Capítulo 15: To Built a Home

Rosalie se quedó viéndolo fijamente por unos segundos, pestañeó varias veces y su sonrisa poco a poco se fue desvaneciendo.

No lo había dicho, no lo había dicho… Pero sí, de hecho, lo dijo. Dijo que la amaba. A ella.

Emmett le devolvía una mirada espantada. Estaba claro que él no había tenido intención de declarársele, lo decía el pánico de sus ojos grisáceos. Él abrió la boca para decir algo, pero ella hizo un gesto con la mano.

-No digas nada. ¡Jesús! ¿Qué está mal contigo?- estaba molesta y no sabía bien por qué. Se sentó en el suelo a quitarse las malditas zapatillas, que sin plumillas ni banditas, en 20 minutos le habían destrozado los dedos.

-Yo…-comenzó de nuevo él, ya más repuesto, pero aun así se veía confundido, como si no creyera que realmente él se hubiese declarado.

-Cállate. Por favor. No puedo creer que hayas dicho eso, Emmett- gruñó mientras gateaba hasta sus deportivas para calzárselas. Los dedos magullados gritaron, pero ella no les hizo caso.

Nadie dijo nada durante unos largos segundos.

-¿Ya puedo hablar?- preguntó secamente.

-No- ella se puso de pie y caminó hasta quedar en frente de él- Aléjate de mí.

Al mismo tiempo que agarraba el pomo de puerta, una mano fuerte la tomó del brazo.

-¿Qué te pasa? No te pregunté si te querías casar conmigo, joder, sólo te dije que…

-No lo repitas, no lo quiero oír. No me interesa- quizás sonaba cruel, pero él tenía que saber que ella era así. Él no podía quererla. Intentó calmarse, haciendo un esfuerzo por respirar hondo- Mira, voy a hacer como que no dijiste nada ¿ok?

-Pero sí lo dije- claramente Emmett se estaba hartando de esa situación tan ridícula.

La sensación de que él había acabado con la relación entre ellos era demasiado palpable para ella. Cualquier cosa que hubiesen tenido ellos antes, él lo había destruido diciendo esas palabras tan graves a la ligera.

-¿Cuál es tu problema?

-Mi problema es que la cagaste. Ya cogimos, no era necesario que dijeras esas estupideces- escupió ella. Se sentía tan enojada de que él lo hubiera dicho así como así, como si eso fuese un juego.

Emmett la miraba entre confundido e indignado.

-Mira, yo no planeé hacerlo, pero lo hice. No te voy a decir que lo siento- sus ojos tan bonitos la miraban con fijeza. Parecía ahora tan seguro de sí mismo, como hace cualquier persona responsable al aceptar las consecuencias de sus actos impulsivos.

Las consecuencias. Esto era la consecuencia. Desde siempre supo que involucrarse con él no sería una buena idea porque uno o ambos iban a terminar jodidos. Nadie saldría ileso de una relación con ella, toda su vida era una repetición de relaciones donde ella terminaba hartándose de todo y todos. Y Emmett no era como el resto, eso lo supo desde siempre, y eso debió haber sido una advertencia suficiente, pero no, sus impulsos siempre iban un paso por delante de ella. Nunca debió meterse con él, menos que nadie. Él no se merecía nada malo.

-No lo digas. Ya no digas nada. Voy a hacer como que esto no pasó nunca- repuso ella mortalmente seria- No sabes lo que estás haciendo- murmuró mirándolo a los ojos. Ojalá sencillamente pudiera decirle lo que de verdad pensaba. Se deshizo de la mano del joven y caminó hasta la puerta.

-Entonces, sólo vas a salir corriendo- escuchó que le dijo él. Se podía imaginar su rostro desencajado, su ceño fruncido sobre esos ojos tan profundos.

-Eso me ha funcionado bien hasta ahora- respondió en un susurro.

-¿De verdad crees que te ha funcionado? Mira donde estás, Rosalie- su tono era acerado, y le dolió porque él nunca le hablaba así.

Ella se volvió hacia él bruscamente.

-¿Qué quieres que haga? ¿Qué me arroje a tus brazos y te diga que te amo? –hizo lo que pudo por mantenerse fría. Pero el decir esas últimas palabras había producido en su interior una especie de temblor- No va a pasar. No conmigo. Esto que ves es todo lo que hay.

