Sentimientos
Los asuntos serios comenzaron desde el despertar. Emma se deslizó en la habitación de Henry y lo despertó dulcemente.
«Henry, cariño…Despierta»
«Hm…»
«Vamos a darle una sorpresa a Regina»
Al escucharla, él se incorporó
«¿Cuál?»
«Entre ella y yo las cosas van mejor, para celebrarlo, vamos a llevarle el desayuno a la cama, le va a encantar»
«¿Os lleváis mejor? ¿Estáis otra vez juntas?»
«Es un poco más complicado que eso, pero va mejor. Venga, levántate»
Henry saltó de la cama y juntos prepararon un desayuno digno de domingos en familia. Tocaron a la puerta de la joven, esperando que esta no estuviera ya levantada.
Entraron en silencio y se sintieron aliviados al ver que Regina dormía apaciblemente. Emma se acercó y Henry subió con cuidado a la cama. Le dio un furtivo beso en la mejilla, mientras que Emma hizo lo mismo en la otra. Regina se despertó tranquilamente y Henry le sonrió
«Buenos días. ¡Te hemos traído el desayuno!» dijo él orgullosamente señalándole la bandeja
Ella se incorporó y se sentó, Emma le puso la bandeja sobre los muslos.
«Espero que te guste»
Regina echó un vistazo a la bandeja y después sonrió
«Está perfecto»
«¿Podemos quedarnos?» pidió el pequeño, avergonzado.
«Sí»
Emma se colocó al lado de Regina y Henry, con las piernas cruzadas, frente a ella.
«Está guay, ¿eh?»
«¿El qué?»
«¡Parecemos una verdadera familia!» dijo contento el pequeño, haciendo que los ojos de las dos mujeres que tenía en frente se salieran de sus órbitas.
«Hen…Henry, euh…» balbuceó Emma al ver que el pequeño se había aventurado mucho. Pero contra toda expectativa, Regina no se puso seria, incluso sonrió mientras cogía una naranja. Ante la no reacción de la morena, nadie dijo nada y el desayuno paso tranquilamente. Por primera vez desde que ella había puesto los pies en ese pueblo, Regina se sentía serena.
«Está bien este tipo de mañanas, ¿eh?» dijo Emma metiéndose bajo las sábanas.
«¿Qué estás haciendo?»
«Me instalo»
«Henry ha ido al baño»
«Lo sé»
«Va a volver»
«Lo sé, ¿y?»
«Podría pensar lo que no es al verte bajo las sábanas»
«Nos tuteamos y tomamos el desayuno juntos, no hay nada más explícito, ¿no?»
«Yo…no debemos. Se desilusionará»
Pero Emma no tuvo tiempo de responder porque Henry entró de nuevo a la habitación.
«¿Qué hacemos luego?»
«No sé. ¿Regina?»
«Podríamos…empezar a decorar la casa»
«¡Super!» dijo alegre el muchacho mientras acababa su tortita «Entonces…¿os habéis reconciliado?»
Regina y Emma intercambiaron una mirada, antes de que Emma tomara la palabra
«Nos…nos llevamos mejor, sí»
«¿Estáis juntas?»
«…»
«¿Entonces?»
«Henry, es complicado»
«Lo sé. Nadie lo comprendería, sobre todo David y Snow» asintió Henry.
«Sobre todo. Y es importantísimo que lo que te he dicho quede entre nosotros, ¿ok?»
«Sí. Entonces, ¿vais a casaros?»
Emma se ahogó con su jugo de naranja mientras que Regina tuvo un paro cardíaco
«¿Q…qué?»
«Bueno, sí…Ok, sería raro…Pero…Quizás tú eres su Amor Verdadero»
«Henry…» gruñó Emma pensando que yendo hasta esos extremos, Regina se asustaría «Por favor…»
«¿Qué? Quiero decir, sería lógico que fuera Neal, pero…uno no manda sobre esas cosas, ¿no? Y quizás seáis la primera pareja de mujeres en los cuentos de hadas…» dijo masticando su tortita.
