ojos café le recorrieron el rostro por unos segundos, y luego los cerró de nuevo.

-No me siento nada bien- graznó, acurrucándose más entre las mantas.

-Yo sé- estuvo de acuerdo. Miró la hora de nuevo- Bueno, supongo que tienes una buena excusa para quedarte en cama- Se puso de pie, y comenzó a caminar hacia la puerta.

-¿Te vas a ir?- el susurro de ella fue lo suficientemente alto como para que él lo oyera.

Se volvió hacia ella, con el ceño fruncido, pero sonriendo de forma casi imperceptible.

-Bueno, me dijiste que me fuera- dijo él, haciéndose el perplejo.

-Ya, pero tú nunca me haces caso- replicó ella con voz afectada.

Edward sonrió más aún, y se volvió hacia la puerta.

-Vengo en un momento- le dijo, y salió hacia el comedor.

Bueno, eso no ha estado tan mal, pensó. Si las cosas iban a seguir con ellos ignorando lo que había pasado la noche anterior, que así fuera. Estaba bien por él. Creía. Ojala fuera así. Si bien no se sentía del todo bien consigo mismo, y a la vez sentía una especie de desazón e impotencia (por no decir otros sentimientos más serios y profundos), reconocía que era lo mejor hacer como si nada. Era lo mejor para los dos. Avanzar en una relación sería complicar las cosas, y él sabía que lo ella menos necesitaba en ese momento era complicarse aún más.

Con esa resolución, las cosas eran sólo un poco más sencillas. O al menos lidiar con ellas era más llevadero. Podría seguir siendo su guía, o incluso su amigo, si era lo que ella necesitaba en ese momento. Podría hacerlo, si. O intentarlo.

Antes de ir por el desayuno, pasó por la enfermería buscando algunas píldoras para la gripe y emulsión para la tos. Le explicó a Esme la situación de Bella, y ella estuvo de acuerdo en saltarse el chequeo ese día; igual la vería en la tarde cuando le tocara terapia individual.

En el comedor ya había gente desayunando. Tomó un par de recipientes de plástico, y comenzó a llenarlos con el desayuno. Metió un una taza con frutas picadas, algunos panqueques, avena caliente, huevo con tocino, rebanadas calientes de pan, muffins, leche con vainilla, mantequilla y mermelada, jugo de mango… hasta que ya no le quedó espacio y temió dejar caer todo.

-¿Y Bella?- ésa era Rosalie, que estaba una persona tras él, y escogía su comida con aire aburrido.

-Está enferma- le respondió.

Ella lo miró esta vez, con la preocupación en los ojos claros. Era extraño verla preocupada por alguien más, pero supuso que todo este tiempo simplemente la había juzgado mal.

-La agarró la gripe- añadió- Nada muy serio.

La rubia asintió.

-Dile que más tarde paso a visitarla.

Él asintió, y salió del comedor.

No había avanzado mucho cuando alguien gritó su nombre. Volteó, y ahí estaba Tanya, tratando hasta que lo alcanzó, jadeante.

-¿A dónde vas?- le preguntó con curiosidad y simpatía.

-Voy a llevarle el desayuno a Bella, no se siente bien- se explicó, sin saber muy bien por qué.

Ella lo miró por unos segundos con una mirada extraña que lo hizo sentir incómodo.

-Te preocupas mucho por esa chica- comentó la pelirroja suavemente.

Él no supo muy bien qué decir, pero lo pensó mucho antes de hablar otra vez.

-Bueno, es mi campista, tengo que cuidar de ella- replicó, cauteloso.

Tanya lo examinó unos segundos más antes decir algo.

-No te he visto tan preocupado por Jessica- le acusó.

Era verdad aquello, y le hizo sentir cierto remordimiento por no estar tan pendiente de Jessica cuando debería. Se habría rascado la nuca si no hubiese tenido las manos llenas de comida.

-Eso no es cierto- le contrarió, aunque sabía que mentía. Y sabía que ella lo sabía también- Además, creo que Jessica se las está arreglando bien.

No le gustaba nada la mirada escrutadora de Tanya, se quería ir de ahí ya.