-¿A qué le tienes tanto miedo?- preguntó él luego de una pausa. Pudo ver en sus ojos que ella lo había herido, a pesar de su actitud tranquila.

-Te enamoraste de la persona equivocada, Emmett, es todo. Tienes que superarlo- No supo cómo su tono le salió tan frío, incluso para ella, que se comportaba como una arpía la mayor parte del tiempo. Se odio por no poder hacer otra cosa.

Se dio vuelta y salió de ahí lo más rápido que pudo.

Ya estaba. Había arruinado a posta otra posible relación. Podía estar tranquila…

Pero no lo estaba, al contrario: quería llorar, estaba horriblemente arrepentida, aunque una voz en su cabeza le aseguraba que había hecho lo correcto. Mejor temprano que tarde. No era la primera vez que hacía algo así, aunque sí era la primera que le había costado tanto.

Ya estás a salvo, ya estás a salvo…

..

Ese viernes, cuando al pesarla, Esme se veía satisfecha de nuevo, mantuvo su genio escondido. Entendía que expresar cualquier molestia no podría ser más que un auto sabotaje.

Cuando la psiquiatra le preguntó que tal iba todo, se lo pensó bien antes de responder.

-Bien, creo.

-¿Crees? ¿Qué te hace sentir insegura?

Ah… ¿Vivir?

-Bueno, físicamente me siento mucho mejor. Puedo dormir y eso… Pero igual me siento incómoda comiendo tres veces al día- confesó, lo cual era cierto… Parcialmente. Se sentía incómoda comiendo, y punto.

-¿Cuántas veces al día crees que puedes comer?- Esme tomaba notas con su expresión siempre tranquila. A veces fruncía el ceño, pero era un signo de preocupación. Como lo hacía Edward.

-Una- respondió de inmediato. Era lo que hacía antes, y lo que había hecho durante años. El desayuno estaba bien, ahí comía lo necesario para poder continuar existiendo. No era necesaria más comida. Era ridículo que te dijeran que necesitas comer 2.000 calorías, cuando con 400 ella se las arreglaba de puta madre. No le dijo eso a Esme.

-¿Pero eres consciente que eso no es suficiente para tu cuerpo, no?

-Sí.

-Bien. Hablaremos de eso en tu hora de terapia en la tarde. Hoy quisiera que incorporaras a tu desayuno algo de dulces ¿Crees que puedes hacerlo?

-Lo puedo intentar.

-Recuerda que la fuerza de voluntad es cumplir una decisión que hemos tomado.

-Lo haré- no rodó los ojos como tanto quería hacerlo.

Cuando salió, notó que Edward no estaba esperándola como de costumbre. Se sintió extraño no caminar hasta el comedor con él. Se había acostumbrado demasiado a su presencia, y aunque eso le asustaba un poco, le gustaba.

Alice la encontró de camino al comedor.

-Hola, florecilla- canturreó alegremente. La pequeña chica se veía radiante. No era como si ella no estuviese todos los días alegre, pero ese día se veía incluso más feliz.

-Dios mío ¿A quién mataste?- le preguntó Bella fingiendo horror.

-A nadie hoy. Aún.

-Estás demasiado feliz. Me hace daño verte directamente- bromeó.

Alice se rió y la empujó con el hombro.

-Es un lindo día ¿no crees?

Bella miró el cielo. Estaba azul, como todos los días. Hacía frío, como siempre.

Jasper las alcanzó cuando entraban al comedor atestado.

-Hey- fue su saludo. Bella notó claramente cómo ellos intercambiaban y rápaida mirada y una sonrisa cómplice.

-Ay, por favor, consíganse un cuarto- gimió sin reparos. Cuando no andaba en su usual estado de ánimo aletargado, le gustaba poner incómoda a las personas. Y lo logró, porque Jasper se sonrojó furiosamente, y Alice la miró con los ojos abiertos como platos. Bella empezó a reírse fuerte, como tenía tiempo sin hacer. Y se sintió tan bien poder hacerlo- Es broma. Pero yo les puedo prestar el mío si quieren- más risas de su parte, porque los otros dos seguían cortados.

En su mesa usual, Emmett y Edward hablaban tranquilamente mientras Kate y Jessica picoteaban su desayuno. Se sentó al frente de Edward, y él la miró por un segundo solamente, pero fue suficiente como para que se sintiera debajo de una lámpara UV.

Alguien faltaba.

-¿Y Rosalie?

