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Ellos tres

A CieloCriss, 100 drabbles michishiro

Disclaimer: Digimon no es mío


IV. Reconciliación


Yamato murió en servicio, a tres días de su jubilación.

Con su traje negro, Mimi llegó a mitad de la ceremonia. Koushiro, inconfundible con su cabellera roja, estaba de pie a un costado, junto con Taichi, ya canoso.

Koushiro observó a Mimi de reojo.

«¿Será que ahora nos empezaremos a encontrar en funerales?» pensó y sus labios se curvaron amargados.

Mimi y Taichi le oyeron en sus cabezas. Fue como una corriente eléctrica recorriendo sus vértebras.

.*.*.*.

Durante la cena, Mimi le comentó a Koushiro que le ha impresionado que su cabello conserve el mismo color que cuando se conocieron. Y le pregunta si piensa que los demás están muy deteriorados.

—Había visto fotos de Taichi en el periódico y tú todavía sales en televisión, así que sabía más o menos cuanto han cambiado. Esto sabe muy bien —añadió levantando la crema que comía.

—Gracias. Treinta años en el aire ¿puedes creerlo? Le dije a Sora que yo me encargaría del banquete. Es lo menos que podía hacer.

Intentaron mantener una conversación normal. Para el final del día, se sintió muy fingida.

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Ver a la princesa con canas, y arrugas, produjo en Taichi el mismo impacto que un balazo atravesando su cerebro. Si ella estaba vieja —aunque sería un desatino decir que no se conservaba— él estaba un año más viejo.

Fufufu —se le escapó de los labios.

Recordó los días en que anhelaba ser llamado senpai. Una lágrima se perdió entre los pliegues de su piel.

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Jou tuvo que ponerse serio.

—Soy ginecólogo. No hago dietas, ni cirugías plásticas, ni implantes de cabello.

Mimi, Koushiro, y Taichi intercambiaron una mirada. Se habían encontrado de casualidad en la consulta de Jou con la misma idea. Jou se masajeó el entrecejo y les dio una orden para un chequeo médico. Él los derivaría con un colega en quien confiaba.

Mimi, Koushiro y Taichi dejaron la consulta de Jou y bajaron por el ascensor sin intercambiar palabras.

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Eran muchos exámenes. Examen físico, de presión arterial y cardiopatías, examen de cáncer de colon, de diabetes, y de próstata para los hombres. Tubos con sangre y orina todos rotulados con sus códigos estaban listos para ser despachados al laboratorio.

Koushiro se sentó en la escalinata de salida fatigado de tanto movimiento. Mimi quien se desmayaba con la sangre, se sentó a su lado con su tez blanca. Taichi le tendió una soda de limón.

—Ambos están acabados. Mírate Mofletes, pareces un esqueleto. Les caeré a golpes si los exámenes arrojan que están enfermos de algo.

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Taichi no pudo caerle a golpes a Koushiro, aunque le habría gustado.

—¿Desde cuándo fumas? —le preguntó.

Koushiro intentó sacar cuentas con los dedos. Más fácil era decirle que comenzó el día siguiente de romper sus lazos con Taichi y Mimi, pero a esas alturas no valía la pena escarbar en el pasado. Él lo había elegido así.

Mimi recordó a sus amigas protestantes, juntó sus manos, y rezó su plegaria para evitar la calvicie. Era mejor a estarse sin hacer nada.

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Mimi y Taichi estuvieron allí cuando metieron a Koushiro a pabellón.

—Pensé que era un cáncer —dijo Mimi—. Yo solo escuché la parte que fumaba. Otra vez ¿de qué lo operan?

—Koushiro aunque es delgado, se alimenta pésimo. Dejó de hacer footing hace años, y la nicotina hace una cosa rara en las paredes de las arterias que las debilita. Si no le limpian el colesterol, le podría dar un infarto en cualquier momento.

—Vaya.