«Henry, stop» ordenó Emma al sentir cómo Regina estaba entrando en pánico
«Ok, ok…Voy a ducharme, después decoramos, ¿ok?»
Saltó de la cama, dejando a las dos mujeres solas en un pesado silencio.
«Euh…bien, me voy…»
«No debe pensar eso» la interrumpió Regina «no debe creer que nosotras…que nosotras terminaremos en algo concreto»
«Oh…¿Y eso sería algo malo?»
«La evidencia es que yo me voy pasado mañana y que no tengo ninguna intención que quedarme, así como tampoco vosotros vendréis a San Francisco. De momento…deberíamos suavizar la cosas»
«Sí, tienes razón…»
Evidentemente, Emma no pensaba lo que decía y la Operación Víbora aún estaba en marcha, pero tenía que ser más sutil, más discreta. Y la mañana transcurrió tranquilamente al ritmo de Regina: se negó a salir, lo que Emma y Henry aceptaron, y después de un breve almuerzo, se quedaron todos en casa, cada uno, ocupándose de una parte de la mansión. Henry había querido marron glacé. Emma estaba encargada de la decoración de las guirnaldas, Henry dibuja una pancarta para colgar en el exterior de la casa, mientras que Regina hinchaba globos con helio.
«Hey, Regina, ¿qué te parece?» dijo el pequeño mostrándole orgullosamente su pancarta
«Muy bonita»
«Le voy a poner lentejuelas»
«¿Las lentejuelas no son de chica?» dijo divertida Emma
«Las lentejuelas la hacen bonita, es todo» refunfuña Henry, ofendido
«¡Bromeo! Pegará con tu arcoíris y tu unicornio» dijo Emma conteniéndose como pudo para no reír.
«¡Está bien, ya lo he entendido!» dijo cogiendo la pancarta y subiendo a su habitación.
«¡Oh, Henry, estaba de cachondeo! ¡Henry!»
«Muy pedagógico, Miss Swan» dijo Regina frunciendo el ceño
«Estaba bromeando…En estos momentos, salta a la más mínima, está a flor de piel, no sé lo que le pasa»
«Seguramente soy la causante»
«No, creo que su fiesta le preocupa. Bien, subo a ver»
Dejó las guirnaldas y subió las escaleras de cuatro en cuatro. Tocó a la puerta de su hijo, pero este no respondió. Ella abrió la puerta y lo que vio le heló la sangre: Henry había destrozado su pancarta en cientos de trocitos. Con sus ojos en lágrimas, estaba arrodillado a los pies de su cama.
«Henry…»
«¡Déjame!» gruñó
Pero lejos de obedecer, cerró la puerta tras ella y se sentó al lado de su hijo.
«Hey, era una broma, ¿ok?»
«No…no es eso…»
«¿Entonces qué?»
«…»
«Henry, dime»
«Yo…no quiero que se vaya…» murmuró
Emma no tenía necesidad de saber de quién hablaba Henry. La mañana que habían pasado juntos había sido magnífica, era comprensible que Henry quisiera prolongarla. Emma lo quería, eso era cierto, así que imaginar que Henry también lo quería era totalmente normal. Ella lo tomó en sus brazos
«Cariño, escucha…es complicado»
«Yo…yo la quiero, ¿sabes?» Emma le sonrió «¿Está mal, eh? ¿Está mal querer a una mujer que ha hecho daño a los que la rodean? Porque…porque yo pensaba que ella podía cambiar, pero todo el mundo decía que no, que ella era el Mal y que no se podía cambiar eso…Pero ella ha cambiado, ¿no? Ella ha cambiado…»
«Henry, escúchame. Evidentemente que la gente puede cambiar: aprendemos de nuestros errores, el tiempo también actúa…Pero en lo fundamental, no cambiamos realmente y eso es lo que nos hace ser lo que somos. Pero podemos mejorar, podemos crecer, Henry. Y créeme, tu madre ha cambiado. Y para terminar, no está nada mal quererla, porque…porque yo también la quiero»
Henry giró velozmente la cabeza hacia ella y abrió los ojos de par en par
«¿De verdad?»