-Debe estar por ahí buscando algo venenoso con qué jugar- murmuró Emmett. Él no estaba tan contento, por otro lado. Su postura no era la misma segura que siempre, y no sonreía.

Jessica y Kate se rieron por el comentario, ellas no notaron el fondo amargo de la frase.

-Tu cabello está más largo, Edward- Jessica estaba al lado de Edward, que seguía mirándola a ella. La chica incluso le apartó un mechón de los ojos. Era tan obvia, y casi hace que Bella rodara los ojos, pero ella se limitó a ver su desayuno y empezar a picarlo con sumo cuidado- Me gusta así.

Rodó los ojos, no lo pudo evitar. Le echó un vistazo a Edward, a todas luces incómodo por la cercanía de la otra chica. Eso le gustó.

-El fin de semana que viene tenemos una actividad especial- cambió el tema el joven- Se supone que cada uno tiene que preparar algo para exponerlo en una especie de feria. Van a venir sus familiares.

Todos levantaron las cabezas, y la gama de expresiones iban desde emoción hasta el fastidio más palpable. Bella estaba alegre de que vería a su padre, quien antes no había podido ir por motivos de trabajo, y porque sencillamente, ella al principio no se había ganado las visitas por su poco colaborador comportamiento. Eso le había dicho Esme.

-¿Exactamente qué tenemos que hacer?- preguntó Kate con una mueca.

-Bueno, eso depende de lo que quieras hacer. Depende de lo que creas que se te da mejor- le contestó Edward.

-¿Y si lo que se me da mejor es beber y putear?- la cara de Kate de inocencia burlona le arrancó una especie de risa oscura a la mayoría. La sinceridad sin tapujos de la chica, que no debería ser graciosa, lo fue en ese momento.

-Eso no cuenta- respondió Edward, haciendo esfuerzos por no sonreír.

Siempre siendo tan serio y responsable. ¿Cómo sería romper esa calma? Lo había visto despreocupado y carcajeándose, aquella vez que la habían nadado en el lago –él la había lanzado a ella, no fue como si ella hubiese realmente querido nadar ahí- , lo había visto molesto y decepcionado. También pensativo y preocupado. Y ayer, lo había visto sin fachas, sólo siendo un muchacho que estaba con alguien que le gustaba.

Y había sido… Maravilloso. Sencillamente, estar con él era una especie de bálsamo curativo. Cuando no estaban molestos, claro. Cuando era sólo él, y no el monitor de un campamento o el estudiante responsable, era… Hermoso. No había otra forma de describirlo. Podría estar sacando caca de un establo y podría verse igual de perfecto. Y no era por su aspecto –que de por sí era ya bastante increíble-. Era su espíritu. Esa nobleza, y esa solidez que siempre tenía. La inteligencia, la paciencia, y su voluntad. Su sentido de lo correcto. Su humor extraño.

-Deja de ver a Edward tanto, pareces una psicópata- le susurró Alice casi sin que se movieran los labios. A su lado, Jasper se rió sin mirarlas. Bella se sonrojó horriblemente, y se concentró en su comida.

-La idea principal es una especie de feria donde muestren algo de talento, donde le demuestren a sus familiares que pueden hacer algo aparte de lo que dijo Kate- intervino Emmett por primera vez. Era tan raro verlo tan callado- Pintura, Música, teatro, cuentos, repostería…

-Oh, Bella, tu sabes mucho de comida ¿No?- Jessica la miraba con una sonrisa grande e infantil. Kate a su lado ocultó una risa con un exceso de tos.

-Sí. Y tú de ETS ¿no? Qué lástima que no haya algún laboratorio clínico cerca para que hagas una hermosa cartelera donde les muestres a tus padres una citología- respondió ella con la misma falsa dulzura.

Jessica la miró con ojos entrecerrados y una sonrisa pequeña y maliciosa. No se esperaba la respuesta, claro.

Todos en la mesa las miraban alternamente, y antes de que aquello se convirtiera en una discusión cruel, Edward intervino.

-La idea principal es poder exponer algo que les guste hacer y que puedan ver los demás. Será una especie de sábado familiar, sano, alegre. Sin muertes ni peleas- agregó mirando a Jessica y a Bella significativamente.

