Nota de la Autora: NO ES UN EPÍLOGO O UN FINAL. Sencillamente se me ocurrió esto de saltar al futuro de mi historia. Como cuando los libros adelantan hechos, y luego regresan a donde se quedaron. Algo así. No se preocupen, luego de este capítulo, continuaremos con el campamento. Nunca había hecho esta especie de Flash Future, pero me provocó y voilá. Besos.
.Frío.
Bella se despierta sobresaltada. De nuevo, había soñado con que estaba en unas aguas muy oscuras y no podía nadar. Se da vuelta, entumecida del frío, para buscar el cuerpo caliente y reconfortante de Edward… Pero la cama está vacía, y eso le hace sentir más frío aún.
Se incorpora algo desorientada, y sus ojos recorren la habitación vacía. Por la ranura de la puerta, entra una luz amarilla. La castaña se arrastra afuera del colchón, se coloca un abrigo que estaba en el espaldar de una silla, y camina en silencio hasta la sala.
Él está ahí, sentado en un sillón, con la cabeza recostada del mismo y la vista fija en el techo. Hace días que lo veía quizás un poco más pálido, más ojeroso… Y le dolía, porque sabía que era por ella; que era su culpa. Él la escucha, pero no mueve ni un ápice. Bella permanece parada cerca de él, sólo mirándolo, dudosa. Dios, tiene tanto frío.
Normalmente, ella correría hasta quedar acurrucada contra él, contra su cuerpo sólido y caliente. Pero esta vez no, esta vez se sienta casi al otro lado del sillón y monta los pies sobre el cojín. El silencio es como otra persona que los observa curioso.
Finalmente, es él quien habla.
-¿Tuviste pesadillas otra vez?- su voz es extraña, carente de su candor característico.
-Si. ¿Y tú?
-No tenía sueño.
Otra vez, se hace el silencio. Ella quiere echarse a llorar, pero se siente seca. Odia verlo así, se odia por hacerle daño, se odia porque no puede quererse.
-Yo…-comienza Edward, sin cambiar de posición. A penas se moja con la lengua los labios secos, y luego niega suavemente con la cabeza, cerrando los ojos. Luce cansado, triste. Se aclara la garganta, y abre los ojos de nuevo. Bella se sostiene las manos, y el corazón empieza a latirle pesado. Sabe que lo que él le quiere decir no es fácil, y tiene miedo, mucho miedo.- No quiero seguir con esto, Bella. No puedo más.
Ella cierra los ojos, y siente que el alma se le cae a los pies, como si una mano enorme le apretara las entrañas, dejándola sin aire. Pero no hace nada, sólo lo vuelve a mirar, gritando en silencio.
No lo culpa. Las cosas entre ellos no están bien.
Desde que él había descubierto esa caja de laxantes entre sus ropas hace semanas, y a unos episodios tensos en las comidas, habían empezado a tener problemas. El episodio del desmayo en el gimnasio no hizo más que tensar más la situación. Y ya ni lo discutían. De hecho, a penas si hablaban. Él sólo manifestaba una rabia muda, una tristeza latente. Y ella simplemente se negaba a hablar del tema. Ambos sabían que ella volvía a sus viejas andanzas. Se lo decía el mutismo de él, cuando al acariciar suavemente su cuerpo bajo las sábanas, sus dedos se tropezaban con huesos protuberantes. Entonces, Edward apartaba la mano y le daba la espalda sin decir palabra, aunque su silencio ya gritara mucho.
Las actitudes de ella estaban haciéndole grietas a su relación, pero no podía cambiarlas completamente. Se aferraba a ellas como parte de su identidad y sabía que él se cansaría, tarde o temprano, de sus juegos sucios. A veces sólo quería que él se fuese, que la dejase sola, porque ese chico al que amaba tanto merecía algo mejor. Edward no merecía estar atado a una enferma, y ella no sería capaz de dejarlo, porque lo amaba. Así que simplemente esperaba a que él decidiera irse.
Y aunque había estado esperando ese momento, nunca pensó que el sentimiento de devastación sería tan fuerte, tan demoledor. Se iba a hundir estando sola, lo sabía, pero no lo haría quedarse. Sin embargo, necesita saber algo primero; luego lo dejará ir.
Cuando él se incorpora un poco, apoyando los codos sobre las rodillas y hundiendo la cabeza entre las manos con el cuerpo encorvado, Bella toma aire silenciosamente, y prepara su voz para que no refleje la agonía que la carcome.
-¿Es porque ya no me quieres?- le pregunta con voz suave, esforzándose por no sonar lastimosa y patética.
Por fin, Edward la mira. Y ella hubiese deseado que no lo hiciera, porque lo que ve en sus hermosísimos ojos verdes, esos ojos que ama tanto, la pone peor.