-Es cierto- le secundó ella, pero en realidad no parecía como si le creyese. Le dedicó una sonrisa con dientes blancos, más llena de cosas sin decir que de verdadera alegría- Bueno, ve antes que la comida se les enfríe.

-Vale, nos vemos- y siguió caminando, sintiéndose extraño. No quería que nadie supiera sus sentimientos. Sobretodo porque ni él los tenía claros.

Haciendo malabares, abrió la puerta y enteró, cerrándola tras él con el pie. Puso la comida en la mesa redonda al lado de la ventana.

-Hey, levántate, te he traído el desayuno- tampoco se movió. Seguía siendo un capullo de tela con gripe. Tosió otra vez. Edward se acercó a la cama, y destapó la cabeza de la joven. No se le veía la cara porque la cubría el cabello; parecía el Tío Cosa- Vamos, no puedes estar todo el día en cama.

-¿Quieres apostarlo?- susurró ella con voz ronca. Sin embargo, se incorporó poco a poco en la cama. Se veía adorable con el cabello revuelto y su expresión adormecida. No llevaba pijama, por lo que pensó que se había vestido con su ropa de diario, pero se sintió tan mal que se quedó en cama.

La joven se restregó los ojos, y luego amarró su cabello oscuro en una descuidada cola de caballo. Entonces se levantó de la cama, y las rodillas se le doblaron, haciéndola tambalear.

Sin pensarlo, sus manos fueron hacia ella, como algo automático, pero ella no lo dejó tocarla con un gesto de la mano.

-Yo puedo.

Lo disimuló muy bien, pero aquello fue como una patada en las bolas. Dos rechazos en menos de veinticuatro horas, todo un record. Nunca ninguna chica lo había tratado tan mal. Apretó la mandíbula y se puso a acomodar la mesa, dándola la espalda. No había mucho qué hacer, así que rápidamente pudo sentarse, y ella le imitó, montando los pies en la silla.

Ninguno de los dos habló en el desayuno, y no era un silencio cómodo. Lo que había pasado entre ellos era algo que ninguno podía ignorar, que hacía una especie de bruma pesada, entre ellos; algo que zumbaba, invisible, pero casi lo podían tocar. Ella no lo miró ni una vez, y eso, más que ponerlo incómodo, lo ponía de mal humor, lo fastidiaba.

Quería jamaquearla, preguntarle qué quería, pedirle una explicación, besarla de nuevo.

La tensión entre ellos lo estaba volviendo loco.

Estaba masticando el último bocado de su desayuno cuando no lo soportó más. Le iba a preguntar; tenía que hacerlo. Prefería que le dijera algo que le cayera mal que seguir con esa zozobra. El estómago se le hizo un puño, pero abrió la boca para hablar.

-¿Q….

Toc, toc, toc.

Ambos miraron hacia la puerta. Luego de unos segundos, Bella se paró y fue a abrirla.

-¡Estas viva! Que alivio- dijo una gruesa voz masculina. Era Jacob, y no le gustó. Tensó la mandíbula mientras veía como ella le sonreía alegre.

-Si, no morí. Tendré que seguir intentándolo- se lamentó ella, divertida. Era como si se hubiese mejorado súbitamente sólo con ver a Jacob. Y aquello era como sentir un papel de lija recorriéndole las entrañas. ¿Por qué le tenía que sonreír a él así? ¿Le gustaba acaso?

-Me dijo Alice que no te sentías bien, y pasé a darte una visita y a traerte algo de comida.

Idiota.

-Oh- titubeó ella. Edward esbozó una sonrisa satisfecha. Ya yo me encargué de eso, pensó. Preparó su oído para escuchar a Bella rechazar la comida del chico- Gracias, Jake. Eres todo un caballerito- bromeó con ligereza.

¿¡Qué? Se atoró con el bocado y empezó a toser ruidosamente. ¿Como es que él tenía que rogarle cada día para que comiera algo, y a Jacob le aceptaba la comida alegremente?

La joven se volvió hacia él, y Jacob, quien no se había percatado de su presencia, lo miró asombrado también. Bella se acercó a darle unas palmaditas en la espalda, mientras Edward le quitaba importancia con un gesto de la mano cuando casi ni podía respirar con las toses.

