Buenas viejas costumbres
El corazón de Regina se saltó un latido. Esa voz que ella no había escuchado desde…desde hacía casi un año. Lentamente se giró hacia el coche y vio a Henry salir del lado de pasajero, mirándola incrédulo y casi bajo estado de shock. Él caminó despacio hasta la línea, siempre con los ojos fijos en Regina como si tuviera delante a un fantasma. Después esbozó una sonrisa antes de echarse sobre ella, casi haciéndola caer. Estrechó su cintura con sus delgados brazos. Ella se quedó parada en el sitio, sin saber qué hacer antes de mirar a Emma que le sonrió, con confianza. En ese momento, rodeó a Henry con sus brazos, sintiendo su cálido aliento sobre su abdomen.
«Mamá…» murmuró él enterrado en ella.
Esa palabra "mamá" que Henry se había negado a decírsela meses antes. Esa palabra que, ahora, sonaba extraña a sus oídos. Pero sin embargo, al escuchar esa palabra en esa voz infantil…
«Henry…» dijo ella al fin, como un susurro, mientras le acariciaba los cabellos. ¡Cómo había extrañado ese contacto! Cierto, ella había huido, había escapado a su indiferencia, pero en ese momento, su corazón parecía henchirse de esperanza.
«¿Qué hace ella aquí?» murmuró Neal a Emma
«Larga historia»
«¿Va a volver?»
«Yo…no lo sé, no lo creo»
Henry se separó, al cabo de minutos interminables y le sonrió
«¡Estás de regreso!»
«Yo…» no se atrevió a decirle la verdad y se sintió feliz de que Amber rompiera ese momento con sus ladridos.
«¡Amber! ¡Cómo ha crecido!» dijo él arrodillándose para acariciarla. Pero la perra gruñó antes de refugiarse detrás de las piernas de su dueña. Henry frunció el ceño «No debe acordarse de mí…Solo fue un momento» dijo levantándose.
«¿Por qué estáis aquí?» preguntó Emma a Neal.
«Dentro de tres días es el cumpleaños de Henry. Él quería venir para festejarlo aquí»
«¿Te vas a quedar?»
«Es el cumpleaños de mi hijo» dijo él
«Sí, evidentemente…» rezongó ella «Bien, no es que me aburra, pero, ¿podrías llevarnos?»
«¿Ella también?»
«¡Evidentemente ella también!» dijo con tono de enfado. Se dio la vuelta sobre sus talones y caminó hacia Regina y Henry «Venga, vamos, comienza a hacer frío»
«¿Dónde vais a dormir?» preguntó Henry alegre
«Bueno, vamos a casa de Regina» respondió la bella rubia como si tal cosa
«¿Tú también? ¿No vas a casa de los abuelos?»
«Yo…Ya veré. Venga, vamos, en marcha»
Cogió a Regina de la mano y la encaminó hacia el coche, en el que ellas se sentaron detrás, seguidas de Henry y después Neal.
«Entonces…¿Mifflin Street?» preguntó el chofer
«¡Sí!»
Le costaba meter un pie tras la línea naranja, y una vez hecho, sintió cómo la magia la invadía, hacía mucho tiempo que había olvidado esa sensación.
Regina permaneció muda mientras que Henry estaba inquieto ante tantas preguntas que tenía. Sin embargo el viaje se hizo en silencio hasta que el coche se paró delante de la mansión de Regina. Esta constató que el camino, así como las cristaleras estaba todavía en buen estado. Descendieron, seguidas de la perra. Neal se quedó al volante mientras que Henry salió.
«Hey, chico, ¿qué haces?»
«Yo…¿Puedo quedarme aquí esta noche?» preguntó con tono apesadumbrado
«Tus abuelos se preguntarán dónde estás»
«Bah, solo tienes que decirles la verdad: que mamá ha vuelto y que quiero pasar tiempo con ella»
Evidentemente ni Neal, ni Emma ni Regina sabían de qué "madre" estaba realmente hablando, y la pregunta quedó en suspense. Neal se mordisqueó el labio antes de asentir.
«Ok. Entonces hasta mañana» Y desapareció, dejando a Regina, Emma y Henry en el sendero.
«Bien, ¿entramos?» dijo Emma mientras cogía las maletas.
