Partida
Tres días habían pasado y Emma aún estaba furiosa con Henry: ¿cómo había podido hacerle eso a su propia madre? Evidentemente, no se dio cuenta de su error, pero, ¿y si lo había hecho adrede?
Ella quería creer que su hijo no era tan mezquino; incluso educado durante 10 años por la Reina Malvada, él no podía ser tan malo con esa mujer que le dio todo en los primeros años de su vida.
«Mamá, ¿estás ahí? ¿Puedo entrar?»
«Sí» Emma estaba acostada en su cama, pero se incorporó cuando su hijo se sentó a su lado.
«¿Todavía estás enfadada conmigo?»
«…Henry, no es una cuestión de estar enfadada o no. Deberías pedirle disculpas a tu ma…»
«¡Eres tú mi madre! ¡Y no tengo por qué pedir excusas! No es normal…Ella que nunca quiso un perro, ¿por qué quiere uno ahora?»
«Porque ahora está sola, Henry»
«…»
«Antes te tenía a ti, después tenía esa historia de venganza contra Snow, después su madre…Pero ahora, ya no tiene a nadie, está sola. Así que sí, si en lugar de morir rodeada de 90 gatos, ha encontrado ese cachorro y ha decidido ocuparse de él, no veo dónde está el daño. Y si se diera el caso de que perteneciera a alguien, ¿no crees que lo sabríamos? Nadie ha venido a la comisaria a reclamarlo. No he visto ni un solo cartel…Ese perro ha aparecido de la nada, ha elegido la casa de tu madre y ella lo ha acogido…»
«…»
«Decirle que solo irías a verla por el perro es…cruel. Y si hubiera sabido que ibas a decir eso, nunca te hubiera llevado a verla. Henry…ya no te reconozco, has cambiado tanto»
«Es porque ahora tengo a mi familia conmigo. Te tengo a ti, a papá, a mis abuelos. ¡Y pronto volveremos todos al Bosque Encantado!»
«Henry, ya te he dicho que ese tema ya lo aclararemos más adelante. Mientras tanto, voy a volver a visitar a Regina y decirle que te deje visitarla para que le pidas perdón»
«Pero, ¿por qué?»
«Porque, lo quieras o no, también es tu madre, te ha criado durante 10 años, mientras que yo te abandoné. Y heme aquí, mamá, sin saber cómo va esto. ¡Y ni siquiera puedo pedir consejos a mi propia madre porque ella tiene tanta experiencia en la materia como yo!»
«Todo eso no habría pasado si Regina no hubiese sido tan malvada y no hubiese lanzado su maldición»
«Uno no nace malvado Henry, se hace. Y comienzo a creer que este encantador muchacho es un ejemplo»
«¿Por qué haces esto? ¿Por qué me haces pasar por el malo y defiendes a Regina? Ella también te ha hecho daño a ti, casi me mata, casi nos mata a todos al menos una vez…Y tú me tratas de malo como si yo fuera el enemigo. ¡Pero es ella…ELLA!» gritó él con lágrimas en los ojos antes de salir de la habitación y refugiarse en el cuarto de baño.
Algunos segundos más tarde, Snow subió
«¿Qué ocurre? ¿Henry?»
«Hemos discutido. Salgo a dar una vuelta»
Pero cuando pasó por delante de su madre, esta la detuvo por un brazo
«En lugar de ir a ver a tu enemiga, deberías ocuparte de tu hijo»
«De momento, necesito tomar el aire» replicó ella
«Neal tiene que venir a cenar esta noche»
«Genial…» gruñó
«Emma, deberíais hablar los dos juntos con Henry, es vuestro hijo»
«Cierto, pero nunca formaremos la familia que él espera, no puedo darle eso…»
«Deberías darte al menos una oportunidad, dejaros una oportunidad»
Tras decir eso, soltó su brazo y Emma salió del apartamento. Cuando la puerta de la entrada se cerró, la del cuarto de baño se abrió dejando ver a un Henry en lágrimas.
«Oh, ven aquí, cariño» dijo Snow abrazándolo.
Con los ojos llenos de lágrimas, Emma se saltó varios "stop" y dos semáforos en rojo antes de darse cuenta de que, de forma mecánica, se había dirigido a la calle Mifflin. ¿Dar media vuelta? Ya que estaba ahí, mejor ir hasta el final. Estacionó delante de la mansión, pero vaciló algunos minutos antes de salir y llegar al umbral. Tocó una vez, después dos…Nadie.
¿Habría salido Regina? No, si hubiera sido el caso, su teléfono no habría dejado de sonar a causa de los habitantes muertos de miedo al ver a Regina fuera de su madriguera. De todas maneras, miró su teléfono, nada. Tocó de nuevo. Tenía que estar obligatoriamente ahí, su coche estaba aparcado fuera. Insistió un poco, antes de hacer una cosa que, si Regina la sorprendía, pondría su vida en peligro: abrió la puerta y descubrió que esta ya estaba abierta. Entonces entró.