-Por supuesto que podemos hacerlo, suena divertido- Jessica sonreía de nuevo con esa expresión de Barbie sureña cuando su mano reptó encima de la mesa hasta donde estaba la de Edward y entrelazó brevemente sus dedos con los de él, que frunció un poco el ceño mirando sus manos. Luego de eso, las dos arpías se pararon y se fueron.

Bella, que llevaba medio desayuno, las miró hasta que desaparecieron.

-Son hermosas personas. Muy en el fondo.

-Sobretodo Kate- secundó Alice irónicamente. A su lado, Jasper carraspeó.

Cuando acabó el desayuno, Edward tuvo que salir rápido porque su padre lo estaba buscando. Así que Emmett fue el encargado de escoltarla hasta su próxima actividad. No era que temieran por su seguridad; tenían que asegurarse que cada paciente no se escaqueara alguna actividad.

-¿Dónde está Rosalie?- le preguntó de nuevo.

Él encogió los hombros.

-No lo sé. Tal vez está muy ocupada haciendo sufrir a alguien.

Bella lo miró con el ceño fruncido.

-Puedes no ser tan evidente ¿Sabes? Se llama disimular.

-¿De qué hablas?

-Hablo de que los vi aquella vez en el centro comercial. Espero que no la hayas dejado embarazada o algo.

Él la miró horrorizado, luego se recompuso, pensando bien en qué podría decirle.

-No te preocupes, no se lo voy a decir a nadie.

Él sólo asintió agradecido.

-Está loca- fue lo que dijo.

Bella lo miró como si hubiese dicho algo muy tonto.

-Mira donde estamos-le dijo haciendo un gesto a su alrededor- ¿Cómo pretendes que algún paciente aquí sea normal?

Él emitió una especie de risa- bufido.

-Tienes razón. Nunca había conocido a alguien así y…- se restregó la cara con las manos- ella me está volviendo loco- suspiró. Él se vio en ese momento tan miserable.

Bella, contrario a su personalidad, y sin pensarlo, le dio un apretón de mano. Luego se dio cuenta y dejó de tocarlo rápidamente.

-Hay un dicho que dice "Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite"- recitó ella.

-Sí, y hay otro que dice que pongas la otra mejilla para que te la cacheteen también. Es ridículo ¿no?

-No soy psicóloga, obviamente, pero si hay algo que sé, es que cuando digo cosas para alejar a la gente, no las siento realmente. No todas. Como cuando quieres acariciar a un gato y él te aruña por miedo… ¿Entiendes?- no se sentía tan cómoda hablando de cosas tan profundas, pero parecía que él lo necesitaba.

-Le dije que estaba enamorado de ella- confesó él abatido.

-¡Qué! Joder.

-Fue una ridiculez- negó con la cabeza. Claramente se quería pegar contra el pavimento, así de mal se veía.

Bella lo miró atentamente.

-De verdad la amas- susurró maravillada. Sin quererlo, sus ojos se humedecieron de la emoción. Ah, maldita sea. Malditas lágrimas. Eres una nena llorona patética, Bella. Contrólate.

Emmett sólo la miro. Y sí, lo veía es sus ojos, tan claro como el agua: estaba enamorado.

-¿Estás llorando?- preguntó él de pronto, muy confundido.

-Es la maldita menstruación, no hago más que llorar- hipó y comenzó a llorar más fuerte.

-Joder- silbó él, incómodo. Le dio un pañuelo- No llores, cálmate.

-Estoy bien, de verdad- tomó el paño y se secó las lágrimas, luego se sonó la nariz- Gracias- y le tendió el paño.

-No, quédatelo.

Bella lo miró con cariño, aún tenía ganas de llorar, pero era como cuando veía películas románticas sola, y se le salían las lágrimas porque pensaba que eso no le pasaría a ella, y al mismo tiempo le maravillaba que algo así tan enorme como el amor existiera.

-Todo va a salir bien- le prometió.

-Ok- él parecía incómodo por la manera en que ella lo miraba- Ya deja de mirarme así- masculló metiendo las manos dentro de su jean y mirando a otra parte, enfurruñado.

Ella se rió y se alejó de él porque ya habían llegado al aula de psicoeducación.

No vio a Edward en todo el día. Y no se atrevió a preguntar por él. El resto del día pasó lento y aburrido. Ese fue el primer día que se saltó una comida desde que había llegado al campamento. Aunque fue inconscientemente. Se había puesto a leer y se quedó dormida. Se levantó un par de horas después, exaltada al ver la hora y darse cuenta que había faltado al comedor.