«De verdad. Durante mucho tiempo creí que era una enemiga hasta que comprendí que era una aliada diferente. Y cuando se marchó, me sentía perdida. Cuando la encontré, el sentimiento de que tuve se asemejaba al que sentí cuando tú me encontraste»
«¿Crees que ella te quiere?»
«No lo sé…Me gusta pensar que todo es complicado con ella y en cierto sentido me quiere, pero que aún no se ha dado cuenta. Ella piensa que la distancia puede solucionar todo, que puede hacer que olvide»
«¿Y tú qué es lo que sabes?»
«¿A qué te refieres?»
«Yo creo sinceramente que ella te quiere. Aunque es duro para ella, porque tenía muchas esperanzas en ti y cuando se encontró sola, se sintió perdida. Ella piensa que estar alejada le impedirá sufrir de nuevo, pero…eso no impide que mañana…»
«Lo sé. Pero piensa que si no conseguimos que se quede, de todas maneras las cosas cambiarán: Regina ahora está en paz, ella puede hacer concesiones. Ha cambiado y las cosas también. Ya nada será tan radical: ella podría venir cada cierto tiempo y nosotros podríamos pasar las vacaciones allí»
«…»
«¿Qué?»
«¿Y si nos vamos allí abajo? ¿Quiero decir, al Bosque Encantado?»
«…»
«No tienes ganas, ¿eh?»
«Henry, no es eso, es solo que he ido y…no puedo decir que esté ansiosa por volver: ogros, ruinas, muertos vivientes…»
«Pero hay un castillo y el abuelo ha dicho que quiere reconstruirlo, y dejarlo como antes»
«Lo sé, pero los ideales de David y Snow no son obligatoriamente los míos»
«Entonces, ¿cuáles son los tuyos?»
Emma fue incapaz de contestar claramente a esa pregunta y se conformó con sonreírle
«Deberíamos bajar, tu madre se va a preocupar»
Y en el momento en que terminó su frase, el timbre de la puerta se escuchó. Henry y Emma intercambiaron una mirada de sorpresa. El tiempo que tardaron en levantarse, salir de la habitación y bajar las escaleras, ya Regina había abierto la puerta y estaba parada, quieta, frente a las dos personas que tenía delante.
«Snow, David…» dijo ella intentando mantener una cierta contención, aunque por dentro, temblaba de arriba abajo. Amber ladraba detrás de su dueña.
«Regina…entonces es verdad…» resopló Snow «Tú…tú no has cambiado»
«Cierto»
«¿Snow? ¿David?...¿Qué hacéis aquí?» dijo Emma sosteniendo a Henry por los hombros.
«Veníamos….veníamos a ver si era posible…en fin, si necesitabais ayuda para la preparación…Pero veo que os las apañáis bien» dijo Snow al ver decenas de globos flotar y algunas guirnaldas ya en su sitio.
Regina estaba inmóvil, muda, mirando a la pareja como fuera la primera vez que los veía. Estos últimos no estaban de diferente manera: un año…Ellos pensaban no volver a verla más. Emma los invitó a entrar y los minutos que siguieron fueron surrealistas: Snow y David sentados frente a Regina, Emma y Henry. El silencio reinaba tanto como la palpable incomodidad.
«¿Queréis…beber algo?» preguntó tímidamente Emma
«No, gracias» dijo Snow
«Ok…yo sí tengo sed» dijo la bella rubia que se levantó del sofá y desapareció en la cocina, dejando a los demás solos en el pequeño salón.
«Entonces…San Francisco, ¿eh?...» dijo Snow con un tono que pretendía ser desenfadado, pero que se notaba bastante nervioso
«Exacto»
«Está…lejos»
«Me instalé donde me sentía mejor»
«Oh…Y…¿te vas a quedar aquí mucho tiempo?»