-Ah, Edward, hola.

Éste le hizo un gesto con la cabeza como saludo al moreno, sin dejar de toser.

-¿Estás bien?- preguntó ella, mientras una pequeña mano le percutía la espalda. Él asintió. Finalmente, luego de un minuto más donde casi escupe los pulmones, dejó de toser. Carraspeó, y miró a Jacob.

Jacob miró a Bella, y luego lo miró a él, y de nuevo a Bella.

Durante un minuto, nadie dijo nada.

-¿Tu ya desayunaste?- rompió el silencio Bella, nerviosa a todas luces.

-Si, gracias. Bueno…-los miró y sonrió algo incómodo- Me voy. Nos vemos por ahí, Bella- le despeinó el cabello, y se fue.

La chica cerró la puerta, y puso el recipiente con más comida en la mesa. Se sentó a ver por la ventana mientras pellizcaba un muffin de fresa.

-No vas a estar aquí todo el día ¿verdad?- le preguntó sin mirarlo.

Edward levantó las cejas, sacudido por su sequedad.

-¿Y tú, vas a mirarme de nuevo algún día?- espetó, sin poder evitarlo. Ojala hubiese sido en su imaginación el tono de reproche, pero sabía que no era así.

Ella parecía reticente, pero al final sus ojos oscuros y desafiantes lo enfocaron. Se acordó entonces de que la primera impresión que tuvo de ella había sido lo impresionante de sus ojos oscuros. La luz que entraba por la ventana le daba en la cara, y sus ojos se veían más cafés claro, con rayas, y reparó en una curiosa mancha dentro del iris con forma de trapecio que tocaba la pupila. Estaba fascinado con ella, y si seguía ahí un poco más la besaría de nuevo.

Oh, mierda, los recuerdos de su beso lo bombardeaban otra vez.

-Termina de comer para que puedas tomarte el medicamento- le urgió, quizás más áspero de lo que le hubiese gustado, para desviar sus pensamientos en otra cosa.

La mirada fría de ella seguía clavada en él, ahora tenía el ceño fruncido y apretaba los labios.

-No tienes que estar aquí si no quieres, Edward- escupió con rudeza- No necesito que estés de niñera conmigo.

Las cejas de él se dispararon hacia arriba, y su cuerpo se envaró, como si le hubiesen echado un balde de agua. Antes de que pudiese pensarlo, ya estaba botando por la boca un montón de frases llenas de acidez y resentimiento.

-Eres una malcriada insoportable, y sí, me voy. Quédate sola si te da la gana, no voy a estar detrás de ti obligándote a cuidarte, cuando es claro que quieres seguir en tu charco de miseria.

La expresión de ella reflejaba a la perfección la que había tenido él hacía unos segundos antes.

-¡Vete entonces! ¿Qué esperas?- chilló, indignada y roja.

Edward se levantó de la mesa con la cara mustia, fría. ¿Es que ella no se cansaba de salirle con patadas? ¿No se daba cuenta que lo que él quería era ayudarla? Él entendía la conducta de la muchacha hasta cierto punto, pero eso no quería decir que la aceptara.

Puso en la mesa el las pastillas y el jarabe para la tos.

-Tómate esto cuando termines de desayunar- le indicó con la voz glacial, y se fue, azotando la puerta tras él. Muy maduro.

Afuera, se maldijo. ¿Cómo había caído en sus provocaciones? No podía creer que perdiera el control de esa forma. ¡Era como tener 16 años otra vez!

Caminó hacia el comedor, impaciente por buscar compañía, o se pondría a patear cosas como un adolescente. No se reconocía, y eso le aterraba.

Kate masticaba cereal sin mucho ánimo. Las manos le temblaban un poco, y sentía demasiado frío. Síndrome de abstinencia, simplemente perfecto. Sus ojos verdes claros barrieron el comedor, pero no había aún rastros de la persona a quien buscaba. De pronto, un joven alto y rubio se interpuso en su visión. La miraba con una sonrisa extraña, y le quitó de su cabeza una manzana, la cual hizo girar en sus manos.

-¿No podías buscar otra manzana?- le preguntó fastidiada, estirando la mano para quitársela, pero él la alejó a tiempo. Los ojos oscuros del chico la miraban burlones.