Regina la siguió, Amber atada con su correa, mientras que Henry no dejaba de mirarla. Sintiendo su insistente mirada sobre ella, tragó saliva con dificultad y no se atrevió sino a furtivas miradas hacia él. Los gestos y las miradas aun no eran fáciles de demostrar y esa insistencia del pequeño la incomodaba, como si la escrutara bajo todos los ángulos.
Emma abrió la puerta y, en ese momento, Regina sintió que una ola de nostalgia la embargaba: nada había cambiado, todo estaba en el mismo sitio, incluso el olor parecía flotar como el primer día.
«Bien…Supongo que querrás instalarte y tomar una ducha»
«Sí…»
«Yo cojo a Amber, me ocuparé de ella mientras tanto, ve a relajarte. Venga, ve»
Empujó a Regina hacia los pies de las escaleras. Esta refunfuñó, pero acabó por ceder, pensando que un buen baño sería ideal para relajarse y olvidar la tensión de ese día tan duro.
Mientras tanto, Emma soltó a Amber que olisqueó todas las estancias como acordándose de sus primeras semanas en esa casa. Henry miró, divertido, a la perra deambular de la cocina al salón pasando por el comedor. Emma le puso sus cuencos en el suelo.
«Bueno, ¿has comido?» dijo lanzándole una mirada a su hijo.
«Sí»
«¿Cuándo habéis llegado?»
«Ayer. Cuando llegamos, el abuelo dijo que te habías ido "de viaje" hacía una semana. Pensaba que iba a celebrar mi cumpleaños aquí sin ti»
«Siento no haberte avisado, pero…fue un impulso que tuve»
«Un impulso que se llama Regina, ¿eh?»
«Sí…» hizo ella una mueca, ligeramente confusa.
«¿Cómo la has encontrado? ¿Dónde estaba?»
«En la otra punta del país»
«…»
«¿Qué?»
«¿No ha hablado de mí?»
«Pidió noticias…»
«¿Le has dicho que…?»
«¿Que te has comportado como un impertinente? Sí. Y he añadido que vivías con tu padre en Nueva York»
«¿Qué ha dicho?»
«Nada»
Henry estaba un poco desilusionado, pero comprendió: durante mucho tiempo la había culpado por marcharse de un día para otro sin ninguna explicación, sin una palabra…hasta que Emma le dio la carta, que él leyó y… las cosas cambiaron radicalmente.
Se volvió insolente, casi violento verbalmente con su madre, sus allegados…Se sentía ahogado en ese pequeño pueblo y cuando su padre decidió regresar a Nueva York, él le siguió, pensando que nuevos aires le harían bien. Pero la verdad era que estaba herido porque su segunda madre lo había abandonado, once años después que su madre biológica. Un nuevo abandono que se había tomado como una traición, pero también como un fracaso.
Porque, tenía que ser sincero, vivir con su padre no le había ayudado. Había decidido, después de algunas semanas, hablar con Neal y decirle que deseaba regresar con Emma. El contexto del cumpleaños era la excusa perfecta para abordar el tema.
«¿Crees que todavía está enfadada conmigo?» preguntó apoyándose en la encimera de la cocina, mirando cómo Amber se acababa su cuenco de agua.
«Creo que tiene muchas cosas que ver y que arreglar. Va a necesitar tiempo»
«¿Se va a ir?»
«Creo que sí. Ella…ya no se siente en su casa. Nadie desea su regreso, al menos es lo que ella piensa. Y además, tiene una nueva vida en San Francisco»
«¿Crees que podré hacerla cambiar de opinión? ¿Hacer que se quede?»
«¿Crees realmente que podrás?» dijo divertida Emma
«¿Te acuerdas de la Operación Cobra?»
«Sí»
«Bien, ¿y si bautizamos esta como la Operación…euh…Operación Víbora?»
«¿Víbora? ¿En serio?»
«Bueno, había que buscar algo»
«¿Y en qué consistiría realmente esa operación?» preguntó
«¡Hacer que se quede en Storybrooke!»
«Yo ya he hecho un gran paso trayéndola»
«Ahora es necesario que se quede»
«Creo que antes que nada, hay que aclarar ciertos puntos…No se quedará en un pueblo que no la aprecia»
«Ok, entonces dos misiones: hacer que ella se quede y hacer que los otros tengan una mejor imagen de ella»
«Bien…no será suficiente con tres días»
«¿Tres días?»