«¿Regina? ¿Regina, está ahí?»
Secó como pudo sus lágrimas, recobró un rostro más neutro y se dispuso a dar una vuelta por la mansión que parecía vacía. ¡Si Regina aparecía, estaba muerta!
Primero, fue a la cocina, los cuencos del perro llenos. Después se dirigió al salón, pero nadie. Entonces subió las escaleras y se dirigió enseguida a la habitación de la bella morena. Tocó pero nadie respondió. Abrió la puerta y descubrió un espectáculo que no pensó ver un día: Regina, dormida, Amber sobre su pecho.
Cuando Emma entró, la perra se incorporó y ladró, despertando a Regina repentinamente.
«¿Qué…Miss Swan?» dijo ella, mirándola incrédula «¿Qué hace aquí?»
«Ah, euh,…He llamado»
«¿Y?»
«No ha respondido»
«¿Y es la señal para entrar en la casa de la gente?»
«Sì…en fin, no. Estaba abierto, no he roto nada»
«¿Qué quiere…» resopló, cansada
«Yo…hace tres días que no hemos tenido noticias, así que…»
«¿Cuándo dice "hemos", se refiere a usted y a Henry? Y las noticias, ¿no son las del perro de las que se trata?» dijo con un tono burlón
«Regina…Escuche, él se comportó de forma torpe. Es un niño, no sabe…»
«Sí sabe. Sabe desde hace mucho tiempo…No me perdonará jamás y lo comprendo»
«No, no, no. No hay que decir eso. Es pequeño, su mundo es todavía en blanco y negro»
«Yo creo que él ha comprendido muy bien. Y yo también. Ya me he cansado de luchar contra el viento. Se acabó»
«Regina…» Emma avanzó, pero Regina se levantó de la cama, y es en ese momento en que Emma vio la maleta a los pies del lecho «¿Qué es eso? ¿Usted…no se va, no?»
«Lo he estado pensando durante mucho tiempo. Ya no hay nada para mí aquí. No tengo nada»
«Eso no es verdad»
«Es verdad. Finalmente lo he aceptado. El pueblo y sus habitantes vivirán mejor sin mí, y viceversa. Ahora que la maldición está rota, me voy…»
«No va con usted rendirse tan pronto»
«¿Tan pronto? ¿Así lo cree? Me he pasado los últimos dos años intentando recuperar a mi hijo en vano, intentando mantener este pueblo bajo mi mando en vano, intentando destruir a Snow y a su príncipe en vano. Hoy he perdido, pero no importa. Al menos, puedo estar tranquila sabiendo que Henry no estará solo e infeliz»
«Regina…yo…no sé qué decir para que cambien de opinión»
«No hay nada que decir. Se acabó»
«¿Y si hay un problema? Nunca se sabe»
«Rumpel estará ahí. Después de todo, ¿no es Henry su nieto? Ahora, Miss Swan, le agradecería que dejara mi casa»
«…»
Regina puso su maleta sobre la cama y la llenó con algunas cosas.
«Por cierto, esta casa pasará a ser de Henry. No me importa que será de ella, él que decida. En cuanto a la cripta, será sellada, así todo lo que contiene no causará daño a nadie»
«No diga esas cosas de esa manera, pareciera que va a morir»
«Da igual, dejo el pueblo, así que mi destino solo me concierne a mí»
«¿A dónde va a ir?»
«No lo sé. Hace casi 30 años que estoy en este mundo y no he visto nada»
«Regina, no lo haga, quédese. Diga lo que diga ahora, Henry la necesitará. Y yo también»
«¿Usted?»
«Yo…Tengo problemas con él. Creo que estoy perdida»
«Para consejos de educación, mejor que se dirija a su madre, parece que yo me he equivocado en algo en la de mi propio hijo»
«Ya, por eso…Estoy sola en ese trance. Usted es la única que ha vivido tanto tiempo con él, lo conoce…»
«…mal, por lo que se ve»
«Regina, Henry no puede pensar que será suficiente que su padre y yo estemos juntos para que todo marche»
«¿Es esa su intención?»
«¿Qué?»
«Volver con él»
«¡En absoluto!» se ofuscó ella tan rápido que incluso Regina se quedó sorprendida.
«Oh…»
«Digamos que…bueno…aún le guardo rencor»
«Con el tiempo pasará» dijo ella bajando su maleta «Y excúseme, pero debe marcharme»
«Espera, ¿qué¿ ¿se marcha como que ahora?»