Mierda. Me metí en un problemón.

Pero… Si nadie la vio, podría decir que había comido en su cuarto. Poco a poco, se dijo. Todas las recuperaciones eran lentas. No debía presionarse. Mañana comería muy bien.

Sí, mañana comeré bien. No es la gran cosa si me salto la cena hoy.

Se lavó la cara y se cepilló los dientes, algo ceñuda porque no había visto a Edward. No es que lo necesitara para…

Entonces alguien tocó su puerta. Era la hora de acostarse, según su reloj. Caminó hasta la puerta y la abrió. Él estaba al otro lado, con sus ojos tan brillantes y el pelo despeinado. Le sonrió y alzó una bolsa con comida adentro.

-Se te olvidó algo.

-Lo siento, me quedé dormida leyendo- le dijo, y era verdad, en partes.

Él pasó cerrando la puerta tras de sí. Quería tocarlo, pero no se atrevía a hacerlo. Su relación era extraña porque no se podría decir que eran amigos, o novios. O algo. No habían hablado de eso el día anterior. Sólo se gustaban, y por ahora eso estaba bien.

Edward se dirigió hasta la mesita redonda al lado de la ventana y colocó la cena ahí. Era demasiado para una sola persona.

-Yo también voy a comer - le dijo al ver su cara de terror.

A ella no le gustó que él tampoco se le acercara. Todo aquello era muy nuevo. No sabía cómo se supone que se debería comportar.

Se sentaron y empezaron a comer en silencio.

-¿Y dónde estabas hoy?- preguntó ella casualmente.

-Ayudé a mi padre con un papeleo y salimos un rato del campamento por diligencias ¿Me extrañaste?- preguntó mirándola con una sonrisa pícara, de lado. Tan jodidamente sexy.

-Yo no- respondió ella con indiferencia. Fingida, por supuesto- Pero Jessica sí. A tu cabello lo pudo haber extrañado.

Edward la miró con ojos abiertos antes de soltar unas carcajadas limpias.

Bella no se rió. Siguió cortando la ensalada aún más pequeña.

-¿Estás celosa?- le preguntó con una sonrisa enorme.

-¿Por qué lo iba a estar, Edward? No es como si yo te hubiese dicho que me gustas o algo así- mintió ella perfectamente tranquila.

El joven levantó ambas cejas y esbozó una sonrisa llena de confianza. Ésa no la había visto antes, y hacía que su corazón latiera demasiado rápido.

-Tienes razón- su mirada brillante recorrió su rostro minuciosamente, deteniéndose varias veces en sus labios- Tú no has dicho nada, por ahora- eso sonó como una especie de amenaza, pero ella lo ignoró.

Siguieron comiendo en silencio, con la atmósfera entre ellos chispeando. Ninguno podía negar la química entre los dos. Tal vez era cierto lo de "aquellos que se pelean, se a… gustan. Se gustan mucho".

-¿Qué leías?- le preguntó sentándose en la orilla de la cama.

Ella levantó el libro para que él viera la tapa.

-Lo cogí de la biblioteca de aquí- explicó, cuando él alzó las cejas algo sorprendido. Edward también, poco a poco, había dejado su profesionalidad un poco de lado cuando estaban solos. Era más auténtico y un poco menos Edward palo-en-el-culo, como una vez le dijo Rosalie. No es que ellas fuesen la bondad y alegría en pasta, pero como sea. Ahora veía expresiones en él más a menudo, y él no intentaba controlarlas todo el tiempo, como cuando trabajaba.

-¿Lolita? Escandaloso.

-Mira, no lo había leído. Algo ha de tener que es tan famoso- explicó ella, mientras se subía el cierre del suéter porque de nuevo el frío la estaba matando.

-Claro. En una época como la década de los 50, era imposible que un libro como este no suscitara morbo y repudio.

-¿Lo leíste?- preguntó ella sentándose a su lado con el libro en la mano.

-Me dio mucha curiosidad - fue su respuesta. Él le quitó el libro de las manos, y sus dedos se rozaron. Ella casi tembló, pero se contuvo: los dedos de él se sentían tan calientes en contraste con sus manos frías de uñas azules. La miró- Tus manos están muy frías.

-Siempre son así- dijo ella encogiéndose de hombros.