«Vamos a intentar hacer que se quede hasta tu cumpleaños. Eso nos dará algo de tiempo»
«¡Trato!»
«Trato. Venga, busca en la ropa que dejaste aquí, debe haber un pijama que te sirva»
«Ok» dijo él besándola antes de dirigirse a las escaleras. Pero antes de subir, se dio la vuelta «¿Mamá?»
«¿Hm?»
«Yo…querría excusarme…por todo lo que te he hecho y lo que he dicho. No ha estado bien»
«Ya hablaremos de eso más adelante, cariño»
Él le sonrió, ella hizo lo mismo. Una vez segura de que Amber tenía su pienso, subió a la habitación de Regina que fue la suya esos últimos meses.
«¿Regina? ¿Puedo pasar?»
Pero no llegó ninguna respuesta, así que, como es lógico, entró y comenzó a desvestirse. Cuando escuchó el chapoteo del agua en el cuarto de baño, se deslizó dentro: volutas de vapor de aroma floral se suspendían en el aire.
«¿Quién está ahí?»
«Soy…soy yo» dijo Emma acercándose «¿Todo bien?»
«Intento relajarme, no es un lujo»
«Está bien, tampoco has muerto por pasar los límites del pueblo»
«Esperemos a mañana cuando Neal haya propagado la noticia de mi furtivo regreso» dijo con ironía.
«Eso lo veremos mañana, cada cosa a su tiempo. Mientras…» se arrodilló y se apoyó en el borde de la bañera «…hay un chico al que le gustaría hablar contigo…»
«…»
«Creo que tenéis muchas cosas que deciros»
Regina se hundió un poco más en su baño, el agua llegándole casi al mentón.
«¿Has dormido en mi habitación?» dijo cambiando conscientemente de tema
«Sí. Te habrás dado cuenta que la casa no ha sido quemada en tu ausencia»
«Incluso he notado el esfuerzo en la limpieza»
«Y…¿Crees que esta noche puedo dormir aquí? ¿Contigo, quiero decir?»
«…»
«¿Eso quiere decir que no?»
«Eso quiere decir…que Henry está aquí y que no está al corriente de lo que pasó entre nosotras en San Francisco. Y como lo que pasó no debe reproducirse, preferiría que durmieras en una de las habitaciones de invitados»
«¿Habas en serio? Entonces, ¿qué? ¿Solo querías una aventura de una noche?»
«No pensaba volver a verte más. La posibilidad de pasar más tiempo contigo no se me ha pasado por la cabeza, y aquí menos»
«¿Entonces tú y yo…qué ha sido? ¿Un rollo? ¿Amigas con derecho a roce?»
«No hay un tú y yo. Aquí no»
«¿Así que es necesario que regresemos a San Francisco para que pueda tocarte? ¿En serio?»
«No tengo intención de hacer más comentarios sobre esto. Mañana me habré ido, el tema no saldrá más»
«¿De verdad piensas lo que dices? ¿Piensas irte mañana? ¿A tres días del cumpleaños de tu hijo?»
«No es mi hijo»
Emma frunció el ceño: la tarea iba a ser más ardua de lo previsto. Pero esta operación Víbora sería beneficiosa en muchos aspectos: para Henry, para Regina, pero también para ella. Ellos debían hablar, reencontrarse, abrir sus corazones y decirse las cosas…Cosas que habían sido dejadas en suspenso después de la marcha precipitada de la bella morena.
Ahora tenían una oportunidad de reparar las cosas y no podía dejar pasarla.
«Dices que todos te ven todavía como la Reina Malvada…Si te quedas para el cumpleaños de Henry, será un gran paso hacia delante para que te vean de otra manera»
«Lo que no has comprendido, Emma, es que ya me da igual saber lo que piensan de mí o cómo me ven, porque mañana me habré ido a mi casa, retomaré mi vida allí, con Amber y sus opiniones quedarán detrás de mí»
Emma bajó entonces los ojos: no, las cosas serían mucho más complicada de lo que pensaba: Regina no solo era indiferente a las cosas, estaba rota y no deseaba recoger los trozos aquí…Le tocaba a ella y a Henry hacerle ver que tenía su sitio ahí, en ese pueblo, con el mismo derecho que cualquier otro.
«Te dejo que acabes…¿Te unes a nosotros al menos para comer?»
«Claro»
«Ok»
Antes de dejar el cuarto de baño, se dio la vuelta y miró, con una ceja levantada ante la curiosidad, a Regina.
