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Ellos tres

A CieloCriss, 100 drabbles michishiro

Disclaimer: Digimon no es mío


II. Adolescencia


—Mimi es una persona internacional —opinó Sora. Yamato asintió por detrás—, primero Estado Unidos, luego Francia, y ahora Japón otra vez. Me causa tanta envidia su vida.

Koushiro escupió el trago de bebida que acababa de llevarse a la boca.

—¿Japón dices? —y miró a Taichi. A juzgar por los rostros de todos, parecía ser el único que no estaba enterado de la noticia.

—Hombre lo siento, olvidé decírtelo.

Con esta clase de amigos no se necesitan enemigos.

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Era Mimi. No soñaba, estaba allí. Arrastraba una maleta enorme, y rosada. Su cabello ingrávido se mecía de lado a lado. El corazón de Koushiro dio un vuelco, y en un impulso, jaló del puño de la camisa de Taichi y se asió a su mano.

A la distancia, Mimi fue la única que reparó en ese gesto involuntario.

.*.*.*.

—Taichi, estás cada día más alto. ¿Piensas algún día cambiarte el peinado?

—Para qué, si este estilo aún me funciona. Dime Princesa, ¿cómo has estado?

Mimi se descruzó y cruzó de piernas y se reclinó sobre la mesa.

—He estado bien, gracias, pero ya basta con lo de «princesa». Me preguntaba cómo están las cosas contigo. Contigo y Koushiro, si es que se puede saber.

—¿Por qué no habría de saberse? Somos los mejores amigos, como siempre.

Mimi no quiso insistir. Taichi le pareció muy sincero.

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Koushiro intentaba leer, pero era complicado con Taichi recostado sobre su regazo. Taichi apuntaba al cielo, intentando capturar la atención de Koushiro, y aunque Koushiro pasaba página tras página, hace un buen rato había dejado de seguir el hilo a la historia, pero era más divertido simular que lo ignoraba

Le gustaba la sensación de los cabellos de Taichi rozando su barbilla. Y cuando Taichi se tranquilizaba y se acurrucaba a un costado, Koushiro deslizaba el borde externo de su mano por las cálidas mejillas de Taichi. Debería empezar a llamarlo Mofletes en plan venganza, pensaba.

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Mimi vio como Taichi molestar la lectura de Koushiro y sintió un dejo de envidia al no estar ella allí. No tenía nada contra Sora, su compañía era agradable, pero al final del día Sora tenía a Yamato, y Mimi ya no tenía a Taichi ni a Koushiro.

Observó a Sora compartir su bento con Yamato. Yamato separó los palillos de Sora.

—Quiero hacer una pregunta— sus dedos nerviosos jugaron con el corbatín de colegio— Taichi-san y Koushiro-kun ellos…

—Ahh, ellos —dijo Yamato—, con Sora también nos preguntamos al respecto.

—Lo más probable, es que ni Tai ni Koushiro sepan el tipo de ellos son ellos.

Mimi pensó en las palabras de Sora todo el día.

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—Koushiro-kun, verdad o reto.

Koushiro sonrió avergonzado. Mimi era muy adolescente.

—Verdad.

—Con quién fue tu primer beso.

—Entonces reto.

—¿Eh? ¡No se vale! ¡Ya elegiste!

Koushiro suspiró y sus mejillas desinfladas se incendiaron cuando le confesó que fue con ella, el día que veían una película y él les contó que era adoptado.

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Taichi comparó los resultados de su test vocacional con los de Sora y Yamato. Llegó a dos posible conclusiones: o el test era una mierda, o él era una mierda.

—Nunca habría pensado en ti como una «planificadora de bodas» o una «diseñadora», las carreras artísticas congenian más con Yamato, pero a él le salió «policía» y «detective», que son cosas que te van más a ti.

Sora y Yamato rieron.

—No sé qué tanto de artista tenga «planificadora de bodas», Tai —dijo Sora— ¿qué te pone a ti?

Diplomático, cientista político, abogado. No estaba allí ni guía turístico, ni cazador de tesoros. Pero Koushiro le comentaría luego que a él le parecía que una persona justa como Taichi hace falta en cargos políticos, y Taichi no necesitó más argumentos.

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—¡Diplomático! Taichi-san, viajarías a muchos países —apoyó Mimi.

—Supe que estuviste en Francia, ¿cómo es allá?

—El francés hermoso, los franceses no. Si no pronuncias bien, ellos no entienden ni hacen el esfuerzo por entender.

Koushiro le pidió una frase en francés. Y a ella le habría gustado ser sincera, y recitarle una sincera como aquella que le regaló en inglés, pero un «me gustaba más antes cuando éramos niños y no habían manos de por medio» sonaba grosero en cualquier idioma que optó por lo típico y se presentó en francés.

A Koushiro le dio mala espina una frase tan genérica.

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Mimi llegó a casa de Koushiro para que le ayudase con la lección de japonés. Hay muchos kanjis que Mimi no sabe leer, y su cabeza es una mezcla de idiomas.