Se recostaron del espaldar, uno al lado del otro. Ella era tan consciente de su cuerpo, y su calidez. Sólo quería que él la abrazara, pero se sentía muy cohibida como para pedírselo. Ya que no estaba en la bruma dramática y emocional inducida por sus hormonas, podía pensar con mayor claridad. No le saltaría encima, aunque quisiera.

-¿No te tienes que ir?- le preguntó ella, y se dio cuenta muy tarde de cómo había sonado.

-¿Quieres que me vaya?

-No, es que no quiero meterte en problemas.

-No te preocupes por eso.

Ella le sonrió y abrió el libro por donde lo había dejado; no le faltaba demasiado para terminarlo.

-Lee en voz alta- le pidió él.

Bella se rió algo ruborizada.

-¿De verdad? ¿Este libro?

Él también se rió.

-Ya yo lo leí. No te de pena- entonces tomó su mano libre, cubriéndola con las dos de él. El calor se sentía maravillosamente. El muchacho sopló sus dedos entumecidos con su aliento cálido, sin dejar de verla. Ella se tuvo que concentrar para respirar bien y cerrar la boca. Empezó a leer.

Leyó varias páginas sin equivocarse. Le daba un poquito de vergüenza las palabras en francés; no era tan buena en el idioma. De todas formas, se sintió cómoda haciéndolo, a pesar de que sentía la mirada de él fija en su rostro a veces, como una especie de lámpara de calor. Aún sostenía su mano –que ya no estaba nada fría- cuando ella hizo una pausa.

-Me gusta tu voz- le dijo, tomándole la otra mano fría. Era la mano con la que había roto el espejo, y los nudillos estaban surcados por delgados cortes ya cerrados -¿Qué te pasó?- le preguntó mirando las heridas ceñudo. Las acarició suavemente.

-Una tontería. Tal vez golpeé algo sin querer- respondió sumamente avergonzada; ella no hacía esas cosas de romper cosas cuando se enojaba. De hecho, antes de llegar a ese lugar, apenas si hacía algo cuando se enojaba. Sólo se quedaba callada. Y ahora, de pronto era un cúmulo de mal humor, malas respuestas y lágrimas. Era abrumador- No hago esas cosas, perdí el control.

Él no debió pensar que era grave, porque le besó un nudillo y ella tomó aire ruidosamente. Caray, que caliente fue eso.

-No lo vuelvas a hacer- le ordenó mirándola. Sus manos seguían cubriendo las de ella. Se sentían tan cálidas. Por un segundo vio sus manos entrelazadas, eran casi del mismo blanco, las de él eran un poco más oscuras.

Bella asintió.

- Imitas con tu rostro las expresiones que dice el libro- comentó luego.

- No me doy cuenta de eso- Ella rió azorada.

Se quedaron un rato mirándose, y él le acarició la mejilla suavemente con el pulgar; el resto de sus dedos estaban en su nuca. De nuevo, el aire se volvió caliente, chispeante. Esta vez, fue él quien comenzó el beso.

Fue lento, sensual desde su primer momento. Los labios de él eran suaves, y exploraban su boca con toda la parsimonia que podían. Y sin embargo, había pasión ahí, en cada movimiento, que se acrecentó con un suspiro de ella.

-¿No te gusto nada, entonces?- preguntó él contra sus labios.

Bella estaba tan perdida por el beso que sólo atinó a asentir. Se quedó esperando unos segundos a que él la besara de nuevo, pero no pasó. Primero abrió un ojo y luego otro. Él la miraba divertido. Y ella se sonrojó más, probablemente se había visto ridícula con la boca entreabierta, esperando.

-Que idiota eres- chasqueó, antes de atraerlo por la camisa sin reparo alguno. Esta vez, ella cambió el ritmo, haciéndolo más rápido. Lo necesitaba. Quería sentir como él la tocaba, quería sentir sus labios con fuerza porque estuvo dormida demasiado tiempo antes, y ahora todo se sentía diferente y nuevo.

Sin saber muy bien cómo, se habían resbalado de la cabecera, y ahora estaban acostados en la cama, él encima de ella, y se sentía tan, tan bien no tenerr frío. De alguna forma el peso y la temperatura del cuerpo de Edward la reconfortaban. Él mordió su labio inferior suavemente y ella contuvo un gemido. Las manos gentiles y fuertes seguían aferradas a su cintura, como si tuviese miedo de moverlas.