-Alguien se levantó de mal humor hoy- canturreó James, y mordió la manzana.

-De hecho sí, y si quieres seguir conservando los huevos, es mejor que no te metas conmigo- le advirtió ella entre dientes.

Él se rió fuertemente, y luego negó lentamente con la cabeza.

-Katie, Katie, Katie- a él le parecía divertir muchísimo todo aquello. Le provocó golpearlo para borrarle la sonrisa de la cara. De nuevo, como si sus ojos se mandaran solos, volvió a buscar al chico con la mirada.

-Él no está aquí, monada- le dijo James, dándola otra mordida a la manzana.

-¿De qué hablas?- preguntó ella, poniéndose tensa.

-Oh, por favor. Sólo un ciego podría no darse cuenta de cómo miras a Withlock, el rubito.

Ella desvió la mirada hacia los cereales, que ahora eran una pasta más parecida al vómito de un gato que a un desayuno. James era alguien muy zagas, al parecer. No le gustó para nada que el supiera su pequeña debilidad hacia Jasper. Pensó que si lo ignoraba, él dejaría el tema. Pareció funcionar, porque durante un minuto, él no dijo nada más.

-Pero creo que pierdes tu tiempo, si me lo preguntas- continuó, como si nada.

-No te pregunté- gruñó ella, clavando su mirada en él.

James rió de nuevo, una risa desagradable, falsa.

-¿Y sabes por qué creo eso?- la pregunta era retórica, claramente, y antes de que ella pudiese echarle en la cara el contenido de su plato para que se callara, él dijo algo que la dejó congelada- Porque esta mañana vi salir a la pequeña bailarina de su cuarto. Muy temprano. Usando ropa de chico.

La sangre se le espesó en las venas como lava, y los celos que sintió le dieron miedo.

-Mentira- siseó, sin dejar de mirar al joven que tenía al frente, que por cierto, no dejaba de enseñar su sonrisa sardónica.

-Yo sé lo que vi- replicó, encogiendo los hombros.

Como para abofetearle la cara, en ese momento, entraron Jasper y Alice al comedor, hablaban tranquilamente mientras se encaminaban hacia la cola para tomar las bandejas. Los observó, entrecerrando los ojos sin querer.

Los ojos de él tenían algo mientras la miraba a ella. Algo que no sabía muy bien, pero que sin embargo le apretaba el estómago, y se lo retorcía. A Kate nunca ningún chico la había mirado así, de la forma en que Jasper miraba a Alice. Y sintió envidia entonces, una envidia que le oscurecía el semblante, que la hacía respirar pesado.

Ella no era de los que dejaban pasar las cosas.

….

Rosalie se despertó de golpe, abriendo los ojos azules de par en par. Sin embargo se quedó quieta, con la sensación de haber dormido demasiado. Miró el reloj en la pared: 5:45. Suspiró con alivio: no era tan tarde como había temido.

Entonces, fue conciente de algo extraño. Otro cuerpo, caliente, pegado al suyo. Volteó tan bruscamente la cabeza, que pudo haberse torcido el cuello. Aunque eso no hubiese sido un problema en ese momento. En cambio, Emmett dormido a su lado, sí era un problema.

Pasmada, sintiéndose rara y algo angustiada, para qué negarlo, observó el rostro del joven a escasos centímetros al suyo: las ondas negras de cabello que le tapaban la frente, las cejas oscuras y gruesas, unas pestañas que le daban envidia por lo tupidas que eran, los labios, rosados y algo gruesos, la mandíbula fuerte, la nariz recta, y un lunar minúsculo cerca del labio superior. Y su expresión apacible era hasta reconfortante.

Sí que era guapo, pensó. De ese atractivo que te hace voltear la cabeza. Luego miró el brazo musculoso que envolvía su cintura, adornado con un extraño e interesante tatuaje de una tortuga. ¿Por qué una tortuga? Tendría que preguntárselo luego, y…

¿Por qué le importaba lo que podría significar ese tatuaje? Eso no le debería importar. Del mismo modo en que no tenía que estarlo mirando como idiota… Eso no estaba bien. Comenzando por el hecho que él no tendría que estar ahí, durmiendo a su lado.