Ninguno comentó el hecho de que solo ellos dos hubiesen acompañado a Koushiro al pabellón.

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Koushiro se sentía debilitado. Le dolía todo el cuerpo. Podía sentir el olor de las rosas que le trajo Mimi aquella mañana, pero no sabía dónde estaban. Con sus ojos cerrados, notó que alguien corría las cortinas y la habitación se inundaba de luz que taladraba su cerebro.

—A tu tez tan pálida, le harían bien unas vacaciones. Te llenabas de pecas con el sol ¿te acuerdas?

—Me acuerdo, Tai. Pero ahora parecerían manchas hepáticas.

Taichi se abrazó el estómago y se rió. Cuántos años habían pasado ya, y todavía Koushiro le hacía buscar términos en el diccionario.

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—Sora no lleva bien el tema de la viudez. Se pasea con la urna con las cenizas de Yamato y a mí me da repelús. Los hijos no saben qué hacer, yo no sé qué hacer. ¿Qué opinas Taichi?

—No lo sé. ¿Puedo ser honesto contigo? Creo que es bonito aferrarse así a las cenizas de alguien. Yo no sé si lo haría. No me malinterpretes Mimi, quiero a mi esposa, somos buenos amigos. Pero nunca la he extrañado, y si llegase a irse para siempre, pues eso, se iría para siempre.

Mimi observó su argolla de matrimonio. Se sintió extrañamente vacía.

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—Esta mujer tiene estilo aún a sus sesenta y pico años —le dijo Taichi a Koushiro y extendió frente a él la edición impresa del periódico de hace dos días.

Koushiro tomó el periódico. Mimi, luego de treintaicinco años de emisión, renunció frente a las cámaras de modo dramático. En sus marcas, listo… ¡fuera! Mimi corrió hasta el horno para sacar un pastel con forma de dragón y lo lanzó directamente hacia las cámaras.

—¿Por qué habría elegido un pastel con forma de dragón? —preguntó Koushiro.

—Eres imposible, Koushiro. Mira la pregunta estúpida que te haces.

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Le hicieron una fiesta de jubilación a Mimi. Estaban Sora, y Jou, y Daisuke, y Miyako, y todos. También Taichi y Koushiro.

Eran todos viejos y se embriagaron todos. Y eran viejos y bailaron sobre la mesa éxitos que estaban desfasados, y recordaron los días antiguos en que eran una generación que, se decía, cambiaría el mundo.

No había cambiado nada, pensaron Taichi Mimi y Koushiro. Koushiro se llevó un cigarro a los labios pero no lo encendió. Mimi arrojó su argolla por la ventana. Taichi le dio un beso en la oreja a su amigo Mofletes y a su amiga Princesa. Y se abrazaron, y se rieron, y comieron pasteles con poca azúcar y se fueron a acostar temprano.

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—¿Por qué sigues trabajando, Koushiro? —preguntó Mimi.

—De algún modo u otro, evita que vuele demasiado —respondió él.

—¿Cómo así? —quiso saber Taichi.

—¿Qué hacen ustedes con tanto tiempo libre? Yo pensaría toda clase de cosas. Y como nunca dejaría de pensar, prefiero dedicar esa energía en algo con más valor a la sociedad.

Mimi y Taichi querían que Koushiro se jubilara ya.

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Fueron al bingo. Los viejos como ellos, juegan al bingo. A Taichi no le gustaba que le llamase así. Decía:

—Todavía puedo, por ejemplo, cargar peso.

Koushiro quería que Taichi se callara o nunca oiría los números que sonaban por el altoparlante.

—Te estás quedando sordo, Koushiro. Este sí que está viejo ¿qué dices Mimi?

Mimi decía que sí, que lo estaba. Koushiro ni caso, él cantó línea y se llevó una plancha.

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A cierta edad surge una pregunta:

—¿Ya hiciste todo lo que te habría gustado vivir?