-¿Todavía no lo entiendes?- Se le acerca para tomar su cara entre las manos tibias, mirándola fijamente- Te amo, Bella, te amo muchísimo. Más que a nada en la vida. Y no voy a dejar de hacerlo jamás- le susurra vehemente. Sus ojos verdes se hacen más húmedos, mas no derraman una sola lágrima- Pero no puedo quedarme a ver cómo te destruyes. No entiendes la impotencia que siento al verte así…- toma aire, y aprieta la mandíbula fuerte. Las manos de ella se posan en su pecho firme porque se sienten extrañas estando tan cerca de él sin tocarlo- El día en que te desmayaste…
-No pasó nada, ya estoy bien- interrumpe la joven mirándolo, incapaz de hacer su tono más firme, con el pecho atenazado por los recuerdos de ese día. Es mentira, ese día pasó mucho.
Edward niega con la cabeza.
-No, no lo estás- le contradice con suavidad. La atrae hacia él, y la aprieta contra su pecho casi con desesperación. Pasan unos segundos antes de que él continúe, y cuando lo hace, su voz transluce dolor, está rota- Estuviste muerta por casi un minuto… Yo… No tienes idea de lo que fue. Sentí que iba a morir contigo ahí, y no me dejaban hacer nada… Dios, tu corazón se detuvo, estuviste muerta…- su voz se extingue, dejando que el miedo le cierre la garganta. Recordarlo aún era tan duro.
-Estoy aquí, estoy aquí- repite ella, y dos lágrimas enormes rodaron por sus mejillas. No me dejes, te necesito.
-¿Y mañana también lo estarás? ¿Y pasado? ¿No entiendes lo frágil que eres? Cada mañana cuando tomo tu mano al despertar, lo primero que hago es medir tu pulso…-murmura furiosamente, sin soltarla, como si quisiera a fuerza de un abrazo hacerla entrar en razón- No puedo seguir despertando con la incertidumbre de saber si tu también lo harás, o seguir levantándome a mitad de la noche con miedo, para ver si estás respirando. Tengo pesadillas, y en todas estás tú…-él no termina de decirlo, pero no hace falta; sabe de qué trataban sus pesadillas. A veces ella también las tenía.
Bella cierra los ojos, y escucha los latidos fuertes del corazón de Edward contra su oído, tan diferentes a los de su arrítmico y golpeado corazón. No me dejes, te necesito.
-Te amo- le repite- Pero no me quedaré a ver cómo te acabas.
El dolor que siente al oírlo amenaza con partirla en dos, pero no lo manifiesta. Ella se lo buscó, así que debería estar satisfecha ¿no? Se obliga a pensar que es lo mejor para él, que se vaya. Ella nunca va a funcionar bien, ya lo ha aceptado, y el egoísmo no le alcanza para pedirle que se quede. No lo piensa amarrar a ella, obligarle a cuidarla; eso no es vida.
Eventualmente, él se cansará, y prefiere que sea más temprano que tarde, que sea una ruptura seca y limpia, antes de que la odie.
Bella no dice nada, sino que se queda apoyada contra su pecho, disfrutando del calor que emana, por última vez. Sabe que él está esperando a que le pida que se quede, a que renuncie a su enfermedad y prometa cambiar.
Sabe que él la está poniendo a elegir, sin necesidad de decirlo, entre él mismo o su trastorno. Ella sabe que si se lo pide, él no la abandonará.
La joven se queda callada, y sabe que él ya entendió su respuesta cuando siente unas pocas gotitas mojar su coronilla. Antes de que pueda confirmar que son lágrimas, Edward la aparta suavemente y se encierra en el cuarto de invitados.
Ahora que está sola, deja que las lágrimas fluyan libremente y aprieta la boca para que de esta no salga ni un ruido.
…
…
Esta escena es tan difícil… Porque no queda del todo clara, porque no sé como hacer entender a los personajes. Si, matemos a Bella porque es una estúpida insegura. Es humana, y desde el principio nunca dije que fuese buena o que tomase decisiones correctas. Siempre lo dije y lo mantengo: Esta historia la hice porque necesitaba escribir acerca de los conflictos humanos, las complejidades de las personalidades, las equivocaciones, los defectos, el egoísmo, la inseguridad, y todas las estupideces y los errores que cometemos por no saber cómo vivir. Las cosas tontas que hacemos mientras que la vida pasa a nuestro lado, saludándonos desde lejos. Y nosotros ahí sentadotes, dejando pasar las cosas que realmente importan.
Y claro, para escribir acerca de las cosas bonitas como el amor y la amistad.
No condenen a Edward, es lo mismo que yo haría si fuese él. Entiendo que piensen que está OoC, yo también lo pienso porque el Edward de Meyer se quedaría hasta las últimas, a que si? Pero el mío no. Este Edward quiere hacerle a Bella una terapia de choque, y la pone a elegir, a ver si así intenta salir de toda esa mierda, más que por no quedarse y sufrir. Él se quedaría, se cansaría de quedarse… Pero también piensa que darle un tiempo a ella es bueno. Tiempo para que organice, para que reflexione, que se yo. Y si comete un error… Bueno, él tampoco es perfecto.
Gracias por sus comentarios, LAS ADORO. Como respondo los rr a medida que llegan, a veces no sé si ya los respondí o no, avísen si no respondo. Y mil disculpas por el retraso. No dejaré la historia hasta que esté terminada.