La chica acarició la espalda masculina, sintiendo los músculos como pequeñas depresiones y valles duros. Sus labios no eran suaves ya, ahora eran exigentes, tomando su aire, dejándola deliciosamente mareada. Ella coló una mano por debajo de la camisa de él, haciéndolo estremecer. Entonces se detuvo, quitándose de encima de ella, quedándose arrodillado en la cama.

Bella también se incorporó y lo miró. Su cabello era un desastre y sus ojos brillaban. Ambos tenían las respiraciones agitadas.

-Esto no está bien- dijo él con voz rasposa. Ella sabía a qué se refería, pero igual se sintió desilusionada. No se había dado cuenta que tan rápido habían avanzado unos besos sencillos- Mejor me voy.

Bella no quería que él se fuera, pero no le parecía aún el momento ni el lugar para pedirle que se quedara durmiendo con ella. A dormir, estrictamente dormir. Aunque nada le resultara tan atractivo en ese momento.

Lo dejaría ir. En unos minutos. Y se lo dijo.

Lo atrajo de nuevo hasta ella, estrellando sus bocas, borrando la sonrisa petulante del muchacho. Él la rodeó por la cintura, y dejó su boca para delinear el costado de su cuello con los labios. Otro suspiro totalmente impúdico y la risa silenciosa de él.

-No necesito que me digas que te gusto porque lo sé- susurró cuando sus besos habían llegado hasta su mandíbula y el hueco detrás de la oreja. La besó ahí.

-¿No crees que podría sólo estar impresionada porque besas bien?- musitó la morena con los ojos cerrados.

De nuevo, él se rió.

-Buen intento - Le dio otro beso en los labios, uno fugaz antes de separarse de ella.

Esta vez él se bajó de la cama y buscó sus zapatos. Bella sólo se quedó ahí observándolo. Siempre había pensado que era un ser con un atractivo superior a la de los humanos promedios, pero luego de cada hora que pasaba a su lado sentía que su afinidad hacia él aumentaba.

Antes de irse, él se inclinó para darle un beso en la frente.

-Buenas noches- se despidió.

Ella se dejó caer en la cama, sintiéndose tan bien. Tan feliz.

Como realmente feliz.

Como lo están los estúpidos enamorados.

..

Más tarde esa noche, alguien tocó a su puerta. Bella fue tropezándose hasta la puerta y la abrió, aún medio dormida. Rosalie estaba al otro lado, y tenía los ojos rojos.

-¿Puedo dormir aquí? No quiero dormir sola- le dijo tan bajito que casi no le escuchó. Parecía querer hundirse en su abrigo. En el tiempo que tenía conociéndola, Bella jamás la había visto tan disminuida. Era algo totalmente alarmante ver a alguien tan fuerte –o que aparentaba serlo- como la rubia en ese estado.

-Claro, pasa- y se hizo a un lado, ya más despierta por la impresión. No sabía si abrazarlo o darle golpecitos en la espalda, así que sólo corrió al baño, abrió el grifo y llenó un vaso- Toma.

-Gracias- dijo la rubia, pero puso el vaso en la mesa, intacto. Se sentó en la orilla de la cama y rompió a llorar.

Bella se sentó a su lado, sin saber qué decir.

-Llora tranquila, yo no estoy aquí- pero le apretó brevemente una mano. Ya Bella se imaginaba el porqué del llanto, así que sencillamente la dejó desahogarse.

Luego de varios minutos, Rosalie se calmó un poco y pudo hablar.

-Soy una mierda- sentenció, mirando hacia sus manos.

-No lo eres.

-¿Sabes que conocí a Emmett antes de venir al campamento?- comenzó, aún sin mirarla- Yo estaba en una discoteca, bebiendo, con mi falsa identificación, y él estaba sentado en la barra. La primera vez que hablamos, me vio a la cara. Me imagino que me habrá visto las tetas, pero lo disimuló. Me sonrió, y demonios, era una sonrisa…

-De hoyuelos- completó Bella.

-¡Exacto! Con hoyuelos, como de un niño. Fue tan bonito. Pensé que era encantador. Y que estaba caliente, claro. Luego un tipo quiso tratarme mal, y Emmett me defendió. Se cayó a puños, por mí.

-No sabía eso- murmuró la morena sorprendida.