Koushiro miró a Taichi. Taichi a Mimi. Mimi a Koushiro. Cada uno dijo lo primero que se le ocurrió:

—Nunca participé en una pelea —dijo Koushiro.

—Nunca besé a una mujer —dijo Mimi.

—Nunca anduve en skate.

No se trataba que faltase algo por vivir. Si no de la forma. Pero era mejor hablar de peleas, de besos lésbicos, y de skate.

.*.*.*.

Mimi y Taichi jamás habían estado en un observatorio. En su penúltimo día laboral, Koushiro invitó a Mimi y Taichi a su puesto de trabajo.

—¿Has descubierto muchas estrellas, Koushiro? —preguntó Mimi emocionada.

—Podría decirse— y explicó—. Diseñé un programa para analizar la información que recibe el telescopio y los satélites, y para no ponerme técnico, diré que varias estrellas y planetas se han encontrado gracias a mi programa.

—¿Eso es lo que hacías? ¿Buscar estrellas? —preguntó Taichi.

Es un modo de decirlo, pensó Koushiro. Otro modo, sería decir que había estado huyendo de dos estrellas.

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Mimi apareció en el departamento de Taichi. Quedaba en un barrio acomodado, y distaba del piso estrecho en el cual alguna vez vivieron con Koushiro.

—¿Qué pasó con ese piso? —preguntó Mimi.

—Creo que demolieron todo el sector para construir oficinas.

—En todos estos años que han pasado, ¿pensaste en mi, Taichi?

—Lo siento, estuve muy ocupado con mi trabajo.

Mimi pensó que Taichi también había estado huyendo. Taichi sabía que lo pensaba.

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A Koushiro le iba endemoniadamente bien en el bingo. Ni Mimi ni Taichi podían creerlo.

—Mala suerte en el amor, buena en el juego ¿ese era el refrán?

Mimi y Taichi se encogieron de hombros al ver como Koushiro volvía a la mesa con el premio especial

—Tuvo que ser una muy mala suerte en el amor —dijo Taichi. Koushiro esbozó una media sonrisa.

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Koushiro le pasó el dinero del bingo a Mimi. Dijo que pensara en algo bueno para los tres, a fin de cuentas ella fue la de la idea del Bingo. Mimi pensó que sería bueno que sus amigos se hicieran la manicura.

—Eres de ideas bien tontas, Mimi —opinó Taichi. Era el más encantado de los tres.

Y Koushiro, en sus años escribiendo frente al teclado, jamás había sentido su piel tan tersa, y nunca había visto sus uñas tan cuidadas.

—A veces tengo esta sensación, de que junto a ustedes dos, siempre descubriré cosas nuevas.

.*.*.*.

El esposo de Mimi murió en primavera. Mucha gente de la televisión fue al entierro. En el banquete en su honor, Mimi se retiró tranquilamente al balcón.

—¿Te dije que nos conocimos en un crucero? Él buscaba una estrella para un programa. Yo quería ser una. Hubo un tiempo en que realmente me gustó. Pero él era gay. Tenía novio. Y yo lo sabía y nunca dije nada. Sabía que él no me dejaría, por la misma razón que nosotros no duramos.

—¿Piensas mucho en ello? —preguntó Koushiro.

—Trabajaba mucho para no pensar en ello.

Taichi abrazó a Koushiro y Mimi por detrás.

.*.*.*.

Luego del tercer funeral, Mimi, Koushiro, y Taichi hicieron un pacto.

—Esta vez no nos separaremos. Nos iremos los tres juntos.

Sus copas chocaron, brindaron juntos.

.*.*.*.

Taichi recuerda sus días en la escuela. Le gustó mucho el cabello de Koushiro, y le gustó mucho la voz de Mimi. Tal vez se tomó las atribuciones equivocadas, pero en su calidad de senpai siempre se preocupó del bienestar de ambos.

Recuerda la risa de Koushiro, y los comentarios de Mimi. El tiempo tornó ronca la risa de Koushiro, y a veces a Mimi se le van las palabras, las confunde, y calla. A él le gustaban antes, pero también ahora. No lo entiende bien.