Mientras ella se queja, Koushiro desvía la mirada hacia su cama, donde está Taichi hojeando un manga. A Koushiro le entran ganas de recostarse al lado de Taichi y que mientras leen ambos, sus codos se estén rozando.

Mimi se sintió fuera de lugar al reparar dónde estaban los ojos de Koushiro, y dónde los de ella. Taichi sin verla, sintió un zumbido en la cabeza y supo que Mimi estaba descontenta.

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Mimi hacía la fila para el almuerzo. Se sentía sola y quería estar sola. Llevaba el cabello recogido en una larga trenza que asomaba por su lado derecho, dejando el lado izquierdo de su cuello expuesto.

Taichi se agachó en la entrada del comedor. En sus marcas, listos… ¡fuera! Corrió como un bólido y se abalanzó hasta Mimi. La bandeja de Mimi voló por los aires, la soda de dieta estilaba de los cabellos de Mimi, y todo fue un desastre en la camisa del nuevo Usain Bolt [1] que Japón vio crecer.

—¡Pero qué…! —y muchas groserías en leguas foráneas fueron dichas.

Sankyu fou teach me math the other day. When you supiku moa zan three wozu, I fīru happy-happy

Mimi pestañó perpleja.

—¡Lo recuerdas todavía!

—Es una frase que me libra de cualquier apuro.

Mimi abrazó a Taichi. Le abofeteó al notar que Taichi se quedó viendo sus pechos manchados en salsa.

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Cuando está a solas con Koushiro, Taichi siente muy natural conversar con él en susurros mientras pasa su nariz por su rostro. Koushiro es cosquilloso, ríe cada vez que Taichi acaricia su vientre helado. Koushiro le habla de constelaciones y las historias tras las estrellas y cuando lo hace sus ojos profundos se alargan y su nariz se arruga y hoyuelos aparecen cerca de su barbilla.

Así es como se comportan los mejores amigos, imagina. Pero Sora no está de acuerdo.

—Tú y Yamato son mejores amigos ¿no? Pensé que me comprenderías.

—Yamato y yo somos novios, Taichi.

Taichi se cayó de espaldas, no se había enterado.

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—Te noto melancólico, Taichi-san.

Taichi observó a Mimi. Le sorprendió que usara aquella palabra. Koushiro estaba en su club de computación en ese momento y Mimi esperaba en el vestíbulo del instituto a que escampara para volver a casa. Taichi abrió su paraguas y le ofreció un brazo a Mimi.

—Dime Taichi, sin el «san». Y no es nada, es una tontería. He recibido una mala calificación, eso es todo.

—Ya veo. ¿Te acuerdas que antes no entendía las matemáticas? Ahora resulta que el japonés es mi calvario. Afortunadamente para mí Koushiro es muy bueno explicando las materias. Deberías buscarte un Koushiro.

Taichi se quedó pensando en las palabras de Mimi luego de dejarla en la puerta de su casa.

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—Mimi dice que eres bueno explicando, Koushiro.

—Mimi dice muchas cosas, Taichi-san. ¿Quieres que te explique algo?

—Sí, esto —Taichi le dio un beso a Koushiro.

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Koushiro también era bueno inventando técnicas mnemotécnicas. Las calificaciones de Mimi mejoraban en japonés y ella era la primera en sorprenderse. Como muestra de agradecimiento por su buena voluntad y paciencia, Mimi apareció con una canasta con galletas caceras.

—Los profesores deberían ser como tú, Koushiro-kun. Siempre encuentras el modo más fácil de explicarlo todo.

—Ojalá se aplicase a todas las materias.

—¿Qué pasa Koushiro-kun? ¿Me lo vas a decir? Has estado melancólico también.

Luego de que se lo contase, Mimi se impresionaría que Koushiro incluso fuese claro explicando problemas emocionales.

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Mimi arremangó las mangas de su blusa antes de encarar a Taichi. Él estaba en su práctica de fútbol. Sus compañeros de equipo pensaron que se trataba de una novia furiosa. Y entre los que seguían la escena a través de las ventanas del instituto, se encontraban Koushiro y Sora.

—¿Sabes qué ha pasado? —preguntó Sora.

—Somos todos muy adolescentes —respondió Koushiro mirándose los dedos.

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Taichi llegó con su bandeja de almuerzo y se sentó entre Koushiro y Mimi. Había un parche sobre su ceja.

—Adivinen a quién han aceptado en Tohoku.

Mimi se emocionó demasiado rápido.

—¡Eso es genial Taichi! ¡Esa es una buena universidad pública!

—Pero está en Sendai —terció Koushiro—, queda a cuatro o cinco horas de Tokio.

—Por favor, emociónate un poco, Koushiro. Esta es una buena noticia para mi.

Taichi le dio un coscorrón a Koushiro y Mimi inundó a Taichi en preguntas sobre sus expectativas para su época universitaria.

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Mimi sentía como un deja vu el hecho que Taichi hiciera sus maletas para emprender su nueva aventura. Ella estaba sentada en la litera de arriba de la habitación de Taichi. Koushiro esta vez, tenía cita con el dentista.

—Cuando yo me mudé, creo que les escribí muy pocas cartas.