«¿Qué?»
«No, no, nada…» dijo con una gran sonrisa
«¡SAL!» dijo Regina, esparciendo algo de espuma en dirección de la bella rubia, después ella salió del baño para reunirse con su hijo en el pasillo.
«¿Y? ¿Has hablado con ella?»
«Está bañándose, no quiere escuchar. Para ella, mañana se habrá ido»
«Espera…¿Has estado hablando con ella mientras se bañaba?» dijo Henry, perplejo.
Entonces Emma se tensó, quedándose pálida a ojos vista.
«Euh…Sí, en fin no, tras la puerta» balbuceó ella rápidamente, pero sus mejillas enrojecieron cuando la mirada de su hijo se volvió más suspicaz.
«Mamá…¿Tienes algo que decirme?»
«¿Como qué?»
«Como por qué has alargado tus vacaciones de una semana, por ejemplo…»
«Bueno, todo lo que te digo es que tienes trabajo para rato y creo te lo juegas todo esta noche, así que te interesa poner toda la carne en el asador»
«Haré todo lo que pueda»
«Para empezar, vamos a intentar hacer una cena que valga su nombre, ¿hecho?
«¡Hecho!»
Bajaron a la cocina para preparar la comida mientas que Regina decidió salir de su baño. Lentamente, retomó sus hábitos: para ser sinceros, todas sus cosas estaban en el mismo sitio. Abrió las puertas de su armario y esbozó una mueca al ver que al lado de sus ropas estaban colocados jeans, camisetas multicolores dando testimonio de que Emma se había instalado en su habitación.
Cogió un pantalón negro y un suéter de cuello vuelto, negro, sin mangas antes de vestirse y mientras se ponía sus botas sintió una agradable aroma a pollo asado. ¿Desde cuándo Emma sabía hacer pollo asado?
Entonces bajó y se sorprendió sonriendo ante la escena que se ofrecía a sus ojos: Emma en los fogones, sus fogones, Henry ayudándola.
«¡Mamá!» dijo jovialmente el muchacho
Casi se sobresaltó al escuchar ese apelativo…Mamá…No lo había escuchado desde hacía tiempo…Y ahora, cuando podría haberla hecho estremecerse de alegría, sonaba falso, como si él se forzara, como si esa palabra, "mamá" hubiera perdido su significado.
«¿Qué estáis preparando? ¿Es al menos comestible?» dijo avanzando
«Ah, ah, muy divertido. Pollo asado y puré de papas, ¿te va bien?»
«Bueno, ¿debo ser exigente?»
El sarcasmo de Regina no dejó indiferente a Henry que perdió su sonrisa.
«Yo…Di, ¿puedo hablar contigo?»
«¿De qué?»
«De nosotros»
Sin responder, ella dejó la estancia, seguida por Henry bajo la mirada de Emma, poco confiada.
Se dirigieron al salón pequeño, el mismo que acogió a Emma y Regina hacía tres años.
«¿De qué quieres que hablemos?» dijo con un tono que quería aparentar desapego.
«De tu partida»
«…»
«Yo…Te fuiste sin decir nada…»
«Te dejé una carta»
«Y la leí. Me dio mucha pena»
«No era mi intención»
«Entonces, ¿por qué la escribiste?»
«Para decirte la verdad. Porque en el fondo era lo que tú querías leer y saber: las razones de mi marcha»
«Escribiste que no era tu hijo. Que ya no tenía sitio a tu lado, que estaría mejor sin ti…»
«Y es verdad. Te portas mejor sin mí. Tú mismo te fuiste por propia voluntad con los Charming, con tu madre…Me dejaste, rechazaste visitarme»
Henry bajó entonces su mirada, sabiendo muy bien que ella tenía razón.
«No has comprendido nada. Nada fue mejor después, al contrario. El pueblo fue cuesta abajo, Emma se volvió rara después de tu marcha y Snow y David no comprendían por qué. Ellos decían cosas sobre ti, cosas malas como que al final era mejor que te hubieras ido por ti misma…Yo estaba en cólera porque…porque…»
«¿Por qué?»