«¿Cómo que ahora, Miss Swan? Espero que le enseñe a Henry mejores maneras»
«…Por favor, quédese»
«Miss Swan, sus súplicas no cambiarán nada. Mi decisión está tomada»
«Así que, ¿se marcha así? ¿En serio? Después de haber movido cielo y tierra por Henry, ¿está dispuesta a abandonarlo?»
«Él me ha abandonado hace mucho tiempo. Yo no hacía sino correr detrás de él»
«Si no sintiera nada por usted, no habría insistido tanto para que la salváramos tan a menudo: el gentío, el espectro…él la quiere, solo que tiene una mala manera de mostrárselo»
Regina esbozó una sonrisa antes de coger su maleta y bajar, seguida de cerca por Amber y Emma.
«Regina, ¡REGINA, PARE!»
La bella morena dejó violentamente su maleta en el suelo y se giró
«Salga, Miss Swan, ya no es bienvenida»
«Por favor, escúcheme, no se vaya» dijo ella apoyando su mano en su antebrazo
«Ya basta» dijo ella soltándose «Salga. Y dígale a Henry…dígale que lo siento. No, de hecho…dele esto» agitó su mano y apareció una sobre malva. Se lo tendió a Emma que lo cogió «Hay se explican muchas cosas. Que lo lea o no, ya no importa»
Entró en la cocina e hizo desaparecer cuencos y pienso, así como la camita y varios juguetes, sin olvidar algunos libros y las dos maletas preparadas. Emma suponía que había llevado todo a su coche con la magia. Regina tomó a Amber en sus brazos y salió de la casa, siempre seguida por Emma, más nerviosa que nunca.
Y cuando Regina colocó a la perrita en la parte de atrás y abrió la puerta delantera, Emma sintió miedo: de repente, vislumbraba un futuro en el que estaría sola, lidiando con cosas como su hijo, sus padres o incluso su ex. No creía poder llevar todo eso sola, porque aunque Regina, en la familia, había sido dejada de lado, era la única con la que le gustaba pelear, pincharse. Su relación de fuerza solo valía gracias a la relación de autoridad de la una sobre a otra, pero también por el respeto. Sus disputas, sus piques, sus combates, todo eso había hecho que, hoy, Emma se sintiera más próxima a Regina que a Snow.
Y por todas esas razones, cuando Regina se disponía a entrar en su coche, Emma se lo impidió cogiéndola por el cuello y pegando torpemente sus labios a los suyos. El beso, si se le puede llamar así, no duró sino unos segundos…Algunos segundos antes de que Regina se diera cuenta del gesto de la bella rubia y la empujara violentamente, casi haciéndola caer.
«Pero…¿qué le sucede? ¡Está loca!»
«No espere, no es…»
«No, miss Swan, ya basta. Estoy cansada de estos sempiternos combates. Ese gesto no es sino la enésima humillación…Bravo, ha ganado»
«No, no es así. No lo he hecho para humillarla, al contrario. ¡Regina, espere!»
Regina se detuvo un momento, Emma entonces supo que era su última oportunidad. Entonces se acercó.
«No me deje Regina» la bella morena entonces se dio la vuelta, frunciendo el ceño, muda, esperando que Emma se justificara, así que Emma continuó «Usted…Estoy perdida sin usted. Sé que Henry también lo estará…Ese…beso no era una trampa. La quiero, y aún más después de ver cómo ha podido remontar algo que pensé que le sería fatal. He tenido miedo por usted, la he sostenido ante y contra todos»
«…»
«Regina, por favor…» ella se acercó entonces y se atrevió a hacer un último gesto, una última esperanza: acarició su mejilla antes de besarla de nuevo y, para su gran sorpresa, Regina no la rechazó, al contrario. Pudo sentir una lágrima adentrarse en sus labios, abrió los ojos y vio que Regina lloraba. Se separó un poco, pegando su frente a la de ella «Quédate, te lo suplico»
Pero Regina retrocedió un paso, después dos
«Lo siento…Debo marcharme, por el bien de todos»
«El mío no»
«No puedo hacer otra cosa, lo siento…Emma»
«No…no…» murmuró ella con un tono de fatalidad al ver a la mujer subirse en su coche. Cuando la puerta se cerró, Emma se sobresaltó y dio media vuelta para subirse, pero Regina arrancó velozmente y salió de su garaje dejando a una Emma impotente.
«Te encontraré»
Sintió una chispa de esperanza cuando vio que el coche se detenía un cuarto de segundo, pero cuando la vio alejarse, cayó literalmente de rodillas. Poco le importaba el ruido de sus huesos chocando en el asfalto, podría coger su coche y seguirla, pero, ¿por qué hacerlo? Y ese beso correspondido, ¿qué valía? Aún se estremecía recordando ese dulce contacto. Ahora, ese instante era el único recuerdo que Emma tendría de Regina.
Se había marchado, seguramente para siempre…