-Él era como… Un maldito príncipe azul. Pero lo que más me impresionó fue su mirada, como si él quisiera conocerme, como si yo valiera la pena- se le escapó un gemido y se tapó la boca. Luego respiró profundo y se quitó la mano del rostro- Yo supe en ese momento que él no era como los demás. Y luego me lo encontré aquí, y... Yo sabía que él no era como los demás, y aun así yo lo traté como trato a los demás. Entonces viene y me dice que me quiere, y yo lo mandé a la mierda. Soy un desastre ¿Cómo puede quererme? ¿Cómo? Nunca debí haber comenzado algo entre nosotros, sabía que esto iba a terminar mal.

Se hizo silencio por unos un par de minutos, hasta que fue Bella quien lo rompió.

-Con todo lo relajado que pueda parecer ese chico, no me parece que sea de esos que dicen esas cosas a la ligera- comenzó hablando suavemente- Yo sí creo que está enamorado de ti.

Por primera vez en todo lo que llevaba en su cuarto, la rubia la miró a la cara. Tenía el rostro congestionado, pero con lo guapa que era, ni eso podía hacerla lucir mal. La entendía, claro que la entendía. Sentirte tan mal contigo mismo, odiarte tanto, y sentir que no mereces que nadie te quiera, que no vales la pena. Los ojos azules de su amiga gritaban todo eso. Tenía mucho miedo, y dudas, como ella misma.

-Y no espero que no dudes de ello, porque cuando has pasado tanto tiempo jodiéndote la vida hay un momento en que no crees en nadie, sobretodo en ti, pero… Yo puedo entender que se haya enamorado de ti- le dijo sinceramente, mirándola a los ojos- Las personas que valen la pena a veces se encuentran. Si él te quiere, no deberías alejarlo. Y sé que no quieres hacerlo, porque también le quieres ¿o me equivoco?

La rubia no habló, pero sus ojos lo dijeron todo.

-No me equivoco entonces- le sonrió levemente- Cualquier cosa que hayas sido antes, no importa ya, Rosalie. Sé que te costará asimilarlo, pero creo que eres más buena de lo que piensas- dijo en tono de mala noticia- Y eso te pone del lado de los que valen la pena ¿Horrible, no?

La rubia se rió un poquito, y ella también lo hizo.

-Es estúpido seguir destruyéndonos- continuó hablando Bella, esta vez más seria, diciendo cosas en voz alta por primera vez- Cuando mamá se murió, quería cambiarme con ella ¿sabes? Ella sí merecía otra oportunidad, no yo. Y viví cada día pensando que era una pérdida de aire y de espacio… Pensando en cómo se muere gente que de verdad el mundo necesita, y siga viva personas tan malas, que de verdad hacen daño, que yo era una de ellas. Pero mira, por algo estamos aquí ¿no? Y si hemos sido una mierda, también podemos ser la jodida madre Teresa si nos da la gana. Vale la pena quedarse a intentarlo. O al menos a quedarnos a cerrarles las bocas a todos los que nos vieron con lástima o como si fuésemos un caso perdido.

Rosalie no dijo nada y se quedó mirándola fijamente con los ojos muy abiertos.

-¿Qué han hecho contigo?- sollozó trágicamente y Bella la empujó juguetonamente.

-Idiota.

Rieron unos segundos.

-¿Qué tal coge?- preguntó a bocajarro.

-Divino, pero no espero que sepas que es eso, virgen- contestó con sorna.

-Auch, gracias.

Rieron de nuevo, y se quedaron después en silencio por unos segundos.

-¿Qué piensas hacer?

-Por primera vez en mucho tiempo no quiero que un chico se vaya después de habérmelo tirado- fue lo que dijo- Y eso significa mucho.

-¿Alguien te dijo que a veces hablas como un marinero?

-Emmett- respondió la otra.

-Aaaawww- bromeó Bella, pestañeando muchas veces- ¡Mira cómo sonríes!

-Cállate.

Era extraño poder bromear con eso, pero estaba bien. La hacía sentir como una joven normal. Más solo Bella, y menos joven con problemas. Le sonrió a Rosalie, y cambió el tema.

Tengo mucho tiempo con este capítulo guardado, y ya está bueno de esperar. No sé por qué no lo había colgado si ya está bien largo. Ojalá les guste. Las amo y siento el retraso. NOCIERTO, NO SIENTO EL RETRASO PORQUE SON UNAS DESALMADAS QUE NO DEJAN REVIEWS. No dejen a mi bebé morir, ok? ok.