«Porque en parte era mi culpa si ellos pensaban así…» dijo en un suspiro «Porque elegí odiarte antes que asumir el hecho de que te quería. Porque todos me decían que eras malvada y que nadie debería amarte, entonces…Entonces me dije que yo tampoco debería amarte. Que eso era "lo que había que hacer", volverse hacia el Bien y darle la espalda al Mal»
«Ya veo…» dijo ella comprendiendo las motivaciones de Henry y la manera maniquea que tiene uno niño de 11 años de ver las cosas: blanco y negro, Bien y Mal…
«Fue una estupidez, lo sé…Y ahora me digo que si te hubiera defendido, nunca te habrías ido»
«Eso no lo sabes»
«¡Pero hoy quiero enmendarme! ¡Quiero reparar mi error, quiero que todo sea como antes!» dijo él
«Henry, no solo no tenemos siempre lo que queremos, sino que además…es imposible volver atrás. Lo que está hecho, está hecho con las consecuencias que eso conlleva»
«¿Nunca me perdonarás?»
«Algún día, seguramente…Pero ahora es demasiado pronto. De momento, intento aprender a vivir correctamente: retomar una vida normal, aprender a vivir sencillamente, sin magia, sin venganza o cólera. Me obligo a una vida sana con mi perro, mi trabajo…Y tengo la impresión de que lo estoy consiguiendo»
«…Entonces, ¿de verdad te vas a ir?»
«Mañana, sí. No puedo quedarme»
«Pero…¿No quieres quedarte? ¿Solo para mi cumpleaños?»
«¿Para encontrarme en medio de gente que me odia? ¿Para ser fusilada con la mirada? ¿Para ser juzgada sin poder defenderme? No gracias. Ellos se portan mejor sin mí y yo sin ellos»
«Pero…Cumplo 12 años, y tengo ganas de que estés aquí»
«Sé franco, ¿habrías pensado si quiera en que estuviera en tu cumpleaños si por casualidad yo no hubiera estado aquí?»
«….»
Regina entonces sonrió. «No importa. Hace tiempo que he comprendido la situación, y estoy en paz conmigo misma. Tú tienes una familia que te quiere, yo soy feliz y en calma por ti, ¿no es suficiente?»
«Mi familia no está completa, me falta una madre»
«Yo no soy tu madre, Henry, nunca lo he sido» dijo ella en un tono que quería que pareciera seguro, pero que dejaba ver un atisbo de emoción.
«Eso es falso. He sido idiota…idiota y torpe. Pero no puedes reprochar a un niño de 10 años que vea el mundo a través de los cuentos de hadas que he podido conocer. Pero este año he aprendido que las cosas son más complicadas y que la vida está lejos de ser un cuento de hadas»
«…Pero es demasiado tarde Henry. Tú no puedes insultarme, evitarme y después querer que venga a tu cumpleaños y que te considere mi hijo cuando tú ya no me considerabas tu madre»
«Me cuidaste cuando era un bebé…Mis pañales, mis biberones, mis primeras palabras y pasos…Ahora lo veo, fui un tonto…Perdóname, mamá, por favor»
Regina frunció el ceño: esas palabras, las había esperado tanto tiempo. Las había soñado, imaginado de muchas maneras, bajo diferentes formas y lugares. Y ahora que las escuchaba "de verdad" algo se removió en ella. Trago saliva y bajó la mirada.
«Henry…»
«Por favor, al menos tres días, solo hasta mi cumpleaños. Después haces lo que quieras, volverás a tu casa, aunque sigo diciendo que tu casa está aquí. Perteneces a Storybrooke, así como Storybrooke te pertenece. Tú lo creaste y desde tu marcha, nada va bien aquí, por favor»
Regina miró a su hijo algunos segundos antes de suspirar.
«Bien. Tres días, no más»
«¡Sí!» dijo él saltando del sillón para lanzarse a los brazos de Regina. Pero Regina, lejos de responder a ese abrazo, lo apartó ligeramente.
«¿Qué?» dijo él contrariado
«Henry…Por favor, no…esto no»
«Pero…¿por qué?»
«Porque no es necesario. Me iré en tres días, no quiero que te hagas ilusiones»
«¿No tengo derecho a abrazarte? ¿Ni cariños, ni besos?»
«No»
«Pero…»
«Henry, no es negociable. Yo…yo no soy tu madre. Me gustaría, a lo más, llegar a ser tu amiga, aprender a conocer tu nueva vida, tus pasiones…Pero…tu madres es Emma y tu padre es Neal»
Ella se levantó y a pesar de su pequeña victoria, Henry tenía ganas de llorar. Volvieron a la cocina y cuando Emma vio el rostro triste de su hijo, frunció el ceño.