Las madres no eligen a su hijo favorito. Es un despropósito elegir entre el pasado y el presente, entre Mimi y Koushiro, y que está mal y qué bien.

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Koushiro sacó todo su dinero del banco.

En sus años, logró juntar una buena suma de dinero. Por precaución, decía, nunca tuvo demasiados gastos, y nunca deseó nada.

—¿Nunca deseaste nada? ¿Ni siquiera uno de esos aparatos que te gustan y suenan bi-bop-bi? —preguntó Mimi.

—Supongo que sí deseé muchas cosas, Mimi —dijo Koushiro.

—¿Bi-bop-bi? —preguntó a su vez Taichi.

Koushiro se encogió de hombros. Dejó su bolsa de dinero en un tacho de basura y le preguntó a Taichi si le invitaría a un helado.

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—Vamos al Bingo —pidió Mimi—. Una última vez. Me divierto mucho.

—¿Qué es lo que exactamente te divierte? Si siempre pierdes.

—Me divierte lo mucho que te enojas Taichi al ver que Koushiro se lleva los mejores premios.

Koushiro también quiso ir por última vez al Bingo.

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Taichi eligió un vestido rojo para Mimi. Koushiro intentó hacerle una trenza, y falló.

—¿Estás listas? —preguntaron ambos.

Mimi asintió. Estaba lista. Lista para su primer beso gay.

Koushiro y Taichi la llevaron a un club nocturno y esperaron en la barra a que Mimi volviera de su primera aventura lesbiana. Podría estar vieja, pero había salido en televisión, y Mimi se escudaría en ello.

—¿No es un poco pervertido de nuestra parte estar aquí viendo? —preguntó Koushiro.

—La perversión no tiene edad, amigo —Taichi aprovechó y también le dio un beso.

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Los encontraron durmiendo en un futón. Rígidos, morados, envenenados. Sin cartas, sin explicaciones, con sus pijamas abrochados hasta el cuello y sus dedos entrelazados con el del lado.

Un cuerpo fue cremado, y sus cenizas se perdieron en el viento.

Otro cuerpo fue enterrado, y jamás visitado.

Y otro cuerpo dio de comer a los gusanos, y florecieron flores efímeras que mueren al terminar cada verano.


100/100 drabbles

Querida Cielo, perdóname por esto. Pensaba "quiero escribir una buena prosa, con realismo mágico y lemon lemonoso" porque imagino que algo así te habría gustado. En cambio, fufufu la historia se me ocurrió muy tarde y aunque me entusiasmaba, no tuve mucho tiempo para escribir, que decanté por la vía más rápida: drabbles. De acuerdo, hay algunos que me quedaron con más de 100 palabras ¡pero! me preocupé que nunca sobrepasaran las 150, así podría redondear a 100 y tal. Como siempre digo, mi malignidad encuentra caminos pérfidos para expresarse.

Pero maligna y todo, este fic está escrito con mucho amor. Y temor, porque Cielo, eres de las escritoras más completas, complejas, y honestas que he encontrado en fanfiction. Puedes escribir historias muy profundas y otras muy livianas, y nada se siente forzado, o rebuscado, o falso. Cuando vi tu reto mis ojos flamearon, pero temí y no quería tomarlo, y no me decidí hasta el último minuto, por temor a no entregarte un fic digno de ti.

Y pasó, que es un fic no digno, pero yo también intenté de ser toda lo honesta que soy.

En otras notas, el dibujo de portada lo hice yo. En mi profile, bajo el título otros fic punto (4), hay un link para ver el dibujo completo. Como no se me ocurría ninguna historia, hice ese dibujo a ver si me inspiraba, y sí, lo hizo. Evidentemente, por una razón escribo y no dibujo jaja.

Como sea, feliz aniversario ;) Adieu! - Japiera Clarividencia