Intentó recordar, pero no llegó a su mente el momento exacto en que se habían quedado rendidos juntos, él abrazándola a ella como… Como una pareja.

Ok, suficiente.

Se levantó como movida por un resorte, sentándose y llevándose con ella la manta para cubrirse el pecho. Jamaqueó con poca sutileza a Emmett.

-Ey, despiértate. Tienes que salir de aquí ya mismo- intentó que su voz no transmitiera el pánico que sentía.

El muchacho abrió los ojos, a todas luces confundido. Miró a su alrededor, y se incorporó.

-Mierda- musitó con una sexy voz ronca, pasándose una mano por la cara- ¿Qué hora es?

-Tarde. No sé en qué momento nos quedamos dormidos- musitó la rubia, preocupada.

Él se paró y se dedicó a reunir su ropa, desperdigada por el cuarto. La joven rubia no pudo evitar admirar su cuerpo desnudo… Dios, era como ver una estatua griega. Aunque esto era mejor porque estaba segura que las estatuas griegas no estaban tan bien dotadas. En ese momento, sus ojos se encontraron, y ella desvió la mirada, avergonzada que él la hubiese descubierto mirándolo.

-No puedes hacer esto otra vez.

-¿Hacer qué? Porque si te refieres a lo de anoche, no recuerdo que te hayas quejado, al contrario…

-Me refiero a quedarte a dormir- le interrumpió ella, tajante. Lo miró de nuevo, notando el cambio en la expresión de él, que se puso serio, y la miró fijamente. Casi la hace sonrojar.

-Estaba cansado, no era mi intención quedarme contigo. ¿Por qué te preocupa tanto eso?- le preguntó frunciendo el ceño.

Ella no supo qué responder. Cierto ¿Por qué le preocupaba tanto? Aquello era sólo sexo. Que él se hubiese quedado a dormir junto a ella, no debería haberle afectado como lo hizo. Porque eran revolcones, estrictamente. Luego de eso, nadie se tenía que quedar hablando, ni abrazados, ni nada. Y es que generalmente cuando eso pasaba, siempre implicaba algo más.

-No me preocupa, sólo no quiero que se repita- fue todo lo que dijo, obligándose a hablar con la voz más tranquila que tenía.

El asintió, impasible. Se vistió con rapidez, y salió de la cabaña sin decirle nada más.

Rosalie se quedó en la cama, mirando la puerta. Metió la mano bajo el colchón y sacó un cigarrillo. Lo encendió, y aspiró de él. Se sentía fría, literalmente.

Porque descubrió que el problema no era el hecho de haber dormido juntos, sino que le había gustado eso.

Ah, mierda, aquello no estaba nada bien.

….

Siiiiiii! Ya se! Siento mucho el retraso, de verdad. Este capítulo me ha costado una buena. Y es que las cosas pasan a medida que escribo, y antes no había tenido nada de inspiración. Pero helo aquí. Listo, bonito, importante. Muchos sentimientos a flote. Otra discusión Edward/Bella. Y es que son los dos diferentes y complicados, cada uno con sus propios problemas y dudas, y chocan, y bueno. Ojalá se reconcilien para el próximo capítulo. Rosalie/Emmett: Él ya ha admitido que ella le gusta, y la rubia sigue reacia a aceptar algo más. Jojoo, ¿Qué pasará con ellos? Debo admitir que me cuesta esta pareja… Rosalie es para mí un personaje complejo e interesante. Yo la amo, igual que a Emmett. Creo que son una pareja que se complementa muy bien. Alice/Jasper: siiiii, van lento, pero ellos son especiales. Con toda aquella delicadeza, inocencia y blablabla. No sé como hacer algo dulce, y por eso me cuestan. Ooooohhhhh! Y Kate. ¿Qué estará planeando su perturbada cabecita?

Nos leemos de nuevo en tres semanas! Estoy en clases y he de estudiar, misamores. Dejen RR, SI? NO DEJEN QUE ESTE FIC MUERA. Creo que un comentario de una linea con su opinión no les cuesta, a que no?

Un abrazote inmenso. Gracias por seguir leyendo!