«¿Todo bien? ¿Qué ha pasado? ¿Regina?»
«Hemos hablado» respondió ella en un tono neutro
«¿Y puedo saber por qué tiene lágrimas en los ojos?»
Regina desvió la mirada y fue Henry quien habló
«Ella…se queda hasta mi cumpleaños»
«¡Oh, guay!...¿No?»
«Sí, sí…» dijo él sin gran convencimiento.
Emma quizás no tenía un instinto maternal muy desarrollado, pero odiaba ver a su hijo así. Tendría que hablar con él y hablar también y sobre todo con Regina.
«La cena está lista. A la mesa»
En el comedor, la cena se hizo en silencio…Un silencio mórbido, casi insoportable de lo ensordecedor que era. Una vez la cena acabada, Henry pidió excusa diciendo que se encontraba cansado. Besó a Emma antes de girarse hacia Regina, pero se detuvo a mitad de camino y le dedicó un básico "buenas noches" al que ella respondió con el mismo desapego.
Una vez solas, quitaron la mesa y en la cocina Emma ya no se aguantó más.
«¿Qué fue aquello?» preguntó enfadada
«¿Perdón?»
«En la mesa. ¿Por qué ese silencio? ¿Y ese "buenas noches" a distancia? ¿Qué ocurre aquí?»
«No es de su incumbencia»
«¿Ahora volvemos al usted?»
«Sería preferible que nadie supiera lo que pasó entre nosotras en San Francisco»
«Mierda, Regina, ¿has decidido ser glacial e irascible con todo el mundo? ¿Crees que es con esa actitud que la gente cambiará de opinión sobre ti?»
«…»
«¿Qué le has dicho a Henry? ¡Dímelo!»
«Yo he…no quiero que piense…no debe apegarse, que crea que estoy de regreso»
«Entonces, ¿por qué aceptar quedarte hasta su cumpleaños si lo vas a tratar así? ¿Cómo puedes ser tan odiosa con tu hijo? Tú que habrías metido fuego a este pueblo por recuperarlo hace un año»
«Justamente, ha pasado un año y he comprendido ciertas cosas»
«¿Qué has comprendido? ¿Que el desprecio hacia las personas que te aman es el mejor medio para borrar tu pasado?»
«…»
«Déjalo. Si es para que te comportes así de mal durante tres días, haciendo sufrir a Henry, prefiero que te marches mañana mismo…»
«…»
Pero lejos de dejarlo estar, Emma suspiró y sacó algo de su bolsillo.
«Durante meses me he preguntado si te habrías quedado si te hubiera dado esta foto antes de tu partida. Hoy creo que debes comprender…»
«¿Qué fo…?»
Emma le tendió entonces la fotografía, y cuando la tuvo en la mano, Regina se quedó parada, las lágrimas en los ojos: la foto era aquella que Emma había encontrado en la habitación de Henry, aquella en la que se veía a la joven sosteniendo en sus brazos a Henry de bebé.
«Ves…¿Ves esa sonrisa en tu rostro? ¿Y esa mirada que tienes? ¿Y cómo Henry te come con los ojos porque en ese momento lo eres todo para él, su mundo? En ese momento, Regina, eres su madre, poco importa quién te diga lo contrario. Hoy sé que Henry es capaz de mirarte de nuevo como antes, él necesita tiempo, y tú también para que aprendas de nuevo a mirarlo de esa manera y enarbolar esa magnífica sonrisa llena de alegría»
Regina acarició con la punta de su índice el rostro regordete del pequeño, no pudo evitar sonreír ante el recuerdo que le trajo esa foto.
«Era tan pequeño…» murmuró
«No lo rechaces. Le gustaría tanto poder mirarte de nuevo como antes, pero será difícil si te alejas de él, si lo rechazas…»
«¿Dónde…dónde las has encontrado?»
«En su habitación, sobre su mesa. Él la tenía guardada. Te quería hablar de ello, pero las cosas después pasaron tan rápido…Y cada vez que la miraba, me preguntaba si te hubieras quedado al verla…»
«…»
«Bien, te voy a dejar…Buenas noches» dijo ella dándole un suave golpecito en el antebrazo.
De nuevo sola, Regina miró otra vez la foto antes de subir y tocar a la puerta de Henry. Este leía en su cama.