—¿Alguna vez pensaste en nosotros, Mimi?

—No mucho. Pero cuando lo hacía, me invadía la nostalgia. Me sentía mal por no escribirles, pero había pasado tanto de la última carta que no se me ocurría como empezar. Mis amigas protestantes me enseñaron a rezar, y yo no sé si esas cosas funcionan, pero juntaba mis manos de todas formas y pedía que ninguno se quedara calvo.

Taichi explotó. Le prometió a Mimi no olvidarse de ella, pero también que cuidase de Koushiro cuando él ya no estuviera.

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—¿Tendrás que llevar aparato por mucho tiempo?

A Koushiro le dolían demasiado las encías como para responder. Mimi cerró sus apuntes y se estiró sobre el escritorio.

—Me ha llegado una carta de Taichi. Quiero decir, realmente me escribió una carta. No un correo electrónico, una carta con sellos y todo. ¿Quieres que la leamos juntos?

Koushiro siguió sin responder. Mimi la leería de todas maneras

.*.*.*.

Princesa: Sendai es muy bonito. Hay árboles por todas partes, y estoy deseando ya un festival de verano para ver cómo decorarán las calles. Tengo ganas de vestir con yukata. Y comer calamar frito. Y quiero hacer tantas cosas que me siento como un niño. Te extraño a ti y extraño a Koushiro y quiero hacer tantas cosas, pero sin ustedes no será lo mismo. Los quiero demasiado. Taichi-senpai, conector de almas.

A la luz de la luna, Mimi leyó tantas veces la pequeña carta, que llegó a aprendérsela de memoria.

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Todos los viernes, Koushiro y Mimi se desviaban de la ruta de regreso a casa porque Mimi tenía que enviar una carta. A Koushiro, Taichi le llamaba por teléfono pero solo para burlarse de lo mal que pronunciaba debido a los frenos. En algún momento, Koushiro dejó de contestar sus llamadas. Y cuando eso pasó, aunque Koushiro no lo supo, las cartas que se enviaban Taichi y Mimi se volvieron más largas.

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—¿Qué te salió en tu test vocacional, Koushiro-kun?

Carrerash muy dishtintash —ese era Koushiro hablando con aparato.

—¿Cuáles? A mí estupideces. Escucha esto: enfermería, psicopedagogía, fonoaudiología. ¿Yo? ¿De verdad?

Eshcucha eshtash otrash, Mimi-shan: magishterio, ashtronomía, economía.

—Con Taichi fueron más asertivos.

Koushiro y Mimi suspiraron al mismo tiempo. Daba la impresión que no sabían hablar de otra persona.

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La última carta de Taichi fue devastadora.

Había conocido a una chica de su facultad. Era dos años mayor y vivía en Sendai. Mimi se sintió muy tonta. Y porque era muy tonta, fue que estrelló sus labios contra los de Koushiro. Koushiro la agarró de la espalda y la arrojó sobre su cama.

A Koushiro, Taichi le había llamado hace dos días para anunciarle la buena noticia.

Los cabellos de Mimi se enredaron en los brackets de Koushiro.

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—Hablash variosh idiomash, y me shabe mal deshirlo, pero tienesh dinero. ¿Por qué no te tomash un año shabático y viajash por el mundo? Shi no tienes claro qué eshtudiar y puedesh darte el lujo de darte un tiempo para penshar, no creo que tengash que apreshurar una deshishión que she la dejarásh a la suerte.

Mimi se acurrucó al lado de Koushiro. En la escuela corrían rumores de que estaban saliendo.

—¿Y qué harás tú, Ko-chan?

—Estudiaré ashtronomía, shacaré una maeshtría, y me haré profeshor en una universidad. Lo de la economía lo ignoraré.

—Pensé que te iban los computadores. Hablando así no te contratarán en ningún lado.

Koushiro acomodó la cabeza de Mimi sobre su hombro. Hundió su nariz en su cabellera.

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Por Mimi, Koushiro sabía cosas como el bar que solía frecuentar Taichi en Sendai. Aprovechó el día que se quedó solo en casa para tomar un tren nocturno y viajar a Sendai.

—Tai.

Taichi se petrificó al oír la voz de Koushiro a su espalda.

Koushiro sonrió y dejó expuesto sus dientes con aparatos. Era la primera vez que Taichi veía a Koushiro mostrar sus dientes al sonreír.

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—Así que Mimi se va… otra vez.

Eshtá un poco confundida, neceshita tiempo para deshconectar y penshar las cosas. Cómo está tu novia.

—Allí está —en alguna parte, viviendo—. Hablas como un idiota ¿lo sabes?

—Ya cállate.

—¿Cuándo se va Mimi?

—En cshinco días.

Koushiro dejó unos billetes arrugados sobre la barra del bar. Pensó:

Si vas a escribir cartas, Tai… tienes que pensar cómo va a ser interpretado lo que escribes.

Cuando Taichi se dio vuelta para preguntarle por qué su pronunciación era perfecta, Koushiro ya no estaba.


50/100 drabbles.

[1] Usain Bolt, el hombre más rápido.