«No. Le he prometido a Henry que me quedaría para su cumpleaños. Al día siguiente me iré»
La expresión taciturna del pequeño no pasó desapercibida para Snow.
«Oh…¿a San Francisco entonces?»
«En principio sí. Pero pronto pienso mudarme»
«¿De verdad?»
«Me gustaría explorar las tierras canadienses»
En ese momento un ruido de cristales rompiéndose en el suelo se escuchó detrás de Regina. Cuando ella se dio la vuelta, vio a Emma, parada en el sitio, con la bandeja ahora vacía entre las manos.
«Emma, ¿estás bien?» dijo Snow
«Sí…sí, yo…he resbalado…» dijo recogiendo los trozos de cristal, ayudada por Henry.
Entonces, la visita se terminó, pretextando cada uno que tenía cosas que hacer. Snow había llevado la lista de invitados y, a pesar de la presencia de Regina, Emma estaba contenta al confirmar que nadie, o casi nadie, había rechazado la invitación.
Al caer la noche, y una vez Henry acostado, Emma se sentó en la cama, mientras Regina leía tranquilamente.
«Di…»
«¿Hm?»
«¿Es verdad?»
«¿El qué?»
«¿Lo que le has dicho a Snow y David?»
«¿Sobre qué?»
«Tu partida a Canadá. ¿Es verdad?»
«Es algo que tengo en mente, sí. Hace un tiempo que lo planifico»
«…»
«¿Qué?» dijo ella dejando el libro en la mesilla de noche, sintiendo que Emma quería hablar.
«Nada, yo…pensaba que con todo lo que había pasado en estas últimas 48 horas, revisarías tus prioridades»
«¿Qué quieres decir?»
«Habías dicho que volverías más a menudo o que Henry pasaría las vacaciones contigo…»
«Una cosa no impide la otra»
«Estarás de acuerdo en que meter más kilómetros entre nosotros complica las cosas…»
«Solo significa una hora o dos más de avión, como mucho si decido instalarme en la Columbia Británica, si es en Ontario, solo serían 30 minutos»
«Parece tan simple…»
«Emma, eres la única que quiere complicar las cosas»
«Sería mucho más sencillo si no te fueras a ningún lado»
«Cierto, pero eso solo sería sencillo para ti»
«…»
Regina se metió bajo las sábanas, apagó la lámpara de la mesilla de noche, no dando otra elección a Emma sino la de abandonar la habitación.
«¿Regina?»
«Hm…»
«¿Puedo dormir aquí?»
«¿Perdón?» La bella morena se incorporó y miró al silueta de Emma en la penumbra «Emma…»
«Por favor, lo necesito…Solo queda un día…Nada de sexo, solo quiero…estar cerca de ti esta noche»
Regina frunció el ceño, y suspiró
«Muy bien» dijo antes de volverse a echar, de espaldas a la joven.
Emma se metió bajo las sábanas y se acurrucó contra Regina. Ella lo sabía, la joven no era del tipo cariñoso, pero sabía que, la única que vez que se habían encontrado juntas en una cama, Regina nunca había iniciado gestos tiernos como sostener su mano o acariciarle el brazo, los cabellos. Esta vez, Emma se pegó a su espalda, anidando su rostro en su nuca y durmiéndose con los efluvios del perfume de la bella morena. Pero esta vez, la estrechó en sus brazos menos por amor que por miedo…miedo a que se fuera. Así que, por esa noche, la antepenúltima, Emma abrazó a Regina como para recordar la sensación de daba tenerla para ella, con ella, pegada a ella…
A veces me enfadó mucho con ella. En ciertas ocasiones es muy egoísta. No tiene en cuenta los sentimientos de Regina, ella ya no quiere quedarse ahí, se quiere ir, ¿por qué Emma no lo acepta y si de verdad la quiere, se plantea irse con ella?