«¿Puedo pasar?» preguntó avergonzada
«Sí…»
Ella entró despacio y se sentó al borde de la cama.
«¿Qué lees?»
«Barba Negra. ¿Existe de verdad?»
«Hm…No lo sé, pero nunca me lo he encontrado»
«Oh…»
«Henry…» ella le puso la foto sobre el libro. Él la cogió y la miró un rato «…Yo…te pido perdón. Nunca hubiera debido rechazarte tan violentamente y hablarte de esa manera»
«…»
«Tú…me has pedido que te perdone….Durante mucho tiempo creía que el perdón y las excusas eran signo de debilidad y que aquellos que las proferían eran débiles y tenían la culpa. Pensaba que todo lo que yo había hecho no era objeto de excusa, ni de lamentación…Y es por eso por lo que nunca pedía perdón a la gente a la que había podido herir»
«…»
«Yo…te dije un día que no sabía amar muy bien y creo que aún tengo mucho camino por andar para logarlo. El perdón es también algo que debo aprender a otorgar y a aceptar. Así que…¿aceptarías tú mis excusas?»
Henry la miró antes de esbozar una sonrisa.
«¡Sí!» Regina sonrió y puso su mano sobre la suya ejerciendo una ligera presión «¿Puedo llamarte mamá?» entonces ella perdió su sonrisa.
«Yo…Preferiría que me llames así cuando sea apta para serlo. De momento, Regina me va bien» él asintió «Bien, a la cama»
«¿Tú…te vas a quedar entonces?»
«Sí, hasta tu cumpleaños» Ella se levantó y cuando iba a traspasar la puerta, su hijo la llamó
«Si Barba Negra existiese, me lo dirías, ¿no?»
Regina sonrió.
«Conozco a otros piratas…entre ellos a uno que se llama Rakham…»
«¡Wow! ¡Cuenta!»
«Eso será para otra historia antes de dormir»
Él se deslizó bajo las sábanas y le deseó buenas noches. Ella le sonrió antes de cerrar la puerta tras ella. Cuando se dio la vuelta, se dio de cara con Emma, toda sonriente. Se sobresaltó, llevándose una mano al corazón.
«¡Me ha asustado!»
«Está bien lo que has hecho» dijo acariciando con su mano la mejilla de la joven, pero apenas la rozó, Regina apartó su mano «Hey…¿qué…?»
«Hacer mi mea culpa con Henry no cambia nada de lo que a nosotras se refiere»
«Pero…»
«Miss Swan. No tengo intención de hablar más de ese tema. Lo que pasó en San Francisco fue…un momento de debilidad»
«¿En serio? Regina, durante una semana te he soportado, sostenido, incluso alimentado mientras buscábamos a Amber y tú te dejabas morir. No puedes olvidarlo todo así como así»
«…No hay nada más que decir»
«¿Entonces qué? En cuando Amber ha vuelto, yo ya no soy nada, ¿es eso?»
«…»
«¿Estás intentando decirme que valgo menos que un perro?» dijo ella con una sonrisa medio nerviosa medio irónica. Pero la perdió rápidamente ante la mirada de Regina, mirada fría y distante.
«No sea estúpida, querida…Amber vale mucho más»
Después se marchó, dándole la espalda, dejando a una Emma atónita.
«¡Hey!» Regina se dio la vuelta, con una ligera sonrisa de victoria en los labios «¡Eres una zorra! ¿Lo sabes?»
«Evidentemente, querida, evidentemente» después cerró la puerta de su habitación dejando a Amber entrar, dejando a Emma sola en el pasillo, completamente con la boca abierta, herida y furiosa.
«Menuda…» resopló, la cólera apoderándose de ella.
Era evidente que las cosas iban cada vez mejor con Henry, a medida que la situación entre ellas se deterioraba. ¿Podía salvar algo de lo que había entre ellas? ¿Partiría Regina a San Francisco dulce y cariñosa?
Debía reconquistar a una Regina más decidida que nunca a marcharse tras el cumpleaños de su hijo.
Este capítulo me ha hecho llorar. Sé que Regina ha sufrido mucho, pero verla así de despegada con Henry me parte el corazón, y por otro lado esa soberbia y frialdad con Emma tampoco me gusta. Espero que la rubia derrumbe esas barreras, y que la morena se permita amar y ser amada.
